¡QUÉ BONITO!

febrero 12, 2005

más soliloquios de la misma mañana

Y luego acabo por preguntarme algo tan descabellado como que: ¿Y dime es que ahora siempre querré que seamos Uno? Y no me gusta, definitivamente esa pregunta que surge, lo que siento es que me disgusta porque a mí tampoco me apetece demasiado encender y apagar fuegos que luego no sé si podré controlar yo sola. Y la clave es ‘yo sola’. ¿O será ‘controlar’?

Pero me ducho, me visto y me maquillo y elijo ponerme la misma ropa que usé en la cita con Max porque me hace sentir femenina y sexy, y según lo que le he entendido a Javier parte de mi credibilidad será mi imagen (aquel abogado con el que tuve aquella cita y con el que perdí el contacto después de encontrarme con el amante crepuscular porque… porque yo sé que no se va a parecer en nada a lo que viví y eso me distancia). El que a simple vista cualquier pueda persona pueda pensar que soy una mujer ”tan atractiva”, que lo más probable sea que ”ese desgraciado” se haya obsesionado conmigo. Es que no hay testigos y sin testigos… Y se me ha hecho tarde, así que me doy prisa y salgo de casa con el tiempo justo para llegar al juzgado. Son unos 25 minutos. Y primer inconveniente ‘M’ con su hija ‘E’ que padece un ‘síndrome de down’. Meses sin verla y tiene que ser esta mañana y no puedo, de verdad que no puedo pararme, sí, es que tengo que llegar al juzgado, ya hablaremos, sí, sí, esas cosas pasan. No, no he vuelto por el parque por eso mismo. Pero metros más abajo su marido. Lo siento, lo siento ‘P’. No puedo pararme pero mira, hace unos minutos acabo de ver a tu mujer y a ‘E’. Arriba, donde el Día. Y no, no sé dónde iban. Y a ‘P’ no llegué a denunciarlo pero sí que durante una buena temporada creí que tendría que tomar alguna medida grave. Es que su mujer ‘M’ tiene talento para todo menos para la dulzura en el trato con los demás, a no ser cuando se pone sibilina…, y es un sargento la tíaaaa, ¡Uff!, y cuando ‘P’ pasó a relacionarse mucho conmigo se convirtió en un problema serio para mí, porque por una parte yo sentía que ‘P’, que tiene la misma edad de mi padre, era una gran persona pero por la otra no podía soportarle ni a él ni a sus patéticos requiebros. Y lo cierto es que cuando dejé de frecuentarlos fue como una pequeña liberación.

Y cuando ya he enfilado la calle de los juzgados es cuando recibo el mensaje de Susana deseándome suerte… Y dentro hay un revuelto de personas de lo más variopinto y ningún conserje a quién preguntarle y me quedan sólo cinco minutos para dar con el lugar y entonces un juez (creo que ese hombre amable con gafas lo era) sale de una sala que se queda vacía y me dirijo a él y me indica. ¡Qué pena! porque a este hombre le agrado y le tendría de mi parte. Y sí, veo dónde me señala pero entonces también le veo a él y las tripas me dan un vuelco. Está allí sentado en una de esas cuatro sillas y al lado de un hombre muy gordo. Y lo que hago es dar un rodeo y situarme a sus espaldas. Hay un gran ventanal y puedo sentarme allí. Pero, ¡qué gran putada!, mi vecino, mi vecino de puerta, el antiguo novio de Ana I. y con el que ni siquiera me hablo (solemos saludarnos cortésmente pero nada más e incluso si podemos evitarnos…), aunque hoy me llama y me pregunta que hago allí. Quiere ayudarme. Es procurador y me dice que me lo tome con paciencia, que es un juicio de faltas y que cuando me llamen, eso me dice, y que ni se sabe cuando lo harán porque los anteriores pueden eternizarse y me ofrece que me siente en su despacho y yo a eso le digo que no, que prefiero estarme cerca de la puerta. Sorprendentemente está siendo muy agradable conmigo y no, no tengo abogado, ¿lo necesito? No, porque el fiscal en los juicios de faltas puede servir como tal. Y entonces me despido de él y me siento de nuevo en la ventana dónde ese sol deslumbrante de la mañana queda a mis espaldas, y yo procuro no odiarlo demasiado hoy, quiero concentrar la suma de mi resentimiento en ese individuo que aparenta toda la calma que yo no tengo mientras hace que lee su periódico, ¿o ‘elhijodeputa’ será capaz de leerse tan tranquilo el periódico mientras yo, que soy quién le acusa, tiemblo? y no quiero que se me escape ni una gota, tengo que poder arrojar mi disgusto íntegro como si de un jarro de agua fría se tratase a la cara de unos extraños que después de todo lo que deciden es si yo miento o no. Y a ver quién se duerme tras algo así. Y me pregunto si ese tipo gordo, grotescamente gordo, será su abogado. Están hombro contra hombro y ahora se han hablado. Y me planteo si yo tendría que haberme buscado uno pero lo hago sólo porque estoy asustada, aunque en el fondo sé que confío en mí, posiblemente más que en nadie. Si no tal vez me habría preocupado más

