los Ojos y esos sueños…

diciembre 27, 2004

peluquer�a

Quedo con Nora. Va a dejar a su hija en la peluquería a las cinco y mientras podemos irnos a tomar un café.
Y de camino encontramos a Eufrasia y a Homero, con su abuela y su hermano y hay abrazos, muchos abrazos. Y Eufrasia me dice que al menos ella me ha echado de menos en la fiesta de navidad del día anterior. Y la creo. Sólo acudí a esa fiesta un año, el año pasado, aunque fui invitada otras veces y es una de las fiestas más patibularias, (por cierto, adjetivo del que Bolaño gusta usar: patibulario), que puedan imaginarse.

A ver, que la describo: se celebra en los bajos de una discoteca que durante un tiempo se llamó Manuteg, un antro.Y los participantes somos y resultamos esperpénticos: yo allí, con mi vestido italiano de gasa, dibujado con rostros de reina de baraja francesa y mi compañero, tan cristiano él y después de todo tan fariseo… y ellos, con sus caras extrañas y su niñez congénita, sobre todo y hablando de caras la de Fray Benito que me han contado que últimamente se pasa la vida castigado porque se siente solo y abandonado por los suyos y se comporta mal, muy mal, para llamar la atención, eso que alguna vez hicimos todos, y su hermana que está de los nervios por su causa, puro altruismo que no esconde más que una vida de frustraciones y fallos personales, pero esta genial eso de tener un hermano deficiente psíquico a quién cargarle con la escoria de uno mismo y la madre de la otra, aunque esa no está de los nervios pero saca de quicio a cualquiera con su carácter despótico y autoritario y luego como no va a hablar sola su niña, grandes conversaciones que tenía ella con ella misma cada vez que se encerraba dentro de un váter, y aquella otra madre que se piensa que tiene más suerte o un hijo mejor que los otros porque se le ”nota” menos en la cara , y se consuela y la que la envidia por eso mismo o tal vez sea al revés y lo que no soporte la otra, o su amiga, son las medallas y la maravillosa forma de ser de ‘Golden’, porque ‘Golden’ es un chico muy noble a pesar de tener ese tipo de madre malpensada y manipuladora, y la de madre de ‘Vulcano’ que tiene edad para ser no sé si su abuela o su bisabuela, ‘Vulcano’ fue un desliz tardío, y el padre de … y la presidenta que ese día siempre se presenta aunque éste no sea su feudo y el hijo de la presidenta, ese pelele infame que vivirá siempre a la sombra de su ‘magnánima’ mami y, a lo mejor este año sí que ha venido el amante de la presidenta... aquel hombre que tantas ganas tuve de probar, y del que me quedé con las ganas… mi apetito fue lo que me perdió, porque no hay nada más inmundo que los celos de una mujer con poder. Di tú que cuando descubrí que era ella quien le escribía los discursos… mis ganas se menguaron como si hubieran sido un jersey de angora que alguien hubiera introducido por error en el tambor de la lavadora y con el programa del agua caliente.

s�ndromes

Y nos despedimos de Eufrasia y de Homero y de la abuela y del hermano ‘normal’ y por supuesto ya he decidido que no iré tampoco a la carrera. ‘Eres una amiga’, dice ella. ‘Una amiga nuestra. ¿Qué tiene que ver que ya no estés con nosotros?’ Pero por favor, que no me haga de reír. Si se llevan todos a matar. Yo nunca había visto una cosa igual. Bueno aunque sí, sí que había visto cosas iguales o peores. ¡Qué asco de falsedad! Pero a mí Eufrasiaa me cae bien. Me resulta entrañable y lo que le digo es que otro día me acerco hasta su casa y ella nos prepara el café. Y continúo escuchando a Nora que me cuenta lo de su comida con el departamento de digestivo. Menuda decepción. No eran regalos personales. El director se había limitado a comprar un lote de libros y luego allí los habían sorteado. Y me dice que lo que menos le gustó fue no atreverse más que a firmar dedicatorias convencionales. Y le pidió a ‘R’, el jefe, que le escribiera algo en su ejemplar de Javier Marías. Y él escribió:

‘Para que el año que viene te quedes con nosotros a tiempo completo’

