– las montañas salvajes luego el mar y las olas precipitandose –

octubre 13, 2004

Y yo sabía que a ti no te hacía ninguna ilusión el hecho de que nuestra vida privada fuera a convertirse en pública, que desnudez y lo de la imagen lo entendí, claro que lo entendí, perfectamente… nuestras vidas sí, son nuestras pero enlazadas a las nuestras también están las de ellos, y no importa quién sean en tu caso o en el mío porque puedo asegurarte que para los dos esos ‘Ellos’ significan lo mismo, ese límite donde uno se despertenece… después de todo existe la piel y los huesos, y esa columna vertebral que nos hace vertebrados e invertebrados a un tiempo… ¿porque sin ese ellos acaso uno es algo más que un gusano o un insignificante insecto? Pero estuvo bien que me dijeras que si no era capaz de entenderlo pues adiós. Era lo más natural.
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Y haz lo que quieras, me dijiste, nunca te he dicho nada al respecto. Y te fuiste cinco minutos, a prepararte un café y yo me fui contigo, en otra casa pero contigo, a prepararme yo otro para hacerte compañía. Decías que estabas enfermo.
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Luego regresamos y te digo que tengo los pies fríos. Sí, me das la razón, las temperaturas han bajado mucho. Eres un hombre enamorado de su pueblo, y también de su mujer. Un hombre afortunado, te digo. Y me contestas que sí, un hombre que disfruta. Y eso es precioso, cuidarse mutuamente, cubrirse las espaldas, lo esencial para la supervivencia, así sobrevivieron nuestros ancestros en los clanes de los hombres primitivos. Y me imagino un fuego, y una cueva, y a mí tumbada, hecha un ovillo sobre unas pieles muy cerca de las llamas. Afuera está el frío de las glaciaciones y sé que la amas cuando te escucho decir que te sientes especialmente bien, tal vez porque ahora ella se siente especialmente bien y me atrae eso de ti, aunque aún ignoro el por qué. Y tú no acabas de creerte que para mí el pueblo eras tú. Y primero te ríes y desdeñas lo que te estoy contando, lo tiras al alto: ‘Te gustaría por si mismo’, y luego dices ¡Va! pero yo te insisto: ‘No. Me gustaba sólo por ti. Es bonito. Tiene un paseo bonito, de acuerdo. Pero he vivido allí muchos años y sólo cuando me fui olvidando de ti…. empecé a ver y a sentir al pueblo como era… antes sólo eras tú, tú que podías aparecer en cada calle, en cualquier minuto’. Y por eso me me fui. Acabar partiendo de lo que no le pertenece a uno y a lo que uno no pertenece. No anidar. Este desarraigo de andar como buscando eternamente uno su sitio y de sentir que no ha de ir a encontrar uno su sitio tal vez jamás. Y eso, amigo mío, es lo que engendra el frío.
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Luego me disculpo. Temo haberte importunado con tanta entraña expuesta sobre la mesa y te hablo de licencias poéticas y de miedos: ‘Ya, mi cabeza no funciona demasiado bien’. Y tú dices no estar de acuerdo. No sé tal vez tengas razón y el mal no se se encuentre en mis sesos si no en mis vísceras. Pero yo continúo: ‘Tengo miedo últimamente otra vez con eso. Me doy demasiadas autorizaciones para sentir y pensar lo que quiero. Me da miedo que un día cruce la frontera y no sepa como regresar. Eso fue lo que le dije a la niña ayer. Pero ella dice que sólo es que soy rara, que no me ve loca’. Y tú parece que me escuchas y me sugieres que busque un faro en la oscuridad. Me dices que esa es la forma de saber que siempre hay un puerto seguro… Pero yo no sé navegar. Se te olvidaba eso, ¿o pretendes que llegue por tierra? Hablamos de naufragar, de que la locura es un naufragio. Y te lo pregunto y no sabes con qué pavor te lo pregunto: ¿Si tú intuyeras que me estoy pasando de revoluciones me …. agitarías por los hombros hasta que volviera?  Te haría volver. Y en ese mismo instante había comenzado a sonar la música de ‘El paciente inglés’ y te lo digo. Quiero cambiar de tema, el clima de la locura parece que lo enrarece todo, un tema más seco, menos tormentoso, pienso, volvamos a lo de antes y lo intento de nuevo: ‘Háblame de tu pueblo, del que tú conoces y yo no conozco’. Y tu respuesta es enigmática: sería como hablarte de mí y a mí me conoces algo… Pero eso es tan incierto… ‘Tu pueblo es cerrado para con sus mismos habitantes. Poseen como una fiebre por lo extranjero y a la vez se defienden contra ello’. Y entonces enhorabuena, lo he logrado, tu voz sobre las teclas se escucha francamente seca.
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combarro

COMBARRO

tema: Monólogos puntuados. # No hay comentarios de este artículo. comentar.

One Response to “– las montañas salvajes luego el mar y las olas precipitandose –”

  1. lasalamandra Says:

    Buscando una foto de pueblo marinero di con esa de Combarro y lo que linkeo es el artículo de otro blog.

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