Tan normal… tan peligrosamente normal… y demasiados nombres de hombres…

enero 10, 2005

Viernes, 07 de enero del 2005

Le regalé el libro de Marías a Coga, y le hizo ilusión, aunque una ilusión bastante relativa, y eso que llevaba como cosa de catorce años sin hacerle ningún regalo. Y la culpa la tuvieron aquellos primeros o segundos reyes que pasamos juntos. Luego le dije que tenía que pensar que en el caso de un divorcio él se quedaría sin libros porque casi todos los libros son míos y entonces me miró de esa manera en que a veces me mira para valorar si debería tomarme en serio o si sólo bromeo como es lo habitual. Y yo sólo bromeaba pero de hecho todos los libros me pertenecen a excepción de unas enciclopedias que él se compró cuando estaba aún soltero, en una de esas ofertas globales que hacen algunas editoriales a los trabajadores de una empresa. Así que cuando se lo recordé el asunto del libro terminó por hacerle gracia.

Y no salí en todo el día de casa. Se me olvidó contarte que el tío de Laura me envío un mensaje que decía:

‘Mañana te bajo los Cds a las cinco al parque’Se refería al día de la cabalgata. Y yo le contesté en cuestión de un minuto:

‘Imposible: no estoy en Asturias’Claro, ¿no se supone que estoy en Australia? Y me dan ganas de decirle que se meta los discos por el culo y si no fuera por el programa de fotografía… De hecho lo que me gustaría realmente es que alguien me acompañara a esa cita pero ya no existe nadie y tampoco sé exactamente con qué fin. Y por la noche logro conectarme con Carlos, y todo se aclara y mientras nosotros hablamos asoma Max, y dejo a Carlos en compañía de otra chica y me pongo a hablar con él. Los dos estamos sarcásticos. Bueno, yo mucho más pero de una forma muy divertida. Y hay un momento en que él me dice:

– Con el tiempo he llegado a creer en eso que dices de que eras normal… extremadamente normal… especialmente normal… sobrenaturalmente normal…– Sí pero normal. Absolutamente normal. Indiscutiblemente normal.

– Posiblemente ahí esté lo especial…

– No hay nada de especial Max. Pero nada

– En ser clarividentemente normal… peligrosamente normal…

– Bueno, deja de adjetivarme. Normal sólo es normal.

– … atrayentemente normal… irresistiblemente normal

Y luego es cuando me comunica que ha vuelto a responder a alguno de esos besos virtuales y que el problema con su Doña Inés estaba en que antes de conocerla a ella me había conocido a mí. Así que como yo soy idiota, absolutamente idiota, indiscutiblamente idiota, cuando él se marcha me pongo a hablar con Carlos otra vez y le cuento cómo están las cosas, y Carlos me sugiere que debería darnos a ambos, a Max y a mí, una nueva oportunidad. Lo cierto es que no sospechaba que mientras hablaba con él o mejor dicho, mientras me negaba a hablar con él, por debajo estaban bulliendo emociones tan poderosas como las que existían. Es más si llegué a sentirme tan dolida tenía que ser por algún motivo de peso. Y bueno, su comportamiento no lo había sido pero mis sentimientos si suelen serlo para mí.

Y es al mediodía del día siguiente cuando descubro que tengo un problema, aunque no sé cómo de grave. Resumiendo: hay alguien entre mis contactos, alguien que me pidió acceso en algún momento, que dice que me conoce y que desea verse conmigo porque le parezco una mujer muy sexy y atractiva. Y lo asombroso es que él me asegura que nos conocemos y que los dos nos gustamos, y yo me asusto porque pienso que podría ser el acosador. Así que inmediatamente le envío un mensaje a Max como si aún pudiera contar con él, como me dijo:

Me ha sucedido algo que me preocupa y estoy un poco asustada13h37…. Me gustaría que me lo contases.

¿Cuándo me invitas a tomar un café en tu salón?

