LOS BESOS DE LAS EXPLORADORAS

enero 4, 2005

La confianza… esa sensación

Medea piensa que debería haberle besado, y que seguro lo habría hecho si me hubiera aplicado la misma reflexión que tantas veces le he comentado a Susana: ‘¿Qué puedes perder? No tienes nada que perder’. Pero en este caso esa ‘ley’ no es válida porque esa posible conveniencia yo ya he querido plantearla antes, cuando él y yo estamos charlando el día anterior. Y él me dice: ‘No hay un mañana sino un ahora’. Y acaba de explicarme por qué a mucha gente le provoco miedo. Y yo le digo:– sí, pero yo te aseguro que lo peor de mí, para contigo, puede ser el físico, mi físico… lo demás yo lo tengo bajo control y no hace daño a nadie

– No te entiendo -me contesta

– Bueno, pues ahora, ahora mismo… las arrugas y la celulitis no se ven

Y creo que eso le deja claro el orbe de mis preocupaciones: quiero gustarle. Y él, muy sabio, me responde que no me puede asegurar nada, que conmigo se siente cómodo y existe una atracción fuerte pero que no imagina hacia dónde pueden evolucionar las cosas. Y dice que a lo mejor nos vemos y la historia no va a más, por él, por mí… que eso es impredecible, que eso lo deciden los instintos. Y yo tan eminentemente práctica, cómo siempre, le sugiero:

– vale, pues lo primero que hacemos es besarnos cuando nos veamos y si vemos que no hay nada… nos separamos y cada uno sigue su camino. Para qué lo vamos a pasar mal innecesariamente…

Y él me matiza que sólo estamos hablando de lo físico, y me dice que como persona le parezco una tía genial, encantadora, y que le he ganado por completo. Y yo, pues me llevo medio planchazo porque me está poniendo el asunto meridiano, y le recuerdo que si quiere podemos dejar lo nuestro en un mero contacto virtual (aunque aquí lo que le digo es una mentira porque a mí no me satisface ese tipo de vínculo, creo que esto es una manera de acortar distancias con un fin más o menos largo, pero no me gustan las relaciones virtuales eternas y menos con alguien que vive unas calles más abajo de dónde yo vivo). Y es cuando me dice algo que deja fuera de lugar ese tema del beso. Me dice que lo primero que le gusta de mí es como soy, que eso le encanta, que piensa que soy como tal vez quisiéramos ser todos, y que en principio cree que podría haber una amistad, y que por lo menos eso es lo que le gustaría que hubiera. Y yo que ya siento que me está dando calabazas digo: ‘Pues nada, nos quedamos aquí’. Y él que eso no, que a él le gustaría verme. Y también me dice que de repente he cambiado, y me pregunta por algo que demuestra que la comunicación está siendo fluida y sincera: ¿dónde está esa fuerza? Y yo le digo que he sentido que se apuraba y que ante eso lo que yo hago es replegarme, que como él soy instintiva, y que prefiero saber por dónde me muevo y cómo debo moverme…, que supongo le estoy tanteando. Y él dice que eso es lo que nos queda, tantearnos porque conocernos… no nos conocemos. Y entonces es cuando le pido que me deje contarle lo que había sucedido, justo hacía un mes, con el hombre del salón que era como un cuadro de Matisse

