Las huellas sin pasos del desconocido…

noviembre 25, 2004

Me parece muy enigmático que no logre dar con su libro.
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Un libro que se llama ‘Huellas sin pasos’.
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Le conozco de madrugada. Bueno, eso de ‘le conozco’ es un decir; para entendernos: le conozco virtualmente pero he recibido un correo suyo hace un par de días.

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La primera vez que consulté su perfil estaba pendiente de aprobación pero ayer lo consigo y no sé si es la fotografía, que me gusta, es ‘distinta’, o tal vez intensa… o las precisas palabras que figuran debajo las que me obligan a romper el mutismo.

Y al hacerlo releo su correo:

S de saliva sabia, de Sade, de saber que no te espero en tu destino y que sin embargo me gustaría provocarle.
T de también, de tampoco, de traicionero domingo tecleando estas palabras.
V de vacío a veces, varias veces, vocacionales veces.
Y…

Y ahora al transcribirlo me doy cuenta de que ni siquiera entonces le había prestado demasiada atención. Lo que es no esperar ya por nada…

‘Mi hotmail es … por si te veo por el messenger y me cuentas qué no buscas. Aunque no hablo mucho :)’ -le digo

Y lo digo por las experiencias de las noches anteriores, de los meses anteriores y me pongo a deambular un poco por aquí y por allá. Intentando agotar los nervios que he pasado durante el día hasta extenuarme. Quiero anclarme a la cama derrotada y por fin descansar. Pero cuando ya me voy a acostar y le echo un último vistazo al correo le veo conectado y he abierto sólo para saludarle y no sé ni durante cuánto tiempo he estado hablando con él y riéndome. Me lo he pasado genial, aunque ha sido una locura eso de contarle exactamente cuándo y dónde puede encontrarme casi siempre. Vivimos en la misma ciudad. Bueno eso de ciudad se nos queda gigante, más bien le llamamos pueblo porque en eso estoy de acuerdo con él. Y luego se me hizo tardísimo para lavarme los dientes. Pero justo antes me llegó un correo que decía algo curioso:

“La mitad está hecha cuando tienen buen principio las cosas”.
Fernando de Rojas (1468-1542)

Y ‘en las nubes’ también me escribe. Me dice sobre las cinco de la tarde:

Sé que estas enfadada y que no quieres hablar conmigo, en cambio yo si quiero hablar contigo, asi que te pido por favor que me llames.

Pero no la llamo, y no lo hago porque no estoy enfadada. ¿Enfadada contra qué podría estarlo? La gente pretende reducirlo todo a emociones de ecuaciones simples, y yo ahora me encuentro cansada para explicárselo. Como decirle: ‘Me niego a ser más un oasís de horror en medio del desierto de tu aburrimiento’. Y me pregunto por qué Bolaño en este 2666 suyo habrá citado al Baudelaire que yo termino por destrozar.

Pero ella insiste y el número de teléfono de su casa aparece nada menos que en la mitad de mi conversación con el teléfono del 091. He llegado al parque y sigo el procedimiento. Le he visto ocupando el mismo banco del día anterior, el mismo que ocupaba antes de abandonarlo para darme aquel sobresalto tremendo y cuando comienzo a subir la cuesta y me alejo lo suficiente del ruido del tráfico, marco el número de la policía. Y le repito a este nuevo hombre lo mismo que a su compañero y me dice cerca de donde debo quedarme para esperar al coche patrulla que no tardará en llegar. Y yo me esfuerzo por sostener la sangre fría. Y es entonces cuando a ‘en las nubes’ le ha dado por volver a probar suerte y lo he cortado todo, la llamada con el funcionario y la de ‘en las nubes’. Y ¡jo-der!, ha sido sin querer. Y entonces si que me veo obligada a hablarle para que no se ponga a pensar más cosas raras de las que ya habrá pensado y le digo: ‘Mira tengo problemas’. ¿Pero qué te ocurre? ‘Nada, Nora, que tengo problemas, problemas reales. Esto es horrible; así que en cuanto pueda ya te llamo. Es ese individuo. Me está volviendo loca’. ¿El acosador? ‘Sí. Es que ayer me dio un susto de muerte y ahora estoy esperando por la policía porque pienso denunciarlo’. Entonces sí, entonces se queda tranquila y el parque recupera el silencio y la noche. Y yo estoy nerviosa pero porque ahora lo único que me preocupa es que ese hombre pueda leer en mi comportamiento lo que sucede y se marche antes de que llegue el coche de patrulla.

soledad

2 Responses to “Las huellas sin pasos del desconocido…”

  1. lasalamandra Says:

    manuel h:
    hay quien piensa que el horror es mejor que el aburrimiento. Claro que hay quien piensa que no.
    Y me ha gustado lo de emociones de ecuaciones simples, aunque no acabo de imaginar donde quedaría la incógnita.
    ¿Llegó el coche patrulla?
    un beso
    2004.11.25 23:59
    susana:
    Mañana te leo que ahora estoy demasiado cansada y no lo haría con atención.

    Salí de casa a las nueve de la mañana para ir a clase y ¡¡mira a qué horas llego!! despues del trabajo fui a comprar un regalo para una amiga, a cenar y al cine a ver la de Bridget (que por cierto me decepcionó). Mañana vuelvo a madrugar, pero en cuanto llegue leeré este post y el anterior con la atención que se merecen :-)

    Un beso.
    2004.11.26 00:24 email: Campanilla698 (arroba) hotmail.com

  2. lasalamandra Says:

    El libro más bien se llamaba Pasos sin huellas y es de Bermudez de Castro. Si no encuentro que lo conté… ya hablaré de él.

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