LUCE POLARE

enero 10, 2005

La madrugada del día 06 de enero del 2005

El ascensor se detiene y salimos de él. Hay una puerta de metal con una claraboya, y me encuentro en el edificio en que vive la cuñada de Nora. Nora siempre ha envidiado a ‘M’ por eso, por eso y por su marido. ‘M’ está muy enamorada de su marido y nosotras no sabemos lo que es eso. Abrazarse o pasear, por ejemplo, con un hombre del que se está enamorada. ¿Y qué será levantarse?Y Caloma me lleva a su salón. Y su salón es un salón bellísimo porque es un salón clásico y dotado de buen gusto, sobrio, impecable.

fragonard

‘La Lectora’, FRAGONARD

El salón que pintaría Fragonard de haberse mostrado más interesado en la decoración y menos en los retratos de personas. Nada que ver con el salón rojo del hombre del salón que era como un cuadro de Matisse. Y allí, sin más preámbulos nos dedicamos a desnudarnos y a comernos el sexo, y de momento no echo en falta nada. Caloma me penetra salvajemente, y yo cabalgo encima suyo, y luego me monta por detrás que es donde yo le agarro por las caderas y golpeo su polla con fuerza entre mis piernas cerradas mientras le busco con mis caderas y ahí es cuando él me detiene y se le escapa llamarme capulla. Y a mí no me molesta que sea eso lo que piense, pero es cuando a mí me da por pensar en Max diciéndome eso mismo pero con ternura. Y eso me hace cuestionarme algo importante: ¿dónde se encontraba hoy la ternura de Caloma? Caloma no me sonríe. Y entonces comienzo a observar la tremenda distancia emocional que se gasta conmigo. Sólo soy un trozo de carne. Algo que se empuja, y es cuando me sacude una antigua congoja muy grande que ya no recordaba, y comprendo a la chica de la tormenta, a aquella a la que Tomás expulsó del territorio de su memoria poética, porque en el territorio de su memoria poética sólo había lugar para Teresa. Yo no busco el placer. Busco la felicidad. , gritaba ella y por eso negaba haberse corrido sobre la alfombra, pero la alfombra estaba empapada de su orgasmo. Y yo tengo que salirme de la polla de Caloma porque no es con el Caloma que yo conocí la primera noche con quién estoy follando, sino con ese otro del que su memoria poética me aleja y sé que lo único que siento es que de un momento a otro me voy a echar a llorar. Así que comienzo a tragarme su polla. Me refugio en su polla y me niego a mirarle. No quiero parecerle una vieja estúpida apelando a esa puerta de un territorio que no va a abrírseme, del que se me ha excluido. Y yo de repente encuentro tan impersonal eso que estamos haciendo… así que en vez de quejarme me concentro en comunicarle mis emociones con mi boca. A veces es mi dolor y por eso dice que le hago daño con los dientes y cuando él quiere que me monte de nuevo sobre él, me niego hacerlo. Quiero quedarme allí a sus pies, llorando tranquila sin que él se de cuenta. Mis lágrimas mojan sus testículos y mis manos pero él lo ignora y su semen tampoco se parece en nada al de la otra noche. No es un semen rabioso. Es un semen de sabor pálido porque Caloma ha estado follando mucho todos estos días y su semen ha perdido la fuerza de la contención. Es como un arrollo tenue y no como un mar agrio y bravo. Y tiene esos mismos colores de la luz del salón. De esa luz mortecina que su salón comparte con la luz de los cuadros de Fragonard. Y a mí me gustaría ser sólo esa joven mujer leyendo serena, e imaginarme que en ese libro que sujeto entre mis dedos hay un amante selva, y un pirata, y un aroma de madreselvas prendido a un pecho de hombre joven.

