– una tarde de domingo en noviembre –

noviembre 8, 2004

08/11/2004 0:10

Deben ser cerca de las cinco y media cuando llego al parque. Llevo todos los discos menos el windows98 porque no lo tenía en casa. También el de inicio y las instrucciones que copié de mi hermano cuando me formateaba el disco duro. Paco está sentado en un banco leyendo el periódico y las niñas corren hacia mí cuando me ven llegar, incluso Lucía, que sigue sin gustarme del todo por mucho que me esfuerce. Pero les pido que nos dejen a solas porque quiero explicarle a Paco cómo va el tema. Tras unos minutos hemos acabado y él me pregunta si me apetece tomar un café y yo le digo que no, que me lo acabo de tomar en casa y él dice que le gustaría subir hasta el Hipercor a comprar algo, pero que por lo menos tardará media hora. Y yo le digo que no importa, que da igual media hora que tres cuartos que hora y media, que se vaya tranquilo que yo me quedo con las niñas y las cosas. Y él las busca para despedirse y no las encuentra y yo le digo que probablemente estarán en el otro parque pero estaban en el bar y Paco sale y me dice hace frío, y mi hermano está en el bar. ¿Por qué no vas a tomar un café? ¿Prefieres quedarte aquí pasando frío? Y yo le digo que sí, que prefiero el frío y él me mira y me sonríe. ¿Sí?, me pregunta. Sí, le digo asintiendo convencida. Creo que no quiero volver a hablar más con Pésimo. Y pasan los minutos y vuelven a salir las niñas. Están jugando a las cartas y Laura me dice que no pueden estar conmigo porque si no Carmen se enfada. Pero yo permanezco tranquila y le digo que no importa, que regrese a dentro, que yo no me enfado. Y choco mi frente con la suya. Laura está cariñosísima conmigo. Esta mañana no hemos parado de acariciarnos y de tomarnos de la mano. La beso el pelo y ella me estrecha, y yo la adoro porque me hace sentir dentro de mí algo bello y tierno. Y sigo leyendo a Antonio Galvez. Su paseo de los Caracoles ahora me cautiva. Y me acomodo en el banco. Una pierna encima de él y más parece que estoy tirada de cualquier manera en una butaca de casa, que en un parque público. Y subrayo algunas cosas y sé que tendré que releer un montón de veces lo que leo ahora, para entender. Y no veo a Pésimo por ninguna parte, sólo le he visto un minuto en que se asomó a la puerta y le imagino con esa mujer, contento y mirándola a cada minuto y comienzo a querer morir y las niñas regresan y una grita desde la puerta: ‘Laura si no entras dice Carmen que no juegas’. Y yo le digo: ‘venga adentro’ y Lucía me informa de que el loco ya está detrás. Y hace un frío de mil demonios, ¡joder!, y el tío no desiste y yo sigo leyendo pero ya se acercan las seis y cuarto y esa es la hora en que William Enol me envió aquel mensaje, aquella vez y sí, hay uno suyo y dice:
‘Me alegro mucho verte esta mañana. Besos’
Y yo también me alegro, me alegro por dentro y sonrío por dentro y cuando vuelve Laura se lo enseño y ella dice que le gusta pero al leerlo dice que le falta el acento y yo le digo que en el móvil es difícil ponerlos y ella me enseña contenta su colección de cartas. ¡Joder!, cartas que vienen en sobres de seis como los cromos y valen nada menos que tres euros y hay una que dice felicidad y otra amor y otra encanto, y yo le pregunto y tú sabes qué es eso. Y ella me dice que sí, que es eso mismo que yo digo de Enol cuando sonrío y digo: ‘es un encanto’. Y Laura dice que no entiende como después de haber llamado a la policía y de denunciarlo, el loco sigue ahí y yo le digo que eso es porque está loco y además él no sabe que la he llamado y que voy a denunciarle y lo que es mucho peor: está convencido de que sí yo conozco lo que siente en su corazón por mí, cambiaré de idea y le haré caso, y entonces me entran unas ganas horribles de llorar pero no lloro aunque sé que en el rostro no puedo evitar que me aflore la angustia
08/11/2004 0:35

