LA MUERTE DEL CANDOR

diciembre 18, 2004

… hasta la torre de marfil

No duermo por la noche. Lo hago por la tarde. Me acuesto pasadas las seis y despierto antes de las doce
Y entonces tampoco duermo esa noche y escribo… y escribo y pienso que no le necesito, que podría no necesitarle si quisiera… y por la mañana muy temprano es cuando ya le estoy extrañando y descubro que me equivocaba y se lo digo. Le envío un mensaje cuando sé que ya está camino del trabajo pero espero a que me ocurran las cosas, a sentirlas, a que sean inevitables. No me las invento:

‘ahora me ahogo, ahora si no me alejo me parece que voy a ahogarme, y antes, hace apenas unos minutos, me parecía que iba a morirme si me me alejaba pero entonces me encontraba atrapada entre tus brazos y tu boca ha sido como una tela de araña, una boca de araña que teje su tela sobre mi oreja y mis pobres vértebras cervicales. No dejo de tener reacciones instintivas contigo y todas son desesperadas, como lo fueron con él, porque con él era así, aunque fuese tan exiguo aquello nuestro… me nublaron sus besos. Besos que tú en tan pocos días ya has multiplicado por cientos, por miles, como si fuera un milagro y estuviéramos hablando de peces y no de besos. Pero de veras que yo no lo sabía, no sabía cuántos me cabrían en la boca’.

Y tampoco siquiera cuánto habría de necesitarle… pero eso todavía es futuro.

Y él me contesta, el hombre que una madrugada se encajó mi risa entre las costillas. Y es un mensaje precioso, y pienso con qué razón decía Laura que él era como yo, porque cuánto se parece este mensaje suyo a los míos… Eso siento. Mensajes que te dejan sin palabras y a los que sólo te gustaría contestar con más abrazos y besos, con sólo abrazos y besos y caricias. Porque así es cómo yo los escribo. Reclamando desesperadamente muestras de cariño.

Y me encanta cuando veo a Guernika. Me lo cruzo frente a mí con su estúpido perro y a mí se me ve satisfecha. Seguro, y mucho. Eso es indudable y él me lo confirma por cómo me contesta. Me dice ‘ho-la’, con rabia, cuando yo le he saludado con una sonrisa auténticamente deslumbrante, y me lo dice arrastrando las dos únicas sílabas que pronuncia, como si pudiera pisotearlas bajo las suelas de sus zapatos, o como si quisiera abofetearme a mí con ellas o ahogarme, como si fueran unas manos rabiosas, aunque en realidad lo que me dice con esa palabra bi-silabiada es ‘pero si serás guarra, ‘hijadeputa’, que andas paseándote por ahí con esa cara de bien follada’. Y eso es algo que no soporta, porque el otro día se atrevió a afirmarme con rotundidad que si de verdad me estuvieran follando ‘tan bien’, como le notifico, no iría en busca de él pero eso fue antes de que le enviara aquel mensaje de despedida por el que tuvo que darse cuenta de lo que en ese momento estaba significando mi risa.

– Mira qué cara de felicidad… ¿Qué le vas a pedir a los reyes?
– ¿Pedirle a los reyes?, ¿ pero estás loco?. Pues menudos los reyes que me tocaron a mí hace 20 días… como para quejarme.

Y es cuando le hago un informe resumido de las novedades de mi vida y sobre todo del lugar en el que éstas le dejan a él. Y le digo que eso de chuparle la polla si se hubiera traído el coche (cosa que yo ya sabía que no) habría sido un Capricho.

– ¿Un capricho?

Sí, maldito cabrón, un puto capricho. Lo que tú dijiste aquella última mañana que yo era para ti: un capricho que te permitías cuando a ti te convenía. Por eso no querías tener ninguna relación conmigo, porque no querías implicarte de ningún modo, querías sólo seguridades y yo no podía asegurarte que te querría siempre, para siempre, porque sencillamente nadie puede asegurarte algo así y menos cuando tú ni siquiera creíste en ti desde un principio. Y como ya era habitual terminabas por decirme: ‘No sé por qué me elegistes. No lo entiendo, y mucho menos lo que puedes ver en mí’.

