LA SUPUESTA ADULTEZ

enero 23, 2005

Entre nuestro sueño… y Laura… un intermedio: Susana

Susana y yo acabamos de despedirnos. Hemos estado juntas durante unas seis horas, y casi todo el tiempo paseando y hablando sin cesar, y al llegar a mi pueblo cambio de planes y decido bajarme en la primera parada. Subo por una calle empinada y atravieso un parque inglés y aún hace una buena tarde. Observo que el jardín  permanece abierto al público pero que apenas hay hojas en él. Setos de invierno que ofrecen un espectáculo casi fantasmal, que hace contraste con el recuerdo frondoso de la primavera y el verano. El día ha sido magnífico y la compañía inmejorable, y por fin creo que he logrado captar cuál fue ese momento en el que a Susana la despojaron de la inocencia… Me parece una buena explicación para lo que ocurrió, sólo que lo suyo tal vez no fueron hurtos consecutivos y tomó la forma de un hachazo imprevisto y homicida (esto es de la Elegía de Hernández, ¿no?).

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http://odeo.com/audio/129577/view

Aunque hubo aquel precedente del día en que se llevaron a su abuelo al hospital y ya nunca regresó (a lo mejor lo he recordado por eso: nemotecnia) , y luego fue un manzano que siguió creciendo entre perales… ¿Has leído ‘La princesa que creía en los cuentos de Hadas’? ¿Sí?, pues entonces me entenderás porque hablo de ese huerto, ese del que le habla ‘la bruja’ a Victoria cuando emprende ‘el camino de la verdad’ y diría que es de ahí de dónde parece que mana ese dolor inagotable en el que a veces Susana se sumerge y que la ahoga. El mundo solía ser un lugar seguro. Vale, sucedían cosas y momentos poco agradables pero no tan duros como para que ella no pudiera olvidarlos veloz. Bastaba con salir a la calle y reír. Eso acostumbraba a hacer y era lo que le duraban las penas pero después de aquello… Y yo sé lo que es vivir así y ahora también comienzo a saber lo que es poder abandonar ese angustioso estado constante de recorrer las calles a oscuras cuando hace rato que ha sonado el toque de queda, y tomar las riendas del propio control… Coelho, que también le gusta mucho, como Marcia Grad, dice en ‘Brida’ que las emociones son caballos salvajes pero no se puede vivir a todas horas como si estallara una tormenta. Al menos no, cuando no estalla una tormenta real. Y yo comprendo que es lógico que tus caballos se asusten pero no están solos, no es como si fueran libres de correr espantados hacia las montañas bajo el pavor de los relámpagos… No, es que tus caballos son tuyos, y te tienen a ti. Tú montas sobre ellos, así que eso significa que han sido domados y tienes que ser capaz de conducir esas riendas por dónde tú quieras, de dominarlas y responsabilizarte. Ya, tú y tu amiga siendo como sois pro-defensa del derecho animal hasta la médula, abogaréis por el libre albedrío del caballo… No, es broma pero imagínate que tú montas en un picadero y te han ofrecido participar en la cabalgata de reyes. Dicen que este año será muy vistosa. Habrá un derroche de actores y animales, y malabaristas, y comedores de fuego, y hasta una pareja medieval danzando sobre sus elevados zancos.

La alcaldesa quiere lucirse y tú eres ese jinete con atuendo del Oriente Medio que en este instante está frente a nosotros que estamos muy cerca de la plaza del ayuntamiento, y hay cientos de niños ilusionados que agitan sus globos de colores. Esos que Bea, una de ”mis chicas” ha estado repartiendo con su hermana que es supuestamente ”normal”, y de repente comienza el espectáculo pirotécnico y el cielo se llena de luces naranjas y ruido estrepitoso, y los caballos se asustan y sus cascos se alzan en el aire y todos nos asustamos con ellos y entonces tú entiendes que de ti, de ese jinete que hasta hace unos segundos miraba a mis ojos como si mis ojos quisieran decirle algo, esos ojos que podrían haber sido los tuyos, porque se ocultaban detrás de un antifaz, depende que no ocurra una tragedia. ¿Te imaginas el daño que podría provocar ese caballo desbocado si tú no le sujetas con fuerza y le transmites tu serenidad?

Pues yo lo veo un poco así, creo que dentro de nosotros se nos quedó la niña que fuimos, todas las que fuimos siendo y luego esa adolescente conflictiva o apocada que no terminó de crecer y ser capaz de entender porque estaba hecha un lío; sólo que ahora nos hemos convertido en adultas y si nos lo proponemos podemos cuidar de ellas y protegerlas. Es nuestra obligación, aunque sólo sea porque nuestros caballos nos pertenecen. Menuda divagación, ¿no? Pero es que no sé tú pero yo comprendo las cosas mejor si me ‘emociono’ con ellas y me pregunto si de esta forma habré sido capaz de hacerte sentir ‘el peligro’.

Dime, tú qué no darías por asegurarte de que a ese niño que quieras, tu sobrina por ejemplo, no pudiera sucederle nada malo. Pues no te quieras a ti menos, quiérete lo mismo, exactamente igual o más porque no te mereces menos.

william blake

11 Responses to “LA SUPUESTA ADULTEZ”

  1. lasalamandra Says:

    Carmen:
    La imagen: Susana señalando al parking dónde ‘T’ guardó su coche. A unos metros del hotel París.

    ¡Tía tú también estás como una cabra! :))))

    Un beso
    2005.01.23 11:21

    Su:
    Cuando deje de llorar vuelvo y te dejo un comentario como dios manda.
    2005.01.23 17:38

    Carmen:
    Susana tía es que eres la hostia :))))

    Un abrazo. Bueno, no diez por lo menos.
    2005.01.23 17:41

    Su:
    En estado catatónico desde que entré antes. No me molesté siquiera en coger un clinex para secarme las lágrimas, sé por experiencia que terminan secándose solas. Además me gusta la sensación de tirantez que dejan en la cara y en el cuello.

    Dije que volvería a dejarte un mensaje en condiciOnes; y he vuelto si, pero sin tener muy claro que escribir. Ya sabes que cuantas más ideas tengo más me atoro.

