HELENA O EL MAR DE VERANO

noviembre 23, 2004

Recibo un correo de alguien dándome las gracias… Hace años que tratamos virtualmente, bueno mejor sería decir, sólo que tratamos, en pasado; y ese correo me dice algo que me agrada. Me dice: ‘No sé por qué me engancha tu escritura será porque te conozco, aunque sólo sea parcialmente; será porque escribes bien…, dejé de leerte cuando ‘el blog de Anouk’, entonces no tenía tiempo, pero ahora he vuelto a engancharme, y no porque me sobre el tiempo, te he leído a ti y no un artículo del diario que me ”interesaba” más. Hasta otra.’

Y por eso hablo de ello aquí porque me ha gustado recibirlo y porque no me he sentido halagada. Detesto los halagos. Por eso me cuesta repartirlos; porque los considero falsos.

Un halago es algo que se dice para alimentar la vanidad de otro. Somos listos, engordamos vanidades y nos beneficiamos de ello. Yo conocí a una chica así, aquí, y ella se quejaba.

Me decía: ‘Como te cuesta decir algo bonito’. Y yo le contestaba: ‘No. Lo que me cuesta es mentir’. Por ejemplo, a Susana no me cuesta nunca decirle cosas bonitas porque me resulta entrañable, y eso no se puede disimular.

Es más, una de las cosas por las que he llegado a estar plenamente convencida de que soy idiota es porque siendo un individuo tan dotado para la manipulación emocional de los demás, yo misma me limite, y con esta calma chicha que no tengo para nada, de la que carezco por completo, te lo aseguro, a no sacar provecho de ello en la inmensa mayoría de las ocasiones. Lo cual me lleva a plantearme la pregunta de rigor: Bien, ¿y si en el fondo no estás tan dotada como tú te crees? ¿Y si esa incapacidad tuya es la prueba fehaciente de ello? Tú dime, quién no se cree más inteligente que ‘los otros’, o más profundo, más abisal o más honesto, o más lúcido, o más sensato, o más ‘perfecto’, más noble… o yo que sé, viste eso de adjetivo múltiple, sí, incluso más depravado, más perverso, más víctima, más esclavo. Más que los otros… o eso que no soy yo. Como el marido de ‘en las nubes’, Stephen ‘el lobo’ como ‘en las nubes respecto a él’. Tan equivocados, o no. Vete tú a saber. Y la menciono porque no me la quito de la cabeza aunque no haya contestado sus llamadas todavía. Pero es que esta vez, soy yo otra vez quien necesita tiempo muerto. Le estoy haciendo un gesto con las manos. Ese que hacen los entrenadores deportivos para solicitar un pausa en el encuentro… Medio mundo devaluando al otro medio, y si no es esa la proporción justa da igual. Tú ya me entiendes seguro, adónde quiero ir a parar. Venga, y no te marches, que ya dejo de divagar.

