Cómo escribir una novela con las reglas de Elmore Leonard….

noviembre 25, 2004

Elmore Leonard: internarse en un universo de seres extraños, casi excéntricos, amenudo peligrosos…

Leyendo el Diario de Rachel me encuentro con otro autor que desconozco Elmore Leonard y buscando situarme doy con un artículo sobre él en el diário informativo cultural FIN, del que hurto con toda la cara del mundo, las siguientes reglas…
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elmor leonard

Las Reglas de Escritura de Elmore Leonard

A lo largo del camino me hice con algunas reglas que me ayudan a permanecer invisible cuando estoy escribiendo un libro, que me ayudan a mostrar más que a contar lo que está pasando en la historia. Si tienes imaginación y facilidad para la palabra, y el sonido de tu voz te satisface, la invisibilidad no es lo que estás buscando, y podrías saltarte estas reglas.

Pero aún así, deberías mantenerlas vigiladas.

1. Nunca abras un libro hablando del clima. Si es sólo para crear la atmósfera, y no para mostrar la reacción de algún personaje ante el clima, mejor que no sigas.

2. Evita los prólogos. Pueden ser irritantes, especialmente los prólogos seguidos por introducciones seguidas por preámbulos. Por lo general se los encuentra en los ensayos. Pero en las novelas, un prólogo es historia, y se lo puede dejar caer adentro en donde quieras.

Hay un prólogo en el Dulce Jueves de Steinbeck, pero está bien porque un personaje en el libro hace comprender a qué se refiere mi regla. Él dice: “Me gusta que se hable mucho en los libros y no me gusta que nadie me diga cómo luce el tipo que está hablando. Quiero imaginarme cómo luce a partir de la forma en que habla… imaginar lo que el tipo piensa a partir de lo que dice. Me gusta que haya un poco de descripciones, pero no mucho… A veces me gusta que un libro se relaje con un racimo de hooptedodle… Tal vez que haga bailar algunas bonitas palabras, o que cante una cancioncita con el lenguaje. Eso es lindo. Pero me gustaría que estuviera aparte, así no tengo que leerlo. No quiero nada de hooptedoodle que se mezcle con la historia.”

3. Nunca uses otro verbo que no sea “dijo” para llevar un diálogo. La línea de diálogo pertenece al personaje; el verbo es el autor metiendo la nariz. Pero al menos “dijo” es mucho menos invasivo que “jadeó”, “advirtió” o “mintió”. Una vez noté que Mary McCarthy terminaba una línea de diálogo con “ella aseveró”, y tuve que parar de leer y conseguir un diccionario.

4. Nunca uses un adverbio para modificar el verbo “dijo”… él amonestó seriamente. Usar un adverbio de esta forma (o casi de cualquier forma) es un pecado mortal. El autor se está exponiendo de verdad, usando una palabra que distrae y puede interrumpir el ritmo de la charla. Tengo un personaje en una de mis novelas que cuenta cómo solía escribir romances históricos “llenos de violaciones y adverbios”.

5. Mantén tus signos de exclamación bajo control. Deberías permitirte no más de dos o tres cada 100.000 palabras. Ahora, si aprendes a jugar con los signos de exclamación como lo hace Tom Wolfe, entonces sí, puedes arrojarlos de a puñados.

6. Nunca uses las expresiones “de pronto” o “se armó un lío padre”. Esta regla no necesita una explicación. He notado que los escritores que usan “de pronto” tienden a ejercer un menor control en el uso de los signos de exclamación.

7. Usa los dialectos o las jergas en pequeñas cantidades. Una vez que empieces a escribir las palabras en los diálogos por fonética y a llenar las páginas con apostrofes, ya no podrás parar.

8. Evita las descripciones detalladas de los personajes. Algo de lo que Steinbeck se cuidó mucho. En “Colinas como elefantes blancos” de Hemingway, ¿qué apariencia tienen “el americano y la chica con él”? “Ella se había quitado el sombrero y lo había puesto sobre la mesa” es la única descripción física de la historia, y aún así vemos a la pareja y los conocemos por los tonos de voz, sin un solo adverbio a la vista.

9. No caigas en grandes descripciones de lugares y cosas. A menos que seas Margaret Atwood y puedas pintar escenas con el lenguaje, o escribir paisajes con el estilo de Jim Harrison. Pero aún si eres bueno en esto, no querrías que las descripciones provoquen una pausa en la acción, en el fluir de la historia.