Matisse
Hablamos por el messenger dos días y al tercero le mencioné la posibilidad de conocernos en su apartamento. Me parecía demasiado bueno para ser real y pretendía ponerlo en un aprieto. Meter a una desconocida, a la que jamás has visto en persona y que podría resultar ser una loca peligrosa, en tu propia casa es una auténtica locura. Y yo es eso lo que le digo. Le digo exactamente que soy una loca peligrosa. Y bueno, nos damos el teléfono móvil y él me dice que cuando decida si quiero verlo que le envíe un mensaje, y yo no sé aún lo que haré mientras espero por Laura en el banco del parque pero entonces en la actitud de Pésimo, hay algo que no me gusta, es más, que me disgusta profundamente, y eso me inclina a hacerlo. Y él me responde a los pocos minutos explicándome que en ese momento se encuentra fuera de casa y no recuerdo que más dice pero creo que me pregunta si me avisa cuando pueda verme y yo le respondo con un monosilábico: ‘vale’. Y estoy con Laura y me lo estoy pasando muy bien, nos reímos mucho y esa mujer, Carmen, la ”amiga” de su padre, sale del bar con una croqueta y se dirige a nosotras. Ha salido a buscarla y Laura tiene que irse a dentro. Ha sido un golpe bajo y yo me levanto para irme y es justo en ese minuto cuando llega el mensaje por el que estoy esperando, y me pregunta dónde me encuentro y me dice dónde está él leyendo la prensa por si me quiero acercar, y si no pues que quedamos en su casa dentro de media hora pero la dirección no aparece y yo ni siquiera le contesto. Estoy como a unos diez minutos del sitio en cuestión, a paso normal, y apurándome logro que sean sólo cinco. Y me pego a la cristalera y miro hacia el interior, y le veo de espaldas en la barra. Es el único hombre que lee la prensa. Y tiene como una garra de canas en la parte de atrás de su cabeza que es muy llamativa. Y entonces me dirijo a la puerta y vuelvo a hacer lo propio y le observo de perfil, y a todas estas el camarero que hay detrás de la barra está alucinando conmigo, porque yo no soy nada discreta y aquí me comporto como un elefante en una tienda de porcelanas, y entro por la puerta echa una tromba y al camarero, que creo lleva barba, ni le he mirado. (Luego me entero de que era David que se habrá llevado un susto de muerte, porque es el mismo David que aparece en un post de hace unos días y que tiene fecha del año dos mil uno; año aquel en que terminé por resultarle fatal para su salud mental). Así que acaloradísima por haberme pegado la carrera padre, le digo ¡hola!, a ese hombre que mantiene la cabeza inclinada sobre su periodico y la levanta con sobresalto. ‘¡Hola! -me contesta él pero es evidente que no le he parecido la misma de las fotografías, aunque luego me dice que le resulto conocida de vista. Nos damos dos besos y los dos estamos visiblemente nerviosos. Así que cuando él me pregunta que si quiero tomarme algo, le digo que no, que mejor nos vamos, y que yo le espero fuera. Y menos mal que no se me ha ocurrido quedarme allí con él porque entonces a David se le calman las 50.000 pulsaciones que debí provocarle en ese instante, y me dice eso de ‘que deseo tomar’, y a la que le da un pasmo es a mí. Pero es que ni lo vi. Fue Nora quién luego me dijo que estaba trabajando allí y sí, otro día me cercioré y era él.

Total, que me salgo a la calle sin esperarle y le dejo pagando, y echamos a andar buscando otra cafetería. Pero a la que voy a llevarle, una pequeña y más en penumbra, está cerrada y seguimos caminando y como vamos en dirección a su casa y hablábamos de Internet, de lo que yo tenía que enseñarle, me ofrece que vayamos allí y a mí me parece estupendo, mucho mejor que seguir estando nerviosa sentada en cualquier asiento. Pienso que por lo menos en su casa podré moverme. El movimiento me parece esencial en esos momentos. Poder manifestar tu inquietud para desprenderte de ella, en gestos, en pasos, en ademanes. Quizás si las entrevistas de trabajo se realizaran dando paseos por la playa, creo que a todos nos costaría menos mostrarnos naturales. Aunque habrá de todo, y hasta quien se sienta mucho más seguro sentado sobre una silla y con una mesa por delante. Aunque yo a Max (ya tiene nombre) le habría conocido a ser posible, como le dije, en un museo. Y en Max hallé sólo lo que él me dijo que hallaría: un hombre inofensivo, demasiado para su gusto, aunque para el mío, por eso mismo, estaba estupendo. Y subimos en el ascensor hablando de Susana. Él tampoco era como en sus fotografías y a mí no me gustó tanto, en principio, como para pensar que querría ”quedármelo”. Le encontré tan estirado como a Pésimo pero menos alto. Es más mi ”decepción visual” vino un poco por ahí, porque mis expectativas querían encontrarse con una replica exacta de Pésimo, pero Max estaba bien como hombre, era muy aceptable, era agradable, y yo le hablaba de Susana, aunque ni siquiera la había conocido a ella en persona todavía. Era, supongo, una manera de quitarme la presión de encima. Pero cuando atravesamos las puertas de su casa y vi el color de la pintura de aquel salón… No, desde luego que un tipo que pinta así su salón, no puede ser de ninguna manera un individuo convencional. Y me encantó. Tenía muchos libros y me sentí un poco como la ‘Teresa’ de ‘La insoportable levedad del ser’ cuando sube a la casa del ingeniero. Por cierto, otra coincidencia.