Y esa frase Nora quiere convertirla en un motivo que alimente sus sueños. Y vuelvo a preguntarle: ¿Pero a ti él te gusta como hombre? ‘No’, me contesta, ‘pero sé que si algún día voy a enamorarme tendrá que ser de alguien al que pueda admirar’. ¡Ay Nora! ¿Y qué ocurrió con ‘C’?. Porque ‘C’ si que me consta que despierta el morbo de Nora. ‘Pues que llegó mal vestido y acompañado por una enfermera y se mantuvieron al margen de los demás, como si sólo se preocuparan de ellos’. Y yo le digo que me parece que puedo comprenderlo. Puedo comprender el desánimo con el que ella me lo cuenta (aunque no que le importe lo de la vestimenta) y que a él no le interesen demasiado las mojigatas. Y ella dice que quiere presentármelo. ¡Vaya, sí! Te sientes herida y ahora lo que quieres es que yo le haga daño, ¿no? ‘No. Es que tú misma lo dijiste: él tiene mucho que ver contigo. Os parecéis mucho. A él tampoco le importa ‘el que dirán’ de los otros’.

Pero no, no me convence, lo que quiere es que yo le haga daño porque el despecho de las mujeres sólo parece que se nos alivia así. Viendo sufrir al otro.

Y yo nunca haría eso. Si mi amiga o tu amigo tienen problemas con su doble moral, ese es su problema, no mi problema, ni era tu problema. De todas formas no creo que yo esté muy interesada en alguien que sólo quiera creer en el mundo de las bellas mentiras. Y Nora me recuerda algo. Me dice que de esta vez lo que se le va a quedar grabado es otra de esas frases mías.

‘Sólo follaremos cuando sea inevitable’.

Y a mí que ya se me ha olvidado me regresan las ganas de reírme, porque visto así, desde aquí, ya con perspectiva, tú también tienes un poco de tu razón cuando te quejas y dices que hay cosas que yo parece que sólo digo porque luego quedan mejor a la hora de escribirlas. ¿Acaso interpreto la vida como un sainete?

Y hemos llegado a ese café dónde a ella le gusta ir a tomar carajillos con nata. Y yo entonces le cuento de mi decepción, que debería de serlo pero que no lo es, que es otra cosa muy distinta. Y le digo que a cambio he recuperado mis Ojos. Porque todo tiene un precio en esta vida y los míos son esos ojos de los que William Enol me dijo aquella tarde que parece que Buscan todo el tiempo y son los ojos que me hacen tanta compañía y por los que he vuelto a ver todo, o casi todo lo que miro: desde ese hombre que camina por la calle en mangas de camisa a pesar del frío de la tarde y ajeno a mi mirada, hasta esa araña gigante que se me cruza en el medio de la noche y del camino y que es tan ajena a mi mirada como ese hombre mismo… y sobre todo le hablo de cómo veo yo las cosas , de aquello en lo que he dejado de creer, y de lo maravillosa y cruda que me parece la existencia ahora, por eso mismo, justo a partir de ahora. Y de muchas otras cosas, aunque siempre son lo mismo: cosas sin ninguna importancia, y ella me dice que se encuentra a años luz de esos pensamientos míos, y yo le digo que sí, que es posible, porque yo también me encuentro a años luz de aquellos pensamientos míos que tanto se asemejaban a los de ella, pero le digo, que aunque vivamos en galaxias diferentes, tal vez por eso mismo, yo cada día tengo menos problemas para ser su amiga.

De todas formas no es que conocer al hombre del salón que era como un cuadro de Matisse sea sólo lo que haya resultado una liberación. Pero… él trajo ese sueño que le conté a Nora, y que también le conté a él. Yo me sentía en deuda con Pésimo Malasaña. Hace años le di mi palabra de honor de que pasara lo que pasase siempre podría contar conmigo. Aunque eso fue antes de que me enfadara, o más que enfadarme decidiera que tenía que emprender un ‘duelo’… y así transcurrieron cerca de dos años en que yo me mantenía firme, aunque con cierta dificultad, hasta que la madrugada del 23 de mayo del 2003 tuve un sueño.