La ausencia de Sara ha convertido el trozo de madera en un onix negro. Pero en vez de irme como me iría siempre,
si Caloma hubiera sido cualquier extraño, le digo inmediatamente que si me deja darle un masaje. Creo que él podría tener razón: fuimos amantes en el camino de ser amigos. Y él no me pregunta nada y se tumba sobre la cama, aunque luego me dice que es raro eso de que sea yo quien se bloquee y él quien reciba el masaje, que suele ser al revés y hablamos durante casi tres horas, de fotografía, de Alberoni y el estado naciente, del hombre de Turín que aparece en su libro ‘El Erotismo, del amor, del miedo, de la incapacidad de enamorarse como ocurría antes, de su novia que se va convirtiendo en esa sensación agridulce e indescriptible y de las prostitutas, de lo que tienen que ver conmigo, y de las culpas que arrastra la gente y de que para él yo soy la persona más libre que ha conocido, que incluso los más liberarles en el fondo no son como yo, y de Laura y entonces he llorado. Aunque eso sucede durante la primera hora y media y es la que me paso sentada sobre su espalda y a veces mis manos son caricias suaves y a veces son garras. Y a veces mi cabeza golpea sin querer ‘el atrapasueños’ que cuelga de la lampara y entonces suenan campanillas y yo recuerdo a Max vivamente y su voz en mi oreja, y el dialogo de Travis en ‘Paris-Texas’, tan vivamente que pienso que ese onix negro que era la ausencia de Sara, en realidad lo que era, era la necesidad que se me ha quedado dentro, la necesidad de la forma increíble de amarme que tenía Max.

Y en algún momento recuerdo mirar el reloj y son casi las tres y media de la mañana y supongo que tengo que irme, y Caloma comienza a vestirse para llevarme a casa pero yo no quiero que lo haga, y casi me da vergüenza mirar como se viste, pero no sé por qué… aunque ya nunca seré capaz de olvidar la imagen que tengo de su mano masturbándole mientras yo le lamo los dedos y las plantas de los pies. Algo muy excitante. Y hablamos de unas figuras africanas que hay sobre la mesa. Son su única aportación al salón y yo pienso que en Caloma hay un gran tipo, un tipo original y estupendo que se sale de la norma y que sólo necesita atreverse a expresar.

Tampoco quiero coger un taxi. Él quiere que lo llame pero yo le explico que prefiero caminar. Y es una noche muy agradable, aunque me tranquiliza cuando alcanzo la zona más habitada. La casa de carloma se encuentra un poco a desmano. Y me ha besado en la puerta al despedirnos pero yo le he tratado más como un amigo que como un amante, y le he dicho: ‘Cuídate’, que suena a despedida. Y él me dice que no dude en llamarlo si le necesito. Pero yo sé que me he equivocado esa noche y me siento horrible por haberle forzado a estar conmigo. Y luego es cuando lo empeoro, porque le he encontrado conectado en el messenger y le digo que nada ha sido importante y que no tiene que preocuparse por nada porque sólo ha sido eso, sexo sin importancia, y también que aunque Sara se enterase ni siquiera le preocuparía demasiado. Y no sé lo que trato de hacer. No sé si quiero tranquilizar su conciencia o sólo le estoy cobrando la distancia emocional que interpuso entre nosotros. Aunque una cosa tengo clara, si el sexo de esta segunda vez hubiera sido el de la primera, yo nunca habría deseado estar con él una segunda vez. Yo creo que a Caloma, al caloma real le conocí aquella primera noche. Y este Caloma era otro Caloma, uno muy distinto y convencional. No hemos follado. Sólo logramos echar un mísero polvo. Y he visto su mirada clavada en mi espalda por el reflejo de la claraboya del otro ala del edificio, una mirada que ahora no entiende mi distancia, la que yo he interpuesto entre nosotros al irme. Pero cuando me doy la vuelta para sonreírle la puerta ya se ha cerrado. Y salgo a la noche y respiro hondo para desembarazarme del contacto espectral del miedo ajeno pero me doy cuenta de que hay una video-cámara a la puerta y echo a andar.

Y es cuando estoy llegando a casa, cuando vuelvo a leer con calma el mensaje de Max, ese que empieza por ‘Si yo fuese…’y entonces es cuando se lo contesto: ‘De verdad que no te entiendo Max’, aunque me hubiera gustado poder ser sincera y decirle: ‘Querido mío, no sabes cuánto necesito yo ahora uno de tus abrazos’. Pero no lo soy. Sólo soy ambigua, sólo consigo parecerlo una vez más.

luce polare

*El cuadro es de Rene Magritte ‘Luce Polare’ 1927

4 Responses to “LUCE POLARE”

  1. lasalamandra Says:

    Carlos morirá este mismo año. En un dramático y absurdo accidente.