Cuenta atrás. Admito a un contacto nuevo, y me dice que ha sido una casualidad coincidirse conmigo porque él ya me conocía por medio de esta bitácora y lo he sentido. Es como un chasquido en el cerebro que te llama la atención sobre un posible interés: ‘Algo tiene este individuo que podría interesarte’. Conocimientos, poder, tal vez ”tus direcciones primarias” … y otro tipo de persona, estoy casi convencida ( y a lo mejor erróneamente), en percibiendo este aviso, se cuidaría muy mucho de no ser amable y no decir inconvenientes y … bueno esas cosas que hacen del arribista un lince, pero yo no, yo topo. Yo le digo que no quiero verle, que no me enseñe ninguna foto aunque yo le muestre mil y no me importe. Y se lo digo porque me conozco, porque soy frívola y si no me encanta (esto lease textual, como ‘encantamiento’), así de buenas a primeras pues por muy culto, por muy vasto que sea su patrimonio intelectual lo voy a mandar al carajo a la primera de cambio, porque no sé por qué tengo un fallo en el carácter y no puedo quedarme con nadie con el que no me encuentre o fascinada o cómoda, pero ni un sólo minuto. Es que es superior a mí. Por ejemplo William Enol. Me apasiona ese hombre. Pero me apasiona en la vida. Verle. Tocarle, olerle, quererle si es posible. Incluso recibir un mensaje suyo por el teléfono móvil. Le siento. Pero cuando está ahí, al otro lado de la pantalla y no le veo, sólo bits de información vacía, me da frío. Y sé que es mi frío. Ya ves adonde he ido a parar. Lo que me disgusta es mi propio lado gélido. Y supongo que eso es lo que me cuesta aceptar. Y este hombre me habla de ‘Helena o el mar de verano’, que dice que es un libro precioso de Julian Ayesta y me habla de Hannat Arendt; y sólo por eso debería quedarme, porque son personas nuevas que desconocía, con mentes desconocidas y nuevas pero yo también detesto los ‘debería’ y cada vez que me encuentro con uno que no he elegido, siento como unas ganas enormes de salir corriendo en dirección contraria, y no son sólo ganas, es necesidad. Y cuando me muestra la foto, no se me ocurre otra cosa que ir a fijarme en unas manos de mujer de un cuerpo que sólo es eso, esas manos y me excuso diciéndole que tengo una mente pequeña, con inquietudes pequeñas, y él me escribe que entonces es una gran mente y sé que probablemente no me halaga, y sé que es cierto que así se construyeron las catedrales pero mi mente es pequeña porque me siento confinada en ella y quiero irme. No quiero pensar. Tal vez estoy harta de pensar tanto (y aquí tanto no es tan ‘bien’ sino quizá tan baldío, pero tanto…) y por eso tal vez eludo a Enol a nivel virtual porque lo único que quiero es estar con él y que me folle, o que no me folle, pero estar con él, pegada a su carne, entremetida por su carne. Bendito silencio el de poder callarse sobre un hombre y quedarse quieta y confortada sin llegar a pensar.

Y a partir de aquí ya prefiero seguir si acaso mañana en los comentarios, como ayer… un beso

libro portada

23/11/2004 00:53. Tema: Pronósticos Gratuitos. . .

10 Responses to “HELENA O EL MAR DE VERANO”

  1. lasalamandra Says:

    Helena o el mar del verano
    Autor……………………. Julián Ayesta
    Editorial……………….. El Acantilado
    Fecha…………………… 2005
    Páginas……………….. 87

    Ampliar

    Es éste uno de esos raros libros que se publican de vez en cuando, y que, gracias a algunas críticas precisas y acertadas y al olfato de lectores y editores, se convierten en joyas imprescindibles (e imperecederas). El autor del que hablamos es Julián Ayesta, escritor asturiano (de Gijón, 1919-1996) casi desconocido, ya que, además de algunas obras teatrales, escribió en su vida una sola novela, la que hoy presentamos, Helena o el mar del verano, que fue publicada por vez primera en 1952, y ahora reedita El Acantilado. (Encomiable, por cierto, la tarea que hace esta editorial, propiedad si no vamos errados de la editorial catalana Quaderns Crema), rescatando títulos y autores de gran calidad que sería una pena cayesen en el olvido. El autor se licenció en Derecho y Filosofía y Letras y fue diplomático de carrera. Entre otros lugares fue embajador en Beirut, Viena, Colombia, Ámsterdam o la extinta Yugoslavia, justo antes de su desmembramiento.

    Esta novelita deliciosa y brevísima –apenas noventa páginas- evoca la vida estival de un niño de clase alta en una ciudad de provincias –Gijón- durante un período indeterminado, más bien situado en la época justamente anterior a la Guerra Civil. Poseedor de un castellano esplendoroso, de prosa ágil y precisa, Ayesta nos explica la historia de un amor y un verano, a través de los ojos ingenuos y admirados de un niño, personaje protagonista que permanece anónimo en toda la obra, puesto que en ningún momento averiguamos su nombre. Es la historia de un amor platónico y tierno, propio del inicio de la adolescencia, edad que idealiza las personas y los afectos. El objeto de este amor es la niña Helena, y el relato está sazonado por la brisa marina, por el aroma de la playa cantábrica y la serena belleza de lo contenido. Templanza y pasión al mismo tiempo, quizás virtudes de otra época. La historia se narra desde los ojos ingenuos pero expectantes de este niño, abrumado ante la belleza de lo real y absorto en su mirada contemplativa, amorosa. Esa admiración se refleja en los colores vivos, magníficamente retratados por Julián Ayesta, en una explosión de vitalidad y sentimientos, puesto que el autor une, junto a su profunda capacidad descriptiva -no sólo del paisaje que aparece ante los ojos del niño protagonista, la belleza propia de la naturaleza-, una honda penetración psicológica, que desvela actitudes y sentimientos con elegancia, contención y belleza. Fiel reflejo de esta capacidad para mostrar el lento y ordenado acontecer de lo real, y la profunda y misteriosa alegría que subyace en lo vital, cuando es recto, es el momento en que con exaltada emoción, el protagonista cuenta, por ejemplo, cómo prepara el asalto a la habitación de las chicas.

