– porque tienen miedo al infierno –

octubre 23, 2004

En las primeras escenas se ve un pendiente en su oreja. Es una cruz.
Luego aquel cielo azul cobalto de horas próximas a la noche, que surca aquella bandada de pájaros que emigran hacia algún lugar y casi una hora más tarde este diálogo:

– Hay un número oculto en cada acto de la vida
en cada aspecto del universo
fractales, materia
Hay un número que clama por decirnos algo
¿Te estoy aburriendo? -pregunta él.

– No, no, yo… (tenedor que se alza al aire y sonrisa más por compromiso de no saber qué decir que de ninguna otra cosa y él que también sonríe y cierra los ojos hacia sí con esa bella incertidumbre de no saber pero creer en uno y en el otro, aún, mientras ella termina por decir…) ¡mm!, lo siento. (y entonces él sigue hablando y el cigarrillo se consume entre sus dedos)

– No sé, lo que intento explicarles es que los números son una puerta para entender un misterio que es
mayor que nosotros, el modo en que dos personas desconocidas llegan a conocerse… Hay un poema de un escritor venezolano que empieza: ‘La tierra giró para acercarnos más/ giró sobre si misma y en nuestro interior/ hasta que por fin nos reunió en este sueño//

(Y ella sonríe y baja los ojos y se percibe que se siente un poco estremecida, que no es como cuando te habla alguien que no te importa, y le dice: – Muy bonito, y él continúa hablando

– Tienen que ocurrir tantas cosas para que dos personas se conozcan… En el fondo, eso son las matemáticas

21 gramos

Y me encanta lo que muestran sus caras durante esta conversación. Él intenta penetrar en ella, como sea, en su secreto pero con ternura porque ya lo conoce y ella… luego hay un plano dónde el sol se nos aparece entre las ramas de los árboles en invierno, entre esa enrevesada belleza que son unas ramas desnudas de hojas y él le pregunta mientras pasean:

– ¿Cuánto llevas nadando?

– Muchos años

– ¿Y no te aburre?

– No, es lo que hace que me sienta normal. Si no nadara o caminara o lo que fuera… me volvería loca

21 gramos

Y yo asiento porque eso es lo mismo que yo le diría a cualquiera que me lo preguntase a mí, sólo que para mí ese algo tan necesario para mi salud mental es esto, ahora lo es…

Y el otro día no terminé de contarte aquella conversación que sostuve con mi amiga después de que tú te enfadaras tanto conmigo pero ya no es importante. Sólo que ella opinó que yo había sido muy suave, que por una vez lo fui (me imagino que eso significará algo). Y dijo que sí, que había sido fiel a la realidad pero que no reproduje ni mucho menos la crudeza con la que ella te trató porque lo que hizo fue despellejarte: ‘Lo despellejé’, dijo; lo mismo que ya había hecho cuando yo de aquella me enamoré de ti y ella sólo te conocía de oídas. Y ahora ya ves, de poco más, ¿no?  Bueno, pues esa es mi amiga y así se ha comportado conmigo y con todos los hombres que han transitado por mi vida durante estos 16 años. En la primera crisis que se presenta Nora aprovecha la oportunidad y clava sus dientes con saña pero no te creas que lo hace conscientemente, no, o por lo menos no lo quiero ver así ya. Por ejemplo, el otro día, yo tenía mis motivos para sentirme dolida contigo, tú ahora ya sabes cuales y ella se cebó mientras yo sólo estaba desahogando. ¿Para ti no es necesario desahogar nunca?  Pues lo siento pero para mí sí. Y lo mismo hizo con Enate y aquello a él le dolío, como a ti, y una madrugada mientras follábamos sobre la barra de su bar y yo estaba completamente borracha me lo dijo: ‘Lo que siento es no estar a la altura’ y claro, yo idiota de mí no entendí nada y me abracé a él llorando, creyendo y prohibiéndole que repitiera nunca más aquello, y no me enteré de la fiesta hasta el día después e incluso hasta mucho más tarde, hasta estos mismos días tal vez porque cuando me hablaba de daño, de tanto daño… yo era incapaz de comprender… y no era más que aquello, aquella frase de mi amiga que un buen día se le atragantó pero que en su caso era cierta: no estaba a la altura porque sólo era un hipócrita. Y ella fue aún más dura contigo después del miércoles y vislumbrando tu debilidad quería que mañana fuéramos las dos a verte para no dejar que nos olvidases y ahora sí, entonces sí decía sentir auténtico interés. Sólo que esta mujer no está tan loca para consentir que nadie la manipule hasta ese punto, quizás gracias a que escribe y se repite excesivamente … y si me acerco en ningún caso se me ocurriría hacerlo con ella. Mañana al menos no. Así que ella debes saber que lo mantiene, lo que pensaba pero yo de verdad que ya no sé que pensar… te dije que te creo, que te creí cuando me dijiste que la querías y te creo pero tampoco dejo de creer por ello en otras cosas… bueno hasta mañana, si acaso

Y dejo aquí aparcados más versos que me he encontrado del mismo poeta venezolano:

AMANTES

Se amaban. No estaban solos en la tierra;
tenían la noche, sus vísperas azules,
sus celajes.

Vivían uno en el otro, se palpaban
como dos pétalos no abiertos en el fondo
de alguna flor del aire.

Se amaban. No estaban solos a la orilla
de su primera noche.
Y era la tierra la que se amaba en ellos,
el oro nocturno de sus vueltas,
la galaxia.

Ya no tendrían dos muertes. No iban a separarse.
Desnudos, asombrados, sus cuerpos se tendían
como hileras de luces en un largo aeropuerto
donde algo iba a llegar desde muy lejos,
no demasiado tarde.

EUGENIO MONTEJO.

Y luego me gustó la escena con el mismo anochecer azul cobalto dónde los pájaros regresan… 21 gramos, el peso de un colibrí, y eso también logro creerlo, hasta ahí…

21 gramos

tema: Monólogos puntuados. # No hay comentarios de este artículo. comentar

2 Responses to “– porque tienen miedo al infierno –”


  1. […] besos y entiende que yo no busco afecto en ti porque yo no te Deseo, sólo sexo, porque contigo son 21 gramos los que se ausentan. Perfecto. Entonces si lo has comprendido ahora ya puedes apartate de […]

  2. nandara Says:

    21 gramos, el peso del alma. 21 gramos invisibles. :)

    Gracias :)

    ___________________________
    ___________________________

    De nada :)

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