Estúpido. Ese tipo absurdo y repugnante con su estúpida conducta ha resquebrajado mis sueños porque ahora sé que yo podría ser como él y no soporto que ni Primo ni nadie hayan podido verme así.
Algo que no he contado de esta mañana. Después de hablar mucho con Paco, casi a la entrada del bar… Laura se viene al banco conmigo y yo le tiendo mi mano, estirándola detrás de mí por mi espalda y cuando me agarra se acerca mucho a mí y me pregunta: ¿Estás enfadada con mi padr… con Paco, quería decir con Paco?
Y yo sé que no, sé que ha querido decir con su padre pero también sabe que no debe preguntármelo porque intuye que es un territorio tabú y a mí me gustaría explicarle que no, que no estoy enfadada aunque eso sea mentira, porque lo estoy y mucho, dolida, verdaderamente dolida y por eso le digo: ‘Nooo. ¿Qué tontería es esa? No estoy enfadada con nadie cariño. Sólo hablábamos’. Y ella me pregunta otra vez si estoy enamorada de Enol y yo le explico que no, pero que me gusta mucho, y que hoy le he visto sólo que no nos hemos hablado porque no estaba solo y ella no lo entiende pero yo le digo que soy así, que tengo esas cosas y que prefiero que lo nuestro sea privado y no lo sepan todos esos hombres que estaban con él. Y ella me dice: ¿pero sois novios? Y yo le digo: ‘´No, Laura, que va. Sólo somos amigos’.
– ¿Pero estuviste enamorada de él? Tú me lo dijiste.
– Sí, pero eso fue hace mucho tiempo y luego me enamoré de alguien distinto.
– ¿De quién?
Ya le he mencionado varias veces pero siempre rodeado de grandes lagos salados, de silencio y de secretos
– Ya te lo dije… de alguien que se fue
– Pero dime quién, ¿el raquetista?
– No, Guernika no
– ¿Aquel de Galicia que fuiste a ver?
– No, no que va.
– ¿Aquel chico de tu edad que te acompañó al parque y que trabajaba contigo? -dice María, su prima
– No, no es Santos tampoco.
– ¿Entonces quién? -dice Laura
Y me muero por decirle: ‘De tu padre, cariño’
Pero sé que yo no se lo diré, y me asusta, me asusta mucho lo que sucederá cuando alguien se lo diga. Por ejemplo, esa mujer.
Y para que se olviden de las preguntas las abrazo y las giro por los aires como si fueran cintas de colores y nos mareamos y yo evito mirar a Pésimao que ya se las lleva y hace minutos que espera de pie con su hermano por ellas pero Laura quiere subirse a la farola y María se sube y las risas son una locura de risas y yo me acuerdo de esa escena de ‘Noviembre dulce’ que vi el otro día cuando la protagonista suelta a los perros por la playa y todos corren y juegan y se le echan por encima y las risas son una locura de risas y recuerdo lo que pensé entonces cuando veía esa escena: igual que yo, sólo que yo no me rodeo de perros sino de niñas y son ellas y sus abrazos y sus risas quién corren y juegan y se me echan por encima
08/11/2004 0:59