Y nunca me dijiste, por ejemplo: ‘¿Ves?, soy un hombre con suerte porque me elegiste’. Algo similar a lo que yo les digo a la gentes cuando me lo preguntan: ‘Soy una mujer afortunada’. Preferías pensar que me quedaba a tu lado por lo que no me dabas, por lo que te negabas a darme, por lo que creías que yo no era capaz de conseguir de ti: un compromiso firme… y cuando me hablaste de promesas ya era tarde y yo te lo dije. Fue a primeros de agosto. Tú dijiste: ‘Te prometo que vamos a vernos más y que voy a llamarte, que esta vez será muy distinto’. Y yo te tapé la boca para evitar que siguiera hablando tu sexo por ella, lo único que habló todos estos años por nosotros y te dije: ‘Calla, que ahora soy yo quién no quiere oír hablar de promesas’. Y eso era la muerte del candor. El dulce candor que yo tenía para contigo, y sí, fuiste idiota, porque a pesar de los imposibles tal vez yo te habría querido, así, sin más, ”para siempre” si tú hubieras aprendido a creer en ti mismo.

¿Pero a él qué se le ocurre hacer? Lo más inteligente que puede hacer un idiota con miedo: amenazarme. Y me dice que ya se enterará ese hombre de quién y cómo soy. Y yo entonces le aseguro algo. Le digo: ‘Él ya sabe que yo soy así de promiscua y me acepta tal cual soy’. Y entonces es cuando no ha querido creerme y ha preferido pensar que lo que intento es ponerle celoso y por eso me dice: ‘¡Anda!, que yo ya soy viejo y cuándo tú vienes yo ya voy’. Pero luego le ha llegado ese mensaje mío y después de leerlo es muy probable que si me haya creído, porque si hay algo que él conoce de mí, en tantos años, es aquello de que yo no suelo mentir por escrito.

Y luego mi abuela que estaba citada con la doctora N. y lo que eso significa… Pésimo. Y él ya ha vuelto al trabajo, aunque por su hija me enteré de que la semana pasada estuvo en otro de esos congresos suyos. Este fue en Sevilla. Y yo me tomo la temperatura cuando le veo y no hay rastros de fiebre alguna, aunque sé que con él las cosas son distintas y que el pasado no se ha muerto todavía, como con Guernika. Quiero decir que los sentimientos aún existen, aunque ahora sea yo quién los domine. Y Alma dice que él tiene mala cara y que también se ha enfriado mucho, como yo, pero que en su caso le parece menos creíble porque yo soy mucho más sincera y estoy más acostumbrada a no mentirme.

No suelo mentir ni por escrito, ni a mí. Da igual, cuando los mensajes entre ese hombre y yo se cruzan, cuando vuelven a cruzarse, porque yo le escribo y él me responde, las sístoles son por él por quién laten con violencia.

Y afortunadamente la muerte de un candor no significa que a uno se le mueran de muerte prematura todos los candores de su mundo.

Y cuando salimos de la consulta a una niña, que juega con una balón en unas escaleras, se le ilumina la cara como si fuera un mundo por el que sale el sol. Se llama Marta y para ella ha sido una sorpresa verme. Y para mí ha supuesto una alegría tremenda poder contemplar como la ilusión que se sembró un día, amanece cuando ya menos te lo esperas en un rostro infantil, y como algunos amores no mueren, aunque otros quisieran darlos por muertos, sin duda.

Marta me quiso mucho, me consta. Lo mismo que yo a ella. Y a sus padres no les gustó demasiado aquello y por eso decidieron exterminarlo como si el afecto fuera un judío al que hay que encerrar en una cámara de gas. Así me sentí entonces. Un cariño tan grande y de naturaleza tan pura entre dos seres a los que no vincula la sangre, y tan condenado a muerte. Y es que antes de querer a Laura, existió Marta, y Marta no era en absoluto la hija de nadie que yo amase. A veces sucede… a veces las personas se encuentran y se eligen entre sí y por eso mismo suponen que son afortunadas.