    Bien, cómo glosar este libro; escribió en su día Gregorio Morán: “afirmo sin ningún ánimo de asombrar a nadie que es uno de los libros más hermosos de la literatura española de posguerra”. Pero no sólo eso: en su momento fue considerada “por un pequeño grupo de entusiastas lectores una de las obras más extraordinarias de la narrativa española de posguerra; y, a través de los años permanece intacto el poder de sugestión y el lirismo de la escritura de Ayesta”; e incluso se le catalogó como “uno de los diez libros más importantes de la narrativa española del siglo XX”, elogios, creemos, del todo merecidos. “Narración perfecta” se la ha llamado; y sin duda lo es; de perfección estética, de perfecta armonía. Libro vitalista y lleno de matices, que abre las puertas al conocimiento de un mundo interior fascinante, y de un universo misterioso. En esta vida ajetreada de hoy en día, tan adicta a la prisa y a la exigencia vacua, y tan poco propensa, tan reacia a la quietud y a la contemplación, libros como éste nos reconcilian con lo que realmente somos, seres creados con finalidad de perfección: ahí reside la verdadera felicidad. En esto también -como en casi todo- Karol Wojtila, diagnosticó con precisión llena de sabiduría la causa de este déficit metafísico, que no es otra que la desatención al ser real de cada cosa y su conversión en mercancía, en simple utilidad. Sirva la mirada amorosa de esta obrita, al mismo tiempo, como llamada y recordatorio.

    Pablo Romero

    http://www.archimadrid.es/actbibliografica/2005/11/00paginas/12.htm

  2. lasalamandra Says:

    El quintacolumnista
    luis arturo hernández
    Aquellos días azules y ese mar del verano

    (Reseña de Helena o el mar del verano, de Julián Ayesta)

    Está a punto de cumplir 60 años y Helena se conserva fresca, gozosa y radiante como el día de su presentación en sociedad. Porque Helena o el mar del verano, primera y única novela de Julián Ayesta, data de 1952, el año de La colmena de Cela, pero a diferencia de ésta, y pese a estar ambientada en el avispero de una de esas familias conservadoras de su Asturias natal, ofrece el camino de iniciación a la plenitud de la vida y del amor de un adolescente de la mano de su prima Helena, al que se pone punto final en el instante eterno de conciencia de la auténtica dicha.

    Estructurada en tres partes, Helena… presenta el reconocimiento del mundo por parte de un niño que contempla con mirada ensimismada e ingenua la sociedad de los adultos de su entorno familiar durante un veraneo en Gijón y el descubrimiento de su atracción por Helena con un estilo colorista y näif, propio de un acuarelista.

    Y las anécdotas narrativas, retazos de la memoria de una infancia azul de montaña y mar presidida por el sol del primer verano, se hilvanan merced al polisíndeton de un narrador que encadena los recuerdos de forma ilativa y evoca su días azules y las sensaciones de su paraíso desconocido y traga saliva y sigue contando y así…

    El universo de las emociones, del arrepentimiento o la crueldad a la alegría, se somete a un ejercico intelectual de autoanálisis entre sofístico y paradójico -En invierno-, coincidiendo con la estancia en el colegio de los jesuitas, merced a un fantaseo filosófico que trata de encerrar, condenar y hacer desaparecer la pulsión del deseo en la pubertad y, gracias a un juego de superposiciones temporales, le hace experimentar el gozo de la eternidad y la satisfacción de La alegría de Dios.