Matisse

Y luego fue cuando descubrí a mis espaldas toda aqellas estanterias llenas de CDs de música. Era un melómano. Y fueron dos horas increíbles.

Hablamos de libros, de nosotros, nos sentamos frente a la pantalla del ordenador y nos mostramos cosas, me presentó a Tom Waits y me leyó de un libro letras de canciones suyas … Le escuché cantar. Había llegado a grabar unas maquetas y en ellas había algo que se llamaba ‘Alicia oscura’, como lo de Pablo Santiago. Me pareció muy curioso.

Y también que esa canción del pintor que a mí me gusta tanto, perteneciera a un tal Rodrigo (Adolfo y Guzmán), que es un tipo por el que él siente auténtica fascinación. Pero a Carlos le explico que no surgía nada, y que yo no sabía siquiera si le gustaba como mujer, y ni siquiera si él me atraía a mí. Esos bloqueos que se dan cuando ‘Todo’ no sucede… y después de preguntarle directamente que era lo que sentía por mí, a lo que él me responde con un ‘¿Me estás preguntando si me he enamorado o algo así al verte?’. Pues yo le digo que no, que lo que le pregunto es lo que siente ante la persona con la que se ha encontrado, que le he parecido, que si me encuentra atractiva como mujer. Y él (curiosamente días más tarde descubro que Max ha olvidado toda esta conversación y sólo recuerda la parte del beso) me dice que le parezco una mujer muy interesante, que ya me dijo que se había sentido atraído por ‘mi glorioso perfil’, y que lleva dos horas conmigo en las que se siente muy cómodo y que quiere seguir conociéndome y que lo que me propone es que nos vayamos a cenar juntos. Y yo a todo esto pasándolas moradas porque todo mi capital de ese momento son cinco malditos euros y en esas condiciones no me voy yo a cenar, ni muerta, con nadie. Pero eso no se me ocurre decírselo. Al contrario, le digo que yo me estoy sintiendo desde hace rato muy extraña y le planteo la posibilidad de que nos besemos para a ver si así me entiendo con mis sensaciones. Max tendría que haberse visto la cara que puso en ese momento. Estaba sentado a dos metros de mí y se le pasó de todo por el rostro pero vamos que él, lo que me dijo fue que no veía ninguna necesidad de darme un beso para averiguar nada, y que él, desde luego, las cosas no las averiguaba así, y que era mucho mejor que nos fuesemos a cenar porque ya eran horas. Y yo sin excitarme, ni lo más mínimo, le contesté que no ocurría nada si no quería darme un beso, que me iba y santas pascuas pero que en esas condiciones a mí lo que no me parecía propio era irme a cenar con él. Además no entendía nada. Aquella no era la primera vez que alguien me ponía tantos reparos para besarme, pero si la primera que alguien después de rechazar un acercamiento más íntimo se ponía tan insistente con el tema de llevarme a cenar por ahí, y eso no me dio buenas vibraciones. Sí, seguro que era uno de esos espectros de los que hablaba ‘Rachel’ en su diario, gentes que prefieren pasarse la vida comiendo en restaurantes a follar y las palabras carentes de significado a los hechos insobornables. Pero entonces, cambió de idea y se aproximó e hizo un gesto de acercamiento con un dedo de su mano como para vencer tímidamente la extrañeza que nos provocábamos el uno al otro, pero yo seguía sin sentir atracción, aunque sabía de sobra que tenía que sentirla porque ya hacía minutos que había ido al baño y había comprobado que en algún momento me había mojado. Y él me dijo que cerraría los ojos y se dejaría besar. ¿Prefería la oscuridad como Franz, el amante de Sabina? De Franz, Sabina