    Sé que no se puede vivir siempre a tope, que no se puede vivir siempre “como si estallara una tormenta” porque no hay cuerpo ni mente que lo aguante. Muchas veces al final del día estoy mucho más cansada mental que físicamente; estoy realmente cansada de darle vueltas a las cosas buscando una solución o una explicación. Además es mucho más fácil descansar el cuerpo que la mente.

    Me acojona pensar que de mí depende que no se desaten tormentas, que no se desboquen caballos, que no lloren niños… y más cuando esas tormentas, esos caballos y esos niños son Yo.

    Daría lo que fuese por proteger a mi pequeña y que nadie volviese a hacerle daño. Y sobretodo daría lo que fuese por no volver a hacerle daño yo.

    pd. Yo también comprendo mejor las cosas cuando me las explican apasionadamente, así que sin problemas.

    pd. se me olvidó preguntarte, ¿a qué refieres exactamente cuando me preguntas si necesito un dragón? ;-) jajaja

    Un beso Carmen, voy a ver si ordeno alguna idea y soy capaz de plasmarla.
    2005.01.23 19:02 email: Campanilla698 (arroba) hotmail.com

    Carmen:
    Un beso Susana y ya te explico en otro momento qué es eso de servirte de dragón que ahora estoy muerta de hambre y cansada de escribir, así que me voy a la cocina a prepararme algo :)))
    2005.01.23 19:50

  2. lasalamandra Says:

    Tampoco aparece en este post la foto de la que se habla porque no está en este portatil. Si no pues sí porque Susana tiene imagen en red aún.

  3. lasalamandra Says:

    2. Técnicas de control emocional

    2.1. Análisis de las fuentes de ansiedad

    Se asevera en términos de estrategia que un paso para vencer al enemigo es conocerlo. Aunque que nuestro enemigo no tiene que ser necesariamente la angustia como tal (ya que no deja de ser una emoción normal y necesaria), sí que nos plantearemos evitar un exceso perjudicial e innecesario de malestar, conociendo de qué forma y porqué razones se dispara su presencia, que pensamientos, sentimientos y sensaciones físicas han surgido en la situación generadora.

    Un procedimiento consiste en llevar un Diario de Angustias

    , en el que anotemos cualquier pico de ansiedad significativo, tratando de averiguar qué circunstancia concreta lo ha provocado, porqué razón,experimentando qué sensaciones y qué hemos elaborado en tal circunstancia. Si no localizamos hechos concretos desencadenantes de la angustia, sustituiremos los estímulos por una lista de hipótesis que respondan a las preguntas “¿Qué cosas de las que me suceden últimamente podrían estar influyendo?”, ¿Cuales son las inquietudes que acuden a mi mente?”.

    Vemos que hay dos clases de maneras de presentarse la angustia:

    1. Siguiendo un modelo de causa -> reacción
    2. Siguiendo un modelo de ‘no sé porqué pero me encuentro nervioso/a’

    En este supuesto tendremos que hacer constar la clase de incidente, ya que podemos ser muy susceptibles a un cierto tipo de cosas como recibir una contestación airada, el que se nos preste poca atención,el caso de que esperásemos ayuda y no nos la den, el resultar agriamente criticados, no ser tratados con suficiente delicadeza, no nos dicen la frase que queríamos exactamente oír, nos comunican una noticia frustrante, etc.

    Una buena colección de hechos disparadores nos dan un buen perfil de nuestros puntos débiles más sensibles a la respuesta ansiosa. Esta información agudizará la necesidad de averiguar cómo hacen las demás personas para manejar con soltura ese tipo de situaciones.

    No tiene menor importancia aclarar el tipo de reacciones que hemos tenido: si nos hemos obsesionado con el incidente (a modo de martillo machacando nuestra mente una y otra vez), si nos hemos sentido desgraciados, desvalidos, injustamente tratados, escandalizados, si nos hemos abandonado a la tristeza y al duelo, dejando de hacer aquellas cosas que nos harían olvidar el momento desagradable…

    Las emociones disfóricas como la angustia, la ira o la tristeza son muy magnéticas y tienden a pegarse de sí mismas y desatender cualquier posibilidad de cambio, como si una vez dentro de nosotros quisieran aumentar de intensidad y extensión.

    Estas formas de responder plantean también la necesidad de mejorar numerosas aspectos de control emocional, tales como acortar la reacción desagradable, minimizarla, elaborarla y digerirla, encontrar alternativasde acción oportunas, y a ser posible todo ello acompañado de un esfuerzo de comprensión de nuestras claves más significativas de reacción emocional.

    En ocasiones la persona sufridora padece de exceso de pasividad porque está muy centrada en constatar lo mal que se encuentra, lo injusto que es, lo que debería ser, etc., pero en realidad no actúa, sólo constata, remarca su propia sensibilidad herida. El vividor no gasta demasiado tiempo en sentirse mal sin que rápidamente esté preguntándose “¿Y ahora cómo podría arreglar esto?” o “¿Qué podría hacer para sentirme bien de nuevo?” o “¿Qué haré la próxima vez para tener mejores resultados?” …

    Las personas ansiosas tienen con harta frecuencia una visión peculiar sobre lo que son problemas que les acarrea un enorme desasosiego. Esta visión consistiría en suponer que un problema nunca debería existir, y que si por lo tanto ocurre es una catástrofe, algún culpable ha fallado o ha dado un mal paso imperdonable. Partimos de la idea de que el curso de la vida social es imprescindible que sea ordenado y perfecto y que si todos cumpliéramos con nuestro deber nunca habrían desbarajustes.

    ¿Pero ese ideal ha existido alguna vez?, ¿o más bien lo podríamos contemplar como paraíso que nunca ha existido mas que en las fabulas bien intencionadas? A veces confundimos la protección cálida y armónica de las vivencias infantiles con el mundo económico, histórico y social en continuo devenir caótico.

    En contraste con los ideales de perfección -que parecen estar más pensados en hacernos sufrir y enemistarnos con la humanidad-, podríamos considerar los problemas exactamente como lo que son: un error o situación no prevista ante la cual no sabemos todavía cual es la mejor manera de responder.