    Un discurso narrativo tejido de reiteraciones de círculos viciosos, de repeticiones en espiral tan características del pensamiento prerracional como de la expresión de una sociedad endogámica y cerrada sobre sí misma, de inmóvil torbellino interior, que abrirá al muchacho las puertas del mundo de los adultos -jovial, ligeramente liberal y festivo, como la alegría de la sidra del país-, y lo catapulta al reencuentro con Helena -En verano otra vez-, a la anagnóresis del deseo, en una iniciación en “el mar de todos los veranos”, al cénit indecible del gozo gracias a su viaje a la plenitud solar de la cultura clásica -tras su pasaje borrascoso por el oscurantismo teológico En invierno-, de la mano de Virgilio, en periplo que trae a la memoria el viaje iniciático de La vida nueva de Pedrito de Andía de Rafael Sánchez-Mazas.

    Singladura hacia el esplendor de los cuerpos y la Antigüedad que, tras las escalas de superposiciones espaciales en las “islas sin mapa” con que soñaba por aquellas fechas Ignacio Aldecoa, sin otro cartulario que el atlas de Geografía y la fantasía, “con estatuas de diosas paganas blancas y desnudas, que nos sonreían a Helena y a mí (p. 82) , por otra gruta mucho más estrecha y más larga, nos llevaban a la Edad Antigua”. Helena -con la hache de la heroina helénica-, desnuda, es “la hija y heredera del Emperador de Atenas”, mientras los días azules y el sol de la infancia -”sol azul”- se han metamorfoseado ya en “Febo ardiente”sobre el mar del verano.

    Impresionismo y sensualidad -olor, color y sabor (p.64) configurando el sentido de la percepción de la vida y la felicidad en todos los sentidos- conforman el tono de un relato lírico -más que novela, por la ausencia de trama, sutil y casi invisible como un velo, poemática y asociacional en virtud del hilo conductor del narrador-, que cose varias estampas de la infancia -paisajes del verano, marinas o figuras de ellos-, en una estructura elíptica -como la misma trayectoria solar-, cuyos focos -el verano y el invierno- equidistantes, desvelan una secreta simetría complementaria – jardín/bosque, Una noche/Una mañana, En la playa/Tarde y crepúsculo final en la playa-, en torno al núcleo de la cosmovisión teocéntrica -La alegría de Dios, En invierno-, que se revela como prueba de iniciación para el neófito, profanada en su camino de perfección, desplazada en el itinerario profano hacia la plenitud pagana.

    http://www.espacioluke.com/Abril2001/quintacolum.html

  3. lasalamandra Says:

    Hannah Arendt
    (Alemania, 1906-1975) Arendt
    Politóloga alemana, nacionalizada estadounidense, reputada por sus obras sobre el totalitarismo y el mundo judío. Nació en Hannover el 14 de octubre de 1906. Tras realizar estudios en tres universidades, a los 22 años de edad se doctoró en Humanidades en la Universidad de Heidelberg. En 1933 marchó a Francia para escapar del régimen nacionalsocialista implantado aquel año en su país y, en 1941, huyó a Estados Unidos, cuya nacionalidad adoptó en 1951. Trabajó en una editorial de Nueva York y ocupó altos cargos en varias organizaciones judías. Después de publicar Orígenes del totalitarismo (1951), impartió clases en las universidades de Berkeley, Princeton y Chicago. Entre otras muchas obras suyas figuran La condición humana (1958), Entre el pasado y el futuro (1961), Sobre la revolución (1963) y la polémica Eichmann en Jerusalén (1963), basada en su informe sobre los juicios a criminales de guerra nazis en 1961. Sus memorias, Correspondencia, 1926-1969, fueron publicadas en 1992. Sus obras siguen siendo muy leídas, sobre todo por quienes luchan contra los regímenes totalitarios. Ejercieron una gran influencia entre los signatarios de Carta 77, movimiento a favor de los derechos humanos en la Checoslovaquia posestalinista. © eMe

    http://www.epdlp.com/escritor.php?id=2504

  4. lasalamandra Says:

    Hannah Arendt
    La condición humana (fragmento)