…. Fue un sueño tan real que me levanté empapada en lágrimas y sudor. Me besabas febril y decías que me llamarías… era lo mismo que sucedió en tu consulta hace dos años pero después de vernos esa tarde en el parque. Viajaste a mi sueño para decirme que me querías, que no soportabas este alejamiento forzado, que me necesitas, que sin mí tu vida ya no tiene sentido… que no me marche así de airada cada vez que apareces y tus ojos se van a encontrar conmigo. ¡Ay mi Olivares! (Pésimo Malasaña) Me desperté llorando y empapada en lágrimas porque fue un sueño tan real que te creí…

Eugenio Recuenco

Y ahora este otro sueño… Veo a Pésimo sentado a una mesa comiendo en bata y zapatillas. Estamos como en un jardín. Y yo le digo algo que no logro recordar, puede que le desee buen provecho o lo que sea que le digo, pero sí que recuerdo con nitidez lo que él me dice. Y lo que me dice es que él no me ama, que nunca me ha amado, que soy yo quién se empeñó en creerlo, pero que si alguna vez hubo algo entre nosotros ya soy libre de irme, porque ya nada de aquello, que tal vez hubo, existe ni podría existir. Él no siente lo mismo por mí. Dice que le parezco una persona muy valiosa y que me aprecia de otras maneras pero no como mujer. Y que le crea, que no me engañe más, que sólo estoy engañándome, que me lo asegura. Y yo me parece que lo encajo con una sonrisa aunque por dentro me sienta triste, sólo triste. Ya me he muerto de demasiadas malas maneras en esta extraña relación como para sentirme hundida y lo que hago es asentir con la cabeza y el siguiente recuerdo del sueño es que me estoy duchando pero al aire libre; lo sé porque el suelo es de hierba y huele a campo y hay una brisa, y canto o hago ruido o me río, no distingo, entre los azulejos de color blanco, quizás me haya convertido en pájaro y trino. Y tengo la espalda pegada a la pared y mis brazos me aprietan pero quiero fingir que el golpe no me ha dolido ni siento frío, y creo que es Nora la que le dice a él: ‘¿Ves? Se lo ha tomado estupendamente. No tenías por qué preocuparte tanto por cómo se lo tomaría’. Y él le contesta con una voz solemne: ‘Cómo se nota que no la conoces. Sólo está disimulando’.

6 Responses to “los Ojos y esos sueños…”

  1. lasalamandra Says:

    Hay 4 comentario/s de este artículo.

    Luis:
    La mirada. La mirada puede ser lo único importante…

    He trabajado mucho con pacientes transexuales. Una vez, una de ellas, recién operada, me explicó por qué se había jugado la vida (tenía problemas de corazón) y su vida (había dejado mujer e hijos de su vida anterior) en una operación que lo único que cambiaría sería su físico: buscaba una mirada. Quería que la miraran como una mujer.

    Recuerdo, también, otra búsqueda de una mirada: el detective de “Plenilunio”, que buscaba la mirada de un psicópata para escudriñar en ella los porqués del mal del mundo…

    Ahora, a mí, me encantaría ver tu mirada. Y por eso me alegro de que alguna vez recuperaras tus Ojos…
    2004.12.27 01:57 email: luis.muino (arroba) elhabitatdelunicornio.net

    carmen:
    Pues a lo mejor un día ocurre uno de esos instantes mágicos y sucede que nos miramos mientras compartimos algo más que la música de Tom Waits…

    Un beso.
    2004.12.27 02:37

    Luis:
    Quizás en Febrero tenga que ir a Gijón a coordinar un curso.
    Quizás me escribas (luis.muino@elhabitatdelunicornio.net) y hagamos por conocernos.
    Quizás pueda mirar tu mirada…
    2004.12.27 15:16 email: luis.muino (arroba) elhabitatdelunicornio.net

    Odalys:
    A veces vamos con los ojos abiertos pero dormidos, soñando una historia que inventamos porque despertar lleva su propio tiempo que no depende del despertador ni de las ganas.
    Igual pasa con los sonidos, oimos la música, las palabras, pero no las escuchamos; el mundo vive y no siempre lo vemos, encerrados en nuestra ostra.
    Pero no importa el tiempo que tarde, un dia despertamos y dentro de nosotros se hace primavera.
    Un beso grande
    2004.12.30 17:37

  2. lasalamandra Says:

    AUTOPRESENTACIÓN

    La pintura es un mundo maravilloso al que penetro por una puerta mágica como en el cuento de Alicia; llego a un lugar de fantasias, de colores, en el que se vuelven realidad mis sueños.