    Orientarnos hacia la solución de problemas requiere un método intelectual práctico mediante el cual nos hacemos las preguntas adecuadas tales como:

    qué supuestos que estamos teniendo deben ser reformulados
    cómo podemos mejorar las garantías de eficacia
    qué situaciones, actores y motivaciones han cambiado

    Es necesario que el incidente lo situemos en un sistema más amplio sobre el cual podremos entender su significado (de forma similar a como una palabra concreta su sentido en una frase, pronunciada en un contexto). Una cosa es lo que sucede, por ejemplo supongamos que mi pareja está siendo menos atenta conmigo, y otra cosa es el momento en el que enmarcar el hecho, siguiendo con nuestras suposiciones : tener un hijo ha cambiado el modo de relacionarnos. O si eso no es suficiente podemos recordar cómose construye el sistema de nuestros vínculos y así podríamos deducir: nuestros padres, que vienen mucho de visita, nos quitan también una intimidad que escasea. O aún más lejos: en la sociedad están instalándose cambios culturales en el modelo de comportamiento hombre-mujer y mi pareja me está tomando la delantera.

    Buscar los porqués y las respuestas se puede hacer siguiendo una flecha que nos haga subir a una montaña más alta desde la cual contemplar el conjunto, lo que nos hará más sabios, entresacaremos la moraleja adecuada y nos capacitará a dar respuestas eficaces (unas que no son efímeras, que evitan la repetición contante de los mismos incidentes, que nos hacen ganar una cosa nueva mejor que lo que perdamos).

    Por el contrario, cuando no vemos más allá de nuestras narices y nos concentramos exclusivamente en lo que va mal, acabamos encontrando una respuesta muy peligrosa: el mal es la persona, y esa persona se convierte en algo odiable y que hay que anular y suprimir (matado el perro eliminada la rabia). Esto, por lo general, crea una escalada de ofensas que hay quede volver con creces, resistencia pasiva, boicot silencioso y otra serie de conductas corrosivas y venenosas.

    En comparación con este último derrotero la solución inteligente de problemas es mucho menos dura y costosa emocionalmente. De hecho proporciona mucha más paz y alegría, comparativamente al rencor, tristeza y angustia que acarrea la otra postura.
    2.2. Las propias limitaciones. El arte del autocuidado.
    ¿Qué placer me puedo permitir sin que se convierta en un abuso perjudicial? ¿Cuanto sacrificio puedo tolerar sin que el preciosea mayor que el beneficio que saco con él?

    Esto son preguntas de matiz, de puntería, porque a veces las cosas no son (a) o (b), blancas o negras, no son dicotómicas, sino que tienen una escala graduada de matices.

    Cada uno debe poner marcas exactas a sus posibles. Por ejemplo, estoy bien si duermo 7h 30′, estoy mal si bebo más de 2 cervezas, me relaja caminar 45 minutos, me estresa caminar 2 horas; 2000 calorías las necesito para estar en forma, 200 me crean problemas fisiológicos, 8000 me engordan. ¿Cuanto puedo pelearme al cabo del día por injusticias que padezco? ¿2 peleas es mi máximo sin que me quede traspuesto? ¿Cuanto puedo preocuparme por el futuro sin que mi presente se agobie por culpa de las incertidumbres de futuro que contemplo?

    Nuestro autoconocimiento contendrá la curiosa paradoja de que desconozcamos cosas de nosotros que ciertamente somos, por otro lado, los mejor conocidos para nosotros mismos. A pesar de creernos limpios y transparentes ante nuestra mirada inspectora se pueden estar ocultando nuestros vicios más recalcitrantes, provocando con ello una extrema indulgencia y llevar a cabo con total impunidad toda suerte de autoengaños.

    Podemos estar convencidos que si demoramos una cosa molesta que en cambio tendría como momento óptimo de realización precisamente el instante que intententamos eludir, para realizarla después (procrastinación) somos flexibles y razonables. J. Elster, en su estudio sobre racionalidad de la irracionalidad “Ulises y las sirenas” comenta un ejemplo de ‘razonable’ despilfarrador: una persona posee una cantidad de dinero y decide un primer año gastar la mitad, pero ser sensato guardando la otra media. Comoesta conducta le ha parecido razonable, el próximo año la utiliza para dividir la mitad que le ha quedado, y así dilapida ‘muy equilibradamente’ su capital en pocos años. En este ejemplo vemos como un esquema de comportamiento aparentemente sensato disimula el insensato con su piel de cordero.

    2.3. Conducta compulsiva

    La conducta compulsiva se establece como una respuesta a la tensión y tiene dos importantes formas de manifestación:

    Si dudo de haber dejado la puerta de la calle cerrada con llave, eso me produce una tensión interna que se puede anular si me molesto a volver a subir a comprobar que que la puerta esté cerrada. Ceder a una duda más allá de lo sensato y razonable tiene la virtud de trasformar a la duda en algo insaciable, ya que la sed o materia de la que se ocupa el dudar nunca se sacia con el agua dulce de la comprobación (en realidad se sacia con el gota amarga de la abstención).

    Contra más sacrificios inútiles haga para ganar una seguridad total menos experimento la seguridad que proviene de estar realmente seguro por que me fío de mí mismo, y más dependo de un ritual tranquilizador que en vez de dar lo que promete corroe y mina más aún mi seguridad autónoma e independiente.

    Para estar seguros de sumar bien, de conducir bien, de hablar bien, lejos de depender de actos compulsivos de control, debo aprender a confiar en mi-mismo/a, ensayando lo imprescindible, atreviéndonos a errar, aprendiendo a ser benevolentes y prácticos con nuevas equivocaciones.

    La compulsión consiste, más que en una adecuada resolución de lo que la produce, en un desvío hacia otra cosa que nos distrae, que nos da placer o simplemente otra preocupación distinta.

    2.4. Comer

    La comida es un salva-angustias muy utilizado. Comer es agradable, nos procure la sensación relajante de estar saciados y tranquilos. El sopor de una digestión contiene tórpidas brumas en las cuales nuestras preocupaciones parecen ocultarse por momentos. Algunos alimentos que contienen azúcares, abundancia de hidratos de carbono (dulces, pastas, por ejemplo) tienen una inmediata virtud de desvío de atención. Los sentidos no pueden dejar de estar concentrados en los estímulos gustativos dando más cuerpo que alma atormentada. También el placer sexual puede tener esta utilidad de olvido-por-el-cuerpo y convertirse en una conducta compulsiva.