10. Y por último: trata de abandonar las partes que los lectores tienden a saltear. Piensa en lo que te salteas de una novela: gruesos párrafos de prosa, que contienen demasiadas palabras. Ahí el escritor está escribiendo, haciendo hooptedoodle, tal vez tomando otra foto del clima, o quizás se haya ido al interior de la cabeza del personaje. Y el lector o bien ya sabe lo que el tipo está pensando, o bien no le interesa. Apuesto a que, en cambio, no te salteas los diálogos.

Mi regla más importante es una que resume las diez:

si suena como escritura, lo reescribo.

O, dicho de otra forma, si el uso “correcto” se mete en el camino, tiene que irse. No puedo permitir que lo que aprendimos en la clase de composición quiebre el sonido y el ritmo de la narración. Es mi intento de permanecer invisible, de no distraer al lector de la historia con “escritura evidente” (Joseph Conrad dijo algo acerca de las palabras que se meten en el camino de lo que quieres decir). Si escribo en escenas y siempre desde el punto de vista de un personaje en particular —aquel cuya vista hace más vívida la escena—, puedo concentrarme en las voces de los personajes contándote quiénes son y cómo se sienten con lo que está pasando, y así yo me quedo bien oculto.

Lo que Steinbeck hace en Dulce Jueves es titular sus capítulos con una indicación, aunque algo oscura, acerca de lo que contienen. “Los Dioses vuelven locos a quienes aman” es uno, “Asqueroso miércoles” es otro. El tercer capítulo se llama “Hooptedoodle 1” y el capítulo 38, “Hooptedoodle 2”, como advertencia al lector, como si le dijera: “Aquí es donde me verás volar mi imaginación en la escritura, y nada de esto tendrá que ver con la historia. Saltéatelo si quieres”.

Dulce Jueves salió en 1954, justo cuando yo comenzaba a publicar, y nunca he olvidado ese prólogo.

¿Si me leí los capítulos de hooptedoodle?

Palabra por palabra.

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25/11/2004 14:04. Tema: .

16 Responses to “Cómo escribir una novela con las reglas de Elmore Leonard….”

  1. lasalamandra Says:

    Dulce jueves, de John Steinbeck.-

    La gente no se quiere, entre otras cosas, porque no ha aprendido a jugar ni a hacerse cómplice. Acaso, como dice uno de los protagonistas de este libro, porque no han aprendido a desahogarse emocionalmente con nada. Cuando uno se sumerge de verdad en algo, le parece que no ha habido en la vida nada tan bueno como ese algo.

    Es un libro inteligente, pero lo que más importa en él es que se nos enseñan cosas auténticamente difíciles de realizar (para ser libres, para ser uno mismo, para no engañarse, para cumplir con todo ese aprendizaje que puede ser tan trágico) con un maravilloso sentido del humor y del amor. En realidad, todos los personajes se quieren y todo lo que hacen lo hacen por amor, y si esta circunstancia resulta tan profundamente verosímil, entonces habrá que pensar que a veces puede más que la realidad el deseo. O que ese deseo, que no es de este mundo, tiene por encima de todo sentido. Un sentido que cada uno de nosotros tendrá que descubrir y vivir.

    http://www.ulises-valiente.com/wakan/numero4/JoyasHordelin.htm

  2. lasalamandra Says:

    Acerca de “Dulce jueves”

    En su copiosa producción literaria Steinbeck ha empleado, alternativamente, el estilo cómico y satírico, y el dramático. En el primero destaca su obra “”Cannery Row””, novela que tiene por fondo la aldea de Monterey, en las costas del Pacífico estadounidense. En el segundo es su mejor exponente “”Al este del Eden””.
    Dulce Jueves pertenece al primer estilo. En esta divertida novela vemos a Doc, el indolente muchacho norteamericano, las jóvenes del café Bear Flag, Mack y los muchachos del Palacio Flophouse. Pero también aparece Suzy, la muchacha que tiene corazón y asimismo una profesión. Se apea del autobús sin más bagaje que un maletín, una linda figura y unos pocos centavos en plata. La vida normal de Monterey se ve alterada por ello, y la existencia de Doc, por este simple hecho, tomará nuevos derroteros.
    Todos estos personajes tienen un vigor extraordinario, y en su apariencia simple, encierran complejos sentimientos. El autor, con su consumada maestría de gran novelista, nos los presenta en las situaciones más extravagantes, con el fin de que podamos contemplar mejor la evolución de sus almas.
    Dulce Jueves, es una novela de jocoso humor al estilo americano, pero también de una humana emoción y profundidad, que es lo que ha dada a Steinbeck la destacada actual que le llevó a obtener el Premio Novel de Literatura de 1962.

    http://www.elaleph.com/libros.cfm?item=4982270&style=libro_usado

  3. lasalamandra Says:

    Colinas como elefantes blancos
    Publicado el 20 de Julio de 2006

    Ernest Hemingway

    Un cuento de Ernest Hemingway (1899-1961), publicado primero en la colección Hombres sin mujeres. Agradezco a Ovidio Ríos la transcripción del texto.