    El reloj se detiene mientras pinto, no siento hambre ni sed, ni frío ni calor, es como que al pintar estuviera suspendida en el tiempo; me encuentro a solas con mi imaginación y anhelos.

    Soy autodidacta, sin formación académica; es un regalo maravilloso de Dios el poder expresar libremente mis sentimientos. A Él únicamente le debo el poder hacerlo.

    Al principio pinte de espaldas a la gente y poco a poco les fui dando vuelta, haciéndoles primero los ojos, y así sentía que algo me decían.

    Fue la nostalgia por mi querida Nicaragua la que desde hace 21 años me impulsó a pintar de forma constante recuerdos de mi feliz infancia, otros de mi adolescencia, anhelos por un mundo mejor para todos, con techo y vida digna, pueblos limpios y gentes que yo podía hacer feliz con los pinceles. Darío junto a sus tres esposas, Sandino en su hogar, Fidel bailando con amigos, Adán y Eva de todas las razas, Frida abrazada por sus hijos, mujeres gorditas optimistas con su dieta, personas imaginarias que nacen y viven en mis pinturas, situaciones alegres, bodas, fiestas y escenas cotidianas. Deseo que el espectador sienta la misma alegría que me llenó al hacerlos.

    Celia Lacayo

    http://www.ateneagallery.com.ni/artistas/primitivistas/lacayo/biog_cl.htm

  3. lasalamandra Says:

    Darío: Las musas de carne y hueso

    Foto
    . Un breve perfil de Rosa Sarmiento y Rafaela Contreras, la madre y primera esposa de Rubén Darío

    Las musas del poeta, óleo sobre tela. Cecilia Lacayo.

    .
    ..
    ..

    Margarita López Miranda

    Un primer intento del tema sobre la madre y la primera esposa de Rubén Darío lo escribí en 1995, con motivo de la repatriación de los restos de doña Rosa Sarmiento, desde San Salvador hasta Chinandega, su ciudad natal, que la recibió con solemnidad y cariño. Sabemos que al morir doña Rosa fue enterrada en el mausoleo de la familia Trigueros, junto a Rafaela Contreras, con dos años de diferencia (1893, esta última; 1895 la primera). Para la ocasión señalada (1995) me invitaron a participar en la velada fúnebre los organizadores del evento.

    Varias fueron mis motivaciones para ese trabajo, cuya concepción era más amplia, pero que resultó pequeña debido a las circunstancias personales dolorosas de ese momento: mi esposo, el profesor Fidel Coloma González, había fallecido hacía poco más de un mes (27 de marzo). Sin embargo, el amor por mi gran compañero, el recuerdo de su magisterio dariano, se convirtió en parte de las fuerzas que me dieron aliento para escribir esas primeras y breves páginas.

    Otros motivos para abordar el tema (contando por supuesto con la razón principal que me llevaba a Chinandega: rendir homenaje a la memoria de doña Rosa, progenitora de nuestro máximo poeta) fueron: en primer lugar, mi conciencia de mujer, que me creaba lazos de identidad con esa otra mujer del siglo antepasado, por quien sentía respeto y conmiseración a la vez, a juzgar por su biografía. En segundo lugar, lo que consideraba un deber dariano: aportar algunas modestas ideas a este acontecimiento íntimamente vinculado con la vida de Darío. En tercer lugar, una relación familiar, aunque lejana, con el personaje de doña Rosa. Y es que, según me contaba mi madre, cuya familia es originaria de Corinto y de Chinandega, había un parentesco entre mi abuela materna, Isabel Hernández Sarmiento, con la que llamaba “Tía Rosa’’. Era nada menos que doña Rosa Sarmiento, madre de Darío. La sola posibilidad de ese lazo familiar me produce inevitablemente una especial emoción y feliz orgullo.