    ” El discurso y la acción revelan esta única cualidad de ser distinto. Mediante ellos, los seres humanos se presentan unos a otros, no como objetos físicos, sino qua hombres. Esta apariencia, diferenciada de la mera existencia corporal, se basa en la iniciativa; pero en una iniciativa (el appetitus beatitudinis) que ningún ser humano puede detener y seguir siendo humano.
    (…)
    Con respecto a este álguien que es único cabe decir verdaderamente que nunca nadie estuvo allí antes que él. Si la acción como comienzo corresponde al hecho de nacer [como un yo], si es la realización de la condición humana de la natalidad, entonces el discurso corresponde al hecho de la distinción y es la realización de la condición humana de la pluralidad, es decir, de vivir como ser distinto y único entre iguales. ”

    http://www.epdlp.com/escritor.php?id=2504

  5. lasalamandra Says:

    Hannah Arendt
    Qué es la filosofía de la existencia (fragmento)

    ” El que del dato –ya sea la realidad del mundo o la imprevisibilidad del otro hombre o el dato de hecho que no me hice a mí mismo- se vuelve el trasfondo sobre el que se destaca la libertad del hombre, el material que inflama esta libertad. Que yo no pueda reducir lo real a lo pensable, he aquí el triunfo de la libertad posible. O, paradojalmente: sólo porque no me hice a mí mismo puedo ser libre; si me hubiese hecho solo, habría podido preverme y, de tal modo, habría perdido la libertad.

    http://www.epdlp.com/escritor.php?id=2504

  6. lasalamandra Says:

    Entre amigas

    De la correspondencia entre Hannah Arendt y Mary McCarthy extraigo dos pasajes de dos cartas de 1964.

    De Mary a Hannah (París, 9 de junio de 1964):

    Tengo la impresión, acaso subjetiva, de que el gusano de la igualdad está devorando no sólo los viejos cimientos económicos y sociales, sino también la estructura misma de la conciencia, está echando abajo las ‘diferencias de clase’ entre lo sano y lo insano, lo bello y lo feo, lo bueno y lo malo. Concretamente, me doy cuenta de que me siento culpable y rara en presencia de un psicótico, como si yo, en aras de la igualdad, tuviera que ocultar mi salud mental. Lo mismo me sucede con alguien que es estúpido; me mortifica hablar con una persona así, tengo miedo de decir algo que pueda sacar a relucir su estupidez.

    De Hannah a Mary (New York, 23 de junio de 1964):

    Hablemos del asunto de la igualdad; de lo más interesante. El vicio principal de toda sociedad igualitaria es la Envidia: el gran vicio de la sociedad griega libre. Y la gran virtud de todas las aristocracias es, a mi juicio, que todos saben quiénes son y, por consiguiente, no se comparan con otros. Este compararse constantemente es realmente la quintaesencia de la vulgaridad. Si no incurres en ese hábito espantoso, inmediatamente te acusan de arrogante, como si al no compararte te estuvieras situando por encima de todos. Un malentendido fácil de comprender.

    http://elcafedeocata.blogspot.com/2007_01_01_archive.html

  7. lasalamandra Says:

    Recomendado por Don Gregorio Luri:

    Elisabeth Young-Bruehl, “Hannah Arendt. Una biografía”, el 19 de enero.

  8. lasalamandra Says:

    Hannah Arendt. Una biografía
    por Elisabeth Young-Bruehl
    Editorial Paidós. 35 euros

    Hannah Arendt

    La celebración del centenario del nacimiento de Hannah Arendt el 14 de octubre convierte a la pensadora alemana de origen judío en una de las protagonistas secretas del otoño. Coincidiendo con esta efeméride Paidós publica, de la mano de Elisabeth Young-Bruehl, Hannah Arendt. Una biografía.