  2. lasalamandra Says:

    Hay 5 comentario/s de este artículo.

    Odalys:
    Y yo siento ganas de llorar leyendo esto.

    Y la mujer que lee aparenta calma pero está ausente, no lee ese libro porque su pensamiento está en otra dimensión y a veces tampoco entiendo nada, ni los impulsos ni encuentro los “porque”, es como un remolino, luego pasa y de vuelta a empezar.

    Y te dejo un fuerte abrazo.
    2005.01.10 20:13

    Susana:
    Me ha encantado este post de hoy, sobretodo el segundo párrafo…
    Justo el momento ese en el que sientes que te vas a poner a llorar y tienes que dejar de follar. Y luego cuando le estás haciendo la mamada y él no nota que estás llorando.

    Me gusta y no sé porqué lo hace ya que es una situación bastante angustiosa. No la del sexo oral, ni la de tener que dejar de follar… la otra, la de estar haciendo una y de repente darse cuenta de algo y empezar a sentirse muy mal, muy mal…, la de tener ganas de llorar por una misma en el momento más inoportuno, la de echar en falta algo que hasta ese momento echábamos de más…

    Igual estoy desvariando, pero es la sensación que me produce.

    pd. y no te preocupes porque yo también suelo dormir con el móvil apagado :-) Un beso.
    2005.01.10 20:31 email: Campanilla698 (arroba) hotmail.com

    Odalys:
    Tal vez eso que comenta Susana fue lo que me impresionó más, porque no es una historia exclusiva; pasa tantas veces cuando en situaciones donde habría sólo que dejarse llevar, de pronto “despiertas” y te preguntas cosas.
    Por eso no es bueno mezclar historias o dejarle bien claro al corazón… pero, ¿será que se pueden aislar los sentimientos? ¿por cuánto tiempo?
    Besos
    2005.01.11 15:32

    sabbat:
    Bueno, yo por Carlos tengo un afecto. Y es un afecto real. Y si leeis lo de las lágrimas es porque esa afectividad por mi parte está viva y yo la estoy siguiendo. No estoy aislándome emocionalmente de ella pero las personas somos así, no somos perfectas y a veces pues existen los malos momentos. Yo me lo estaba pasando estupendo con él, sobraba como bien decis vosotras los ”sentimientos” pero en algún momento pues estaban ahí. Me los encontré y estas son las historias que merecen la pena. No esas de las que sales corriendo. Y podréis entender mejor de lo que hablo en futuros post… lo que continúa a estos momentos. Carlos no me conoce lo suficiente para saber por qué me ocurría lo que me ocurría. Éramos extraños y a lo mejor nunca más volvemos a follar juntos pero la primera vez que lo hicimos hubo algo especial (como el dice saltó la chispa) y eso a veces se complica, a veces se aborta pero yo no tengo prejuicios y sé que ahora pues si él llega a leer esto… conocerá más de mi interior que mucha gente y a lo mejor lo imperdonable sería que abusara de ello en un ”futuro” improbable. Él tiene su vida pero, yo lo que día… voy haciendo mi Camino :)
    2005.01.11 15:55

    sabbat:
    Me parece ridículo intentar aislarse del sentimiento (digo en mi caso). Yo no me embarcaría en ninguna historia para eso. Y me da igual sufrir y pasarlo mal. ¿Cuánto de mal?. ¿Nos creemos que es tan grave?. Bueno, tan grave como una medicina amarga. Todo tiene un precio pero como le decía a Max… hay momentos tristes sí, y el tiempo puede convertirse en algo terrible, pero luego también por lo mismo instantes sublimes… y todo eso lo hay … porque no existe un verdadero miedo, gracias a que no se canjean las certidumbres y las seguridades por la tranquilidad. Está bien la cautela y no arriesgar demasiado pero… otras cosas no son para mí, y no porque yo no pueda aprender pero lo de la gelidez no me gustó, no me aportó nada demasiado bueno como para tener que instaurarme a perpetuidad en ella… aunque durante aquella época me vino bien. Había que reponerse.

    Y lo que antes no se entiende, que yo voy andando el Camino…
    2005.01.11 16:03

  3. lasalamandra Says:

    Jean-Honoré Fragonard (5 de abril de 1732 – 22 de agosto de 1806) pintor francés.