    COLINAS COMO ELEFANTES BLANCOS
    Ernest Hemingway
    Del otro lado del valle del Ebro, las colinas eran largas y blancas. De este lado no había sombra ni árboles y la estación se alzaba al rayo del sol, entre dos líneas de rieles. Junto a la pared de la estación caía la sombra tibia del edificio y una cortina de cuentas de bambú colgaba en el vano de la puerta del bar, para que no entraran las moscas. El americano y la muchacha que iba con él tomaron asiento a una mesa a la sombra, fuera del edificio. Hacía mucho calor y el expreso de Barcelona llegaría en cuarenta minutos. Se detenía dos minutos en este entronque y luego seguía hacia Madrid.
    —¿Qué tomamos? —preguntó la muchacha. Se había quitado el sombrero y lo había puesto sobre la mesa.
    —Hace calor —dijo el hombre.
    —Tomemos cerveza.
    —Dos cervezas —dijo el hombre hacia la cortina.
    —¿Grandes? —preguntó una mujer desde el umbral.
    —Sí. Dos grandes.
    La mujer trajo dos tarros de cerveza y dos portavasos de fieltro. Puso en la mesa los portavasos y los tarros y miró al hombre y a la muchacha. La muchacha miraba la hilera de colinas. Eran blancas bajo el sol y el campo estaba pardo y seco.
    —Parecen elefantes blancos —dijo.
    —Nunca he visto uno —. El hombre bebió su cerveza.
    —No, claro que no.
    —Nada de claro —dijo el hombre—. Bien podría haberlo visto.
    La muchacha miró la cortina de cuentas.
    —Tiene algo pintado —dijo—. ¿Qué dice?
    —Anís del Toro. Es una bebida.
    —¿Podríamos probarla?
    —Oiga —llamó el hombre a través de la cortina.
    La mujer salió del bar.
    —Cuatro reales.
    —Queremos dos de Anís del Toro.
    —¿Con agua?
    —¿Lo quieres con agua?
    —No sé —dijo la muchacha—. ¿Sabe bien con agua?
    —No sabe mal.
    —¿Los quieren con agua? —preguntó la mujer.
    —Sí, con agua.
    —Sabe a orozuz —dijo la muchacha y dejó el vaso.
    —Así pasa con todo.
    —Si dijo la muchacha—- Todo sabe a orozuz. Especialmente las cosas que uno ha esperado tanto tiempo, como el ajenjo.
    —Oh, basta ya.
    —Tú empezaste —dijo la muchacha—. Yo me divertía. Pasaba un buen rato.
    —Bien, tratemos de pasar un buen rato.
    —De acuerdo. Yo trataba. Dije que las montañas parecían elefantes blancos. ¿No fue ocurrente?
    —Fue ocurrente.
    —Quise probar esta bebida. Eso es todo lo que hacemos, ¿no? ¿Mirar cosas y probar bebidas?
    —Supongo.
    La muchacha contempló las colinas.
    —Son preciosas colinas —dijo—. En realidad no parecen elefantes blancos. Sólo me refería al color de su piel entre los árboles.
    —¿Tomamos otro trago?
    —De acuerdo.
    El viento cálido empujaba contra la mesa la cortina de cuentas.
    —La cerveza está buena y fresca —dijo el hombre—.
    —Es preciosa —dijo la muchacha.
    —En realidad se trata de una operación muy sencilla, Jig —dijo el hombre—. En realidad no es una operación.
    La muchacha miró el piso donde descansaban las patas de la mesa.
    —Yo sé que no te va a afectar, Jig. En realidad no es nada. Sólo es para que entre el aire.
    La muchacha no dijo nada.
    —Yo iré contigo y estaré contigo todo el tiempo. Sólo dejan que entre el aire y luego todo es perfectamente natural.
    —¿Y qué haremos después?
    —Estaremos bien después. Igual que como estábamos.
    —¿Qué te hace pensarlo?
    —Eso es lo único que nos molesta. Es lo único que nos hace infelices.
    La muchacha miró la cortina de cuentas, extendió la mano y tomó dos de las sartas.
    —Y piensas que estaremos bien y seremos felices.
    —Lo sé. No debes tener miedo. Conozco mucha gente que lo ha hecho.
    —Yo también —dijo la muchacha—. Y después todos fueron tan felices.
    —Bueno —dijo el hombre—, si no quieres no estás obligada. Yo no te obligaría si no quisieras. Pero sé que es perfectamente sencillo.
    —¿Y tú de veras quieres?
