LAS HUIDAS ESPELUZNANTES

enero 16, 2005

Y me vestí. Eso hice, vestirme en un tenso silencio y sin mirarle siquiera, tensa como una cuerda de cello bajo un arco inmóvil, y cuando terminé de calzarme las botas me levanté, rodeé la cama, agarré mi bolso y me encerré en el baño pero sólo estuve un minuto. Tal vez menos. No podía quedarme allí porque era darle tiempo a que él reaccionase. Así que contemplé con desolación en el espejo lo patético que era el aspecto que ofrecía mi rostro desmaquillado a medias y mi pelo alborotado. Y ni siquiera me detuve a colocarme los cabellos que se me habían desprendido del recogido, ya lo haría por el camino en el servicio de mujeres de algún bar. Y cuando abrí la puerta y fui consciente de que él ya estaba casi vestido y podría detenerme, o vete tú a saber qué… agarré la chaqueta de abrigo que había colocado sobre el respaldo de la silla y sólo le dirigí una mirada impersonal mientras le comunicaba mi decisión: ‘Yo me voy’. Y no logro recordar siquiera como me miraron entonces sus ojos, con qué expresión. Y dicho esto me di media vuelta, giré la llave que estaba colgada de la puerta y la abrí y la cerré tras de mí, chocando casi de bruces con el individuo encargado de la recepción, que claramente había estado escuchando tras nuestra puerta y le dije: ‘Adiós’ mientras descendía a toda prisa por las escaleras y salía con paso apurado a la calle, para torcer en la primera transversal que encontré a mano izquierda pero sin correr. No quería tener que correr.¿Y hacia dónde iba? Una ciudad extraña al caer la noche resulta el doble de extraña, el doble de desconcertante. Atemorizadora. Y pensé en llamar a Susana, de repente necesitaba escuchar con desesperación la voz de Susana, la misma voz que había escuchado apenas una hora antes y llorar con ella, sí llorar, era lo único que deseaba, llorar en vez de reír, pero eso significaba que tendría que detenerme y presentí que me sentía demasiado asustada para hacerlo. Llorar es como recordar, un proceso asociado a la lentitud. El olvido y la risa son más volátiles, más raudos. Yo ya no sé cómo llorar sin detenerme. ¿Y además qué podía decirle? Desconocía en que punto de la ciudad me encontraba, estaba completamente perdida, aunque no sé porqué me daba la sensación de que si seguía avanzando… avanzaba en el sentido correcto: el sentido de las agujas del reloj. Por favor, ¿podría usted indicarme cómo llegar a los Alsas? Debí preguntarlo entre unas ocho y diez veces a personas diferentes. No recuerdo ningún rostro en concreto. No reconocía ningún lugar andado otras veces. Quizás hasta cruzaba por calles que había recorrido junto a Max. La gente era amable conmigo y yo me detenía el tiempo justo. Daba las gracias en seguida y proseguía mi camino sin aminorar el paso. No podía permitirme perder ni un segundo con explicaciones interminables. Sólo necesitaba que me situaran en la dirección correcta: ‘Sí, sí, no se preocupe en llegando ahí… ya pregunto más adelante’. ¿Pero y qué sucedería si él me alcanzaba? No quería tener que volver a ‘enfrentarme’ con él. Me sentía avergonzada por mi comportamiento, a pesar de ser consciente de mi cobardía: no había tenido el valor de mirarle a los ojos mientras me estaba vistiendo, no le había dado ni una sola explicación, yo que presumo de valiente, de frontal y Tervoch ahora podría estar enfadado e imaginarse con suma facilidad hacia donde me dirigía… Tendría que abandonar Gijón de alguna manera. Entonces escuché la melodía del teléfono móvil. Eso era un mensaje, y seguro que era suyo. ¡Pues qué bien! Por lo menos el teléfono móvil lo llevaba conmigo. Hacía unos minutos hasta había dudado de eso. Y miré el reloj, las siete y veinte. Piensa, piensa, qué vas a hacer. A ver, si llego a tiempo tendré que sacar el billete y luego permanecer esperando en una cola, no ha habido día que no tuviese que guardar cola allí, y de repente lo escuché con claridad, entre el bullicio de gentes, las calles eran un hervidero de personas, alguien gritó mi nombre a mis espaldas, y el corazón quiso salírseme disparado del pecho pero no aflojé ni por un momento la marcha para comprobar si quién lo había gritado era él, seguí preguntando y apurando el paso, y así hasta que estaba a punto de alcanzar la plaza que desemboca en la calle de los Alsas y entonces cambié de idea y fue cuando opté por tomar el tren. Acababa de doblar una esquina y si era rápida y él no me seguía muy de cerca podía cruzar a la estación de la F.E.V.E y quizás tuviera la suerte de que hubiera algún tren que se fuera a esa hora, porque si no ya no podría arriesgarme ni a ir a los Alsas, ni a quedarme allí. Estaba al borde del ataque de pánico, y si nunca has vivido uno, no puedes imaginarte lo que sucede por dentro de tu cuerpo físico en esos momentos. Y si el sudor frío comenzaba entonces tendría que llamar a Susana y pedirle que me ayudara antes de perder el sentido. Y fue cuando vi a aquellas mujeres. Llegaron al semáforo en el mismo instante en que yo lo hacía , y no sé por qué razón les pregunté: ‘¿Ustedes saben si el tren para A. sale a esta hora?’. Y la más joven me dijo que sí, porque era el que ellas tenían que coger y si no corrían iban a perderlo. Y me vi salvada, y cuando el semáforo cambió a verde eché a correr con ellas, y les pregunté si sabían dónde debíamos sacar los billetes. ‘Sí, pero nosotras ya lo tenemos. El nuestro era de ida y vuelta’. Y yo desde luego no pensaba perderlas de vista, así que las seguí y me monté sin billete en el tren y en el mismo vagón en que ellas lo hicieron, el antepenúltimo, aunque luego traté de cambiarme, de ir más hacia adelante y buscar al revisor o huir del revisor. Yo qué sé que era lo que pretendía hacer pero no conseguí abrir la puerta. Estaba tan nerviosa que me trabé y me senté derrotada, en parte porque había contemplado mi imagen desastrosa en la ventanilla. Y frente a mí, había una joven de largos rizos rubios y aspecto comprensivo, aunque ella iba del otro lado del vagón.