pensaba que le faltaba fortaleza. Le comparaba con Tomás y … Entonces le propongo que vuelva a poner música y que bailemos y vuelve a escandalizarse y me dice que eso sería mucho peor que lo del beso. Así que me levanto y le digo que yo ya no me encuentro cómoda con él y que me voy, y Max se levanta conmigo e intenta detenerme, y me dice que no puedo irme así, que he logrado despertar su curiosidad y que quiere intentarlo, que quiere averiguar que sensaciones son esas que voy a sentir y es cuando nos acercamos y aunque nos abrazamos es como si sólo nos rozáramos y no existe ni el beso… es una exploración, una experimentación… una especie de abrazo en el que podríamos haber estado o no, ni él me invade con su epidermis, ni yo lo hago con mi lengua. Hemos comenzado a explorarnos a través del tacto y del gusto. Es un contacto pálido, donde yo le trato como si de verdad fuera un espectro para no asustarle. No quiero asustarle más. Estoy en su casa, y es mi anfitrión. Había un código callado de honor y había que cumplirlo, y yo no soy de las que disfruta destruyendo la propiedad privada. Así que cuando nos separamos seguía sintiéndome extraña y confusa. El beso no me había aclarado nada, y cuándo él, más seguro de sí, me sugirió de nuevo que nos fuéramos a cenar y le desentrañara mis sensaciones entre bocado y bocado, me sentí violentada y le obsequié con una negación más tajante que la anterior, insistiendo en irme. Y ante esa postura Max reaccionó con desagradable sorpresa y luego optó por recordarme que le había dejado sin planes para un viernes por la noche. Y tenía que haberme bastado con eso. Pero a continuación tuvo un detalle que me agradó mucho. Me puso un libro del que habíamos hablado entre las manos y me pidió que me lo llevase y lo leyera. Además me dijo que no tenía obligación de regresárselo, y eso fue lo que me Encantó de él. Así que salimos al vestíbulo. Me pongo mi chaquetón y cojo mi bolso y mientras nos miramos como uno se mira en las despedidas, surge un segundo abrazo y éste es natural. Y vuelve a ser el mismo tipo de exploración: ni él me invade, ni yo le invado pero es muy agradable. Y Max susurra en mi oído un: ‘¡Vaya! Así que el anterior no fue tan desagradable’. Y aquí es cuando siento como me llega su ternura y complicidad, y le he sonreído pero aún así he abierto la puerta de su casa sin dudar de irme y él me ha acompañado al ascensor, y se ha interpuesto con sus caderas entre él y mi marcha pero yo me voy contra la pared del fondo y le digo ‘adiós’ con la mano, de esa misma manera en que una niña tímida te saluda desde detrás de un árbol cuando tú la saludas porque la has descubierto mirándote con curiosidad. Y cuando salgo del portal estoy mucho más confusa y he cruzado el semáforo en rojo, justo cuando los coches se ponían en marcha y me ha asustado mi propio estado de desorientación, casi hago que me atropellen. Y Alma sabe que me ha sucedido algo en cuanto entro por la puerta. ¡Qué pálida estás!, dice. Y una hora más tarde mientras hablo con ella y le cuento ‘el encuentro’ me llega un mensaje suyo:

23h56min… Bonita despedida. No sé si podré superarlo y volver a besar a alguien de nuevo. A pesar de todo fue estupendo conocerte en vivo

– Y yo hasta el par de días… (le estoy diciendo a Caloma) no supe que quería volver

Y Caloma después de mi historia sigue manteniendo que le gustaría verme y hablar en persona. Pero dice hablar, no dice besarme. Y yo elijo las armas: un parque en la noche, porque si confío así… es que confío.