    —Pienso que es lo mejor. Pero no quiero que lo hagas si en realidad no quieres.
    —Y si lo hago, ¿serás feliz y las cosas serán como eran y me querrás?
    —Te quiero. Tú sabes que te quiero.
    —Sí, pero si lo hago, ¿nunca volverá a parecerte bonito que yo diga que las cosas son como elefantes blancos?
    —Me encantará. Me encanta, pero en estos momentos no puedo disfrutarlo. Ya sabes cómo me pongo cuando me preocupo.
    —Si lo hago, ¿nunca volverás a preocuparte?
    —No me preocupará que lo hagas, porque es perfectamente sencillo.
    —Entonces lo haré. Porque yo no me importo.
    —¿Qué quieres decir?
    —Yo no me importo.
    —Bueno, pues a mí sí me importas.
    —Ah, sí. Pero yo no me importo. Y lo haré y luego todo será magnífico.
    —No quiero que lo hagas si te sientes así.
    La muchacha se puso en pie y caminó hasta el extremo de la estación. Allá, del otro lado, había campos de grano y árboles a lo largo de las riberas del Ebro. Muy lejos, más allá del río, había montañas. La sombra de una nube cruzaba el campo de grano y la muchacha vio el río entre los árboles.
    —Y podríamos tener todo esto —dijo—. Y podríamos tenerlo todo y cada día lo hacemos más imposible.
    —¿Qué dijiste?
    —Dije que podríamos tenerlo todo.
    —Podemos tenerlo todo.
    —No, no podemos.
    —Podemos tener todo el mundo.
    —No, no podemos.
    —Podemos ir adondequiera.
    —No, no podemos. Ya no es nuestro.
    —Es nuestro.
    —No, ya no. Y una vez que te lo quitan, nunca lo recobras.
    —Pero no nos los han quitado.
    —Ya veremos tarde o temprano.
    —Vuelve a la sombra —dijo él—. No debes sentirte así.
    —No me siento de ningún modo —dijo la muchacha—. Nada más sé cosas.
    —No quiero que hagas nada que no quieras hacer…
    —Ni que no sea por mi bien —dijo ella—. Ya sé. ¿Tomamos otra cerveza?
    —Bueno. Pero tienes que darte cuenta…
    —Me doy cuenta —dijo la muchacha. ¿No podríamos callarnos un poco?
    Se sentaron a la mesa y la muchacha miró las colinas en el lado seco del valle y el hombre la miró a ella y miró la mesa.
    —Tienes que darte cuenta —dijo— que no quiero que lo hagas si tú no quieres. Estoy perfectamente dispuesto a dar el paso si algo significa para ti.
    —¿No significa nada para ti? Hallaríamos manera.
    —Claro que significa. Pero no quiero a nadie más que a ti. No quiero que nadie se interponga. Y sé que es perfectamente sencillo.
    —Sí, sabes que es perfectamente sencillo.
    —Está bien que digas eso, pero en verdad lo sé.
    —¿Querrías hacer algo por mi?
    —Yo haría cualquier cosa por ti.
    —¿Querrías por favor por favor por favor por favor callarte la boca?
    El no dijo nada y miró las maletas arrimadas a la pared de la estación. Tenían etiquetas de todos los hoteles donde habían pasado la noche.
    —Pero no quiero que lo hagas —dijo—, no me importa en absoluto.
    —Voy a gritar —dijo la muchacha.
    La mujer salió de la cortina con dos tarros de cerveza y los puso en los húmedos portavasos de fieltro.
    —El tren llega en cinco minutos —dijo.
    —¿Qué dijo? —preguntó la muchacha.
    —Que el tren llega en cinco minutos.
    La muchacha dirigió a la mujer una vívida sonrisa de agradecimiento.
    —Iré llevando las maletas al otro lado de la estación —dijo el hombre. Ella le sonrió.
    —De acuerdo. Ven luego a que terminemos la cerveza.
    El recogió las dos pesadas maletas y las llevó, rodeando la estación, hasta las otras vías. Miró a la distancia pero no vio el tren. De regresó cruzó por el bar, donde la gente en espera del tren se hallaba bebiendo. Tomó un anís en la barra y miró a la gente. Todos esperaban razonablemente el tren. Salió atravesando la cortina de cuentas. La muchacha estaba sentada y le sonrió.
    —¿Te sientes mejor? —preguntó él.
    —Me siento muy bien —dijo ella—. No me pasa nada. Me siento muy bien.

