LOS MOTIVOS

octubre 18, 2004

 18/10/2004 23:46  

 

Anotación en ‘solo sé que no sé nada. Lo único cierto, lo único que sé’ (el jardín de lais):

 

Nora me llama y me pregunta si he sido yo quién ha llamado y ha colgado. No, le digo. Fue su marido quién contestó al teléfono y con quién no quisieron hablar.

 

– Pues ya sabes, sería alguien que piensa igual que yo.

 

– ¿Hay alguna novedad?.

 

Eso es más lo que le interesa saber. A ella hoy un  joven de su trabajo la ha agarrado por  la cintura, y el  tipo al parecer está pero que muy bien. Yo me alegro por ella con franqueza.

 

– ‘No será en un hotel. Será en el coche’

 

– ¿Y eso?.

 

Su voz suena decepcionada pero a mí no me ha costado pronunciarlo.

 

– Pues nada. Yo lo prefiero, de verdad

 

– Pero no entiendo. ¿Tú no decías que a él le iban más los hoteles?.

 

– Sí eso decía pero hay que mirar las cosas como son. Yo no tengo clase, así que me quedo en aventurilla, y nada a chupar pollas que es lo mío

 

– No digas eso. ¡Pero qué dura eres!. Eres mucho más dura que yo.

 

– Ya te lo dije:  soy muy crítica y sobre todo para conmigo misma, tanto como tú  puedas serlo. ¡Anda!, espera, que te leo la conversación

 

Y se la he leído íntegra y entonces ella opina que en el contexto se entiende mejor su postura y que … pero la freno.

 

–  No, no te quieras mentir a ti misma Nora que yo no me miento.

 

– Claro, -dice después de eso-, es que ahora comprendo mejor a lo que te referías cuando me decías que él no era nada tuyo, que sólo era alguien de tu pasado, y por eso me has metido a mí por el medio.

 

– Sí pero para que te beneficies. ¿O acaso piensas que yo te haría algún daño?. De todo lo que está pasando tú eres la que sales ganando sin jugarte nada. Además contigo no será así porque yo voy a negociarlo por ti.

 

– Es que cuando él dijo aquello de las amigas de su madre y luego las de su mujer… tú quisiste venir a decirme  que había que tratarlo como un gigoló porque es lo que era, aunque no cobre.

 

Y yo asiento, y ella prosigue en sus deducciones

 

– Es que no creo que nunca haya sentido nada con nadie, sólo lo que tenía previsto. Se vendió en su momento y a cambio tiene que halagarla a ella todo el rato.

 

– Pues sí, algo así creo yo. -confirmándoselo. ¿Y crees que él lo ve así?

 

Y aquí disentimos porque mi amiga piensa que él no lo ve porque ella en su momento no era capaz de verlas pero yo creo que sí, que las ve de sobra como son, sólo que como a todos nosotros no le gustará que nadie más se las vea.

 

– Pero me da la sensación de que te está infravalorando y de que tú te sientes  hasta casi bien por ello, de que eso te libera… porque si fuera diferente tendrías que empezar a sentir y así lo que no le debes es nada. Por eso le vas a dejar que te trate como quiera para saber cómo quiere ser tratado.

 

– Bueno yo ya escribí hoy algo acerca de ello en ‘Molly Bloom’. ¿Quieres que te lo lea?.

 

Y se lo leí y luego estuvimos hablando de C. Le conté que busqué su número en la guía el otro día por la noche y que llamé a su casa por probar si lo era, si vivían en esa dirección y que lo era porque saltó la voz de Ana en el contestador y C. es esa persona que me produce sensaciones tan encontradas como las que le producen a Nora mis hombres. O sea que con esa persona me he reprimido de alguna manera, aunque yo presuma de no serlo, de no ser una reprimida y después de todo va a resultar que sí,  que con él lo soy.

gorda desnuda

‘La Monstrua desnuda’

Carreño Miranda

One Response to “LOS MOTIVOS”

  1. lasalamandra Says:

    En la encrucijada de las calles La Estación y Carreño de Miranda, de las cuales esta última es epónimo el pintor más genuino y universal que ha dado la villa de Avilés, se encuentra ubicada «La Monstrua», según la placa que identifica la hermosa escultura:

    «doña. Eugenia Martínez Vallejo, “La Monstrua”. Obra de Favila donada al Excelentísimo. Ayuntamiento por Ayala. Agosto de 1997».

    No me parece, empero, oportuno el tratamiento de respeto a una muchachita, máxime siendo de extracción plebeya. El despectivo epíteto que se le ha endosado a la desafortunada damita, según el diccionario de la Real Academia Española, sólo admite el género masculino. Y en su tercera acepción lo define como persona o cosa fea.

    Deformidad, un tanto desproporcionado o irregular en la forma, no tiene connotación alguna con la monstruosidad.
    Así lo confirma Enrique Garebeytán, tratando clínicamente el caso que nos ocupa: Y como detalle, dichas telas (la Monstrua desnuda y la vestida) fueron denominadas de una manera que hoy sería absolutamente incorrecta.
    Hay quien asegura que «La Monstrua» nació en Bárcenas de la provincia de Burgos, en el año 1674, desde donde la trasladaron a Madrid, a los seis años, con 60 kilos de peso (treinta más del promedio de su edad).

    El motivo del viaje fue mostrar su enorme gordura, como un fenómeno de la naturaleza, en la degradada Corte de Carlos II, durante los saraos que se celebraban en sus salones.