    La naturaleza recompensadora del placer tan instintivo del comer puede ser utilizada fácilmente para dulcificar lo amargo. Damos dulces a los niños más que para premiarlos por merecimiento como una forma de complacencia en verlos golosos y agradecidos, evitar la tristeza de una decepción, conquistar su afecto o desviar el ser reprochados u odiados por ellos.

    No es infrecuente en la crianza infantil que la hora de comer sea una guerra, porque el niño no come la cantidad o calidad que pretendemos, lo hace de forma tan lenta que nos obliga a presionarlos, haciendo con ello que vaya todavía más lento y le divierta nuestro desespero de ver que se enfría la comida y que se nos acumulan las tareas pendientes.

    La hora de comer puede tener unos contenidos que se asocian, como el placer de charlar tan querido a los humanos, pero también su reverso, el afán de discutir y hacernos reproches comiendo o mostrarnos hostilidad, tensión y frialdad (haciendo que la comida se atragante).

    También podemos inducir en los niños una serie de sentimientos que pervierten el placer de comer como cuando nos avergüenzan de lo glotones, cerdos, asquerosos, maleducados, impresentables, etc. que somos, y cuyo eco se da con frecuencia en los sentimientos que surgen en la conducta bulímica, en la que la persona come para calmarse y ello le hace sentir culpabilidad, repugnancia, vergüenza, con lo que se genera una nueva ansiedad peor que la que se trataba de calmar y que de nuevo pide a gritos ser reparada con el pastel envenenado que la produce.

    Si ya desde niños comemos más porque nuestros padres se angustien menos de sus ansiedades cuidadoras, no es de extrañarque de adultos comamos para des-angustiarnos y como una forma elemental de cuidarnos.

    2.5. Compras

    Hay un buen número de fuertes impulsos y sensaciones que tienen esa misma componente de hacer olvidar, la cualidad de tinta negra que tapa la blanca angustia, como por ejemplo comprar.

    El comprar es emocionante porque incorporamos algo nuevo a nuestras posesiones, nos alegramos con esa nueva extensión del Yo a través de la cosa que tenemos, con ese crecimiento que vuelve pequeño elestado anterior de cosas y que nos hace sentir, al menos provisionalmente, como menos disminuidos.

    La función de la compra puede tener añadidos especiales si además de ser consumo privado es medalla pública que los demás admiran y envidian, por la cual seremos mejor aceptados.

    No cabe despreciar la fruición que produce la fantasía de ser envidiados. El estar en los ojos de los otros, que se alegren o les hagamos sufrir, ese personaje que imaginamos viéndonos pasear es un buen personaje para identificarse como película interesante que nos contamos.

    La compra nos enajena por momentos en la mercancía que adquirimos, como si nuestro Yo se posara en ella otorgándole una vida reluciente, traspasadora ilusoria de preocupaciones y estados lamentables de pobreza anterior.

    La compra proyecta nuestros deseos un poco más allá, aumentando nuestra capacidad de éxito. Si nos vemos con ropa nueva podemos sentir como si fuésemos más atractivos, como si tuviésemos mayor poder de seducción.

    Si adquirimos un artilugio audiovisual, deportivo, útil del hogar,etc. también ello nos hace adivinar escenas de intensa satisfacción que nos prometemos. Experimentamos el goce “como si” ya gozásemos, sin el trabajo de gozar, sólo con el fácil recurso -tan hiper-simplificado hoy en día gracias a la tarjeta de crédito- de comprar enun santiamén, incluso con una llamada de teléfono o con un click del ratón en una tienda virtual

    2.6. Cleptomanía

    El impulso a robar un objeto, muchas veces carente de especial utilidad y que incluso se puede tirar a la basura una vez pertrechado el hurto, es provocado preponderantemente por la emoción intensa que proporciona el riesgo. La intensidad emocional está alimentada tanto por salirse airososos como por la posibilidad de ser vistos.

    Muchos cleptómanos comenzaron a realizar pequeños robos y sisas en su infancia, como una forma de expresar carencias de afecto (sustituyendo pasiones por posesiones). Aunque los niños estén mimados y bien atendidos, el contacto emocional verdadero puede faltar más de lo que parece a primera vista, porque los padres se fijan en la superficie del hecho de tener un hijo (tenerlo muy bien vestido y agasajado) pero en realidad esas floridas atenciones disimulan una falta de contacto emocional, verdadera intimidad y confianza. Se produce un bloqueo del tipo “sin-tí pero-contigo”: ni el niño tiene aparentemente motivo de quejarse (y de hecho sus sentimentos de rechazo e ira los entiende como una maldad incomprensible que le vuelve indigno de la bondad de los padres) ni tampoco logra querer limpiamente a quienes ensuciaría con sus aspiraciones impostoras.

    Aprende pronto a fingir, a poner sonrisa angelical mientras que su perversión aumenta en forma proporcional al éxito del disimulo. Un robo delataría su verdadero ser aquejado del virus de la insatisfacción, pero sucapacidad de simulación es tan consumada que practicamente nunca le cogen. Parece que más bien se ve recompensada su hazaña de robar, su papel teatrero de bueno por fuera, malo por dentro.

    Las tensiones pueden dividirnos de igual manera -una vez adultos- en ‘normales’ cara a las demás personas, y ‘torcidos’ para el fuero interno. El impulso de coger un objeto de un amigo al que se visita, en un restaurante o en un supermercado, canaliza, expresa y conduce la angustia en este escenario de osadía y posibilidad abismal de ser reconocidos como ladronzuelos (con lo que provocaríamos el rechazo de todosque verían nuestra turbia realidad).

    La emoción del robo en sí misma es tan fuerte que su vida palpitante devuelve por instantes un refugio para olvidarse de algo que nos tortura. Nos da un sentido, una fuerza vital de la que de otro modo careceríamos.

    Aunque pronto lo vida nueva que se nos promete nos quita la poca anterior que teníamos, llenádonos con el fruto contaminado del objeto oculto bajo las ropas, en los armarios, en los bolsos, lugares turbios que son prueba de aquello que humilla (esta vergüenza diferencia al cleptómano del psicópata social que no tiene ningún escrúpulo en disfrutar de su botin).