    © Herederos de Ernest Hemingway

    http://www.lashistorias.com.mx/blog/?p=99

  4. lasalamandra Says:

    Margaret Atwood
    (Canadá, 1939) Atwood
    Poeta y novelista canadiense. Nacida en Ottawa, estudió en las universidades de Toronto, el Radcliffe College y de Harvard. Escribe desde muy joven, y empieza a publicar poemas cuando tenía 19 años. Su primer libro de poesía, Double Persephone, apareció en 1961. Continuó escribiendo mientras enseñaba literatura inglesa en diversas universidades canadienses (1964-1972) y como lectora en la Universidad de Toronto (1972-1973). Obtuvo reconocimiento internacional con la publicación de The Edible Woman (1969), a la que siguieron muchas otras, como Resurgir (1972), Lady Oracle (1976), Life Before Man (1979), Ojo de gato (1989), y The Robber Bride (1993). Aunque algunas de sus obras han sido calificadas de feministas por parte de la crítica, Atwood señala que ella empezó a ocuparse de asuntos como la llegada a la madurez de las mujeres a los 50 años y de los cambios de los papeles de los sexos antes de que estos temas fueran popularizados por los movimientos de liberación de la mujer. La respuesta crítica a los libros de poemas de Atwood fue favorable, en especial con Power Politics (1971) y You Are Happy (1974). The Circle Game (1966) ganó el Premio del Gobernador General de Canadá en el apartado de poesía, como ocurrió en el apartado de narrativa con El cuento de la criada (1986). Una colección de sus relatos, Wilderness Tips, se publicó en 1991. El conjunto de su obra fue premiado con el Premio internacional del Welsh Arts Council’s (1982). © eMe

    http://www.epdlp.com/escritor.php?id=1414

  5. lasalamandra Says:

    Margaret Atwood
    El cuento de la criada (fragmento)

    ” En el estado de Gilead las criadas forman un estrato social pensado para conservar la especie. Las mujeres fértiles que integran esta clase, y que destacan por el hábito rojo con que se cubren hasta las manos, desempeñan una función esencial: dar a luz a los futuros ciudadanos de Gilead. Sin embargo, en un mundo antiutópico asolado por las guerras nucleares, gobernado por un código extremadamente severo y puritano, que castiga con la pena de muerte a quien se aparta del sistema y en el cual la mayoría de la población es estéril, engendrar no resulta fácil. Existe siempre el temor al fracaso y la amenaza de la confinación en la isla de seres inservibles más allá de las alambradas que rodean la ciudad y del alto muro donde cuelgan, para que sirva de ejemplo, los cadáveres de los disidentes. ”

    http://www.epdlp.com/escritor.php?id=1414

  6. lasalamandra Says:

    Margaret Atwood
    Eurídice

    ” El ha venido a buscarte y está aquí,
    canción que te llama y quiere que vuelvas,
    canción de dicha y de pesar
    a partes iguales, promesa
    hecha canción, promesa
    de que todo será, allá arriba, distinto
    a la última vez…
    Hubieras preferido seguir sintiendo nada,
    vacío y silencio; la estancada paz
    del mar más hondo,
    al ruido y la carne de la superficie,
    acostumbrada a estos pasillos pálidos y en sombras,
    y al rey que pasa por tu lado
    sin pronunciar palabra.
    El otro es diferente
    y casi lo recuerdas.
    Dice que canta para ti
    porque te ama,
    no como eres ahora,
    tan fría y diminuta: móvil
    y a la vez quieta, como blanca cortina
    o soplo en la corriente
    de una ventana a medio abrir
    junto a una silla donde nadie se sienta.
    Te quiere “real”,
    un cuerpo opaco,
    sentir cómo se espesa
    (tronco de árbol o ancas)
    y el golpe de la sangre tras los párpados
    al cerrarlos
    la llamarada solar…
    sin tu presencia no podrá sentir
    este amor suyo…
    Mas la súbita revelación
    de tu cuerpo enfriándose en la tierra
    fue saber que le amas en cualquier lugar
    hasta en este sitio sin memoria,
    este reino del hambre.
    Como una semilla roja en la mano
    que olvidaste que aprietas,
    llevas tu amor…
    El necesita ver para creer
    y está oscuro.
    Atrás, atrás…, le susurras,
    pero quiere que vuelvas
    a alimentarlo, Eurídice,
    puñado de tul, pequeña venda,
    soplo de aire frío,
    no se llamará Orfeo
    tu libertad… ”

    http://www.epdlp.com/escritor.php?id=1414

  7. lasalamandra Says:

    QUEMA DE LECHUZAS/OWL BURNING

    Unos centímetros más abajo se acaba el suelo
    como puerta con cerrojo. Una helada dura y adiós
    lo no cosechado.
    ¿Con qué derecho chupa una vieja
    las negras raíces, el rojo jugo que deben
    ser para los niños?
    Practicaba la magia, claro está.
    Cuando se tiene tanta hambre
    hacen falta garfios y garras.
    A medianoche retenía el aliento, descruzaba los dedos
    y le salían plumas de lechuza por todo el cuerpo,
    como moho en la carne, sólo que más rápido.
    Yo misma la vi cazando ratones
    a la luz de la luna, silenciosa
    como la sombra de la mano que proyecta una vela.
    Buen disfraz, sin embargo la reconocí
    al día siguiente por la pluma blanca
    en el pelo.
    Ardió muy bien, grasa gorda al fuego,
    con grises gritos, devolviendo al aire
    lo que nos quitó mientras nos resecaba.
    Podría haberse salvado
    con su voz de lechuza blanca,
    pero antes le cortamos ciertas partes
    para que no volase,
    como los dedos, esas alas secretas…
    La miramos arder hasta el hueso, y nos emborrachamos
    después. Su corazón
    nos sirvió de brasa para reavivar la lumbre.
    Así es nuestra cultura, nada que les importe
    a ustedes, gente de pies suaves que ignoran
    lo que es vivir pegados a la piedra.

    De Morning in the Burned House (1995)
    MARGARET ATWOOD

    http://www.ucm.es/info/especulo/numero13/atwood.html

  8. lasalamandra Says:

    MARGARET ATWOOD
    La maldición de Eva
    Editorial Lumen
    112 páginas-13 euros

    Los escritores, tanto los hombres como las mujeres, han de ser egoístas para tener tiempo de escribir, pero las mujeres no están entrenadas para ser egoístas… comenta Margaret Atwood (Otawa, 1939) en estas páginas, y si ella lo dice debe ser cierto, porque la autora canadiense lleva más de treinta años dedicada a la escritura, y las piezas reunidas en “La maldición de Eva” son una buena muestra de lo que se cuece en su mente cuando se enfrenta a la página en blanco. Empezando el primero de estos textos, que aborda el rol de la mujer como escritora, como lectora y como protagonista de una novela, pasando por las reflexiones de Atwood acerca del trabajo de Virginia Woolf y de George Orwell, y acabando con la magnífica “Carta a América”, que la autora escribió a raíz de la invasión de Irak, estos breves ensayos hablan de literatura, pero consiguen atar el oficio de escribir al oficio de vivir. Solo así se explica que tengamos entre manos un libro vital, cargado de anécdotas, donde el sentido común y el humor de esta gran mujer tienen tanto valor como su talento de narradora.

    http://www.tiramillas.net/libros/resenas/resenas060329/atwood.html

  9. lasalamandra Says:

    Precio:
    3040
    Euros
    DE VUELTA A CASA

    Autor: JIM HARRISON
    Editorial: MUCHNIK
    Páginas: 477
    ISBN: 8476694377

    Un libro excepcional

    EDUARDO CHAMORRO

    Esta hermosa y dilatada novela es una buena ocasión para descubrir a un autor excelente o para renovar la memoria de quienes recuerden ‘Un buen día para morir’ o ‘Leyendas de pasión’. ‘De vuelta a casa’ cuenta la historia de cinco personajes de una familia perfectamente novelesca porque está anegada de héroes y heroínas novelescos, y también porque esos héroes y heroínas van cada cual por su lado, atraviesan una epopeya que procede de la memoria para perderse en el destino, y son capaces de trazar una lírica resuelta en las metáforas de la Naturaleza. Porque ellos son Naturaleza. Jim Harrison no es un autor muy mencionado por la crítica americana, quizá porque es un escritor demasiado indio para el blanco y demasiado blanco para el indio, demasiado independiente y solitario, demasiado budista y al que se la traen muy al fresco los protocolos urbanos.

    Harrison sabe de perros, de caballos, de granjas y paisajes, de las viejas batallas en las que pereció el guerrero de las llanuras, de pájaros, estrellas, montañas… Y de los fantasmas que rigen los desconocidos parajes recorridos por unos seres para quienes la vida no depende de elocuencia alguna.

    Es difícil -y probablemente inútil- buscar algun tipo de similitud o parentesco entre lo que hace Harrison y cualquier otra cosa escrita. Y, sin embargo, la lectura de esta galería de personajes errantes en busca del camino que les ponga ‘De vuelta a casa’ estimula de algún modo el recuerdo de aquella novela, realmente memorable, que fue ‘Zen y el arte del mantenimiento de la motocicleta’. Claro que Robert M. Pirsig es también un escritor budista. O un budista escritor -nunca se sabe-, lo que nos lleva, entre otras cosas, a la vieja polémica con Mariano Antolín Rato sobre si escribir novelas es la tarea adecuada o, por el contrario, la más absurda que pueda acometer un estudioso y practicante del zen.