Y le pregunto si continúa jugando al tenis. Yo la enseñé, y con mérito, el de ambas, porque aprendió a jugar en unas escaleras y me dice que sí. Y entonces le pregunto si suele ir por el club de tenis, y me dice que sí, que Guzmán la lleva a veces. ¿Y tú?, me pregunta. Yo tal vez suba pronto a pelotear con un amigo… aunque tal vez estas vacaciones de Navidad le de a ella otra sorpresa y la visite alguna mañana con mis palas, para repetir aquello de las escaleras. Es lo que más me ha apetecido hacer cuando he comprobado como ha sido incapaz de olvidarme…

Y minutos más tarde el incidente del joven inmigrante: ‘Señora que guapa es usted y que amable’. Y luego lo que dice a mis espaldas y yo escucho: ‘ ¡Cónchole! Aquí las pibas te miran mucho, como si fueras alguien. Pero qué envidia como te ha mirado antes a ti’.

Mi abuela renquea cuando camina, no anda, ahora sólo renquea. Y yo soy impaciente, demasiado, pero no puedo soltarla del brazo como hacía antes. Y nos aproximamos a uno de esos comedores de comida para vagabundos, indigentes y seres ‘sin techo’. Un comedor en el que yo he visto trabajar a una amiga de mi madre como voluntaria, una amiga de posición adinerada sirviendo platos de sopa con sus mejores galas signifique eso lo que signifique, y que se encuentra ahí, en la mitad de los escasos metros que nos separan del portal del edificio a donde nos mudamos cuando yo era aún muy pequeña. Y hay unos cinco hombres a la puerta y yo paso muchos días entre ellos, segura, porque ellos tienen su vida y circunstancias y yo las mías, que cualquier día podrían ser las mismas, y yo soy muy consciente de ello, pero además de humilde soy demasiado rápida para sentirme insegura por ello, aunque hoy es distinto porque mi abuela y yo renqueamos y vamos hacia ellos y entre ellos hay un hombre joven extraordinariamente guapo.

Está mugriento pero eso no hace que sea un ejemplar de hombre sexualmente menos bello. Y es alguien con quien cruzas una mirada como otras, aunque tú sabes que no es como otras, que es una mirada que probablemente haya expresado algún tipo de admiración que a ti te gustaría haber refrenado pero que ya ha ocurrido cuando lo piensas y no miras más, eres consciente de que no debes mirar más a ese hombre porque no estás en igualdad de condiciones: no eres libre. En ese momento no eres libre por lo que sea. Eso lo sabes aunque él te atraiga. Has dejado de serlo, tan libre como solías ser… y tal vez sea por tu abuela, por su dependencia, por la lentitud autoimpuesta, que no tiene nada que ver con tu propio ritmo y te refrena, o porque lo que te refrenan son tus prejuicios de mierda, o tal vez, sólo tal vez, sea una pregunta que te han hecho y que tú no dejas de repetirte desde hace días, una pregunta contra la que luchas: ¿María, tú crees que serías capaz de serle fiel a alguien?

Y tú, te has revuelto y has contestado indignada: ‘¡Hombre!, por supuesto que sí. Cuando te enamoras de alguien sólo quieres estar con esa persona’. Pero entonces, después de eso, has tenido que detenerte y confiesas sólo ante ti misma haberte adelantado demasiado en la respuesta, haberte mostrado demasiado indignada para que sea cierto o lo creas siquiera y te descubres planteándote ese mismo interrogante muchas otras veces, varias veces por día, casi en cada mirada que cruzas con un desconocido, en cada pensamiento impúdico de futuro, en … y ya has alcanzado el paso exacto en que esos hombres tienen que abrirse para dejar que tú los atravieses con tu abuela, que es como una espada de Damocles, así que no puedes ignorarles y miras al de tu derecha, que es el de la izquierda del otro, lo miras a los ojos mientras todos están en silencio y tú también permaneces en ese mismo silencio porque todos ellos creen que tú también eres un ejemplar de hembra sexualmente bello. Ese silencio. Y entonces el hombre que también te mira a los ojos se aparta lo suficiente como para abrirte un espacio que es como la orden de bajada de un puente levadizo y tú como si fueras una dama, porque una mujer que sujeta del brazo a una anciana como tu abuela y con tu aspecto, es en eso en lo que se convierte en ese instante, le sonríes tan agradecida que eres capaz hasta de sentir cómo el pecho de ese hombre se contrae y se expande como si hubiera recibido un bolazo de nieve, y sigues renqueando con tu abuela hasta la la torre de marfil de tu castillo.