    Sabido es que nuestros monarcas de la Casa de Austria gustaban rodearse de bufones, enanos, truhanes y también graciosos que se encargaban de distraerlos con sus disparates, dichos, prestidigitaciones y acrobacias, que hacían de válvula de escape a la severidad del protocolo áulico.
    Precisamente una de las salas del Museo del Prado exhibe cuatro retratos de Velázquez (cuyos modelos animaron las dependencias de Felipe IV) a los que Lafuente Ferrari define como políptico de los monstruos, cuyos nombres han perdurado hasta nuestros días: Juan Calabazas, «Calabacillas»; Diego de Acedo, «El Primo»; Francisco Lezcano, «El Niño de Vallecas»; y Don Sebastián de Morra, a quien Velázquez le regaló el tratamiento.
    Pero la obra cumbre que exalta a estos marginados sociales es el famoso cuadro conocido como «Las Meninas», en el cual aparecen, perfectamente destacados, la enana Maribárbola y el enanillo Nicolasillo Pertusato.

    El conspicuo Velázquez, no obstante, palia, por magia de la postura, los defectos sin ocultarlos, del cual aprendería su sucesor en la cámara de Felipe IV, don Juan Carreño de Miranda, nuestro paisano.
    En este entorno Carreño retrata a esta desdichada infundiendo al ambiente degradado que los envuelve una mirada de dignidad y respeto. Con todo, opina cierto crítico de arte, Carreño de Miranda es seguramente (tras los grandes de nuestro Siglo de Oro) el artista de más cuajada personalidad, de lenguaje más personal y de obra más variada y compleja.
    Es posible que el infortunado Monarca, apodado «El Hechizado», tratase de escudarse en estos seres desgraciados; pues, aunque Carreño de Miranda favoreciese, respetuosamente, sus rasgos, era terriblemente feo y había heredado, con creces, el prognatismo genético de los Austria.

    Era, además, enclenque, enfermizo y supersticioso, en grado sumo. Se sometió a ridículos exorcismos porque estaba convencido de que los alemanes, sus enemigos, le habían embrujado. De ahí el remoquete con que ha pasado a la Historia. A los catorce años aún no sabía leer y se mostraba, impúber todavía, irascible e irrespetuoso, con los que le rodeaban, sin motivo alguno.
    Carreño de Miranda retrató a Eugenia, en edad de diez años con un lujoso traje de brocados rojos y blancos, adornado de botones de plata, con manzanas en sendas manos, tal vez como símbolo de su insaciable apetito, cual la esculpió, fidedignamente Favila, para honrar al preclaro artista avilesino del siglo XVII.

    La desnuda, de estilo mitológico, representa un dios Baco, infantil, que sostiene, con la mano izquierda, un hermoso racimo de uvas, del cual pende un largo tallo, cuyas pámpanas cubren piadosamente, las vergüenzas, mientras su deforme cabeza está coronada con frutos de la vid, al estilo del Baco velazqueño.

    Este cuadro, hoy en la pinacoteca nacional, formó parte de la colección de Carlos II, como la propia bufona Eugenia formaba parte de su Corte, desde la infancia del Rey. Es una muestra del gusto barroco por lo excéntrico. Ambas pinturas tienen unas dimensiones de 1,65 por 0,7 metros. Es lógico sospechar que, una diagnosis, sobre un retrato, a una distancia de tres siglos y medio resulte, si no irresoluble, temeraria.

    Sin embargo varios especialistas en el tema, por ejemplo los doctores Falen Boggie, pediatra endocrinólogo, del Instituto Especializado de la Salud del Niño; y Ugarte Azabache, médico internista endocrinólogo, del centro de atención primaria de Toledo, en su ensayo titulado «A propósito de “La Monstruo” vestida y “La Monstruo” desnuda, del pintor Carreño de Miranda», lo han intentado.

    Estos eximios facultativos, dicho sea de paso, suponen a nuestro Carreño de Miranda, nacido en Vaciles, que no encuentro en los mapas asturianos ni en el atlas de España, editado por El País-Aguilar ni en la enciclopedia Espasa-Calpe.
    A cualquier avilesino le consta que nació en Avilés, el día 25 de marzo de 1614, y murió en Madrid, el 3 de octubre de 1685, según confirma la placa de la hermosa escultura sedente, que preside la plaza de Camposagrado.
    Los aludidos, a modo de prólogo, comentan, con acierto, que las pinturas que motivan la redacción del presente artículo, así como la vida del artista que las pintó, poseen cierto halo de enigma y controversia que atraen la atención de la crítica de las artes plásticas, sino también de la opinión de la ciencia médica.
    El personaje, dicen, conocido también como «La Monstruo», es una niña de unos 10 años, en la cual destaca una gran obesidad simple, mirada fija y profunda, diferente a aquella que presenta la niña hipotiroide, cuya facies es más bien abotargada. Tampoco nos parece que se trate de la obesidad que se observa en pacientes con el síndrome de Prader-Willi-Labahrt, quienes presentan facies placenteras, que revela un cierto grado de retraso mental… Por todo lo antes señalado creemos que la «Monstruo desvestida» exhibe un cuadro de obesidad severa de la infancia… El desnudo permite apreciar la generalización de la obesidad, sin hirsutismo ni estrías y siendo las manos pequeñas y con los dedos afilados, mientras que es la cara de la vestida la que muestra más llamativamente el labio superior elevado en su centro, con imagen triangular… y en ambos retratos, la nariz estrecha con la punta redonda.
    Mis respetos para la niña Eugenia Martínez Vallejo, «La Monstrua», que ennoblece el censo de nuestra villa de Avilés.

    Fernando Sotodosos Ramos es aficionado a la investigación.

    http://www.lne.es/secciones/noticia.jsp?pIdNoti

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