EL MAR GRIS Y LO PAVOROSO

diciembre 18, 2004

… hasta cuando y donde tú quieras

Me llama Nora, y me dice que le gustaría que nos viéramos. He decidido que no volveré a llamarla ‘en las nubes’ .
Y le digo que sí, que es posible pero antes de salir de casa le escribo al hombre de la botella de ron un correo corto, explicándole dónde voy a estar y con quién y asegurándole que si a él en algún momento le apetece unírsenos… será muy bien recibido, que posiblemente siempre lo será en mi vida. Es sólo una sensación. No tengo pruebas y por eso entreparéntesis añado un ‘creo’ para matizar el mensaje, la presencia del constante equívoco que le ofrezco. Luego le hablo a Nora de lo que eso significa: yo, como todos, tengo un mundo al que nunca he invitado a nadie. Bueno, aunque en eso quizás sea un poco distinta a la inmensa mayoría. Me he obstinado en vivir toda mi vida abriendo y cerrando puertas que yo atravieso sola, o ya no recuerdo cuándo comencé a atravesar sola. Y tal vez la única excepción la haya constituido Alma, la única persona en la que confío. Incluso a pesar de sus fallos. Yo no dudo del amor incondicional de Alma. ¿Eso lo explica?

Y paseamos por una playa surcada por olas dantescas. El cantábrico se nos muestra furioso y ofendido como un mar gutural y apabullante, y en la arena continúan las obras dilatadas entre el viento desnudo. Están remodelando las estructuras y figuran tuberías de enormes dimensiones que parecen arterias y un supuesto cemento armado de color gris diseminado por todas partes, que hoy es un gris muy próximo al color gris marengo del mar enojosamente gris, y es cuando me llega su primer mensaje y Nora es la primera vez que está conmigo y presencia el hecho y se ríe de mí a carcajadas porque no se lo puede creer, y entonces me dice que ya no necesita más palabras porque mi cara, la que dice que he puesto, se lo explica todo, incluso lo que yo me niego a reconocer. Dice que por una vez me ha visto verdaderamente vulnerable. Y nos encerramos en el abrigo de un bar en el que una vez conocí a un hombre que tenía unos ojos acerados como gritos de gaviota, aunque no tan grises como ese gris plomizo y pulverizado del día. Uno de esos hombres que aunque te atraen, al mismo tiempo te asustan, y mientras esperamos por el café yo vuelvo a hablarle a ella de otro hombre, del amigo del hombre de la botella de ron, que a lo mejor es un hombre de esos que te atraen y al mismo tiempo te asustan, y que sólo por eso precisamente te atraen: hombres en los que sabes de sobra que nunca debes confiar, los hombres que son como Pésimo, y ella luego me cuenta sus cosas. La han invitado a una comida y se siente muy excitada. Su jefe indirecto, el de un departamento del hospital en el que trabajó y habrá un regalo para cada miembro y Nora dice que eso significa algo muy especial para ella y yo le digo que puede contar conmigo para que vaya a rescatarla porque no le preocupa la hora de llegada, sino lo difícil que le puede resultar irse en un momento así… y yo lo entiendo y entonces, otra vez suena la música de la melodía polifónica de ‘Lento’, y es un nuevo mensaje y esta vez ese hombre me dice algo tan pavoroso, que quisiera creerlo. Es un mensaje que habla de las grandes diferencias que existen y yo no puedo evitarme que lo que me dice me haga mella porque aunque no quiera me está calando. Y eso es lo que te ocurre con los hombres y mujeres de la lluvia. Y Nora opina que le parece increíble pero que es casi como si él estuviera allí, conmigo, aunque en realidad, dónde está es aquí, conmigo. Y hay un tercero, más inesperado que los anteriores, porque sucede después de un intervalo de tiempo y ocurre que él sigue aquí, leyendo, aunque dijo que se iría a dormir y hay cosas con las que se encuentra y que yo no ignoro que va a disgustarle encontrarse. Esas versiones sin revestimientos decorativos, de adobe, sin aspavientos, que a veces nos damos sólo a nosotros mismos y no solemos confiar a nadie, que no son mármol de Carrara, que no constituyen ningún templo, que no nos resultan hermosos como columnas de estilo jónico o dórico, o enigmáticos como cariátides, los malos pensamientos a secas, los enjutos, los pensamientos poco solidarios, tan carentes de esa solidaridad al uso de la que tanto nos gusta presumir a casi todos, a nosotros los tolerantes, los individuos con principios y no es más que una falacia, otra terrible falacia. Los sentimientos oscuros, los tajantes, los rigurosos, los dogmáticos. Esa verdad tan desnuda y gris que no es más que hormigón de cemento armado y tan desagradable como el viento de hace unos minutos en la playa, el viento plomizo y pesado que circuncidaba sin piedad las olas del mar furioso, y las tuberías y las obras dilatas de la playa, y los mechones de mi pelo y que las gentes escondemos por miedo y porque lo que más parece gustarnos es resultarles a los otros rutilantes e inmaculados, aunque sea mentira que lo seamos, y que aquí están expuestos como si fueran las entrañas de un animal al que le han rajado el vientre en una matanza para luego comérselo y se secan al sol, como tripas y al viento. Y eso con este desagradable viento que se ha levantado esta tarde… y este anuncio de lluvias. Y ahora tú, viviendo aquí, conmigo…