    Como hemos descubierto la eficacia de la emoción del hurto comoforma de escapar del sufrimiento, la usamos cuando la angustia nos atenaza, pero no vemos que de esta forma nos volvemos secretamente indignos y ello nos obliga a simular ser dignos -siempre con el temor de ser descubiertos- sin que ese esfuerzo proporcione la misma recompensa que a los que, esforzándose mucho menos, tanto les aprovecha.

    La conducta cleptomana tiene consecuencias en la autoestima y la capacidad de animación de la persona, creando una especie de abismo entre los demás seres del mundo, con verdaderas necesidades, verdaderos sentimientos, personas de primera en suma, y el cleptómano, como carcomido por sus secretos, hecho de aparencias poco sólidas, y que en la medida que se ve atrapado en su propio círculo vicioso, va manchando todos sus rasgos positivos hasta verse a si mismo en la negrura de lo repugnante.

    La cleptomanía actúa como un cáncer, que nace en nosotros, en nuestra propia carne, pero que al mismo tiempo va creciendo contra nosotros. Para curar este cancer existe la medicina del reconocimiento del bien verdadero, de aquel que tal vez no nos dieron cuando decíanque nos lo daban, de aquel que realmente tuvimos cuando más biennos alababan por otro que no nos interesaba o que no era nuestro, del bien que podemos hacer siempre a los demás participando de su vida, la verdad luminosa del éxito en lo que más nos calma, (en contraste a prohibirnos el contacto pensando en que conocidos seríamos rechazables), verdadera intimidad, verdadera comunicación y el placer de estardentro de la ley común -ser uno mismo/a aceptable.

    2.7. Trabajar

    El trabajo cansa y la productividad disminuye más allá deciertos límites dados por la naturaleza de las tareas y la capacidad que tenemos para ejecutarlas.

    Dolerse más, agotarse hasta límites de embotamiento, monopolizar la mente con las importantes y sagradas cuestiones profesionales, todo ello tiene un matiz de bálsamo producido por la medicina del deber muy bien cumplido.

    Cuantos desaires de pareja, dificultades con los roles de crianza de los hijos e insatisfacciones personales de todo tipo son aliviados pretextando un ineludible compromiso laboral que alarga tanto el horario laboral que suprime todo otro tiempo en el que se podría sufrir. No sólo pensamos en el trabajo fuera de la casa, también la profesión de ‘sus labores’ es susceptible de esta dinámica, como en el caso de la pasión por la limpieza perfecta de la casa, que devora todas las energías).

    Es algo así como si en vez de huir en el espacio y apartarnos del lugar que nos produce problemas, lo que conseguimos volcándonos en el trabajo es demorar, apartar y dejar pendientes las cosas desagradables arropados por el pretexto de urgencias mayores.

    La necesidad de huir por el trabajo (o el estudio, las personas que están en periodo de formación u oposiciones) podría llegar tan lejos que inventemos tareas, proyectos y problemas sólo con la secreta intención de que ello se convierta en una nueva costumbre de que lo excepcional y urgente sea sustituto de vida (con promesa de que el resto de la vida aparecerá cuando acabe la etapa excepcional,es decir, entonces ya será tarde o no sucederá nunca ese momento).

    Matarse trabajando es una forma eficiente de suicidio, de que se mueraea parte del Yo que da angustia. Mientras que el cansancio aparece como noble muerte, en contraste la vida le parecería al adicto al trabajo una mala vida que vivirse.

    Esta forma fugitiva de agotarse para huir, no trae paz, sino que complicala guerra. No por engañar a nuestras necesidades como seres humanos completos logramos que la angustia desaparezca, sino que más bien aumenta como el rumor de los motores de una ciudad atascada.

    No querer pensar, como si el pensamiento que trae dolor fuera malo, es un error estratégico. Pensar, y mejor aún, expresar en palabras, escribir sobre los nos preocupa, es poner nuestra inteligencia en marcha para resolver las dificultades. Cabe considerar que hasta podríamos lograrlo y nos estaríamos perdiendo esa solución realmente satisfactoria.

    http://www.psicologia-online.com/colaboradores/jc/control.htm

  4. lasalamandra Says:

    Ataques de Panico

    Por: José Luis Catalán
    Correo Electrónico: jcatalan@correo.cop.es

    Porqué

    En la infancia tenemos una idea ominipotente y fantasiosa sobre nuestras limitaciones físicas. Podemos pensar que nunca envejeceremos y moriremos o que será tan tan lejos que prácticamente no ocurrirá nunca. Quizá estas ideas nos preparan mal para la práctica sensata del auto-cuidado, y de ahí que durante un largo periodo juvenil podamos abusar de nuestra aparentes ‘energías ilimitadas’ para trasnochar, mal alimentarnos y también para adquirir la mala costumbre de preocuparnos y sufrir sin que aparentemente ello implique mayores complicaciones.

    Pero un buen día las cosas pueden cambiar y enviarnos repentinas señales de funcionamiento corporal anómalo, como si el cuerpo ya no tolerara el mismo ritmo de agobio que tenía hasta el día anterior.
    No somos conscientes de nuestro nivel de agobio, tensión e inquietud si estamos atravesando una época de estrés. Estamos tan familiarizados con las sensaciones internas de ansiedad que nos parecen normales, o por lo menos no preocupantes. Las despreciamos, aunque el nivel de tensión en realidad es más alto de lo que nuestro organismo está preparado para tolerar.

    Esta especie de ceguera y sordera sobre nuestro estado es un error de cálculo que nace de que no conocemos nuestras limitaciones corporales (que niveles de descanso, relax, bienestar, distracción y goce necesitamos para funcionar operativamente). Nos hemos mal-educado a ser sacrificados y sufridores, anteponiendo el deber, la ambición y la auto-exigencia, o la búsqueda desaforada de estímulos. Quizás sabemos cuantas horas seguidas podemos aguantar trabajando, pero no sabemos cuantas horas necesitamos para ocuparnos de nuestra mínima tranquilidad personal. Ocurre también con demasiada frecuencia que tampoco sabemos manejarnos demasiado bien frente a las frustraciones, ante las que solemos buscar salidas que más que calmarlas parecen exacerbarlas.

    Pero los hechos son los hechos: nuestro cuerpo biológico, en especial nuestro sistema nervioso, tiene sus propias limitaciones de funcionamiento (no puede estar permanentemente activado forzado a trabajar al máximo).

    Esto es lo que fundamenta un ataque de pánico, que también podríamos llamar crisis de ansiedad.

