ESPERÁNDOLE

octubre 27, 2004

 

Medias negras y falda negra y abrigo negro y botas negras de tacón, todo recto, largo y negro.
Menos esa camiseta con el cuello de barco y rayas diagonales sobre fondo negro que tanto le gusta a Laura
Naranja, fucsia, verde fluorescente. Lo natural nunca presenta esos tonos llamativos.
Me siento como un artificio. No, peor, me siento como una prostituta. Él no va a pagarme pero si por lo menos lo hiciera tendría algún sentido. He pensado en decírselo.

Hemos quedado al otro lado del parque, frente a la puerta del supermercado, se ha empeñado en que fuese allí, justo allí y yo logro sentirme elegante. Todos los hombres al volante de los coches me lo dicen con la mirada, mientras camino.
A veces lo hago, buscar confirmaciones. En ocasiones como esa, especialmente. Pero sé que no debería. ¿Y el día que no ocurra qué? Es absurdo. No me gusta someterme a ningún tipo de dependencia no voluntaria. Quiero decir, a algo que no depende exclusivamente de mí, de mi voluntad. Luego seré tan infeliz como Dora, que dice que a partir de los cuarenta la vida fue triste porque los hombres dejaron de mirarla como la miraban. ¡Pero qué estupidez!. Dora es una mujer de más 70 años con un cuerpo bellísimo, una excepción de la naturaleza. Y siento la liga de la media deslizarse por la pierna. Seguro que se me ha quedado justo por encima de la bota y acabo de cruzar, he dejado el paso de cebra atrás y por eso vuelvo a cruzar por el medio de la carretera y subo por las escaleras del centro de salud. Y recuerdo aquella actríz que dijo algo como lo que me dijo Dora, que a cierta edad sólo las muchas escaleras que tenían que subir los hombres que la visitaban para verla, les quitaban el aliento. Ahí hay otro, otro ambulatorio, el que de verdad me correspondería si no hubiera mentido al dar la dirección en el otro. Y no es que se me note pero no quiero esperar a subirme al coche para colocármela y además yo lo noto. Es un minuto y así aprovecho, quizá me encuentre con ese hombre que trabaja allí. Es otro médico y no sé si él piensa que estoy loca. Yo creo que Primo lo piensa seriamente. Supongo que se refiere a mí cuando habla de la locura y dice: ‘Hay mucho loco suelto que no lo parece’. Y cuando yo lo miro asustada se ríe con sarcasmo y dice: ‘Por ejemplo yo’. Pero no creo que esté pensando en él, y o lo dice por mí, o lo dice por su mujer. De Penélope, no, de la mujer de Guernika nadie lo piensa. Seguro. Pensarán muchas cosas acerca de ellos pero no que están locos. Primo sí, Primo a veces tiene cara de loco y de asco, de asco profundo por todo. Cómo si toda su vida fuera una gran mentira, y se ahogara dentro de ella, una poza oscura e inmunda, de aguas estancadas pero yo no puedo hacer nada porque no quiero hacer nada.

LA MUJER DE NEGRO

26/10/2004. tema: … de Sombras y amor…. # Hay 1 comentario/s de este artículo.

One Response to “ESPERÁNDOLE”

  1. lasalamandra Says:

    Leit:
    Es un texto de muy buena factura, que trasunta sentimientos muy fuertes: angustia, melancolía, escepticismo, desconsuelo, insatisfación, y cierto acostumbramiento consciente a un destino que se podría torcer, pero no se tuerce, y se deja discurrir…
    26/10/2004 19:53:18
    .G:
    Una foto de una francesa muy atractiva… tomandose un croissant en una calle de Vincennes.
    31/10/2004 18:52:23

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