(*Me voy a comer)

Y hay un hombre alto con barba de más de cincuenta años que se pasea inquieto y que trata de hablar con esa mujer rubia que asoma por la puerta de la sala tres y nos va llamando. Yo también me he levantado y le he preguntado… ‘los papeles, los papeles, en esos papeles de la pared está el orden’ pero luego ella misma me da la respuesta porque le he resultado simpática. Y vuelvo al sitio que ocupo y ese hombre me llama mucho la atención pero no sé por qué y le sigo observando, debe de tener la edad de mi padre y le miro sin escatimar curiosidad. Y él por un momento me ha mirado a los ojos y luego ha buscado con atención los de mi acosador y ha hecho un gesto de reprensión con la cabeza mientras le mira que inmediatamente le hace empatizar conmigo y que me da a entender que ha sido él quién primero se ha fijado, sin que yo lo percibiese, en mi comportamiento. Debo estar destilando aversión y hasta puede bebérseme, imagino. Y ‘el Acosador’ gira su cabeza y trata descubrirme por el rabillo del ojo y me parece que si se atreve a darse la vuelta para buscarme comenzaré a gritar, pero eso es sólo lo que me parece, no lo que sé qué haré y hay mucho trasiego de personas. He visto a otro hombre que me resulta atractivo, sus rasgos lo son pero no su cuerpo; no es que no tenga un cuerpo bonito porque su estructura lo es pero le encuentro algo enclenque; es el mismo tipo de hombre de Max, ese tipo de hombres que me recuerdan a los muñecos y por lo mismo, intuyo, por lo qué los hombres a veces en ‘las pelis de vaqueros o de gansters’ nos tildan a nosotras las mujeres de muñecas y pienso en Inés, ¿a ella no le sucedería cómo a mí? Nosotras estábamos gordas para él, aunque a mí no se atreviese a decírmelo a las claras pero él para nosotras es poquita cosa. Sí, ese hombre de los rasgos atractivos es un cuerpo bonito de ver pero poquita cosa como hombre, vamos aunque lo que quiero es decir como macho de la especie. Y estoy hablando sólo del físico y yo necesito sentir que me aferro a algo, a carne, a sangre, a vísceras, a una mente estimulante... y hay más hombres. De hecho, aquello es una mina de hombres. Y también hay mujeres pero ninguna me llama la atención; un momento a no ser esa chica que ahora se levanta y se va, una talla 34. Y yo cuando más delgada he estado ha sido en la 36 y al levantarse le he visto el tanga negro antes de que se subiera el pantalón, algo muy erótico pero que no me excita, sólo que me recuerda lo excitantes o eróticas que podemos llegar a ser las mujeres . Pero eso depende del hombre, de para qué hombre, como es lógico, porque hay hombres que no soportan a las mujeres que pasan de la talla 36 y las demás ya no existen como tales, sólo somos focas; aunque no recuerdo si esa burda forma de declararlo, esa en concreto, forma parte de las nomenclaturas animales preferidas de las que Max acostumbra a abusar: burra y gocha… ¡Qué burra eres o es fulanita! ¡O qué gocha…!. Y ya ves, para tratar de ser un gentleman no está nada mal, ¿eh?. Y algunos me miran, todos lo hacen pero en algunos sólo es una mirada ocasional, como la de ese ‘hombre-muñeco’ que luego se hace el interesante, y sólo algunos se atreven con esa mirada que lo único que mira son las posibilidades que existen de que a ti te apetezca tanto follar con ellos, como les apetecería a ellos follar contigo. ‘Te comería el