El volumen de la ausencia. M. Salisachs

noviembre 4, 2004

04/11/2004 22:58



Ahora, a la noche. Después de ver ‘Los amantes del círculo polar’ que no me gustó para nada, por cierto; a excepción de esa frase acerca de la casualidad pero uno no puede tragarse una película así por una frase que no justifica nada. Lo que más me gustó, la muerte. Cómo se suicida la madre, las consecuencias y cómo muere ella…

Y algo que me encantó: ver a los chavales. Iban Marino, Eli, Castor y Esther, y mira que Esther y yo hemos chocado a lo largo de las dos temporadas pero también se alegró muchísimo de verme y además es que ellas dos (las que más ”saben”) venían muy enfadadas y amenazando con que mañana habría reunión, aunque Eli no quería hablarlo delante de mí porque es una down muy lista y su madre la tiene muy aleccionada pero ‘Jueguecitos’, decían, ‘Jueguecitos… Estamos hartas’. O sea que no hacen deporte y Rox debe tenerlos toda la hora con sus acojonantes dinámicas (las que tuvo el valor de decirme que quedarían para mí) y vale, son discapacitados intelectuales pero no son idiotas. ¡Anda!, muy grave tiene que ser la cosa para que Esther diga: ‘queremos correr’. Esther que no quería correr ni loca y además me han dicho que conmigo era mejor, no mucho mejor pero bastante mejor, que hacían más deporte. Y luego cuando los he dejado me he dirigido al vestíbulo porque contaba que encontraría a Rita sola pero me he encontrado a Rox (la monitora), a R, a P y no me fijé si estaba C. Y R bastante seria. Yo sonreí en general, así como muy mundana (o sea cínica) y dije: ‘hombre Rox’, y la agarré del brazo mientras le explicaba a R. que venía a devolverles el chandall y que dentro de la bolsa iban también un par de pilas que me había dado para la radio de Julio el día que nos fuimos de vacaciones. Claro y lo de las pilas la descolocó muchísimo porque a ver quién se acuerda de regresar un par de pilas que le dieron en el medio de un jaleo terrible. Pues yo, que no quiero nada para mí que no sea mío y dicho esto, la verdad es que estaban la mar de serias, madres y monitora , pero no por mí y les dije en general: ‘bueno señoras, au revoire’. Y entonces sin dignarme a mirar siquiera a Rox a la que continuaba ”sujetando” por el brazo me fui. Salí afuera, a unos metros me pensé lo de acercarme hasta la pista o no y opté por continuar viaje hasta la biblioteca, eso sí satisfechísima en ese aspecto. Yo sabía que sin mí le sería imposible hacer frente a la actividad, o sea que su trabajo, por el que le pagan, habría tenido que desarrollarlo ìntegro yo. Y poco arrepentida estoy aunque me culpen a mí del fracaso de la actividad.


04/11/2004 23:39



Pero el contento me dura un suspiro (más pienso en comentarlo con Coga cuando nos veamos en casa, sé que le alegrará saberlo o se alegrará por mí) y camino bastante desmotivada porque llueve y ya no tengo ninguna excusa para quedarme en el parque y viviendo así, en la renuncia, es un poco como si él estuviera muerto y yo cada vez tengo menos energía para vivir. A ver, aclaro eso, es sencillo de entender: no me apetece, no me apetece vivir pero logro llegar a la biblioteca y deambulo por entre las estanterías un poco sin saber que busco y doy con la literatura eslava y busco la k de kundera y me decido por ‘la despedida’ que debe ser de los pocos suyos que me faltan por leer y luego llego hasta el final del pasillo y allí está la literatura francesa y pienso que tal vez encontraré algo más nuevo, de él mismo, en ese lugar porque Kundera creo luego se nacionalizó francés pero no le veo y me llama la atención un título de una tal Anna Gavalda: ‘Quisiera que alguien me esperara en algún lugar’. ¡Joder!, pues como yo, lo mismo que yo y le doy la vuelta y en la carátula trasera dice:

”’Esta colección de relatos es una auténtica joya. Su humor corrosivo unas veces divierte y otras atemoriza. Estos pequeños trozos de la vida revelan una verdad interior que, al instante, hace que se conviertan en esenciales”’ (Le Soir, 1999)

”’Sin florituras, con un estilo ágil a menudo divertido, a veces trágico, Anna Gavalda nos cuenta pequeños retazos de vida. Doce instantáneas que hablan del amor que se va, del que vuelve, del amor que se interrumpe, del amor desconocido”’ (Biba, 1999)