Y se hace de noche y se encienden las farolas y las luces exteriores e interiores del bar iluminan la terraza y la barra y entonces le veo, y sigo leyendo y en un momento dado levanto la cabeza y me encuentro con que él ha salido afuera y que se arrastra entre las mesas y creo que va a buscar algo allí pero comienza a subir despacio las escaleras hacia mí, con sumo cuidado, como si tratara de decirme con su lentitud: ‘mira mis brazos, no voy a hacerte daño, no te asustes, estoy desarmado ‘. Y yo cierro el libro de golpe y lo he decidido en ese instante, si veo que avanza un paso más me levanto y me voy porque ya me hizo daño y le dejo con sus cosas, con lo feo que se supone que es eso, sólo y muerto de vergüenza porque es lo que se merece, como aquel día de agosto me hizo sentir a mí y por eso él se detiene, porque sabe que lo haré por la violencia con que he cerrado el libro y el impulso que he tomado y la mirada que le echado al bolso para saber dónde lo tengo que agarrar y sabe que lo haré porque ya me ha visto hacer exactamente lo mismo cientos de veces, incluso a aquella niña impertinente de ‘Dos Hermanas’ que se llamaba como su mujer. Y por eso se detiene y se gira cabizbajo y se vuelve al interior del bar sintiéndose como un insecto y por eso yo me tranquilizo y no me levanto y me voy, y qué casualidad justo llega Paco y le sonrío y le ayudo a llevar las cosas hasta el bar y él me dice: ‘¿De verdad que no quieres un café?’ Y yo le sonrío y niego con la cabeza y he entrado hasta dentro para ayudarle y veo a Primo doblado ante el periódico como si tuviera menos ganas de vivir aún que yo, y en ese momento me duele el alma.
08/11/2004 1:17

Cetrino, con la vista fija en las letras, refugiada en las letras, abochornado. Él que siempre tiene el control. No entiende, no comprende, qué ha hecho. Pero aquí no lo tenemos ninguno. Hay sentimientos de por medio, y él estaba advertido. Ya le dije que no le dejaría jugar con ellos. Y ahora lo sabe, tal vez lo comienza a saber…
Y cuando salgo por la puerta lo hago con intención de irme pero no puedo hacerlo, después de haberle visto así, porque lo que a él le duele, me duele a mí. Lo que a ellos les duele, me duele a mí.
Paco esta mañana ha dicho que la raíz de la felicidad es conformarse con lo que uno obtiene en la vida, que así ha llegado a comprenderlo él y que si no fuera así no podría aceptar su enfermedad, que incluso durante tres años estuvo hundido en la más espantosa depresión endógena por culpa de ello pero yo le digo que no es sencillo aceptar el dolor, que es imposible, que lo de conformarse es genial cuando uno no sufre, al menos. Pero le digo que su dolor es un dolor inaceptable como si alguien le pellizcara la carne y la piel constantemente y que a eso es imposible que uno se pueda acostumbrar. Creo que ha sido la primera vez que alguien le reconoce que está en su derecho de quejarse, que no tiene por qué no levantarle un altar a su dolor. El mundo quiere hacer como si Ereskigal no existiera pero Ereskigal está ahí, a solas con su luto y enfurecida, y si no hay una sumeria Inana para hacerla desnudarse al atravesar cada una de las siete puertas del infierno, Ereskighal encontrará alguien inocente a quién hacer sufrir. Paco hablaba de Laura que a veces parece obsesionada por el dinero y por lo material pero yo le quito importancia y le digo que es Tauro porque a la gente hay que aceptarla como es.
08/11/2004 1:41