    Cómo

    La persona intenta en un momento dado detener su ritmo frenético. Se sienta, se para en frente al semáforo, espera en una cola, se tumba a descansar un rato, intenta mirar la televisión, está sentado en un medio de transporte, etc., Es precisamente eso, que estamos haciendo algo que no es particularmente activo lo que nos desconcierta, porque repentinamente notamos que no podemos hacer la cosa tan tranquila que queríamos hacer, porque el sistema nervioso está demasiado alterado para bajar de tan arriba a tan abajo en un instante.

    En un segundo percibimos esta dificultad anómala, podemos observar los efectos de la taquicardia (acaloramiento de la parte central del cuerpo, aceleración respiratoria), nuestra respiración parece ser incómoda, y los mecanismos automáticos del control del ritmo respiratorio deciden hacer paradas bruscas que nos desconciertan (¿Me quedaré sin aire, pensamos?), se ha disparado nuestro sistema de alarma como esas alarmas de la tienda de al lado que se conecta un día de viento sin más ni más.

    En un segundo notamos el encendimiento que produce en nuestro cuerpo el estado de activación general (pensemos por ejemplo en la reacción que sentiríamos ante un susto intento repentino, como ver aparecer un perro en nuestra habitación o que se rompieran los vidrios de una ventana, una explosión, etc.).

    Pero como nada pasa en el exterior, pensamos, ¿Qué me sucede? ¿Me estaré muriendo? ¿Será esto un ataque cardíaco, colapso respiratorio, embolia cerebral? ¿Será esto que tengo un ataque de locura? ¿Cómo me puedo morir ahora sin haber hecho testamento o dejando las cosas sin arreglar?

    Pensar este ‘diagnóstico’ no es precisamente tranquilizador… Así que si ya estamos ‘encendidos’ creernos en grave peligro acaba de provocar un incendio. Estamos en pleno pánico. Sube el nivel de ansiedad provocando más efectos espectaculares (temblor de piernas, sensación de vértigo, rigidez de nuca, visión borrosa, sensación de flotar e de irrealidad)

    Puede que se acuda a un servicio de urgencias por si las dudas, y ahí, tras las pruebas oportunas nos digan que no era nada grave, sólo un ataque de ansiedad. ¿Pero cómo nos podemos convencer de que no era NADA, si nosotros en realidad nos sentimos terriblemente mal?.

    El habernos sentido tan traspuestos, el que eso sucediera en un momento tan tenso de nuestra vida en medio de las complicaciones y exigencias, y encima el miedo a que se repita… con qué facilidad se puede efectivamente repetir el episodio que deseábamos que ¡por favor! no volviera otra vez…
    Comprendiendo lo que pasa

    Como podemos observar por esta descripción en el ataque de pánico hay dos fuerzas que se unen y se suman:

    1. un estado de ansiedad que predispone a padecer molestias en la regulación del sistema nervioso (dificultad de relajarse, disparo automático de la sensación de alerta, cambios bruscos de ritmos).

    2. la percepción de este estado no como una molestia física menor, sino como algo terrible, enigmático y sumamente desagradable (algunos dicen que preferirían que les cortaran una mano antes de pasar por esos mementos). Tenemos la sensación de perder el control voluntario (¡horror!) y sentirnos débiles, desvalidos e impotentes (reacción de quedarnos clavados, paralizados y bloqueados).

    Si lo expresamos con un esquema diríamos que

    * Estímulo de Ansiedad –>
    * provoca respuesta intensa de miedo –>
    * la respuesta de miedo de nuevo genera más de lo mismo, una ansiedad todavía mayor –>

    El estado de ansiedad producido por un estado general ocurre más bien al principio, pero al cabo de un cierto tiempo en realidad la causa de ansiedad deja de ser la que era y cambia a ser nuestra propia suspicacia y nuestro temor supersticioso de que pueda volverse a repetir, o el percibir el más mínimo estado corporal que nos parezca extraño, o el simple ‘pensar en ello’. Eso explica que aunque pudieran suprimirse las causas primeras (pueden haber cambiado algunas circunstancias o hemos comenzado a tomar tranquilizantes) puedan haber sido sustituidas por otras.

    En realidad, bajo el punto de vista del trastorno psicológico, lo relevante no es el haber tenido un ataque de pánico, que de hecho algunas personas tienen por haber cuidado a un enfermo varias noches seguidas, haber bebido más de la cuenta, por efecto del consumo de algunas drogas o medicaciones, y que reconocen como ‘lógico’ debido al exceso, y que olvidan. Lo importante es que la persona que ha padecido un ataque de pánico:

    * no comprenda que ‘excesos’ esta cometiendo en su vida, o que no le parezcan ‘lógicos’ como explicaciones.
    * no tome las medidas adecuadas que tomaría frente a otro trastorno físico (o sea no varía su vida ni un milímetro)
    * comience a desarrollar conductas contraproducentes (o sea, que hace todo lo contrario que tendría, como preocuparte, anticipar situaciones, estar auto-observándose, caer en el alarmismo, enfadarse, deprimirse, etc..). La principal conducta contraproducente es la evitación de situaciones en las que uno cree que podría suceder el ataque (la situación en la que la persona sentiría ‘atrapada’). Esta conducta produce lo que se llama agorafobia, que la podríamos traducir como el miedo que se tiene a padecer una crisis de ansiedad o ataque de pánico en situaciones de indefensión (lejos, solos, encerrados, con mucha gente, delante de personas ante las que queremos quedar bien, etc.)
    * la auto-provocación (involuntaria) como cuando uno piensa que podría vomitar y sólo pensar en el asco que le daría ello le produce las nauseas que le confirman sus ganas de vomitar. De igual modo el pensamiento sobre la ansiedad produce ansiedad, la ansiedad se puede percibir con la lupa de la atención, que agranda en relieve y tecnicolor todas las sensaciones físicas, lo cual crea la sensación que está ya sucediendo lo que uno teme que suceda, y la sensación de que si algo empieza uno está perdido y no podrá evitar lo peor, y que hay que estar preparados para lo peor de lo peor que podría suceder…

    ¿Qué hacer?