– ¿Sabes a que hora se pone en marcha esto?

– A partir de ya – me dijo ella mientras miraba el reloj y apretaba la bolsa de gominolas de la que comía en la otra mano.

– No tengo billete. -le dije yo. ¿Crees que el revisor se enfadará conmigo?

– Depende. No sé decirte. Los hay que se molestan mucho y los hay que no. Si tienes el dinero justo igual no.

– Pues no lo sé pero le daría lo que fuera con tal de irme de aquí ya.

Y en ese instante ella me sonrío con mucha dulzura, la misma dulzura con la que sonríen los niños cuando alguien les pone entre las manos uno de esos algodones de ese puesto de las ferias que huele a azúcar en el aire, y fue algo bonito, una sensación muy reconfortante, como si por fin alguien me confirmara: ‘No te preocupes porque aunque no sé lo que te ha ocurrido, y tienes el aspecto del que ha vivido o escapado de algo terrible, ya estás a salvo’, y suspiré hondamente por primera vez mientras me dejaba caer abatida sobre mi asiento y contemplaba mi reflejo en el cristal, los ojos espantados de esa mujer que era yo y que me miraba desde la ventanilla del tren. Eran las siete y treinta y cuatro minutos cuando el tren se puso en marcha, y casi menos veinte cuando escuché nuevamente la melodía del teléfono. Otro mensaje, y entonces me cambié de asiento, me di la vuelta para viajar en la dirección del movimiento del tren, lo más natural, y fue cuando leí los dos mensajes que me habían llegado.