torre del fantasma

5 Responses to “LA MUERTE DEL CANDOR”

  1. lasalamandra Says:

    UNA HISTORIA SOBRE ESTE EDIFICIO ”MALDITO” DE LA IMAGEN… LA TORRE DEL FANTASMA

    Otro miembro de la familia de los edificios malditos de Buenos Aires. Se en encuentra en el barrio de La Boca, sobre la calle Benito Perez Galdos 390.

    El edificio es obra del arquitecto Guillermo Alvarez, y se inscribe en la corriente del Modernismo Catalán o en el Art Nouveau, dependiendo de a quien se le pregunte.

    Según quiere la leyenda, la bella pintora que habitaba ésta torre puso fin a su vida sin que nadie puediese encontrar una razón para ello. Desde entonces la Torre ganó fama de estar embrujada, y su actual residente asegura a quien quiera oirlo que por la noche los pasos de la muerta no lo dejan dormir. A decir verdad, la credibilidad de la historia es escasa -no hay datos precisos, sólo menciones a ‘un fantasma’, o la identificación de una pintora anónima en el mejor de los casos- pero, quién sabe…

    http://www.metrosis.com.ar/index.php?showimage=22

  2. lasalamandra Says:

    Se meten con el perro

    Gastón fue hasta La Boca y allí se pudieron ver las imágenes de “la torre del fantasma” donde la leyenda cuenta que se suicidó una bella pintora sin causas aparentes (Brindisi no dirigía a Boca todavía).

    Carlos vive en la misteriosa casa junto a su perro, que se asusta con los pasos de la mujer muerta y no lo deja dormir.

    Pero además del fantasma, Carlos convive con duendes que le ocultan cosas, y hasta le robaron un “cuello polar gris” que devolvieron tras varias semanas de haberlo ocultado.

    Al que no le meten el perro

    Un cazafantasmas que no cree en fantasmas tiene garantizado el fracaso de su empresa, excepto en la Argentina. Pauls conoció a Oscar Barros, un ingeniero que se dedica a atrapar los espíritus aunque él considere que son producto de la imaginación.

    http://www.infobae.com/notas/nota.php?Idx=151209&IdxSeccion=100442&PHPSESSID=5c5a4e6d84fa45cad3a550b00245bed5

  3. lasalamandra Says:

    ORIGEN DE LA EXPRESIÓN ESPADA DE DAMOCLES:

    Según cuentan Horacio en una de sus “Odas” y Cicerón, en sus “Tusculanas”, Damocles era cortesano de Dionisio I, El Viejo (siglo IV, AC), tirano de Siracusa, a quien envidiaba por su vida aparentemente afortunada y cómoda.

    El rey, con el propósito de escarmentarlo, decidió que Damocles lo sustituyera durante un festín, pero para ello dispuso que sobre su cabeza pendiera una afilada espada desnuda suspendida de una crin de caballo.

    De esta manera, Damocles pudo comprender lo efímero e inestable de la prosperidad y del lujoso modo de vivir del monarca.

    La frase la espada de Damocles se utiliza desde hace mucho tiempo, para expresar la presencia de un peligro inminente o de una amenaza.

    http://www.belcart.com/belcart_es/del_dicho/la%20espada%20de%20damocles.htm

  4. candelaarias Says:

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  5. candelaarias Says:

    18 visualizaciones

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