    Los pasos a seguir son:

    1. Hacer análisis médicos para descartar enfermedades de carácter orgánico (en particular trastornos endocrinos, circulatorios, dificultes de tensión arterial, etc.)
    2. Una vez establecida la causa psicológica hacer una reflexión acerca de cómo estamos viviendo, en qué puntos nos estamos ‘pasando de la raya’ y qué medidas de salud podríamos tomar (descanso, alimentación, ejercicio, diversión, cambio de actitudes).
    3. Llevar vida normal (llevar vida de enfermo incurable no nos hace sentir precisamente normales). La causa de la ansiedad no es externa sino interna, así que el mundo no tiene la culpa y sería inútil tomar medidas de precaución porque el miedo puede perfectamente cambiar de ‘tema’ una vez que cedemos en evitar determinada circunstancia.

    4. Evitar todo tipo de anticipación o pensamiento sobre la ansiedad: esta es la causa más importante del mantenimiento y crecimiento de la ansiedad. Una especulación es cizaña que sembramos y provoca mayor inseguridad. Lo correcto es ‘vivir sin pensar’ hasta que llegue el momento X, en el cual nos limitamos ha hacer lo que sigue a continuación.

    5. Tener preparado un guión para decirnos es ese momento (este guión se ha podido preparar previamente con un psicólogo, y contiene fundamentalmente la idea de lo que nos pasa en que tenemos mucho miedo, pero el miedo no nos hará morir, y simplemente es algo que ‘bajará’ en la medida de que actuemos con normalidad. No me muero, es sólo miedo.
    6. Respirar hondo. Si notamos cosquilleos en las puntas de las manos o en los pies significa que estamos ventilando o oxigenando más de la cuenta y que lo que interesa en ‘parar’, por lo que aguantaremos el aire contando tranquilamente uno, dos, tres, cuatro, y expulsaremos el aire suavemente, y repetimos la operación hasta notar que de esta forma introducimos menos exógeno, desaparece el síntoma del cosquilleo y nos resulta más cómoda la respiración.
    7. Mirar algo y centrar la visión en el mundo externo (veo un cuadro, una matrícula de coche que comienza por… ) Este ver-afuera nos ayudada a saber si vemos bien y a recuperar la agradable sensación de equilibrio. También conviene oir-fuera (que sonidos escucho, que canción suena, cómo oigo mi propia voz) y tocar alguna cosa como mi ropa, un mueble, un objeto cualquiera, pera dirigir los canales sensoriales hacia el exterior. Todas estas medidas conducen a comprobar si nos estamos desmayando o mareando o si estamos ‘funcionales’. Cuanto antes comprobemos nuestro estado y salgamos de la inmovilidad, antes podemos cercionarnos de que nuestro estado es mejor de lo que parece.
    8. Continuar haciendo lo que estamos haciendo (si estábamos haciendo algo) o inventarnos una tarea. Es muy probable que la situación de pánico se de encerrados en una coche, en un aula o despacho, esperando en la cola del banco o para pagar en el supermercado (preferiblemente con personas detrás y delante impidiéndonos la huida). Entonces hacer algo puede ser hablar, curiosear, pensar lo que comimos la semana pasada, escribir algo, escuchar o tararear música, o cualquier cosa que tenga la suficiente garra para distraernos).
    9. Esperar los minutos necesarios para relajarnos (pensar que cuando uno se altera tarda un ratito en serenarse, es importante no confundir esto con que ‘fracasamos’ en el control, así que no hay que tomarse como algo ‘raro’ el que tardemos nuestros cinco o diez minutos en lograr tranquilizarnos.
    10. No enfadarse (pensamientos como “!otra vez!”, “¿qué hecho yo para merecer eso?”, “¡esto es espantoso!” “!soy débil!” y similares aportan tanto nivel de adrenalina a la corriente sanguínea como la ansiedad. Además esta ira contribuye notablemente a que la próxima vez parezca más infernal.
    11. También esta totalmente contraindicado deprimirse como si a uno le estuviera sucediendo alguna gran desgracia o tuviera la peor suerte del mundo. Esto solo hacer que agrandar al ‘enemigo’ haciendo que la ansiedad parezca más tirana, abusiva e todopoderosa que nunca. En vez de deprimirse es más útil animarse todo lo que uno pueda haciendo cosas que compensen el mal sabor de boca dejado por el momento de pánico (actividades lúdicas o que nos den paz, goce y nos reconcilien con la vida como la buena música, la buena lectura, la buena conversación o el goce estético de las cosas). Uno puede hacerse algún tipo de ‘regalito’ como un remedio curativo muy eficaz para ‘minimizar’ la fuerza del miedo. Hay que recordar que tomarse las cosas con humor es un buen método para solucionar todo tipo de problemas de salud y de la vida en general. (Algunas personas en fase de superación suelen hablar con su miedo diciéndole “así que ya has venido a molestarme un poco ¿no?, pues has de saber que ya no me impresionas porque sé que mucho ruido pero sólo eres un poco de ansiedad fisiológica inocente, así que ahora ¿qué cosa agradable podríamos hacer? ¿tal vez hablar con esa persona encantadora que tanto nos gusta? ¿tal vez nos podemos ocupar en algo útil e interesante que nos permita cambiar de tema? …”).
    12. Dejarse ayudar por un profesional. Es una lástima que muchas personas tengan alergia a dejarse ayudar por un psicólogo como si su valía personal quedara en entredicho, porque de igual modo que nos dejamos orientar por un asesor fiscal, un inversor financiero, o el maitre de un restaurante, es más síntoma de inteligencia y sensatez que de otra cosa contar con el asesoramiento de un psicoterapeuta especialista en trastornos de ansiedad. Todos los puntos anteriores y otros más quedan mucho mejor aclarados y sobre todo, puestos en práctica, con el apoyo del psicólogo, de forma que nos aseguremos del éxito en el control de un miedo que ya se ha apoderado de nosotros. Ya sé que estamos en la era del bricolaje, hágaselo usted mismo y de la auto-ayuda y que ésta misma información la ha encontrado usted en internet, pero tampoco que hay exagerar tanto que pongamos en peligro nuestra propia salud y calidad de vida sólo por evitar el contacto del profesional. Si tiene ataques de pánico y/o agorafobia, dedique tiempo y medios necesarios para su solución correcta y completa.

    http://www.psicologia-online.com/colaboradores/jc/panico.html

  5. lasalamandra Says:

    Fallecido inesperadamente Ramón Sijé en la Navidad de 1935, Miguel, conmovidísimo, deja fluir en pocos días esta tierna y rabiosa Elegía. Redactará Juan Ramón Jimenez, en El Sol, para la inmensa minoría de sus lectores habituales, un comentario muy laudatorio: “En el último número de la Revista de Occidente publica Miguel Hernández, el extraordinario poeta deOrihuela, una loca elegía a la muerte de su Ramón Sijé y seis sonetos desconcertantes. Todos los amigos de la poesía pura deben buscar y leer estos poemas vivos… Que no se pierda en lo rolaco, lo católico y lo palúdico… esta voz, este acento, este aliento joven de España.”