13h44min… Hoy tendré que salir a partir de las 4 y ya no tendré tiempo. Tendrá que ser antes o mañana.No puedes darme un anticipo?. Estoy conectado.

14h06min… (”Pieza tocada pieza movida” ¡Que bonito!). ¿El problema de que me hablas se llama Laura?

No, ese problema no es Laura y lamento haberte puesto en un compromiso. Olvídalo. Un beso.

15h17min… No quiero olvidarlo ni me has puesto en ningún compromiso. Me gustaría que me lo contaras pero tú decides.

Y en esos momentos no razono. Considero que nada ha cambiado, que ellos siguen juntos y yo decido seguir adelante y como estaba previsto con mi vida. Se acabó. Y recibo noticias del hombre crepúscular y eso me provoca una gran alegría porque él piensa que escribiendo soy maravillosa y que comunico siempre. Y luego coincido con Enol y de alguna manera nosotros también hacemos planes, y él me sigue llamando princesa y me dice que nunca he sido inocua, que soy un pequeño tsunami, y cuando yo le aseguro que me resulta gracioso que me diga eso, él dice que no le parece nada divertido, que de una forma u otra siempre dejo mi marca sobre la arena y quiere decir, supongo, que dejo mi huella en los demás, aunque en él sólo haya dejado un pequeño surco… Y hablamos de Cristina. Enol piensa que si yo la conduzco con suavidad podría hacerla muy feliz. Y yo le aseguro que pocas personas pueden ser tan suaves como yo, y él dice que lo sabe pero que también pocas pueden ser tan brutales. Brutal pero como la seda. Eso dice. Y luego hablamos de su mujer pero tiene que irse. Ha comenzado su fin de semana.

Y a los pocos minutos es cuando suena el teléfono y es ‘T’, el hombre del Camino. Y reconozco que si no me hubiera sentido tan molesta con Max, lo más probable es que ni le hubiera contestado pero lo hago y él por fin escucha mi voz y ahora está seguro de que soy exactamente quién digo y nos reímos mucho porque me resulta simpático (maldito ‘efecto halo’) y además yo tengo unas ganas especiales de reírme. Y cuando me dice que le apetece mucho viajar para verme al día siguiente… yo sin pensarmelo demasiado, pues me animo y le digo que si se viene nos conoceremos. En principio hemos hablado de tomar un café y yo en ningún momento me he tomado demasiado en serio sus correos. Realmente yo no suelo tomarme nada demasiado en serio. Sólo mis sentimientos, los sentimientos de las personas que me importan y mis compromisos. Lo que no suelo hacer jamás pero si yo elijo comprometerme puedes estar muy seguro, por eso mismo, de que no será uno de esos compromisos a la ligera o de esos otros que no significan nada. O por lo menos a mí me gusta pensar que ”mi palabra” vale algo, aunque es muy factible que en eso también esté muy equivocada.

Y él me cuenta que en San Sebastian la gente camina por la calles cargada de bolsas y es evidente que le apetece seguir charlando conmigo y que le sirve cualquier tema pero yo le miento y le digo que estoy a punto de recibir visitas, aunque también le he explicado en varias ocasiones, por carta, que no me gusta demasiado el teléfono pero él entonces tiene una expresión que me resulta, cuanto menos, curiosa: ¿Y a ti qué te importa el tiempo si pago yo? Y no sé bien cómo tomarme eso pero tampoco quiero concederle más importancia de la que tiene a una expresión que utiliza tantísima gente. Aunque…

Y Nora me llama y se lo cuento, aunque no le gusta nada que lo haga pero no porque se preocupe por mí si no porque ella se encuentra amargada. Ahora ya ha conseguido uno de sus objetivos. Su marido ha invertido el dinero que le han dado por la expropiación de unos terrenos, en cancelar la deuda de su coche (el de ella), pero Nora no contenta con esto, ahora quiere que antes de separarse él también invierta su dinero en las reformas del baño y de la cocina. Y bueno, la verdad es que le gusta muy poco que yo le recuerde todas estas cosas de las que ella me habla y que son lo único que la ata a su marido. Porque lo cierto es que si no fuera por sus intereses… hace muchos meses que si lo deseara podría ser libre. Pero no, lo único que hace es quejarse. A todas horas. Y eso está muy bien. Si a mí me parece estupendo pero qué solución vamos a darle los demás. Sobre todo cuando los motivos para permanecer a su lado, son de esa índole, en exclusiva.

