ENTRE GITANOS Y ESMERALDAS (pediculosis ii)

noviembre 10, 2004

Coitus Interruptus -chuininglis-: el anterior

Y yo un día más no aguanto. Y al mediodía decido que tengo que ir al médico como sea y es cuando me arrepiento de haberme apuntado en ese centro de salud en concreto y no en el otro… omito esta parte para no extenderme. Así que me ducho otra vez con todos mis reparos y cuando me seco. Por ahí, más bien hago como que me seco y rebusco pero con tan poca intención que no encuentro nada, así que tiro de un pelo del centro y al primer intento ha habido mala suerte y compruebo que unos milímetros antes del final… pues tiene como una especie de depósito negro que sobresale y es semi-transparente, que bien podría ser una cesta de huevos.

Total que agarro el pelo y con cuidado lo deposito en el el salvaslip de las bragas, que menos mal que eran mis bragas más bonitas y eso da mucha confianza… unas de color ciclamen y antes he olido el salvaslip y huele a mi sexo pero rico (a mí me gusta) y lo que si parece es que el flujo tiene un tono amarillo pero como nunca lo observo tan de cerca bien podría ser como el de todos los días y me visto de marrón porque yo creo que el marrón es un color que le va mucho a la enfermedad, marrón oscuro. Unos pantalones de pana, un precioso jersey calado y con ”bordados” que me compré en Cortefiel y que sólo me he puesto una vez el año pasado y un cisne beige sin mangas y cojo los guantes y el paraguas porque llueve y paso por delante de Guernika que me ve y habla con alguien donde su coche, estira el cuello y se despide con prontitud de su interlocutor y quiere cruzarse conmigo, y vaya que sí, porque una a estas alturas ya sabe cuando ese desgraciado está caliente y cuándo no, a millas de distancia. Y hoy me saluda y me sonríe yo qué pienso: ‘Pues nada chaval, te las voy a pegar porque es lo que te mereces’. Y además lo más probable sea que lo que sea lo haya pillado en su coche, ¿o no? Bueno, es que él tiene un cocker y los cocker se suben con sus patas y con sus pelos por todas partes y lo he pensado siempre. He pensado que un día terminaría por agarrar garrapatas o algo así porque los perros domésticos son mucho más proclives a infectarse que los gatos caseros. El mundo está lleno de garrapatas pero yo no recuerdo que desde el verano me haya agachado para mear cerca de ningún grupo de helechos y así, con estos y parecidos deambulares mentales llego al Centro de Salud y antes de entrar se me ocurre pensar, ¿y si por un casual está él de médico? Y yo misma me digo: ‘No seas gilipollas, que eso iba a ser mucha casualidad’ y pienso en acercarme a una farmacia pero ¿ostras, no será mejor contárselo a un médico que sabrá dónde remitirte si acaso que a un farmacéutico? Y primer alivio, cuando cruzo las puertas no veo que esté ninguna de esas arpías de recepción, sino un chico nuevo al que esas gafas y el pelo largo le dan un aire muy despistado y sexy y me dirijo hacia el extremo del mostrador que ocupa y … ¿os habéis fijado cómo se posiciona la gente en los lugares de trabajo? ¿Sí, en la posición espacial? Este había elegido el mismo lugar que sin duda habría elegido yo para sentarme y le digo que tengo que ver al médico y cuando le estoy dando la cartilla y él ya la sujeta entre sus dedos, le pregunto el nombre del facultativo que me atenderá y me dice: ‘Fulanito’. ¡Joder!, y yo que me mareo. Pero le digo que sí, que me apunte, creyendo que es lo que me merezco y asintiendo con la cabeza, que continúe tomando datos y preguntándome los años y el nombre y … esperando que no se le ocurra hacerme esa pregunta que yo no quiero contestar, porque algunas veces te la hacen y yo sé que algunas veces soy tan sincera, que seguro que si me la hace se la voy a contestar. Voy a poner cara de pócker pero se la voy a contestar.

