– no daría ni el blanco de una uña por toda su ciencia –

octubre 20, 2004

Me desperté bastante antes de que sonara el despertador. Hoy quería levantarme lo más tarde posible para evitar sentir el dolor y el atenazamiento de las vértebras desde muy temprano, hoy íbamos a vernos. Tengo un síndrome pero aún no me han diagnosticado si es Ehlers-Danlos o hiperlaxitud. Basta que te diga que las crisis son horribles y el malestar cuando comienza se torna insoportable y hoy era el día que íbamos a vernos por eso retrasé el despertador. Pero sufrí una pesadilla y cuando la vi muerta en el suelo me incorporé en la cama sobresaltada. Había sido sólo un sueño y me ‘engurullé’ (creo que tú sabes lo que es, asturiano… Alma lo dice cuando me ve hecha un ovillo por alguna parte y triste, como encogida sobre mí en posición fetal, como si me diera pena o algo así haber nacido pero no sé si es una de esas palabras que ella se inventa). Y trataba de olvidar las escenas que había presenciado desde la ventana de mi sueño. Yo soy muy sugestionable (a pesar de lo escéptica que me he ido haciendo para casi todo) y me parecían un mal presagio, y pensé mucho en si llamarte o no. Me apetecía verte, eso que quede claro pero no me gustaba estar sintiendo todos esos pensamientos negativos, devaluadores, que se paseaban por mi cabeza como una noria. Arriba el vértigo, abajo cierto sabor amargo de decepción, como una losa. Y los sentía como pasos, como si alguien caminara por el piso superior de la cama donde me encontraba. No sé, tal vez ese vecino loco que es mi vecino, un día te escribo sobre él y me comportaba como si nuestra cita ya hubiera sucedido y tuviera un hecho puntual del que quejarme. ‘Puntuable’ y esto es sarcasmo. Prejuicios, como los detesto. Pero en realidad no era tan extraño. El lunes cuando me conecté tenías el estado ausente y lo tuviste mucho rato y luego te fuiste sin despedirte. Y a mí me gustaba eso otro que hacías, eso de sólo conectarte un minuto aunque fuera para decir que te ibas, sólo para saludar. Y oye que no digo que tengas que hacerlo, uno debe hacer sólo aquello que le apetece… lo que digo es que me gustaba, que me parecía un detalle y que si yo no lo hago, la mayoría de las veces, es por no molestar; aunque otras no, otras sólo es porque ando con los cables cruzados y no me apetece. ¡Jo-der que mal me siento ahora!. Son las once menos cuarto de la mañana y sigo preocupada por ti. Y ayer llegué pronto a casa pero me apeteció más hacerme la cena y sentarme un rato delante del televisor mientras me la terminaba. Las noticias: videos sobre atentados que destilan un odio inexplicable y suicidios colectivos de terroristas islámicos. Y cuando eso acabó comenzaba un partido en la tele. Me imaginé que era lo que tú verías, así que no me sorprendió no encontrarte y ni siquiera demasiado tampoco verte al final del primer tiempo o después antes de que empezara la película. Nos quedaba el teléfono para concretar, ¿no?. Y a lo mejor tú también querías probarme, tal vez querías averiguar si en verdad me apetecía verte o no y cuánto. Hablamos mi amiga y yo (menuda presión en la espalda, así que menos mal que al final no vienes). Como te decía llamé a mi amiga y hablamos ella y yo de ti, de ella, de Julia una mujer que se muere… y de cómo algunas muertes… inclusive le rapiñan lo poco de humano que le queda a uno. Incluso le cuento que he tratado de comprarte un libro y que lo único que he visto por todas las librerías es el de Sampedro ‘Cartas desde el infierno’ pero que no lo compré, ni para leerlo nosotras y eso que era lo que quería hacer hace un mes, cuando el libro aún no figuraba en los anaqueles de ningún escaparate. A ella tampoco le extrañó que no ”aparecieses”: ‘Querrá mantenerte en vilo. Es sólo una puesta en escena, lo mismo que las tuyas’. Y no me preocupé, allá tú, allá mañana, allá yo misma. ¿Ves?, hasta ese punto he perdido el contacto con mis propios sentimientos pero luego me dio por repasar la conversación con Bahía y fueron saliendo cosas de mí que ni siquiera reconocía que las sentía. Y al final ella y yo terminamos hablando de muertos y de pesadillas. Luego me acosté sin ni siquiera dignarme a lavar los cacharros que se amontonaban en el fregadero: dos servicios de la comida y dos de la cena y la cocina estaba toda hecha un asco. Y decía como para mí: ¡Ay dios! no dejes que ocurra algo irreparable. Y sinceramente no creo que se lo dijera a Dios, o a ningún otro dios, porque yo pienso que no creo en él, en ninguno, y que es sólo una forma de expresarse. Yo creo que se lo imploraba a tu interior, y desde ese lugar que hay en mí que es como un pequeño templo o una ermita recóndita en el bosque, en la que a la oscuridad sólo la sesgan o la vence la llama de unas velas y allí estamos yo, únicamente yo y el silencio. Y esa es mi religiosidad, lo mismo que creo hay de sagrado en cualquiera.

sagrado

ANDREW ORTIZ

tema: Monólogos puntuados. # No hay comentarios de este artículo. comentar.

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