– que vayan primero a lavarse sus miserias –

octubre 21, 2004

Es después que te marchas y me dejas sola cuando mi amiga me llama por teléfono. Antes ha habido una llamada pero la he contestado y nadie me da respuesta. Digo: ¿Sí?, ¿sí?, y pasan algunos segundos y luego quien fuera corta la comunicación. Alguien que sólo quería escucharme o inquietarme o tal vez asegurarse de que he llegado a casa o alguien sólo que necesitaba saber que yo no estaba contigo, que ayer después de irme no me había alejado contigo… con ese alguien que ni siquiera sabe quién es.
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Su voz está ronca. A mí se me tinta así cuando deseo. Por ejemplo cada vez que él me sube a su coche, es montar y los agudos de mi voz se desvanecen, los tonos azules y morados de la hipomoea y el fresco verde de sus hojas, y se quedan sólo los rojos que son como el burdeos del vino o de la sangre, rojos que huelen a matices de cepa y tierra y herida o a oscura granada y le ronco como un felino cuando me acerco a su oído y le susurro: ¿ves?, me he quedado ronca eso es que te deseo, lo mismo que ocurre cuando él se masturba para mí y me mira
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¿Estás comiendo?, me pregunta ella. No, mi voz no esta ronca como la suya está apenada, es una voz que siente deseos de llorar, o que ha llorado a lo largo del día
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¡Cuéntame!, me exhorta y su voz sigue ronca. ¿Cómo ha ido todo?, ¿mal?. Ni siquiera sabe que no nos hemos visto y menos imagina que no nos llegaremos a ver. ¿Qué te ocurre?
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Me ocurre que no me siento bien pero para que lo entendieses tendría que empezar por el principio. Es igual, cuéntamelo todo. Pues tuve un aviso de las vértebras de madrugada, había comenzado la crisis y por eso retrasé el despertador para descansar lo más posible pero me despertó una pesadilla. Soñé con mi abuela otra vez, el mismo sueño, mi padre y ella están sobre las cuerdas de silicona del tendal y se sujetan a las cuerdas del tendal del piso de arriba como si tuvieran los brazos muy largos, o el tendedero de los vecinos quedase muy próximo… a lo mejor es a la ropa, sí a las mangas camisas que cuelgan limpias y es de noche y mi corazón late muy deprisa porque está asustado y yo extiendo los brazos hacia mi abuela todo el tiempo para tratar de sujetarla pero no quiero tocar a mi padre, ya sabes por qué y mi abuela parece muy segura de si misma, como si despreciase el peligro y ríe y camina por el lado exterior, en realidad parece que los dos bailan sobre esa cuerda floja y yo no logro comprender que hacen allí, ese lugar que antes, hace muchos años, en mis sueños ocupaba yo, y entonces él pega un traspiés y trata de sujetarse a mí, que estoy por dentro de la ventana de mi antigua habitación, para no caerse y eso hace que ella se bambolee y pierda el equilibrio y yo me angustio mucho y trato de agarrarla por la ropa pero no lo logro y su falda se me escapa de las manos y ella con una cara de horror, de espanto absoluto que nunca le he visto, cae gritando al vacío y son tres pisos igual que en la realidad y yo miro hacia abajo y veo que está viva aún pero sufriendo mucho y en el jardín (es un barranco en el que ella cuando yo era niña plantó un jardín) no hay plantas, no están los árboles que podrían haber frenado la caída, sólo un paisaje de naturaleza muerta como el que dejan tras de sí los incendios y mi dolor es enorme, insostenible, mi dolor porque ella sufre y lo único que quiero es poder llegar hasta a ella y hacerla morir para que no siga sufriendo pero a la vez pienso que ella no es ningún caballo y que yo no tengo arma alguna en las manos, ¿cómo podría matarla?, y grito, grito con todas mis fuerzas porque creo que el dolor y el pánico me van a volver loca y entonces despierto.
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Y claro – me dice mi amiga – creíste que era un mal presentimiento. No, es mucho peor que eso. Seguí un rato largo, no sé cuanto porque mo miré la hora, encogida en la cama sobre mí y muy angustiada, ya sabes que yo emocionalmente dependo mucho aún de mi abuela, es mi debilidad, hasta que sonó el despertador, y entonces me forcé a tomar el teléfono y le envié un mensaje que decía: ‘Estoy en la cama todavía, vienes?’. Un mensaje que finalizaba con una sonrisa que no existía ni en mi cara ni mi alma, si el alma acaso existe. Y no pasaron muchos mintutos sin que recibiera este otro suyo: ‘Estoy en el tanatorio. Hoy no podré verte’.
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¿En el tanatorio?. ¿Pero en qué tanatorio?, ¿no te decía nada más?. No, y tampoco quise preguntárselo. Él nunca me ha contado nada y cada vez que le he hecho una pregunta personal me ha parado los pies. Le escribí lo que sentía. Sólo eso, lo que estaba sintiendo en aquel momento… entonces la pesadilla volvía a cobrar dimensiones de realidad y se lo escribí sin pensarlo siquiera, sólo lo que sentía: ‘Me preocupas. acababa d soñar q mi abuela se caía d las cuerdas d tendal y se estrellaba contra el suelo.
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Y ahora sé que hice mal, ¿qué clase de mensaje es ese para un amigo que te envía uno como el suyo?

emblema tanatorio
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(Voy a dejar esto aquí ahora un rato… luego sigo)

tema: Monólogos puntuados. # No hay comentarios de este artículo. comentar.

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