19h18min… Se lo q sea, lo siento. Una pena la cena en el chino. Q t vaya bien d corazon.

19h38min… Si te he molestado lo que te decía no eran más que palabras pero siento lo q sea. Es una pena venir a verte y acabar asi sin saber pq. Besos y suerte!!

HOPPER

E. HOPPER

6 Responses to “LAS HUIDAS ESPELUZNANTES”

  1. lasalamandra Says:

    hermes:
    Primero comentarte que me gustó como quedó escrito de “torcido” esto: “..para torcer en la primera transversal que encontré a mano izquierda.. ”
    Segundo que no sé porqué tengo tan mala memoria, me pregunto como es posible que se me haya borrado la parte mas pasional (de la que yo no me enorgullezco, pues como tú sentía verguenza por estos comportamientos) en las que sentí también esa misma angustia del perseguido y del encerrado, de ahí el porqué el huir corriendo (de verdad), tu lo has definido bien “ataque de pánico”, no comprendo como es posible que te persigan en un estado así, si fuese fiera seguramente daría un zarpazo en esos momentos, no sé muy bien porqué se producían, aunque si comprendo la furia de quein persigue, pues normalmente cuando preguntaban porqué me iba, decía algo hiriente. No sé porqué era así.
    2005.01.17 15:06

    Odalys:
    Tal vez la joven del tren te hizo sentir que “tranquila, estás aquí, respira, todo estará bien” porque huías, quizás de tí misma y uno sabe que de esa parte nunca podemos huir del todo.

    Una situación incómoda; no la he vivido con extraños pero sí alguna vez y en ese pánico uno hace cosas que una parte conciente nuestra reconoce como locura y es como caer en un torbellino de absurdos.

    Sabes? Nunca he estado con desconocidos aunque alguna vez lo he pensado y durante un tiempo en que me sentía medio muerta, miraba a los hombres sabiendo que podría estar con cualquiera pero estaba segura de no sentir nada. Y tuve que parar, ya no era un juego y ya me daba igual cualquiera, hasta que comencé a sentir rechazo y fue bueno; volvía a estar viva o algo así.

    Si llorar te ha sentado bien, espero que puedas reir de todo. Te dejo un abrazo fuerte, fuerte y un beso.
    2005.01.17 21:07

    Su:
    ¿Sabes que incluso leyéndote aquí tranquilamente en mi casa me da angustia imaginarme la situación? No resulta difícil ponerse en tu lugar porque das tantos detalles y con tanto sentimiento que lo difícil sería no sentir angustia… no sentir incluso tu pánico.

    No entiendo para qué cojones te perseguía, ¿no le quedó suficientemente claro que no querías seguir con él? ¿no le quedo claro que cuando una persona coge sus cosas y se va es porque no está cómoda? ¿Qué quería? ¿Pedirte explicaciones? ¿Obligarte a volver? ¿Seguir con su palabrería? cualquier opción me parece absurda pero sinceramente me gustaría saber qué pretendía…

    pd. fue divertido hoy encontrar por casualidad el hotel ¿verdad? y al coche aquel de policia que se esperó a que te sacase la foto para pasar :-)

    Un beso.
    2005.01.17 22:06 email: Campanilla698 (arroba) hotmail.com

    Carmen:
    Sí, fue divertido. Muy divertido. Me lo pasé genial contigo :)

    Un beso enorme y gracias por el libro de Klint. Me encantó tu detalle.
    2005.01.18 00:54

    Anónimo:
    El vértigo de una rebelión interior, huir con pánico del absurdo, y de un capullo egocéntrico que no entiende.
    2005.01.18 20:26

    Odalys:
    Supongo que el “capullo” por su parte vivía su historia y sus autoengaños, no veía, no quería ver, no escuchaba y al final igual se quedó sin entender.
    Sobre lo que dice Hermes, creo que esa huida y violencia obedecen a no estar a gusto con uno mismo en ciertas situaciones donde entramos de manera forzada; entrar no suele ser difícil, escapar de ellas, sí.
    Besos.
    2005.01.20 16:45

  2. lasalamandra Says:

    EL TREN DE FUEGO

    ¿Quién camina poeta sobre tus lágrimas?