    Entre una cosa y otra, es probable que lo más sensato sea, como dice Harrison: “Actuar sin hacer nada, trabajar sin esfuerzo». Sin perder de vista que «en el mundo de la naturaleza no piensas en nada mientras estas allí sentado, porque esto te impediría estar atento a lo que ocurre».

    Esta novela merece ser leída con atención, pues todo el rato están pasando cosas sorprendentes, nunca vistas.

    http://www.elmundo.es/elmundolibro/2001/05/07/anticuario/989170651.html

  10. lasalamandra Says:

    Jim Harrison: el aventurero del camembert

    Cazador, pescador y escritor, el americano Jim Harrison nació en Michigan, el 11 de diciembre de 1937. Gran aventurero de la escritura, se le conoce como uno de los maestros de la escuela de Montana (Estados Unidos). Fue en este Estado donde, en compañía de sus ovejas y de sus perros, se retiró para escribir sus obras esenciales, como Dalva.

    Su amor por Francia comenzó en el colegio, en los libros. En efecto, a la edad de 14 años, Harrison descubrió a Romain Rolland, Rimbaud y Proust. Apasionado por Giono, llegó a escribirle una carta, y quedó enamorado de la poesía de René Char. En los años cincuenta, Harrison llega a Francia. Es un flechazo, no sólo literario, sino también gastronómico. El escritor se muere por los quesos de Époisses o Mont-d’or y determinadas cosechas de Châteauneuf-du-pape. Sus salidas se reparten entre el café Le Select, en el barrio parisiense de Montparnasse, y la región de Morvan, donde vive su amigo el escritor y gastrónomo Gérard Oberlé. Para él, Francia es un paraíso de cultura y de pasión por la gastronomía. Una tierra donde dice gustarle “retirarse del mundo”.

    http://www.diplomatie.gouv.fr/label_France/58/es/14.html

  11. lasalamandra Says:

    Hooptedoodle

    Investigando para este artículo conocí una palabra en inglés: hooptedoodle. ¿Qué significa hooptedoodle? Algo así como todo ese montón de palabrerío que se interpone en el camino de una historia, que es innecesario, que ocupa lugar y que, por lo general, debería ser eliminado en el “editing”. Ustedes se preguntarán de dónde saqué esta nueva palabrita, ¿verdad? De las imperdibles…

    http://www.elaleph.com/fin/2004/03/1-si-suena-como-escritura-lo-ree.html

  12. lasalamandra Says:

    John Steinbeck
    (EEUU, 1902-1968) Steinbeck
    Escritor estadounidense, galardonado con el Premio Nobel. Steinbeck describió en su obra la eterna lucha de las gentes que dependen de la tierra para sobrevivir. Nació el 27 de febrero de 1902 en Salinas (California), y estudió en la Universidad de Stanford. Durante su juventud trabajó como bracero y recolector de fruta. En La copa de oro (1929), Steinbeck narra la vida y las hazañas del famoso pirata galés del siglo XVII Henry Morgan. A continuación publica Las praderas del cielo (1932), una colección de relatos que describe la vida en una comunidad de granjeros del sur de California. En esta novela aborda por primera vez los temas sociales que caracterizan la mayor parte de su obra. Entre sus primeros libros cabe citar A un dios desconocido (1933), la historia de un granjero cuyas creencias en el culto de la fertilidad pagano le llevan a sacrificar su propia vida durante una época de terrible sequía; Tortilla Flat (1935), un relato entre picaresco y romántico sobre los emigrantes mexicanos establecidos en los alrededores de Monterrey (California); Una vez hubo una guerra (1936), la historia de una huelga de recolectores de fruta, y La fuerza bruta (1937), la patética historia de dos braceros itinerantes que luchan por conseguir su propia granja. La obra más popular de Steinbeck es Las uvas de la ira (1939, Premio Pulitzer en 1940), el triste relato de una familia procedente de una empobrecida región de Oklahoma que emigra a California durante la depresión económica de los años treinta. Esta controvertida novela, recibida como un conmovedor documento de protesta social, se ha convertido en un clásico de la literatura estadounidense. Otras obras dignas de mención son: La luna se ha puesto (1942), Los arrabales de Cannery (1944), El ómnibus perdido (1947), El invierno de nuestro descontento (1961) y Norteamérica y los norteamericanos (1968). En 1962 escribió Viajando con mi perro, un relato autobiográfico de un viaje por Estados Unidos en compañía de un caniche. Otra faceta importante en Steinbeck es la de escritor de relatos cortos con una gran carga de sentimentalidad y estilo esteticista como pueden ser las dos joyas literarias La perla (1947) o El pony rojo (uno de los cuatro cuentos de El valle largo, 1938). El cine también le interesó y escribió el guión de Viva Zapata (1952) dirigida por Elia Kazan que también llevó a la pantalla en 1955 la novela de Steinbeck Al este del Edén (1952). Sobre México, la conquista y la Revolución Mexicana escribió ensayos y novelas como La perla —que filmó el director mexicano Indio Fernández— y Por el mar de Cortés (1951). En 1962, Steinbeck recibió el Premio Nobel de Literatura. Murió en Nueva York, el 20 de diciembre de 1968. Su interpretación moderna de las leyendas artúricas se publicó póstumamente bajo el título de Los hechos del Rey Arturo y sus nobles caballeros (1976). Steinbeck, una de las principales figuras literarias desde la década de 1930, convirtió la dignidad de los pobres y los oprimidos en el tema central de su obra. Sus personajes, atrapados en un mundo injusto, siguen siendo seres humanos agradables y heroicos, a pesar de su derrota. © eMe