Bueno, allá vamos. Total, ¿no le he entregado a ese hombre hasta la última de mis miserias? ¿Qué importa una más? Una que sea real por fin y no tan virtual, no algo escrito, no algo indoloro, e incoloro, e insípido, e incomprensible. Yo ya le he hablado miles de veces de que había cosas que no eran nada poéticas… porque yo creo que los parásitos no debieron de haberle gustado ni a San Francisco de Asis. ¿O los tildaría también de criaturitas de Dios?, ja,ja… pero no me río, no me hace ninguna gracia estar allí sentada y por la escalera de subida de médicos se escuchan ruidos pero él no aparece, creo que las sube y las baja por lo menos un par de veces. ¿Qué se habrá creído? Porque seguro que ya sabe que soy yo quién estoy allí y encima no se me ve con ninguna pinta de enferma y le imagino asustado, creyendo que voy a buscarle problemas, que es una treta para que estemos solos y que he ido allí sólo con el fin de comprometerle porque estoy desesperada. Pero él no se imagina desde luego la forma que está tomando mi desesperación

Y nada, allí esperando delante de su puerta y por supuesto que yo no me voy a bajar los pantalones para enseñarle el coño mal depilado y menos delante de su enfermera, que busque los indicios que quiera por el microscopio que para eso le llevo las bragas y si no me dolían las cervicales comenzaron a dolerme por la tensión. Y llegó una chica gitana, guapa y ”desdentada” con un niño sucísimo y precioso que se llamaba César. Y pensé que la ausencia de esos dientes en la boca de ella debía de tener algo que ver con los golpes. Y el niño podía no ser capaz de mover el cuello y decía que le dolía pero no paraba. Menudo trasto. Era imposible no sonreír. Ella me preguntó a mí que si también lo mío era un problema de cuello, como me veía agarrarme y yo le dije que no pero no me apetecía hablar mucho porque tenía en el estómago como un enjambre de avispas y sentía pequeños mordiscos y carreras por entre la maraña de pelos de mi sexo y me imaginaba una vagina anidada por las larvas y sus ninfas, ¿o es al revés? Es igual, la imaginación para existir no precisa de la exactitud de la mente calculadora.

Y a continuación una mujer de unos cincuenta años que se sentó a mi lado y con la que no hablé. Era morena y es su rostro había huellas que delataban un sufrimiento emocional y se llevaba los dedos al entrecejo como si le doliera. Y llegó otra pareja de gitanos. Dos hombres de tez oscura y piel manchada por los tiznes de vete tú a saber qué basuras, que se quedaron en la balaustrada y luego llegó el padre de César, un gitano chocolate a la taza que costaba creer que fuera el causante de los espacios vacíos en la boca de la joven mujer y una niña; tal vez un par de años mayor que César, que era la cosa más bonita del mundo, por lo menos allí dentro. Y Esmeralda tan pintarrajeada de tiznes como su hermanito traía en las manos unas acuarelas que acababa de comprarle su padre, seguramente en la tienda de los 20 duros que hay por allí cerca pero un poco más abajo y … entonces sí, entonces sí que apareció él por la escalera después de unos 20 o 30 minutos de estar esperándole y me miró con el mayor de los desprecios, si no era odio, claro. Y yo pensé: ‘pues no sé de qué te quejas, chico, porque por lo menos yo aquí soy de las pocas que se ha lavado’. ¿O resulta que eres de esos que ni siquiera ven los colores? No, sólo que existen varias clases de racismo… Bueno, el problema me parece que es que él cree que en realidad deberían existir ‘las clases’.

GITANA

10/11/2004 08:28. Tema: Inspiración… expiración. . .

3 Responses to “ENTRE GITANOS Y ESMERALDAS (pediculosis ii)”

  1. lasalamandra Says:

    manuel h:
    cambia de médico, ahora que estás a tiempo!!!
    un besazo
    11/11/2004 12:23:42
    Susana:
    ¿Te atendió él?!! jejeje, supongo que a ti no te haría ninguna gracia, pero ahora mientras te leía me entró un ataque de risa de lo más estúpido. Joer qué mala pata ;-)
    11/11/2004 14:29:29 email: Campanilla698 (arroba) hotmail.com
    sabbat:
    Espera, espera, que fue mucho más heavy de lo que te imaginas pero… antes tengo que intercalar un post sobre ‘Él’, al menos para luego poder imprimirlo :)
    11/11/2004 14:36:55


  2. […] Coitus Interruptus ( – iii – ): y el anterior […]

  3. candelaarias Says:

    35 visualizaciones

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