    Lágrima uno

    Lleno de sauces el tiempo echa su llanto y su asma;
    viejo y tullido echa su cárcel de árboles sobre el mundo,
    su tierra de metal y de hambre eléctrica.

    El tren lleva el nombre de una estación que nadie sabe,
    la piel de cacto emana sangre de muertos
    con una nueva especie de dolor.

    El cementerio se enraíza,
    pinta pálidos en la cara,
    el pozo dejó salir el agua;
    tumbas sin muertos,
    esqueletos sin hueso,
    tierra de asentamiento amplio,
    largo,
    hondo.

    Ya saben por qué todos los días
    alguien se lleva algo de humano
    en la leyenda de las hondas lastimaduras.

    Lágrima dos

    Era un tren de fuego,
    extraño,
    legendario,
    medidor del frío,
    detenido en el sismo;
    invierno viejo,
    grande de tiempo,
    cansado,
    donde todos los olores
    llevan el ritmo de una esencia desgastada.

    Cómo llovía esa vez,
    el Reconocedor se echó a dormir,
    castigador de hierba,
    cadáver recobrado en sus aptitudes,
    manchador de agua.

    Alguien dijo que la música de los caracoles era perpetua,
    el eco,
    cuerpo gemidor de almas.

    La tierra se ha llenado de arrugas,
    el agua hará su revolución,
    visitadora de espacios.

    El cántaro es un tiempo aglomerado de brujerías,
    suspendido del aire,
    abofeteador;
    no hay vacío en el cántaro,
    atrapador de los ruidos;
    el día que el nicho sea abandonado por sus rumores,
    ¿quién podrá resistir la manifestación de claves
    aún no descifradas?

    La filosofía se cientifíca con la nostalgia de otros dolores,
    vieja cárcel de hambre
    donde el olor de flores dejó el camino del espíritu.

    Si el frío viniera a la intensidad del fuego
    y el Tren siguiera el murmullo de las quejas
    como oidor de solitarios,
    cuya única herencia en horas
    depende del motor y el carbón de lumbre.

    Si fuera recogiendo lo roto y llorado,
    lo amargo,
    lo infierno;
    si recogiera la viudez de la gente,
    de la tierra,
    del polvo;
    ceniza y pájaro carpintero ya fallecido,
    el silbido de fuego llegaría a las ciudades de nieve
    y el frío volvería a su antes.

    Lágrima tres

    Tren de fuego:
    pájaro de ala humana injertada de piel,
    asoleadora de agua y sal,
    nave rompedora de arcos
    donde la cicatriz es llamarada de frío.

    Algún demonio ha llegado tarde,
    triste clepsidra.

    El Tren ensancha sus costillas,
    rueda sobre dientes de hilo en hojas de pedernal,
    la ciega estación se paraliza de soles jóvenes,
    ángeles destronados en la guerra.

    ¿El demonio se dulcifica?,
    tirador de astros,
    plantas,
    árboles,
    golpeador trampero del viento;
    desvirgador,
    violador de espacios.

    Lágrima cuatro

    El mar abrió sus conchas
    donde el sol vomita sus espumas de rabia
    y una estrella copula su virginidad
    con luces de agua silenciosa.

    Se hace la penetración
    en la casa desvestida de espejos;
    ventanas maternales de luz,
    difunto tendido sobre el suelo,
    el blasfemo termina la ceremonia cargando el ataúd,
    cadáver largo y frío sobre la copa de los árboles;
    injertador de ramas en la casa,
    hueco de manga ancha,
    oculta electricidad de murciélagos,
    prisión de ojos.