    Primera parte 1906-1933
    Durante los años que vivió en Estados Unidos, Hannah Arendt se refirió en contadas ocasiones a su niñez. Mucho antes de que el último de sus parientes hubiera abandonado la casa familiar en Königsberg (Prusia Oriental), y de que la ciudad fuera destruida por los bombardeos y reconstruida con el nombre de Kaliningrado, URSS, Arendt había trazado varias veces una frontera en su vida, había dividido ésta repetidamente entre un «entonces» y un «ahora». Con cada nueva división, el primer «entonces», la niñez, quedaba convertida en una cuestión más secreta, más privada. Cuando Arendt tenía dieciocho años y era estudiante de teología en la Universidad de Marburgo, trazaba las divisiones temporales utilizando el poético lenguaje de su profesor, Martin Heidegger: «ya no» y «aún no». Terminados sus estudios académicos y su tesis doctoral, delimitó un Entonces de Razón, divorciada de los asuntos públicos y un Ahora en que la Razón exigía una praxis. El año de 1933 dio a esta división un contenido político: Hannah Arendt había sido una judía alemana y ahora se convertía en una apátrida, en una refugiada judía.

    Cuando el Entonces de su niñez se alzó tras la gran línea divisoria de la segunda guerra mundial, Hannah Arendt se refirió a él como una cuestión de Mutterspache, de «lengua materna». La lengua significaba la continuidad. A un entrevistador le dijo en 1964: «Después de todo, no fue el idioma alemán el que se volvió loco». Que el alemán fuera el Heimat (el «hogar») de Hannah Arendt hasta el fin de su vida era, por decirlo así, un hecho político. Pero recordar los poemas alemanes que siendo muchacha había aprendido de memoria, era también un modo de no recordar, o de recordar sólo indirectamente, cómo se había escindido su niñez con la muerte de su padre, víctima de la sífilis. Este episodio transcurrió sin un clímax, pues el deceso de Paul Arendt se produjo después de cinco años agónicos, entre el segundo y el séptimo de la vida de su hija. Pero la muerte del padre puso también fin lentamente a una niñez bella y feliz.

    Arendt habló con muy pocos de la muerte de su padre. Y muy pocos —entre los que no se contaba siquiera su primer marido— sabían que ella escribía poesía. Sus poemas constituían la zona más íntima de su vida. Hannah Arendt rechazaba lo que ella denominaba introspección: para el análisis psicológico tuvo palabras muy ásperas. Fue en la poesía y por medio de la poesía como llegó al conocimiento de sí misma. En sus poemas de adolescencia, se había cuestionado si saldría triunfante de su temprana pérdida, su sentimiento de ser unheimlich, rara o extraña:
    Contemplo mi mano,
    extrañamente cercana y mía
    y, empero, distinta.
    ¿Es más de lo que yo soy,
    posee acaso un sentido más alto?

    Pero el talento de Hannah Arendt no era un talento poético. La poesía no le devolvió lo que la muerte de su padre le había arrebatado: un sentimiento de confianza. Este sentimiento no lo pudo recuperar tampoco con la ayuda de Martin Heidegger, quien sin embargo le dio el principio de una brillante formación y un amor en la tradición de la poesía romántica alemana. El talento filosófico de Arendt es ciertamente obvio en la tesis doctoral que redactó en Heidelberg con Karl Jaspers. Sin embargo, lo más llamativo de su trabajo es su anhelo, su visión de ese sentimiento comunitario que San Agustín llamara «amor al prójimo». Tal amor lo experimentó Hannah Arendt por primera vez en París, entre su «tribu» de emigrados y con su segundo esposo, Heinrich Blücher. Pero los cimientos de este sentimiento datan de los comienzos de su edad adulta, en Alemania, cuando, poco a poco, tuvo lugar en su ánimo la transición de la filosofía a la política, en compañía de Kurt Blumenfeld y con el apoyo de Karl Jaspers. Lo que ella buscaba parece transparente en una de las escasas declaraciones públicas que efectuó en relación con su evolución emocional e intelectual. Le estaba hablando a su entrevistador sobre Jaspers: «Mire, cuando Jaspers habla, todo se hace claro. Es abierto y confiado, se expresa con una intensidad como no he visto en ningún otro… Y, si puedo decirlo —crecí huérfana de padre—, me dejé guiar por [su razón]. Bien sabe Dios que no pretendo hacerle parecer responsable de mí, pero si alguien ha sido capaz de convertirme en un ser razonable, ése ha sido él».