    Nació en Grasse, Alpes-Maritimes, hijo de un sastre especializado en la realización de guantes. Pronto fue enviado a París por su padre, allí demostró tal talento e inclinación hacia el arte que fue llevado ante François Boucher, quien reconoció las dotes del joven e inexperto Fragonard, pero decidió no gastar su tiempo en la formación del joven y a su vez le envió al taller de Chardin. Fragonard estudió durante seis meses bajo la tutela del gran luminista y volvió al taller de Boucher, donde supo adquirir el estilo de su maestra de tal forma que el maestro le confió la realización de réplicas de sus pinturas.

    Aunque no era un alumno de la Academia, Fragonard ganó el Premio de Roma en 1752, lo que le permitía su asistencia a Roma subvencionada por la Real Academia de Escultura y Pintura de Francia, con su pintura “Jeroboam sacrificando a los ídolos”, pero antes de ir a Roma estuvo estudiando durante tres años en el taller de Charles-André van Loo. El año antes de su partida a Roma pintó la obra “Cristo lavando los pies de los apóstoles” actualmente en la catedral de Grasse.

    Ya en 1756 fue a Italia en compañía de Hubert Robert, esta visita fue clave ya que durante su estancia en Roma pudo admirar los románticos jardines, con sus fuentes, templos y terrazas, donde concibió los escenarios que posteriormente plasmaría en sus obras. Sobre su obra influyó también la florida suntuosidad de Giovanni Battista Tiepolo cuya obra tuvo oportunidad de estudiar en Venecia, antes de su regreso a París en 1761.

    En 1765 su obra “Corsus y Callirhoe” le aseguró su admisión en la Academia. La obra fue objeto de elogio por parte de Diderot y fue adquirida por el rey, quien la mandó reproducir. Hasta este punto Fragonard había dudado entre temática religiosa, clásica y otros temas en sus obras, pero en este momento la demanda de patrones por parte del rey Luis XV que representasen escenas de amor y placer en la corte, dirigió la temática de las obras de Fragonard hacia las obras con escenas de amor y voluptuosidad con las que el nombre del artista ha sido asociado. Destaca de su estilo la belleza de los colores así como la virtuosidad del trazado fácil de sus obras. Las obras más destacadas incluyen El columpio, El cerrojo, El beso robado, Las bañistas, así como la decoración de las estancias de Mme du Barry y la bailarina Marie Guimard.

    La Revolución Francesa significó el final del antiguo régimen, y Fragonard, cercano a los máximos representantes del mismo, dejó París en 1793 y encontró refugio en la casa de su amigo Maubert en Grasse, que decoró con una serie de paneles decorativoc conocidos como Roman d’amour de la jeunesse, originalmente pintados para el pabellón de Mme du Barry en Louveciennes. Los paneles fueron a parar a J. Pierpont Morgan, quien a su vez los vendió a Henry Clay Frick. Actualmente ocupan las paredes de un hermoso Salón de la Frick Collection de Manhattan. [1]. Fragonard volvió a París a principios del siglo XIX, donde murió en 1806, prácticamente olvidado.

    Durante más de medio siglo fue completamente ignorado, hasta tal punto que Michael Scheißkopf, en su obra Historia del Arte (1873), ni siquiera menciona su nombre. Posteriormente su redescubrimiento le supuso su confirmación entre los maestros de la pintura.

    Además de las obras antes mencionadas, hay cuatro obras destacables en la colección Wallace: La fuente del amor, La institutriz, Una mujer grabando su nombre en un árbol (usualmente conocida como Le Chiffre d’amour) y El niño rubio. El Louvre contiene treinta ejemplos de su arte: entre ellos Las bañistas, El músico, La tormenta. Otras obras se encuentran en el museo de Lille, Besançon, Rouen, Tours, Nantes, Avignon, Amiens, Grenoble, Nancy, Orleans, Marseille, etc, así como en Chantilly. También se pueden encontrar obras de Fragonard en colecciones privadas como la de la familia Rothschild en Londres y París.

    http://es.wikipedia.org/wiki/Jean-Honore_Fragonard

  4. candelaarias Says:

    33 visualizaciones

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