    El tejado manda su agua,
    los animales manchan sus alas
    con el color de piel que se hincha de aire.

    Trotador caballo de cascos,
    los caracoles expulsan sus sueños,
    gusano de seda,
    castillo de fosas.

    Lágrima cinco

    Inventor de mentiras,
    embustero demonio trampero del viento,
    trepado en el pico de un pájaro de nieve encendida,
    quemador de alas de ángel desnudo de astros,
    rama y perro,
    mordedores de viejos molinos.

    Se putrefactan rancios jinetes,
    cabalgaduras de hueso colorado,
    la mejilla recobra su río de sangre como un eco,
    fusil parador de disparos.

    Lágrima seis

    Alguien ha venido a preguntar por sus ojos,
    del tiempo de sus ojos,
    tránsito largo en una región de hambre.

    Le dijeron:
    no despiertes al tigre,
    no es bueno despertarlo,
    ¿qué iba a entender sus pecados de soledad?,
    amigo de sombras,
    largos cuervos pestilentes.

    Lágrima siete

    Pomona se apareció con sus árboles rotos y fríos
    de vientos desechos en ruinas.

    Comedor de raicillas blancas,
    aves enfermas,
    locomotora manca y vieja pule los rieles.

    Le dijo al ángel que dejaba la casa,
    anochecía en sus dientes
    el recuerdo de otra estación,
    hierba transplantada en los intestinos,
    manchas de azufre,
    hormiga y grillos de arena.

    Se llenaron los pies de camino
    y sal de música intoxicada;
    largas carreteras,
    angostas y curvas;
    con la vista vuelta hacia atrás.

    El tigre seguía en el cerebro,
    matador de carne.

    FRANCISCO AZUELA

  3. lasalamandra Says:

    ANDENES

    Te gusta llegar a la estación
    cuando el reloj de pared tictaquea,
    tictaquea en la oficina del jefe-estación.
    Cuando la tarde cierra sus párpados
    de viajera fatigada
    y los rieles ya se pierden
    bajo el hollín de la oscuridad.

    Te gusta quedarte en la estación desierta
    cuando no puedes abolir la memoria,
    como las nubes de vapor
    los contornos de las locomotoras,
    y te gusta ver pasar el viento
    que silba como un vagabundo
    aburrido de caminar sobre los rieles.

    Tictaqueo del reloj. Ves de nuevo
    los pueblos cuyos nombres nunca aprendiste,
    el pueblo donde querías llegar
    como el niño el día de su cumpleaños
    y los viajes de vuelta de vacaciones
    cuando eras -para los parientes que te esperaban-
    sólo un alumno fracasado con olor a cerveza.

    Tictaqueo del reloj. El jefe-estación
    juega un solitario. El reloj sigue diciendo
    que la noche es el único tren
    que puede llegar a este pueblo,
    y a ti te gusta estar inmóvil escuchándolo
    mientras el hollín de la oscuridad
    hace desaparecer los durmientes de la vía.

    Jorge Teillier

  4. lasalamandra Says:

    EL TREN DE LA VIDA, EL TREN DE LA MUERTE
    (13 de marzo de 2004 )
    Caminamos hacia el futuro
    en un mundo egoísta y cruel
    que busca crecer sin escrúpulos,
    que busca crecer y crecer.

    Y a nuestro lado, en el mismo tren,
    caminan emigrantes y hambrientos
    que buscan un poco de placer
    en un mundo de corazones inquietos.

    Todos vamos en el mismo tren,
    el tren de la vida, y el tren de la muerte,
    el tren de cada día y el tren cruel
    que crea el odio, la guerra, el ser más fuerte.

    No hay paz, no hay tranquilidad…
    hemos dividido el mundo, ha crecido la violencia,
    y nos falta mucha más solidaridad
    para romper tantas barreras….