LOS ARNOLFINI

‘Los Arnolfini’, JAN VAN EYCK

7 Responses to “EL MAR GRIS Y LO PAVOROSO”

  1. lasalamandra Says:

    Con la imagen doy por la palabra pavoroso, que me conduce hasta:

    Van Sieteck, discípulo de Van Eyck, fue el encargado de repintar el burdo espejito que sustituyó el verdadero trozo de lienzo original que ahora hemos descubierto. Pero ¿qué pavoroso mensaje quiso lanzarnos Van Eyck a las generaciones venideras? ¿Era algo tan terrible que mereció ser escondido para siempre a los ojos del mundo?

    http://www.irreverendos.com/?p=1257

  2. lasalamandra Says:

    Panofsky ha realizado un magistral análisis del célebre retrato de Giovanni Arnolfini y su esposa del que resulta que prácticamente todos los elementos que pueblan el interior burgués en donde aparecen representados los esposos contienen una significación simbólica destinada a poner de relieve el motivo al que se debe la realización del cuadro: los desposorios de la pareja.” (Alvarez Lopera, J., ob., cit., pág. 82).

    Se trata de un retrato de Arnolfini, un comerciante de Lucca establecido en Brujas, y su esposa Giovanna Cenami. Ambos personajes están de pie, cogidos de la mano, él con la derecha levantada y la mujer con la izquierda sobre el vientre, situados en una habitación que se abre al exterior por una ventana que permite ver los árboles frutales del huerto o jardín próximo. A la derecha, una cama con un dosel y a su lado un sitial de alto respaldo rematado por una pequeña escultura de santa Margarita, de cuya base cuelga una escobilla; una alfombra se aprecia junto a sus pies. En la pared del fondo, un espejo convexo de forma circular y una ristra de cuentas, instrumento de contabilidad propio de banqueros, prestamistas y comerciantes. Arrimado al muro, un banco cubierto de almohadones y una tela roja. Detrás de la figura de Arnolfini, una mesita con frutas. Objetos de uso personal -dos pares de zapatillas y un perrito- completan el cuadro doméstico de la pareja. Da la impresión como si estuviéramos de visita en casa de los Arnolfini.

    El análisis de los elementos iconográficos de esta composición llevó a Panofsky a formular la teoría de que este cuadro es algo más que un retrato. El gesto de la mano derecha de Arnolfini parece sugerir que esté a punto de pronunciar un juramento de fidelidad, es decir, su compromiso matrimonial con Giovanna, mientras que ella, dándole la mano, le corresponde de la misma manera (no se necesitaba sacerdote en la ceremonia matrimonial). El vientre abultado de la esposa no se debe tanto a una situación de embarazo, que subrayaría el tema del matrimonio, cuanto a la peculiar moda de la indumentaria de la época; pero su mano izquierda sobre el vientre sí que corresponde a un símbolo matrimonial utilizado por los pintores renacentistas.. La figurilla de santa Margarita que es la protectora del matrimonio en los Países Bajos, o la única vela de la lámpara -a plena luz del día no sirve para iluminar- simbolizando a Cristo que con su presencia santifica el matrimonio, o el perrito que representa la fidelidad y las frutas que nos recuerdan el estado de inocencia antes del pecado original, o el hecho de que ambos personajes estén descalzos, lo que puede indicar que la pareja está pisando un suelo santo y por esto se ha descalzado…, en conjunto nos hace pensar que no se trata sólo de un retrato, sino de un documento que atestigua el matrimonio de Arnolfini y Giovanna. Seguramente se llamó al pintor para que registrara este importante momento; esto explicaría por qué puso su nombre (“Johannes de Eyck fuit hic”) y la fecha.