03/01/2005 09:12. Tema: . . .

María:
En esa misma conversación con Carloma cometo un error. Le digo que odio el teléfono. Y no es exactamente así. Puede que me corte hablar por hablar por teléfono pero no quiero que eso suponga para él ningún handicap. Es más me gustaría no haberlo dicho. Y sé que como es él, ya no va a marcar mi número nunca. Y ni siquiera puede que me envíe un mensaje con tranquilidad. Le digo que el teléfono es sólo para dar avisos. Pero eso no es así. Un mensaje que te llega de alguien que te gusta es siempre un motivo de alegría. Como por ejemplo la que yo experimento cuando el día de año nuevo él contesta al que yo le envié. Y me gusta que me llame chiquitina y que utilice la expresión revoltosa para dirigirse a mí. Porque esas son las sensaciones que yo le provoco, y no me suenan a viejas ni a gastadas.

BESO

– VLADIMIR VERA –

2 Responses to “LOS BESOS DE LAS EXPLORADORAS”

  1. lasalamandra Says:

    hermes:
    Me ha encantado esta expresión:
    “le obsequié con una negación más tajante que la anterior”
    No sé como no te puedes dar cuenta de lo que puede temer un hombre cunado se niega a besar (mas bien a besarte a ti). Tu eres inteligente, capaz de controlar situaciones. Los hombres tememos cosas así y creemos que debemos enfrentarlas con un gran pene, creo de ahí viene la negativa al beso, al temor de no dar la talla después.
    2005.01.04 11:59

    Susana:
    Hombre! me gusta la interpretación de Hermes a la negación de un beso, “temor de no dar la talla después”. Nunca lo había pensado así, pero a partir de ahora procuraré que sea la única opción que se me ocurra ;-).

    Sobre lo otro, la historia con Maxi ya no te digo nada :-) un beso.
    2005.01.04 19:24 email: Campanilla698 (arroba) hotmail.com

    Odalys:
    Los hombres temen mucho al rechazo y no se lanzan si no van al seguro, muchas veces.
    La otra parte es cuando levantamos, sin querer, una coraza que se nos ha adherido con el tiempo, como nuestra propia piel. Por eso a veces da rabia que la lengua esté tan suelta y se nos vayan frases así, pero si del otro lado hay ganas, no te preocupes, llamará :)))
    2005.01.04 20:26

    Restallón:
    Pues encantado de alegrarte. La alegría es mutua.

    Antiguamente, que un hombre pidiese un beso a una mujer en una primera cita era algo que la descolocaba. Hoy pasa lo contrario. Interesante. Todo depende de lo que se busque. Para una aventura rápida, cuanto menos preámbulo mejor: no hay tiempo que perder. Dicen que no hay como una inflamación súbita para quemarlo todo en unos instantes. En este mundo en que te puedes morir mañana, o envejecer pasado mañana, y ansiamos vivir el momento (carpe diem), no se concibe el placer de un cariño progresivo, para una pasión intensa pero de largo recorrido. Que tampoco es lo que te interesa, por lo que he podido leerte. Lo que te sorprendió fue que, después de todo, un abrazo “normal” te transmitiese algo. Eso también es interesante.