    Hoy el tren de la muerte en Madrid,
    ayer las torres gemelas de Nueva York,
    cada día el odio y la guerra en Medio Oriente,
    cada minuto el hambre en medio mundo…

    Y seguimos caminando en el tren,
    sólo buscamos el placer,
    ¿dónde está nuestro corazón que ama y perdona?
    ¿dónde quedaron la alegría, la fraternidad, el compartir?
    ¿Por qué no abrir nuevos caminos hacia la paz?

    Hoy, tras la muerte, el tren sigue su camino
    y una pregunta titubea en el viento:
    ¿renacerá de nuevo la palabra, la alegría y la vida?
    Muchos corazones se alzaron a la calle
    y gritaron, gritaron con fuerza…
    Y de nuevo cabe la esperanza…

    El mañana es nuestro…
    y continuará la vida y la muerte…
    pero tú y yo sabemos que podemos hacer
    un amanecer más claro y pacífico…
    Tú y yo sabemos que juntos, uniendo nuestras manos,.
    compartiendo el dolor y siendo solidarios
    haremos nacer un mundo más humano.

    Gritamos: ¡ paz, perdón, diálogo, fraternidad !
    Gritamos: ¡ compartir, amar, soñar, dar !
    Y así, juntas nuestras manos
    seguiremos en el tren de la vida
    haciendo el mundo más hermano.

    http://centros3.pntic.mec.es/~sanped14/act-03-04/grito_de_paz/grito_de_paz.htm

  5. lasalamandra Says:

    .

    LA BUTACA – Revista de Cine

    .[Especial 53ª Berlinale] [Películas] [Crónicas] [Palmarés]
    EL TREN DE ZHOU YU
    (Zhou Yu de huoche)
    cartel
    Dirección: Sun Zhou.
    País: China.
    Año: 2002.
    Duración: 92 min.
    Género: Drama.
    Interpretación: Gong Li (Zhou Yu/Xiu), Tony Leung Ka-Fai (Chen Ching), Sun Honglei (Zhang), Li Zhixiong, Shi Chunling (Ah Xiang), Liu Wei (Lao Liu), Gao Jingwen (Tao), Dai Ke (Bibliotecario), Pan Weiyan (Onkel), Huang Mo, Zhang Heng, Wang Yanhui.
    Guión: Sun Zhou, Bei Cun y Zhang Mei; basado en una historia original de Bei Cun.
    Producción: Huang Jianxin, Sun Zhou y Bill Kong.
    Música: Shigeru Umebayashi.
    Fotografía: Wang Yu.
    Montaje: William Chang.
    Diseño de producción: Sun Li.
    Vestuario: Ma Defan.
    Estreno en España: 17 Septiembre 2004.