Y a pesar de lo que crea el loco, que supongo que habrá pensado que cuando le veo cambio de idea y regreso al banco, regreso al banco y desde allí veo a Pésimo que no levanta la cabeza del periódico y ni siquiera pasa página y María y su padre se marchan. Se dirigen a la parada del autobús y Laura les acompaña y desde el otro lado de la carretera Laura me saluda con la mano y me grita que la espere que regresa ahora, y Pésimo sigue en la barra y sigue sin moverse. Ahora lo hace, se echa hacia atrás y ha visto que le miro, lo sé y aunque sigue tenso se relaja y Laura llega y él sale a la puerta y nos mira y vuelve adentro. Está inquieto. Y Laura me pregunta de nuevo que buscaba ayer de aquella manera cuando ellos se iban por la carretera en el coche y ella me vio. Dice que caminaba y miraba hacia un lado y al otro como si buscara a algo o a alguien. Y es que no sé porqué sentí como que alguien me llamaba y por eso miré hacia la carretera justo en el segundo que ellos pasaban por allí y me pareció que eran ellos aunque esta vez conducía él y no su mujer. Y yo le digo a Laura que la buscaba a ella, que la estaba buscando por todas partes. Y Laura se queda tranquila. Tan tranquila y contenta como cuando le dije que cambiaría mi vida por la de ella. No se lo podía creer. Me dijo: ¿Anda, cómo vas a hacer eso? ¿Te dejarías matar por mí? Y yo le digo que sí, porque su vida está empezando y sé que será maravillosa y que la mía en realidad no vale gran cosa porque nadie me echará demasiado de menos si me voy. Bueno sí, mi abuela pero ella está fatal del riego y está muy acostumbrada a las pérdidas, y eso pues no es gran cosa.
08/11/2004 2:12

– Ven, que hace frío. Vamos a dar un paseo para que nos entren en calor los pies.
Y echamos a andar abrazadas por el parque y viene Lucía y Laura no quiere que esté con nosotras y Pésimo sale, y dice que ya se van y yo no le miro, agacho la cabeza y no le miro pero porque ahora estoy turbada profundamente y Laura le tira un beso y le dice que espere, que vamos al quiosco a comprar, y parece que él va a seguirnos pero no es él, es un chico y nos reímos y Carmen, la dueña del quiosco, nos recibe bien y yo quiero caramelos y Laura gusanitos y Lucía una gominola y un chicle y pago yo y le digo que esta tarde me voy con ella, que me voy con ella y con su padre del parque, y Laura se alegra. ¿De verdad? Y yo le digo que sí, que hoy voy acercarme hasta la casa de mi madre y que llevo esa dirección y cuando doblamos la esquina Pésimo me mira y tiene ojeras y yo agacho la cabeza y no le saludo y paso de largo a su lado y esa mujer sale por la puerta del bar en ese instante y ha sido testigo de cómo nos miramos y yo lo sé porque cuando giro la cabeza veo que ha sido ella quién le saluda y lleva los celos escritos en la cara y yo pienso que es la mía y doy dos pasos y me detengo y Laura le dice: ‘Ella hoy se viene con nosotros’. Y él dice: ¿Ah sí? Pero yo no le respondo y dejamos a Lucía allí que tiene que esperar todavía que su padre venga a buscarla y echamos a andar los tres juntos y sé que ella nos verá caminando de espaldas y eso va a ser estupendo porque sufrirá un ataque de rabia y mañana o pasado forzará la situación porque perderá los nervios y querrá jugar a hundir la flota con mi persona pero de momento hoy soy yo quién le ha hundido por lo menos uno o dos acorazados. Y yo voy con la cabeza gacha y no le miro y Laura camina un paso por delante y cuando ve al loco en el banco dice: ‘Mira ese ahí’. Y yo digo: ‘Pues por eso. Tenía que aprovechar la coyuntura’. ‘Aprovechar la coyuntura’ repite él como si le siguiese haciendo gracia que le hable así a una niña que no lo va a entender. Pero digo: ‘Sí, no siempre puede una marcharse del parque con un hombre al lado. Así que hoy me aprovecho’. Y él dice: ‘ahora’. Y Laura me explica que vamos a cruzar rápido antes de llegar al paso de cebra para no tener que esperar porque el semáforo está en verde y aceleramos el paso por la mitad de la carretera, Y Laura ya nos ha dejado solos uno al lado del otro y mi brazo roza el de él y seguimos hablando pero continúo sin mirarle, incluso me río. Y Pésimo me pregunta en que ha quedado lo del virus de su hermano y yo le informo de que no existe ningún virus Vega ni nada por el estilo, que lo he comprobado, y que me extraña toda esa historia del disco duro nuevo con un sistema operativo como el windows 95 y que esto y lo otro, y hablo bastante en pocos metros sobre sistemas operativos y menciono el nombre linux y el pentium y le digo que como mucho el de su hermano será un 486 y que si con el material y las instrucciones que le he facilitado a su hermano no lo solventa él, pues que ya iré yo a por el ordenador y lo arreglaré en mi casa y entonces Pésimo en algún momento me dice que no le hable así porque él no está tan puesto como se me ve a mí, y yo le digo que no es cuestión de estar puesta en nada sino de pensar un poco con la cabeza y hemos llegado al portal de ellos y Laura no ha abierto la boca pero entonces me dice un beso y dobla su cabeza hacia atrás y yo le abarco el rostro con las manos y le doy un beso muy grande y me siento tentada de llamarla princesa pero sólo digo ‘hasta mañana, cariño’ y él me dice ‘Hasta luego’ pero yo no le contesto siquiera y sigo descendiendo la calle, sin sentir alegría porque ya no tengo esperanzas de que mañana vaya a ser distinto y las cosas más fáciles. Esto es lo que hay y punto. Meses sin hablar por delante y luego cuatro palabras cortantes y todas seguidas. Tal vez debería hacer lo que ellas por probar, dejarme deslumbrar por sus conocimientos de medicina y su ironía y jugar a eso de despellejar sobre una mesa de bar a todo el mundo.
08/11/2004 2:41