    Hasta otra ocasión, y me alegraría ser tan bien recibido, un_sabbat
    2005.01.04 20:51

    sabbat a Susana:
    Hermes tiene un sexto sentido Susana… a veces huele a muerto ;)

    Pero su teoria solo funciona en el caso de que despues de pedírselo y negarte el beso sigan insistiendo en llevarte a cenar. Entonces sí es miedo a… y no que pasan en estéreo de ti, jaja
    2005.01.04 21:29

    sabbat:
    Ayer estaba hablando con una viejecita de 63 años y me dijo lo siguiente: ‘No te engañes Carmen. A las que nos acostábamos con los tíos en la época en que si no te acostabas lo que eras era un estrecha, también nos llamaban putas’. Así que hay cosas que no cambian

    Y en eso que dices yo ya no creo, será por qué invertí demasiados años en ello, en lo del cariño pogresivo para una pasión de largo recorrido y lo que me dieron fue por el culo en estéreo (lo siento pero tengo que utilizar esa expresión porque define). ¿Mala suerte? Ya no me voy a detener a averiguarlo. He quemado todas mis naves. Y si algo tiene que ‘ser’ es independiente de como empiece. ¿Por qué temerle al Amor? ¿acaso se gasta? Entonces digo yo que no sería amor y sí, las inflamaciones súbitas para quemarlo todo en un instante no serán amor pero dice mi abuela que a falta de pan buenas son tortas.

    ¿Pero por qué concluyes que no me interesan las pasiones intensas de largo recorrido? Me interesan muchísimo. Tanto como me interesa que me toque la lotería pero es una cosa similar si no se juega… y aún así…
    2005.01.04 21:47

    sabbat sigue a Restallón:
    Y soy una mujer muy instintiva y afectuosa. ¿Parezco otra cosa aquí por cómo escribo? Estoy abierta a sentir y adoro los abrazos. Los que son de verdad y me aprovecho de ellos mientras duran pero cómo no tengo un compromiso con nadie pues me veo en la obligación de buscarme la vida. Y si algún día llegara a tenerlo pues me quedaría y lucharía pero por alguien que yo sienta que me merece la pena, no por más personas, desde luego, que lo único que saben es dejarse querer. Los herbívoros sólo sirven para comérselos y ser A posible con patatas fritas, como la longaniza.

    Cuídate :)

    ( y besos a Odalys)
    2005.01.04 21:47

    salva:
    ¿”Viejecita” y sólo tiene 63 años? :)
    2005.01.04 23:03

    sabbat:
    Si ella se llama a si misma viejecita, yo no soy quién para llevarle la contraria ;)
    2005.01.04 23:16

    salva:
    Tengo curiosidad por la teoría esa acerca de los hervíboros y los carnívoros.
    2005.01.04 23:26

    sabbat:
    Los caracoles sienten curiosidad por saber lo que hay al otro lado de la carretera y yo creo que la mayoría mueren destripados bajo las ruedas de los coches. Deberías tenerlo en cuenta ;)
    2005.01.05 00:03

    salva:
    Uf, que falta más llamativa: herbívoro. Y sobre los caracoles…, creo que no les mueve la curiosidad :)
    2005.01.05 00:11

    hermes:
    Me he reído leyendo lo que provoca la curiosidad de los caracoles, pero aún mas con mi sexto sentido, bueno, no lo tengo, lo que tengo es MUCHA experiencia (casi como Sabbat) y además yo soy uno de los que teme dar la talla, por eso sabía de lo que hablaba.
    2005.01.05 10:59

    Odalys:
    Pues hoy me lo he vuelto a leer todo y me ha encantado. Detrás hay miedo, quién no lo siente? Es constatar rápido algo, con la prisa del sentimiento de que no hay tiempo, se hace tarde… para qué?
    Creo que de alguna manera necesitamos saber en qué forma afectamos a otro, más que nada para reafirmar algo personal a través de los demás. A lo mejor me enredo. Me ha gustado mucho.
    2005.01.05 16:01

    Carmen:
    ¿Para qué? Porque la persona que siente ese ‘no hay tiempo’ lo está sintiendo de manera inevitable, cree que podría morir en el instante siguiente y apura, apura las copas, pero también amanece al día siguiente y reflexiona, y sigue pensando que no se precipitó, que besar a un hombre que no te desagrada nunca es precipitarse porque el fin mismo es el placer del beso, un placer mutuo, un beso en el que los que se besan son dos. Y ese podría ser el único beso. Vivir como si fuera lo único que importara y cuando se permanece aquí, y se escribe sobre aquello… vivir como si esto fuera lo único que importara: disfrutando del placer de recordar aquel beso y lo que llevó a aquel beso.