    ¿Por qué juntar en el mismo ensayo a Rosa Sarmiento y Rafaela Contreras? La una es madre y la otra primera esposa de Darío, muerta muy joven y elevada al plano ideal por el desgarrado cantor. Jamás se repondría Rubén de la ausencia de su Stella, como llevaría siempre la huella sicológica de ser hijo de matrimonio desavenido. Esta marca influiría en su carácter melancólico, tímido y en su conocida errabunda. El drama del poeta será el drama de Rosa, su madre, pues Manuel García o Manuel Darío, mal padre y peor marido, y las convenciones sociales de esa época, promovieron una unión conyugal destinada al fracaso, dejando a la madre y al hijo inmortal sometidos a un drama moral y psicológico que afectaría de una y otra forma los destinos de ambos. El profesor Fidel Coloma sintetiza ese hecho crucial en la trayectoria del poeta: “por las desavenencias de sus progenitores, que pronto se separan, se cría al cuidado de su tía abuela, doña Bernarda Sarmiento y del esposo de la misma, el coronel Félix Ramírez Madregil. Esto provoca en él inseguridad emocional, un sentimiento de frustración que se manifestará a lo largo de toda su poesía (Introducción a Rubén Darío. Antología. Verso y prosa. Managua, MED, 1991).

    LOS AÑOS POLÉMICOS: EL ENCUENTRO DE RUBÉN Y SU MADRE

    La relación entre Rubén Darío y su madre, a quien vio de niño fugazmente y conoció muchos años después, ha sido muy discutida. Aparte de toda polémica, me llama la atención que el cuerpo de doña Rosa descansa en la tumba de la familia Trigueros, junto a su nuera Rafaelita Contreras y al padre de ésta, el tribuno Álvaro Contreras. Así lo relata don José Jirón Terán, eminente dariano leonés, en su artículo Doña Rosa Sarmiento de Darío (Revista Enfoque. Publicación conmemorativa. Homenaje a Rosa Sarmiento, Miami, 1995). Esa cercanía está llena de significados, por lo menos significa reconocimiento y estimación para la madre del poeta. Para efecto de este trabajo resulta una asociación metonímica trascendente: dos cuerpos, dos amores, dos dolores en la vida del poeta. La madre, con la que casi nunca vivió y le dejó un hueco en su desarrollo de niño. La esposa ideal, además escritora, arrebatada por la muerte cuando pudo Rubén formar un hogar estable y feliz.

    RELACIONES DE MATERNIDAD Y PASIÓN

    Las dos lo habían amado mucho, mas lo perderán en circunstancias dramáticas: Rosa, escindida entre su ser de madre y de mujer. Rafaela, en medio de la dicha de tener al hombre-poeta amado y admirado, dueña de un talento literario propio que comenzaba a brillar, mas vencida prematuramente por la maternidad que la debilitó hasta fallecer.

    Me propongo tratar el tema de Rosa Sarmiento y Rafaela Contreras desde una especial perspectiva, la del relato de Rosario Aguilar, extraordinaria narradora leonesa, titulado Rosa Sarmiento (1968) y la del comentario biográfico y crítico de la doctora Evelyn Uhrhan de Irving, con el que introduce su presentación de los Nueve cuentos de Rafaela Contreras de Darío (Stella), editado por esta catedrática emérita en 1995. Incluyo, por supuesto, referencias a opiniones y comentarios críticos autorizados, especialmente, a más de la insustituible biografía de don Edelberto Torres Espinosa, La dramática vida de Rubén Darío, el ensayo del escritor costarricense Alfonso Chase Stella; Entre el silencio y la palabra, y la obra El poeta pregunta por Stella de María Teresa Sánchez, poeta y promotora cultural nicaragüense.

    HISTORIAS NOVELADAS

    En cuanto al primer texto, el relato de Rosario Aguilar, siempre me conmovió, tanto por su belleza lírica como por la hondura sicológica y modernidad del tratamiento que da el personaje. Se trata de una historia novelada. Según la síntesis que hace la doctora Nydia Palacios, principal estudiosa de Aguilar, en su trabajo La novela nicaragüense en el siglo XX (Revista Iberoamericana. Universidad de Pittsburg, 1989). “Es una recreación de la vida de la madre de Rubén Darío. La protagonista rompe los cánones que impone una sociedad machista. Ella, casada por conveniencia, no soportaba vivir con un hombre mujeriego y mayor que ella. Él es el prototipo de la paternidad irresponsable. Cuando Rosa se enamora de un joven que ha llegado a León, pese a la censura de su familia y de la gente, se escapa con él llevándose al niño”. Hay aquí un conflicto básico: el de Rosa como mujer y como madre. Es y quiere ser las dos cosas a la vez y no deja de ser ninguna de ellas. El debate íntimo, revelado por Aguilar mediante las técnicas de introspección y autoanálisis es intenso y oscila como un péndulo entre el deber y ternura maternos y las ansias de liberación femenina.