Y decido quedármelo. No sé para qué porque luego nunca leo un libro que saque de la biblioteca, desde hace años y ¿por qué no buscar a Bolaño? Y bingo, ‘Los detectives salvajes’, así no tengo por qué comprarlo si no me gusta y cuando ya me voy veo de refilón un tipo que podría resultarme atractivo. No le he mirado, sólo me ha parecido verle y aunque ya he elegido sigo consultando títulos y libros pero él se va pronto de allí y entonces es cuando me acuerdo de la braga-tanga que llevo en el bolso desde hace días con mi número escrito. ¿Y por qué no? Aunque lo más probable es que se lo encuentren las bibliotecarias pero lo saco con disimulo y me lo guardo en el puño y ahora tengo que encontrar un libro que me diga algo y sigo en la literatura española y he visto a Azua pero no y me acuerdo de Galvez, de lo ”guapo” que me pareció la primera vez que vi una foto suya… y si Azua fuera tan guapo pero no sé como es, sólo recuerdo haber leído una cosa suya: ‘Historia de un idiota contada por él mismo’ y ahora pululo cerca de la ‘S’ y Salisach y sí la veo y tomo un título suyo que me llama la atención: ‘El volumen de la ausencia’. Y allí las dejo, las sujeto por un extremo dentro de sus páginas y me voy con Bolaño y esos relatos a pasar por el mostrador donde la atenta bibliotecaria me ficha y entonces veo los ordenadores y en uno me ha parecido ver toda la biblioteca y creo que es un circuito cerrado y espero haber sido lo suficiente discreta porque si no… menuda vergüenza como la cámara me delate y me voy, me voy de allí no sin antes pedirles un bolígrafo prestado a unas jovencitas para anotar ese nombre y no olvidarlo: ‘El volumen de la ausencia’.

libro

Y un chico está tocando el violín en medio de la calle y es una música bella pero me resisto a preguntarle cual y continúo caminando y cuando paso por delante del cyber de M., ese hombre de Caracas que habla tantísimo y tan bien y lo veo solo por primera vez, sentado frente a uno de sus ordenadores me dan ganas de saludarlo pero luego pienso que mejor que no y arrastro mis pies luchando contra el impulso de volverme y asomar por la puerta pero en el fondo sé que no tengo ganas de hablar, así que para qué… y me compro pipas, muchas y antes nunca hacía eso pero ahora he vuelto a tener unas ganas grandes de fumar y hace muchos años que no fumo pero pienso que la mujer esa que va a suicidarse en el libro, también lo ha dejado hace tiempo y cuando lo decida, cuando lo decida definitivamente, cuando sólo le queden dos o tres meses de vida … volverá a fumar y llamo a casa de Nora para contarle las novedades de la actividad pero me cuelgan el teléfono y seguro que ha sido su marido pero a mí no me importa. Yo le cuelgo a él habitualmente cuando me lo coge, así que mucho mejor… más ascos que me ahorro y pienso que no soporto a Nora, que a veces no la soporto pero que la soporto menos porque nunca es Nora, siempre es Nora y los suyos y no le hizo nada de gracia escuchar eso de que con Laura da gusto invertir el tiempo que sea porque aprende pero y qué culpa tengo yo de que ella… y quiero dejarlo aquí. Un beso.

2 Responses to “El volumen de la ausencia. M. Salisachs”

  1. lasalamandra Says:

    El volumen de la ausencia (Premio Ateneo 1983). Este libro cuenta las reflexiones de una mujer que tras la salida de una consulta médica se debate entre regresar a su vida familiar ordenada o volver con un antiguo amante para reanudar una historia de amor que quedó truncada en la maraña de los acontecimientos. Mercedes Salisachs conoce bien los mecanismos de la mente, de la psicología femenina, domina la introspección interior y sabe plasmar soliloquios con verdadera destreza. El resultado es la narración emotiva de una historia en unos personajes que reflejan a un tiempo el deseo y el sueño que habitan en la vida. La ausencia de un ser que se ama se magnifica en el interior de una mujer hasta el punto de suplantar el primer plano de la existencia. El ausente cobra volumen porque vuelve real o deformado al pensamiento interior que se hace obsesivo”El amo. r que yo llevaba clavado era más fuerte que cualquier congoja y cualquier razonamiento. Por eso no desistía de recuperarte. Te necesitaba, Juan. Te necesitaba más que nunca”, escribe en un momento dado.

    El libro va dedicado “a todos los que sufren ausencias; ese río de esperanzas inútiles, que nunca encuentra el cauce adecuado para llegar hasta el mar”. Mercedes Salisachs es una maestra de la vida, conoce los diferentes registros de la sensibilidad de hombres y mujeres para afrontar la existencia. Sabe expresar con acierto y elegancia los mecanismos de los sentimientos, las virtudes, las carencias y las ambiciones. Refleja la fragilidad del ser humano y la distinta consistencia de hombres y mujeres ante los acontecimientos vitales, por eso sus novelas son frisos de intrahistoria, que diría Unamuno, fragmentos vivos de la vida de los hombres que valen como arquetipo ante los lectores

  2. candelaarias Says:

    25 visualizaciones

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