Ceno en mi casa. Consigo que mi padre me grabe una copia del windows98 y que me deje en el centro de A. cerca de la casa de la madre de Pésimo. ¿Os acordáis de aquellos días en que yo os desentrañaba mis planes futuros? Se me ocurría que la única manera de que él y yo pudiésemos entablar una relación de índole íntima era bajo el amparo de su madre, viéndonos en su casa, protegidos por su consentimiento y a resguardo de las malas lenguas y desde el portal pulso el botón del 8ºA.
-Soy María, Pura. Es que me dijo Paco que le dejase en su casa un disco para él.
– Ah sí, hija sí.
Y desde arriba me abren la puerta y yo llamo al ascensor y he saludado a esa chica rubia que hay dentro del portal pero le habré parecido muy rara porque me mira desconfiada y cuando llego arriba Pura me abre la puerta y un olor intenso a un fuerte aroma de colonia recién pulverizada me golpea las narices. Se ha perfumado para recibirme y ella quiere que pase al interior de la casa pero yo le digo que no, y aparte del disco quiero dejarle el teléfono por si Paco lo necesita. Lo tenía pero a mí el suyo se me ha borrado de la memoria de la tarjeta y ella vuelve a insistir en que pase pero yo no quiero porque ya no creo que un día su hijo y yo vayamos a tener un destino juntos y creo que ella me lo nota, que percibe que algo ha cambiado en mí, tal vez porque he envejecido mucho en estos meses y se me ve muy cansada, cuarteada y austera en sonrisas y me pregunta que si se fueron muy tarde y yo le digo que Paco casi a las siete menos cuarto y que Pésimo como a las siete y diez, que no ha sido tan tarde… pero ella me replica que sí, que Paco se ha ido demasiado tarde y seguro que cargado de chucherías, que es lo que le encanta comprar y yo le digo que no lo sé porque no miré lo que llevaba dentro de la bolsa pero que a mí no me gusta comprar y ella me dice que a ella tampoco, y es otra cosa en la que coincidimos porque es verdad que a la compra por las mañanas iba su marido y allí coincidían el padre y el hijo, en el supermercado. Y después Pésimo subía a la casa de su madre, todas las mañanas y estaba como veinte minutos arriba, y yo suponía que subía a tomarse con ella un café y luego salía a la calle otra vez con sus compras y las dejaba en casa y volvía a bajar y yo le seguía por las calles de la ciudad, y así fue durante aquellos meses en que, al menos yo, era tan feliz.

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  1. candelaarias Says:

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