    Tanto para Hannah Arendt como para Karl Jaspers sus discusiones mejores, más profundas y confiadas fueron las de después de la guerra, cuando ella regresaba de visita a Europa. Ambos habían alcanzado entonces una concepción nueva y compartida de la filosofía. «La filosofía debe convertirse en concreta y práctica, sin perder por ello de vista, ni un solo momento, su origen», escribió Jaspers en una carta de 1946. Pero esta concepción se inició en el ánimo de los dos en 1933, cuando Hitler se alzó con el poder en Alemania y ambos se dieron cuenta de que también el «amor al prójimo» debía convertirse en concreto y práctico.

    http://www.elcultural.es/historico_articulo.asp?c=18597

  9. lasalamandra Says:

    Hay 14 comentario/s de este artículo.
    P.S::
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    Dejo pendiente la conversación con Laura sobre el miedo. Hablábamos de una foto que Antonio Galvez publicó en su bitácora hace algunos días…

    y también lo de Primo

    Y lo de Guernika, sobre todo lo de Guernika
    .
    .
    2004.11.23 19:56:21
    oGRO:
    Me recete alejarme de tus letras porque cada vez que te leo retuerces mi ser y se queda una extraña sensacion de desazon en la barriga. Vuelvo y nada ha cambiado. Sera que tiene que ser así. Me quedo.
    2004.11.23 19:39:04
    sabbat:
    No, no, mejor te alejas. Te lo aseguro yo. ¡Hala!, yo misma te extiendo la nueva receta.

    De verdad que sois increíbles. ¡Joder!. Habla una de que no soporta los halagos y zaca, parece que siempre a alguien le tienta el diablo a aquello de probar suerte. En fin…
    2004.11.23 19:23:13
    sabbat:
    Una aclaración: a mí no me interesa la cantidad de lectores, no necesito ninguno. Porque si fuera así no hubiera cerrado la página de en_penumbra y me hubiera recluido aquí. Me interesa (en todos caso) resultarle ‘atractiva’ a aquellos que me lo resultan a mí. No me interesan los anónimos, ni los mitos. A no ser los auténticos.

    Lo siento.
    2004.11.23 19:28:28
    sabbat:
    La persona que me escribe ese breve correo que publico en ese comentario me ofreció su casa sin conocerme, me regaló su tiempo y su dedicación, me ha hecho crítica constructiva, se ha atrevido a criticar mi comportamiento cuando algo no le ha parecido justo; o sea a pararme los pies. Y que yo no le haya podido querer no significa que no le valore como persona. Pero desde luego yo sé que no es uno de esos que se pasean por este mundo en busca de la eterna aprobación perdida como a Indiana Jhones le pasaba con el arca. Venga, y a ver si queda claro de una vez que me la pela lo de ser un ‘personaje’ o no de vuestra comunidad blogguera. Yo no estoy al margen de la sociedad. No me considero una marginada y por eso no porque venir aquí a lamerme las heridas. A mí me gustan los individuos. Eso es todo.
    2004.11.23 19:38:53
    sabbat:
    http://blogia.com/comentario.php?nombre=sabbat&email=&miweb=&comentario=P.S%3A+Lo+he+escrito+fatal+pero+yo+creo+que+se+entiende.+Las+prisas+como+siempre.+%A1Sorry%21%2C+%BFvale%3F.+y+besos+%3B%29&tituloarticulo=martes%2C++23+de+noviembre+del+2004&fechaarticulo=23%2F11%2F2004&seccion=un_sabbat&lafecha=20041123&id=1&url_referer=http%3A%2F%2Fblogia.com%2F%2Fun_sabbat%2Findex.php%3Fidarticulo%3D200411231
    2004.11.23 19:43:27