    El segundo texto, el de la doctora Irving, estudiosa dariana y especialista en el período guatemalteco de Darío, es un escrito académico. Incluye un prefacio y dos capítulos iniciales en los cuales reseña y comenta elementos biográficos y literarios de Rafaela Contreras Cañas. Se refiere a ella en su doble aspecto: como persona y primera mujer del poeta y como literata. El énfasis e interés principal reside en este segundo aspecto: se trata, pues, de un comentario crítico, no exento de afectividad y simpatía por el personaje comentado y constituye un breve estudio introductorio a la edición de los nueve cuentos de la fugaz escritora salvadoreña, descubiertos (algunos), recopilados y publicados en la segunda edición del 1995 por la académica norteamericana.

    La atención focal de Irving en sus investigaciones relacionadas con Rafaela Contreras era la de localizar las narraciones y prosas poéticas de la juvenil escritora que en tan sólo un año logró el reconocimiento de su calidad literaria, comenzando por el mismo Rubén y otros modernistas del momento. El tiempo había sepultado sus creaciones en archivos de periódicos y bibliotecas de Guatemala y El Salvador. A instancias del doctor Antonio Oliver Belmas, el empeño de doña Evelyn sirvió para mostrarnos una vez más las pruebas de una escritura valiosa de mujer, de una creación literaria inspirada en el nuevo canon estético inaugurado por Darío en la prosa poética de Azul… a la que imita con un bello estilo, a tal punto que se llega a confundir algunas de estas producciones con las del propio maestro del Modernismo. (Hay que recordar el invaluable trabajo de hallazgos y difusión de don Diego Manuel Sequeira, quien dedicó un capítulo de su obra Rubén Darío Criollo en El Salvador a Rafaela Contreras, donde incluye seis de sus narraciones.).

    Las observaciones de doña Evelyn sobre la personalidad, biografía, y obra literaria de Rafaela me han suscitado asociaciones que considero de interés y que condenso en la fórmula de mujer/literata.

    Se trata de ver al personaje y sus principales facetas: como persona, con sus cualidades y valores, nacida dentro de una familia y una clase que la colocan en posición ventajosa dentro del medio social en que vive. Allí la frecuenta Rubén. Es ventaja ser mujer inteligente, culta, creadora, todo lo cual afirma su individualidad y la hace visible, digna de ser tomada en cuenta por el joven maestro de la nueva estética hispanoamericana. La distingue también ser la esposa de Darío, de quien se enamoró de inmediato y al que admiró y comprendió en su corta vida matrimonial.

    Nos preguntamos: ¿se convirtió en escritora motivada por la pasión romántica que sentía por el ya famoso poeta nicaragüense? ¿Cómo la consideraba Darío y el medio intelectual en razón de sus méritos de escritora? ¿Qué ventajas representaba el reconocimiento de sus valores intelectuales frente a la sociedad de su tiempo? ¿Habrá en el fondo una forma sutil de subordinación en la misma producción literaria de Stella y en cuanto a la forma de reconocimiento por parte de Darío y el sistema de valores culturales prevaleciente de tipo androcéntrico?

    ¿Y cómo catalogamos la situación de estas dos mujeres, Rafaela y Rosa, que vivieron en el mismo siglo, fueron esposa y madre respectivas de Rubén Darío, pero que estuvieron marcadas por signos tan diferentes en el devenir de sus existencias? Despejar algunas de estas interrogantes es parte del cometido en el presente ensayo. .

    http://www.laprensa.com.ni/archivo/2004/diciembre/25/literaria/comentario/

  4. candelaarias Says:

    61 visualizaciones.

  5. Lilibeth Says:

    Hola: Me encuentro en este momento trabajando en un homenaje a Rafaela Contreras Cañas y encontré un error en el artículo que aqui se publica pues dice que ella era salvadoreña, lo cual no es cierto y existen documentos donde se deja claro que era costarricense. Puedo reenviar copia de su acta de matrimonio realizado eso si en El Salvador donde dice que su nacionalidad es tica.
    Gracias atentamente Lili

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