coño ahora mismo’, me dice éste que se parece a aquel tipo que me presentó Nora y que era el marido de una compañera de trabajo. Es que me temo que me he sentado en la zona de ‘no-herbívoros’. Pero ese es tu problema, le contesto yo respondiendo con una mezcla de indiferencia y audacia a la mirada de esa afirmación, que si no fuera por esa mirada tal vez nunca ”escucharía”. Aunque al ‘hombre-muñeco’ que se hace el interesante sí que le chuparía la polla. Eso seguro. Y quizás hasta por eso mismo él ha comenzado a hacerse el interesante, para decirme: ‘Pero ese es tu problema y no el mío’. Y bueno, ninguno vamos a morirnos, ¿no? Sólo estamos pasando el rato en que no nos gusta estar de una manera lo más entretenida posible. Y entonces descubro que eso era exactamente lo que más me atraía del hombre con barba y gravedad, que él si estaba disfrutando de la austeridad del momento aunque se mostrase impaciente. Y también de que esa es su única baza para diferenciarse en un mundo dónde ya casi todos son más jóvenes y sexualmente más potentes que él. Y ¡qué bien! el gordo se levanta y se va sala adentro cuando le llaman, y mi acosador parece que ahora se queda tan solo como la una, como yo misma. Y luego llega un Otro, y ese otro hombre me recuerda bastante a alguien que conozco pero al que hace más de un año que no he vuelto a ver, a C ‘el policía’ pero por la época en yo le conocí, cuando tenía la misma edad que yo tengo ahora y la desintegración de su matrimonio no le había convertido en esa especie de piltrafa humana. Y ese hombre y yo si nos gustamos porque nos decimos lo mismo, exactamente lo mismo y nada distinto, con la mirada. Y entra en un despacho y sale al minuto con una toga, y yo pienso en cómo me gustaría a mí que ese fuera el fiscal que va a tocarme en gracia pero sé que no tendré esa suerte, y se pone a hablar con un grupo de personas a unos diez metros de donde me encuentro yo pero mirando en mi dirección y con las manos a la espalda, aunque eso hace que los demás tengan que situarse de otra manera diferente a aquella en que lo hacían para poder incluirlo en la conversación; porque no es él quién se molesta en integrarse, son ellos quienes se acomodan a él y de esa manera lo único que yo averiguo es que ese hombre es también de los que ‘eligen’. Y eso me gusta. Creo que sólo me gustan verdaderamente los hombres que como yo Eligen. A mí nunca me agradó demasiado la sensación de ‘ser o sentirse elegida’ pero desde hace unos años para acá, menos que nunca. Y sobre todo me alegré mucho de no tener ese tipo de problema, cuando oí hablar de los niños índigo y comprobé los desastrosos efectos que eso había logrado sobre la personalidad, al menos la virtual, de Ana. Y eso que a Ana, lo de que era una índigo, se lo había dejado caer uno de esos gurús de baba y media a los que ella conocía en esas reuniones para ‘SeresSuperEspeciales’… ‘Sí, tú eres muy muy especial…’, le decía a Laura, ‘… mi Índigo pero porque a mí me lo resultas, porque nunca había encontrado a nadie con el que me sintiera tan identificada como contigo…

‘ Y por eso somos especiales, porque nos encontramos con alguien que es cómo nos hace sentirnos. Algo que cuando ocurre es sólo terriblemente bonito. Te fijaste que no digo bello, ¿no? Dije bonito. Una expresión que cuando utilizamos irónicamente sólo quiere decir malo, inútil, temible.