Y luego llamo yo a mi madre y también se lo cuento. Creo que es necesario que sepa de mis movimientos y sobre todo si estos pueden resultar peligrosos. A veces el instinto… No, pero no, no creo que el instinto se equivoque, en todo caso nos equivocamos nosotros, la mente pensante. El instinto siempre avisa. Y le leo la conversación íntegra que tuve al mediodía con ese hombre que dice conocerme y después de decirle: No. Lo siento. A mí no me gustan las trampas , e irme abruptamente, recibo el siguiente correo:

Hola María, me dolió que te fueras asi,
veras, … se que te gusto a ti tb, cuando me veas.
Pero no puedo decirte ahora quien soy.
Cuando me veas sabras el motivo.
Solo te digo que abras tu confianza,
no te decpcionare. Seremos buenos
amigos y tal vez mas cosas.
Depende de ti y tb de mi.
No lo estropees.
Por cierto me encantaria besarte.
Contestame
.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.

hombre

(*La foto fue la que él me envío. Dice que es suya y que se la sacó un amigo fotógrafo profesional, el año pasado. Y que ahora la única diferencia es que tiene el pelo más corto)

2 Responses to “Tan normal… tan peligrosamente normal… y demasiados nombres de hombres…”

  1. lasalamandra Says:

    Bueno, esa no es la foto en cuesitón pero es tan nauseabunda como el tipo que haya detrás de ese correo me lo resulta. Porque sospecho que aún sigue detrás de mí. Y no sabe lo que se puede encontrar. Qué desagradables sois los acosadores.

  2. lasalamandra Says:

    Hay 3 comentario/s de este artículo.

    salva:
    A mi no me gusta confiar a ciegas, así que no me gusta nada esto: “Pero no puedo decirte ahora quien soy”, ¿por qué el motivo, la explicación, tiene que esperar a que te encuentres con él?
    2005.01.11 00:21

    Luis:
    Existen las emociones puras. Son sentimientos que intuimos (casi sensaciones) y que todavía no hemos etiquetado. En cuanto les ponemos un nombre se convierten en otra cosa: algo, probablemente,más adaptativo…pero menos verdadero.
    Me flipa tu capacidad para sentir las emociones en ese instante difuso, no clasificado…¿nunca tienes miedo?¿no te preocupa el torbellino de sensaciones?.
    Me encanta leerte.
    un beso.
    2005.01.11 17:33 email: luis.muino (arroba) elhabitatdelunicornio.net

    sabbat:
    ¿Sabes? Un día tendrás que explicarme que quiere decir eso de ese ‘instante difuso y no clasificado’. ¿Los instantes cuándo se viven pueden ser otra cosa que instantes difusos y no clasificados? :)

    Miedo, si claro, pero el miedo no me disgusta demasiado, aunque hay un miedo que sí, un miedo incomprensible que no logro perder de vista pero no quiero hablarte ahora de ello… otro día, en otro post si acaso, y yo te lo escribo y tú si quieres me lo comentas o no… tampoco te digo cuando lo haga pero creo que no me preocupa el torbellino de sensaciones porque he vivido tantas veces, tan imposible de escapar de él, ese otro miedo del que te hablo que… todas las sensaciones son diminutas en comparación con el recuerdo de aquellas… más agradables, menos… pero pienso que soy una especie de adicta al vértigo.

    Y a mí también me encanta. Digas lo que digas :)

    Un beso.
    2005.01.12 03:08

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