    Observemos ahora el espejo, recurso usual en la pintura flamenca. Vemos en él toda la escena reflejada y, posiblemente, la imagen del pintor y testimonio de las capitulaciones nupciales. Ampliando la imagen podemos apreciar la cuidada caligrafía gótica de los números y los detalles de su marco, con diez medallones que ilustran episodios de la pasión. El espejo convexo devuelve la imagen de la habitación desde un nuevo punto de vista: la pareja Arnolfini está de espaldas y, delante de ellos, en el umbral de la puerta, dos personajes con indumentaria azul y roja, uno de ellos, quizás, el propio van Eyck, que reforzaría con este artificio óptico su presencial en la composición, insistiendo en su calidad de testimonio del matrimonio.

    La escena tiene lugar en la intimidad de la alcoba; y la atmósfera íntima de esta estancia viene dada por la luz tamizada que entra por la ventana, una luz que, además de iluminar, unifica los distintos objetos y dota al cuadro, a pesar de su detallado realismo, de un tono de espiritualidad, de magia, de misticismo. Las paredes de la confortable habitación están bruscamente cortadas por el marco dando la impresión de que se extienden hacia delante, como invitando al espectador a acercarse, a incorporarse a la escena. Esta invitación está también sugerida por la reducida escala de la obra, por la riqueza de detalle, por la suavidad de los vestidos de piel y el brillo del metal pulido.

    http://cv.uoc.es/~991_04_005_01_web/fitxer/perc48.html

  3. lasalamandra Says:

    Evidentemente, el cuadro y el matrimonio en sí están envueltos en un halo de misterio. Por de pronto, carecemos de documentos sobre el encargo entre los Arnolfini y Van Eyck; los primeros documentos sobre la pintura son ya del siglo XVI. De todos modos, sabemos que Giovanni Arnolfini vino de Italia a comerciar a Brujas, amasó una inmensa fortuna y entró en el círculo más selecto del gran duque de Borgoña (para quien trabajaba Jan van Eyck).

    http://es.wikipedia.org/wiki/Retrato_de_Giovanni_Arnolfini_y_su_esposa

  4. lasalamandra Says:

    Género y técnica

    El Retrato… es una obra aislada, pintada al óleo sobre tabla de roble. La pintura al óleo consiste en pigmentos (polvos de sustancia colorantes como tierra o flores). El óleo utiliza el aceite de trementina como disolvente y el aceite de linaza como aglutinante. Las ventajas del óleo son su resistencia y plasticidad.

    El óleo fue una técnica perfeccionada por los hermanos van Eyck, y Jan demostró en esta obra la rica y dúctil gama cromática de la técnica, que le permitió crear amplias superficies de vivos colores, como la ropa de cama y el bello manto verde de la esposa. Presenta claras ventajas sobre el temple, que era la técnica más extendida hasta ese momento; es más transparente y luminoso, por lo que permite un mejor tratamiento de la perspectiva, del aire y de la luz; al ser más consistente, los objetos se pueden representar con mayor exactitud; y seca más despacio, por lo que se puede trabajar con mucho sosiego.

    http://es.wikipedia.org/wiki/Retrato_de_Giovanni_Arnolfini_y_su_esposa

  5. lasalamandra Says:

    # El espejo es uno de los mejores ejemplos de la minuciosidad microscópica conseguida por van Eyck (mide 5’5 centímetros y cada una de las escenas de la pasión que le rodean mide 1’5 centímetros), y enlaza con el siguiente asunto. En torno al espejo se muestran 10 de las 14 estaciones del Vía Crucis (las paradas del camino de Cristo hasta su muerte en el Gólgota). Su presencia sugiere que la interpretación del cuadro debe ser cristiana y espiritual en igual medida que legal y recuerda el sacrificio que tienen que soportar los esposos.
    Por cierto que estos pequeños espejos convexos eran muy populares en aquella época; se llamaban «brujas» y se usaban para espantar la mala suerte. A menudo se encontraban junto a ventanas y puertas, para buscar efectos lumínicos en las estancias. Que se sepa, ésta es la primera vez que se usan como recurso pictórico, la idea tuvo mucho éxito y fue imitada, como hemos visto. El experto Craig Harbison ve en el espejo el centro de gravedad de todo el cuadro, es lo que más nos llama la atención, una especie de “círculo mágico” calculado con increíble precisión para atraer nuestra mirada y revelarnos el secreto mismo de la historia del cuadro: “But there’s the key!”.

    http://es.wikipedia.org/wiki/Retrato_de_Giovanni_Arnolfini_y_su_esposa

  6. INVERSaMENTE Says:

    […] calvo, calzador, camarasa, camarón, Cameron, camila, campaneo, campiña, candi, canela, canicula, cantábrico, cantar, cantaro, cantina, cañamo, capulla, caracoles, carcamal, carlos, carmenluna, carmina, […]

  7. candelaarias Says:

    47 visualizaciones

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