    Mes y medio antes, en el mismo periódico, había
    dado a luz Miguel un exaltado artículo sobre Residencia en la tierra de su amigo Neruda, poniendo en solfa, como de paso, la poesía pura. Decía, por ejemplo: “¡Qué ridículos encuentro el romancillo, la cosita, los cuatro versos tartamudos, verbales, vacíos, incoloros, ingenuos; el poemilla relamido y breve, que tantos cultivan y acatan!… Basta de remilgos y empalagos de poetas que parecen confiteras, todo primor, todo punta de dedo azucarado…” El gran poeta demostró una vez más, con su generosidad hacia Miguel, su inmensa talla literaria y humana.

    Podíamos dividir la Elegía en tres momentos: Encuentro con la muerte. Rebelión. Sublimación.

    http://www.nidodepoesia.com/MHelegia0.htm

  6. lasalamandra Says:

    Y o quiero ser llorando el hortelano
    de la tierra que ocupas y estercolas,
    compañero del alma, tan temprano.

    A limentando lluvias, caracolas
    y órganos mi dolor sin instrumento,
    a las desalentadas amapolas

    daré tu corazón por alimento.
    T anto dolor se agrupa en mi costado,
    que por doler me duele hasta el aliento.

    U n manotazo duro, un golpe helado,
    un hachazo invisible y homicida,
    un empujón brutal te ha derribado.

    N o hay extensión más grande que mi herida,
    lloro mi desventura y sus conjuntos
    y sientro más tu muerte que mi vida.

    A ndo sobre rastrojos de difuntos,
    y sin calor de nadie y sin consuelo
    voy de mi corazón a mis asuntos.

    T emprano levantó la muerte el vuelo,
    temprano madrugó la madrugada,
    temprano estás rodando por el suelo.

    http://www.nidodepoesia.com/MHelegia1.htm

  7. lasalamandra Says:

    sOBRE LA IMAGEN

    William Blake (Londres, 28 de noviembre de 1757 – id. 12 de agosto de 1827) fue un poeta, pintor, grabador y místico inglés. Aunque en gran parte desconocido durante el transcurso de su vida, actualmente el trabajo de Blake tiene una alta consideración. Se le ha elogiado sus trabajos, en especial a sus grabados: “William Blake es con gran margen el mayor artista que Gran Bretaña ha producido” [1]

    Sin embargo, considerar los logros de Blake en poesía o en las artes visuales por separado sería perjudicial; Blake veía estas dos disciplinas como dos conjuntos en un esfuerzo espiritual unificado, y eran inseparables para apreciar correctamente su trabajo.

    http://es.wikipedia.org/wiki/William_Blake

  8. lasalamandra Says:

    William Blake y la pintura [editar]

    Además de escribir poesía, Blake era pintor. Su pintura, basada en visiones fantásticas de rico simbolismo, tiene cierta influencia de Miguel Ángel, por la musculatura de sus figuras y los escorzos a los que las somete. Aplicó su arte pictórico para ilustrar tanto composiciones propias como ajenas: el Paraíso perdido de Milton (una de sus obras favoritas), o Las noches, de Edward Young. La relación que hay entre los poemas y las ilustraciones es compleja y exige imaginación por parte del lector, ya que se basa no tanto en el tema del poema en sí como en la sensación que este transmite.

    http://es.wikipedia.org/wiki/William_Blake

  9. lasalamandra Says:

    omportamiento humano: adultez

    Comportamiento humano: adultez

    Es la etapa comprendida entre los 25 a los 60 años aproximadamente, aunque como es sabido, su comienzo y su término dependen de muchos factores personales y ambientales.

    En esta etapa de la vida el individuo normalmente alcanza la plenitud de su desarrollo biológico y psíquico. Su personalidad y su carácter se presentan relativamente firmes y seguros, con todas las diferencias individuales que pueden darse en la realidad.

    Así, hay adultos de firme y segura personalidad capaces de una conducta eficaz en su desempeño en la vida; hay otros de una personalidad no tan firme ni segura; finalmente existen los que adolecen de una pobre y deficiente manera de ser (personalidad) que los lleva a comportamientos ineficaces y hasta anormales.

    El adulto maduro se distingue por las siguientes características:

    * Controla adecuadamente su vida emocional, lo que le permite afrontar los problemas con mayor serenidad y seguridad que en las etapas anteriores.
    * Se adapta por completo a la vida social y cultural. Forma su propia familia. Ejerce plenamente su actividad profesional, cívica y cultural. Es la etapa de mayor rendimiento en la actividad.
    * Es capaz de reconocer y valorar sus propias posibilidades y limitaciones. Esto lo hace sentirse con capacidad para realizar unas cosas e incapaz para otras. Condición básica para una conducta eficaz.
    * Normalmente tiene una percepción correcta de la realidad (objetividad), lo cual lo capacita para comportarse con mayor eficacia y sentido de responsabilidad.

    El adulto inmaduro presenta características completamente opuestas:
    * Es contradictorio en su comportamiento (incoherente) y no controla sus reacciones emocionales.
    * No percibe la realidad tal como ésta es (falta de objetividad).
    * Menos consciente, responsable y tolerante (falla en el trabajo)
    * No se adapta adecuadamente a la vida social (inadaptado)

    http://www.klip7.cl/blogsalud/sicologia/2005/01/comportamiento-humano-adultez.html

  10. lasalamandra Says:

    Sobre el anterior articulo… está bien para un niño educado en un colegio de monjas pero no para como entiendo el concepto yo. Qué es eso de formar familia y si nos negamos… hombre por favor.

  11. candelaarias Says:

    225 visualizaciones.

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