    http://www.epdlp.com/escritor.php?id=2331

  13. lasalamandra Says:

    John Steinbeck
    La perla (fragmento)

    ” Toda clase de gente empezó a interesarse por Kino —gente con cosas que vender y gente con favores que pedir—. Kino había encontrado la Perla del Mundo. La esencia de la perla se combinó con la esencia de los hombres y de la reacción precipitó un curioso residuo oscuro. Todo el mundo se sintió íntimamente ligado a la perla de Kino, y ésta entró a formar parte de los sueños, las especulaciones, los proyectos, los planes, los frutos, los deseos, las necesidades, las pasiones y los vicios de todos y de cada uno, y sólo una persona quedó al margen: Kino, con lo cual se convirtió en el enemigo común. ”

    El Poder de la Palabra
    http://www.epdlp.com
    Barcelona – Nueva York

    http://www.epdlp.com/escritor.php?id=2331

  14. lasalamandra Says:

    John Steinbeck
    Las uvas de la ira (fragmento)

    ” —¿No piensas en qué pasará cuando lleguemos? ¿No temes que quizá no sea tan bonito como pensamos?
    —No —replicó con rapidez. No lo temo. No debes hacer eso.
    -Yo tampoco. Es demasiado, es vivir demasiadas vidas. Delante de nosotros hay mil vidas distintas que podríamos vivir, pero cuando llegue, sólo será una. Si voy adelante en cada una de ellas, es excesivo. ”

    http://www.epdlp.com/escritor.php?id=2331

  15. lasalamandra Says:

    Hay 5 comentario/s de este artículo.
    Ogro:
    Fascinante, de memoria recreo las reglas en diferentes libros y aunque dependiendo mucho de la virtud linguistica de cada autor. Muy interesante el inciso. Gracias
    2004.11.25 13:07
    sabbat:
    A ti Ogro por tu comentario. Yo también lo encuentro muy interesante.

    Un saludo
    2004.11.25 14:01
    Rachel B. aka Ce:
    Recomendación: “Pronto”. Creo que es de las mejores con “Jackie Brown”.

    Un beso
    2004.11.25 14:40
    Turbios:
    Me ha servido leerte. Alguna de las reglas la sabía o intuía, pero han sido un gran descubrimiento la mayoría. Intentaré aplicar lo que pueda de ello.
    2004.11.25 15:42
    sabbat sobre ‘Pronto’ de Elmore Leonard:
    Un buen día, los apostadores empezarían a preguntarse: “¿Qué se habrá hecho de Harry Arno?”, y se darían cuenta de que no sabían nada de él. Desaparecería, empezaría una nueva vida. Basta de presión. Basta de trabajar para gente a la que no respetaba. Una copita de vez en cuando. Tal vez incluso un cigarrillo al atardecer, contemplando la puesta de sol en la bahía. Joyce estaría con él. Bueno, a lo mejor. Como si no hubiera bastantes mujeres en el lugar que se dirigía. Tal vez sería mejor que partiera él primero y se instalara. Luego, si le apetecía, ya la llamaría. Estaba preparado. Tenía dos pasaportes con nombres distintos por si acaso. Todo estaba claro; ningún problema. Hasta aquella tarde en que Buck Torres le dijo que estaba metido en un buen follón
    2004.11.25 23:44

  16. candelaarias Says:

    72 visualizaciones

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