JUZGADO

12/02/2005 20:45. Tema: Diario. #. .

4 Responses to “¡QUÉ BONITO!”

  1. lasalamandra Says:

    Odalys:
    No me da tiempo a leer todo, me lo llevo a casa para disfrutarlo bien. Tu fertilidad de fin de semana es inmensa e intensa. Pero quería pasar a dejarte besos y buenos deseos.
    Te respondí sobre lo que “sentí”. Un abrazote :)
    Y no me queda claro tu email, te dejo el mío.
    2005.02.12 17:13 email: odita (arroba) yahoo.com

    Su:
    Tengo ganas de saber qué pasó en aquella sala, espero que te haya sido favorable y puedas volver a tu parque cuando te apetezca sin temor a que ningún hijoputa te incomode.

    Creo que la mayoría de los chicos con los que he estado hasta ahora eran de los que se dejaban elegir, que era yo la que elegía vamos… Estaría bien experimentar de vez en cuando lo otro.
    2005.02.12 20:25 email: Campanilla698 (arroba) hotmail.com

    salva:
    Un saludo Odalys, aprovecho este medio, me lo permites verdad Carmen, para preguntarte si tienes algún blog para leerte allí. He leído tus intervenciones aquí en este blog y tengo curiosidad por conocerte un poco más.

    Carmen, no es por alagarte ni nada por el estilo, además yo no soy un experto en literatura, ni mi juicio crítico merece mucho crédito, pero, como simple lector, he leído todo seguido casi de un tirón -la verdad es que cansa la vista leer mucho tiempo seguido-, atrapa. Creo que consigues lo que todos los escritores desean, atrapar al lector. Vale, no es una novela, es la realidad, algo que no tienes que inventar, que fluye de tu interior como un torrente; el caso es que se lee como una novela emocionante. Besos.
    2005.02.12 20:32

    Su:

    Se ma pasaba una cosa… sobre las tallas; conocí chicas bastante jamonas que juraban embutirse en unos levis de la 25 y a otras que con pinta de ir a romperse si hacían un movimiento demasiado brusco aseguraban entrar en una 38 condificultad.

    Reconozco que me “alegra el día” tener que ponerme un cinturón en unos pantalones de la 38, y que a veces me doy asco a mí misma cuando veo el michelín que no quiere irse de mi barriguilla…. A dónde quiero llegar es que lo de las tallas es una tonteria.

    ¿Puedo contar una anécdota rápida? Cuando iba a primero de bup estaba bastante delgada (siempre tuve barriguilla, pero bueno..) pero no me atrevía a ponerme faldas ni pantalones ajustados porque me consideraba gorda; no tenía ningún trauma ni nada de eso porque comía que daba gusto verme ¿eh?. Ahora estoy más gorda que entonces (digamos mejor que ahora tengo curvas de mujer) y me veo guapísima con faldas cortas y con pantalones truñidos…
    Un beso Carmen
    pd. qué rara veo la página así con tanta luz ;-)
    2005.02.12 21:45 email: Campanilla698 (arroba) hotmail.com

    Hermione:
    Eso de ser “la elegida”, no me gusta nada, que alguien crea que te concede el honor.
    El que te elijan y te toque aguantar, tampoco.
    Me gusta ser elegida después, a la vez o antes, da igual, de elegir yo a esa misma persona. Pero que sea bidireccional.
    2005.02.13 19:13


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  3. INVERSaMENTE Says:

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  4. candelaarias Says:

    15 visualizaciones

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