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    Luis:
    Vale, pues yo también pruebo suerte halagándote: me ha encantado el post.
    Pero quizás hay otro tipo de halago. Quizás aquellos cuya profesión consiste en halagar, podemos aprender a desconectar el chip cuando cerramos el chiringuito y dedicarnos a ser sinceros sólo por el placer de serlo. Quizás halagar pueda convertirse entonces en una forma de comunicación (algo así como: me gusta esto, cuéntame cómo lo haces para aprender). Quizás,para los vivimos del halago, decir algo bueno de alguien pueda llegar a ser un simple dato, que ni siquiera “da puntos” a esa persona. Quizás…
    Ya contarás lo del miedo, que me interesa mogollón.
    Besos
    2004.11.23 19:39:06 email: luis.muino (arroba) elhabitatdelunicornio.net
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    sabbat:
    Totalmente de acuerdo contigo (si yo soy sincera de esa manera entiendo que cualquiera puede serlo; no soy una excepción) pero cuando alguien como tú te dice: ‘oye, que me gusta lo que haces y cómo te expresas’. Y tú no tienes muy claro cómo tienes que tomarte eso y le preguntas a esa persona o se lo dejas caer en forma de indirecta y entonces él te lo aclara una vez… y a ti te encanta como lo hace, pues … ya a partir de ahí, le dejas que te halague lo que quiera pero sobre todo por una cosa: porque sabes que la gente como tú no necesita la aceptación incondicional del otro. Vale, serás humano y te gustará como a todos nosotros caer bien a quién te cae bien o a quién valores pero no buscarás eso a través de las palabras. Yo creo que tú me habías entendido perfectamente. Y el problema está en eso otro que no es tan evidente, en ese entramado de relaciones y de vínculos que tendemos a formar los que no estamos demasiado sanos y que se mueve un poco en función de darle importancia al otro para sentirnos importantes o para conseguir algo parecido al poder… No me gustan las relaciones de dependencia. Y sólo hay que fijarse en eso del mundo BDSM: es curioso pero el ‘sumiso’ suele lograr que el ‘amo’ se piense que es el ombligo del mundo y luego cuando lo deja, lo deja hecho una auténtica mierda. ¿Quién tenía en sus manos el poder?
    2004.11.23 22:00
    Susana:
    El sumiso, no hay duda ;-).

    Y sobre lo otro.. a mí me hace mucha gracia la gente que sin conocerme de nada o que lee algo mío por primera vez me dice que le encanto y que soy la hostia. Y a partir de ese día, cada vez que me dicen algo es para decirme que todo es genial y está muy bien escrito.

    Y yo que conozco mis limitaciones y distingo cuando escribo algo bonito y cuando escribo algo sin más, sonrío y pienso qué necesidad tendrá alguien que no me conoce de nada de caerme bien.

    Porque como tú dices tratar de caer bien a la gente que te gusta tiene su lógica, pero a todo el mundo… no tiene sentido.

    Por eso me conformo con que las personas a las que cogí cariño desde que abrí el blog sepan distinguir cuando escribo algo desde el corazón o cuando lo escribo para practicar la escritura y para contar algo, sin más.

    Y Marina, tú y cuatro más sé que lo distinguís perfectamente así que… me doy por satisfecha.

    Y luego, en la vida real, tambien conozco a personas de esas que están siempre haciendo la rosca, alabando tu peinado, tu ropa…, de esas personas que incluso cuando tienes la reglas y estás como un globo hinchado te preguntan mirándote a la barriga ¿adelgazaste?. A esos me dan ganas de estrellarles.

    Buenas noches,que creo que me voy a ir a leer un rato.
    2004.11.23 22:23 email: Campanilla698 (arroba) hotmail.com
    Susana:
    Meca, que se me olvidó poner que ya estuve sonriendo bobaliconamente cuando leí lo de mi entrañabilidad :-) jejeje, y seguro que ya te lo imaginabas pero me apetece dejar constancia.
    2004.11.23 22:25
    sabbat:
    Sí, pero además de su entrañabilidad… últimamente está usted escribiendo de una manera increíble y lo haces con una soltura envidiable. Y es un halago muy franco

    Un beso susy :)
    2004.11.23 23:00
    ,
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    Luis:
    Un filósofo de cuyo nombre no sé acordarme, decía: “No me gustan los que, halagándome, quieren convertirme en esclavos de sus expectativas”. Imagino que es algo así, ¿no?
    2004.11.24 15:19 email: luis.muino (arroba) elhabitatdelunicornio.net
    Luis:
    El filósofo dijo “esclavo”, no “esclavos”. Es que me ha hecho un extraño el dedo de acariciar…
    2004.11.24 15:21 email: luis.muino (arroba) elhabitatdelunicornio.net
    sabbat:
    Algo así, luis, um um…
    2004.11.25 00:00

  10. candelaarias Says:

    36 visualizaciones.

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