    No sé… yo soy así. Es tal vez esa parte en la que tú y yo tenemos un tiempo diferente y tú dices que tal vez dentro de ti hay una mujer como yo pero si la dejases manifestarse ‘ella’ no haría sentirse cómoda a la Odalys que te gusta ser la mayor parte del tiempo :)

    Tú no te enredaste. Y en el miedo de Max había sólo lo que Hermes manifestaba :)

    Un beso y gracias de nuevo por tus comentarios. Me matizan.
    2005.01.05 16:34

    Odalys:
    No sé Carmen, será que ando un poquito no feliz :(
    Una vez viví apurando cosas como si el final estuviera cerca, pero final no me parecía muerte y tenía que andar aprisa, se me habia hecho tarde para tantas cosas y era apenas la manera de escapar de una realidad plana, predecible.
    Por eso me gusta besar, sobre todo la proximidad del beso, pero sin premura, aunque sea en medio del peligro. No siempre hay tiempo para un beso más y a veces me doy cuenta cuando pasó el instante :(
    Pero otro día lo veré de otra manera. Ya no sé si siento miedo o de intentando vivir, me morí hace tiempo. Gracias a tí y sigue siendo :)
    2005.01.05 20:26

    Odalys:
    Y no creo que busque ser esta Odalys, ni siquiera que me guste; cuando no pienso nada y sólo vivo, podría llamarme de cualquier forma porque no siento ni este cuerpo. Tal vez la que escribe no es la que camina por ahí, ¿quién sabe? sigo leyendo.
    2005.01.05 20:29

    sabbat:
    Y yo no sabes cuánto te agradezco estos comentarios :)
    2005.01.06 04:35

    hermes:
    Odalys:
    Cambio un poco tu frase que parece mía:
    Yo sé que si siento miedo y no intento vivir con él, pues me morí hace tiempo.
    2005.01.06 16:47

    sabbat:
    Pues yo destesto que os rindieseis. Me gustaría saber hacer algo, lo que fuera por cambiar eso
    2005.01.06 16:50

    Odalys:
    Al menos lo intentamos, ¿cierto Hermes? Creo que si estamos vivos puede ser por tercos o porque de alguna manera no nos hemos dado del todo por vencidos y la vida lo sabe.

    Es cierto que “nunca el amanecer estuvo más cerca que cuando la noche fue más oscura” y hoy vuelvo a ver luz. Gracias Carmen, a veces una bofetada obra milagros.

    Anoche caminaba, iba cantando:
    “ven que quiero saber, si me eres infiel, con los sueños; pues de amor estoy herida, necesito un nido. No es muy tarde, verás; no me dejes amar, tu recuerdo; mandaré mi canción que pregunte por tí, con el verso; lucharé contra el sol y mi espada será, tu reflejo; y será, como siempre será, que me desarmará… con un beso”
    ¿La han escuchado? Tiene una letra y una melodía muy bonita y a lo mejor me vino el recuerdo por aquello del “beso”, pero no quiero recordar, estaré atenta ;)

    He estado haciendo algo para un amigo que cumple años en estos días y grababa cosas y me escuchaba, no sé dónde ni cuándo, perdí los contrastes, ya no grito ni peleo por nada y no me parece sanote, como dice Luis; así que voy a por matices.
    Besos a todos. Sabbat, no seré muy valiente pero a cabezona, te reto :))
    2005.01.06 17:36

    sabbat:
    Besos Odalys. Cientos de ellos :)
    2005.01.06 18:13

  2. candelaarias Says:

    134 visualizaciones

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