    SINOPSIS

    Xiu (Gong Li) es una mujer sofisticada e independiente. En su intento por llegar a la cima de su complicada relación con un tímido e introvertido poeta, Chen Ching (Tony Leung Ka-Fai), descubre una poderosa historia de amor que va mas allá de los confines del tiempo y la distancia. Un poco antes que Chen Ching empiece su relación con Xiu, éste conoce a una pintora de porcelana, Zhou Yu (también Gong Li) en un baile en Yunnan. Hechizado por su excepcional belleza, Cheng Ching le da uno de sus poemas y vuelve a casa, a Chongyang, donde trabaja como bibliotecario. Él se sorpren-de al encontrarla llamando a la puerta de su casa unos días después. Los dos se enamoran casi inmediatamente. A pesar de vivir en ciudades diferentes, Zhou Yu se compromete a recorrer esa gran distancia dos veces por semana en tren para ver a Chen Ching. Cada vez, Chen Ching la espera en la estación con una flor diferente, y ya en su pequeño apartamento, hacen el amor efusiva-mente, llevados por la pasión de la poesía de Chen Ching, sin embargo, en la celebración de la publicación de los poemas de Chen Chiang en uno de los pe-riódicos, Chen Ching de repente pregunta a Zhou Yu, “¿me quieres como per-sona o simplemente amas mi poesía?”, pregunta a la que Zhou Yu contesta, “es del poeta del que soy cautiva”. Y de hecho, su obsesión por Chen Ching y su poesía es tal que está determinada a conseguir que su poesía se publique incluso aunque ella tenga que pagar para que sea así. Las cosas empiezan a cambiar para los amantes después de esto, ya que Chen Ching se encuentra cada vez más presionado por la pasión de Zhou Yu y por las grandes expecta-tivas que tiene de él. Cuando su superior en la biblioteca le informa que hay una vacante en una ciudad del Noreste, Chen Ching rápidamente acepta y utiliza esto como excusa para acabar la relación con Zhou Yu. Xiu finalmente llega a la pampa donde Chen Ching ha estado llevando un auto-exilio y una vida empobrecida. Probablemente a causa de la culpa y la desesperación, Chen Chiang le suplica a ella que se quede y viva con él, momento en el que Xiu le confiesa que sabe lo que ha pasado entre él y Zhou Yu, y que en realidad ha conocido a Zhou Yu. Chen Ching insiste en que no es posible que Xiu haya co-nocido a Zhou Yu, ya que ésta se mató en un accidente de tráfico. Mientras espera en uno de los vagones a que salga el tren, Xiu cierra el libro que ha es-tado leyendo y releyendo titulado “El tren de Zhou Yu”. Es una antología de la poesía de Chen Ching. También es el libro que le llevó a la fama y la populari-dad. Una cara familiar de repente aparece entre los muchos pasajeros del com-partimiento de delante, una cara llena del entusiasmo de una mujer profunda-mente enamorada. ¿Es Zhou Yu? ¿O es la propia proyección secreta de Xiu?

    http://www.labutaca.net/53berlinale/zhouyudehouche.htm

  6. lasalamandra Says:

    Análisis del poema “Tren”
    Este poema, “Tren,” por Gerardo Diego tiene muchos aspectos interesantes. El
    narrador usa la primera persona en este poema abstracto. Los dieciséis versos no tienen
    una forma uniforme. Los versos muestran una variedad de longitud—algunos versos
    tienen una palabra y otros tanto como siete palabras. Aunque las palabras en el poema no
    siguen una tendencia normal, los espacios entre las palabras y versos junto con los
    lugares de las palabras en los versos crean una forma única. La forma física de las
    palabras en el poema ayuda añadir al efecto del ritmo y a la rima. Hay secciones de rima
    en el poema, pero la rima no es predecible porque hay diferente cantidades de versos que
    tiene rima. Además de eso, la presencia de una forma de “escaleras” (por ejemplo en los
    cuatros últimos versos) aumenta el ritmo. Me parece que este cambio ayude a terminar el
    poema suavemente.
    Además de la estructura, el punto de vista del narrador y los aspectos literarios
    hacen este poema mejor y también más bello. Me parece que el narrador tenga un papel
    omnisciente y actúe como sea un ave en combinación de un ser humano. La experiencia
    del ave en el poema es una representación de un punto de vista entre el mundo moderno y
    la naturaleza porque parece que él tiene experiencia con ambos. Las descripciones de la
    naturaleza son ilustradas claramente y en una manera que permita la mente a imaginar
    fácilmente. Hay metáforas y símiles adentro de este poema que son representados por el
    medio de la naturaleza. Un ejemplo de esto es cuando dice “Yo ella como dos
    golondrinas paralelas.” La personificación impregna el poema a través de la naturaleza
    también como en las frases, “el alma llora”, “sangre de aurora” y “el olvido deposita sus
    Page 2
    hojas”. Otras herramientas literarias son mostradas en los dos ejemplos de la repetición
    al fin del poema y en la utilización de la forma “vosotros.” En total, todos estos aspectos
    permiten que las imágenes, el paisaje y las palabras del poema tienen más fuerza y
    creatividad.

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