LA IMPUNIDAD DEL AMOR

febrero 12, 2005

La vista oral

Y por fin la rubia entrada en carnes y vestida con un elegante traje de chaqueta de pantalón sale por tercera vez y es a mí a quién llama. Le enseñas tu DNI que ella confirma y pasas al interior de la sala dónde te encuentras con dos mujeres de rostro grave parapetadas tras una mesa, y lejos de alentarte eso te contraría porque de alguna manera tú sabes que te entiendes mucho mejor con los hombres que con otras mujeres; en particular con ese ‘tipo de mujeres’ ¿O tú qué prefieres que te toque en gracia? ¿una ginecóloga? Yo no, por mi experiencia personal no. Creo que ellos habitualmente y para muchas cosas tienen más tacto… o vale, será que les influye más el físico y tal vez por eso a mí no me ha importado nunca servirme de él para conseguir un trato más personal o mejor. Aunque no todas las cosas se arreglan con un buen físico y ‘el encanto’ tampoco es que se localice en ninguna zona del cuerpo. Yo siento que es más como una energía, sólo que esa mujer que me mira, sé de sobra que no va a dejarse impresionar por ello, si fuera la secretaria, ella sería otro cantar, pero esta juez o fiscal o lo que sea, yo que narices entiendo de eso, parece enjuta y árida. Y ahora me dice que me levante y yo no me estoy mostrando como un dechado de elocuencia precisamente. Y trato de poner cuidado en entender cuál es la pregunta:

– ¿Quiere que lo condenemos?
– ¿Condenar a qué? Yo estoy siguiendo lo que se supone que es el procedimiento policial y lo único que quiero es que este hombre me deje en Paz y no vuelva a acercarse a mí.

Y la juez o el fiscal o lo que sea que represente esa figura con toga lo que quiere es que le cuente los hechos. Y yo le digo que son los mismos que he firmado en mi declaración, y me gustaría estar más brillante pero es que la vista es pública y yo no sé quienes son esas personas que han entrado detrás de mí; además es que nos han sentado al tipo y a mí en el mismo banquillo. O sea tú no quieres verle delante y te lo plantan al lado. Y no te mandan cogerle de la mano de milagro. Y me parece que mi voz me traiciona. ‘Traidora, traidora, no te me encojas ahora capulla y sal de ahí con fuerza, sal de mi garganta’. Y no sé textualmente que más le he dicho o que me ha preguntado pero si dónde el asunto ha quedado claro.

– ¿Este hombre la ha amenazado, la ha insultado, la ha agredido?
– Sí, me ha dicho que me quería, me ha gritado que me quería… -y aquí hago una pausa más larga que un segundo para luego añadir con énfasis- y yo no le conozco de nada.

Y entonces ella se me queda mirando muy seria y me dice con voz puntiaguda.

– Le repito la pregunta porque me parece que no me ha entendido usted
– ¿Este hombre la ha amenazado, la ha insultado, la ha agredido en algún momento?
– Y yo le repito que me gritó que me quería y yo no le conozco de nada

Pero ahí, ya no puedo más que estar orgullosa de mi voz porque ha percutido por la sala con tremenda indignación
Y aquí es cuando la juez se ha enfadado conmigo y asegura que me ya me había escuchado la primera vez pero que aún así va a volver a formularme la pregunta para que se le contesté estrictamente a lo que ha preguntado.

– ¿Este hombre la ha amenazado, la ha insultado, la ha agredido en algún momento?

Y en ese instante de silencio que ocurre a continuación, porque yo no contesto, lo único que hago es mirarla, pero mirarla exactamente como si estuviera diciéndole: pero usted cómo puede ser tan incapaz de comprender lo que se le dice y pese a ello quedarse ahí sentada. Y me imagino que tengo esa misma mirada por la que mi padre me asegura, el mismo a quién pertenece, que un día acabaran rompiéndome los dientes. Y ahora sí que nos hemos indignado, pero las dos y no sé cuánto tardo en contestarle, algo, y sólo digo:

– NO – pero ha sido un No arrastrado con rabia.

Y la cosa no acaba aquí porque ni yo puedo ya obviar en mi tono ni en mi actitud lo enojada que estoy con ella, ni ella puede disimular lo mucho que la ha irritado esa especie de enfrentamiento que hemos sostenido. Y sigue preguntándome que si desde el día de la denuncia he vuelto a tener algún tipo de problemas con él y yo le insisto en que mi único problema es que ese individuo que no conozco de nada se ha convertido en mi Problema y que ha restringido mi libertad, y mi sentimiento de seguridad se ha resquebrajado hasta tal punto que ya no puedo sentirme tranquila como antes, ni caminar tranquila cuando enfrente de mí veo venir a alguien que simplemente se le parece a él, y que no, evidentemente no ha vuelto a asustarme porque las dos únicas veces que me he atrevido a asomarme por el parque he sido incapaz de aguantarme sentada más que unos minutos de pura intranquilidad y desconfianza que me ofrece el que ese hombre se encuentre cerca de mí.

– ¿Y quiere presentar alguna prueba?
– Sí, lo único que tengo. Mis sentimientos y mi diario -he dicho digna y convencida de su valor

Pero la juez no me ha permitido entregárselos. Me ha dicho que no, que a ella no se los diera, que se los entregara a la rubia. Y es la rubia quien se levanta y le pone los folios grapados encima de la mesa.
Y ahora es el turno de él, del acosador y quiere presentar una prueba, una especie de diploma que a él si que le deja acercarle (bueno, creo, aunque no recuerdo bien si lo hace el mismo o es a la rubia a quién se lo da) y que atestigua que yo mentí en mi declaración porque él no se se encontraba en el mes de febrero por los alrededores de la zona y entonces yo me he vuelto y he mirado a la rubia que es la única que sentía que estaba de mi parte en la sala, porque aquella arpía que estaba en el estrado desde luego que no, y la rubia me ha hecho un gesto cómo de que no me preocupara, cómo de que ‘una llega a oír tantas cosas aquí que tú ni te imaginas…’, y que dejaba muy claro que la rubia me creía a mí y sabía que él estaba mintiendo como el jodido embustero que era. Y a la pregunta de que si me ha dicho algo o hablado conmigo en alguna ocasión no va el tío y asegura con todo su morro que no, que nunca se había dirigido a mí para nada en su vida, que se limitaba a estarse sentado en los bancos y por los alrededores como yo y entonces me ha dado como un arrebato de mala leche que he vuelto a mirar a la rubia con mis ojos de ‘Yo es que no puedo dar crédito ante tanto cinismo’ y ella ha vuelto a decirme con un gesto: ‘Nada, tú tranquila. Como si oyeras llover’. Pero la sorpresa ha sido cuando a la juez ha comenzado a sobrealzársele la voz y le ha interrogado a él mostrándose pero que mucho más agresiva e irritada de lo que minutos antes me había parecido que estaba conmigo. Y para remate no va el tío y declara con estas mismas palabras, que dice lo mismo que yo digo, que somos dos desconocidos y que él a mí no me conoce de nada. Y entonces la juez me ha preguntado otra vez si quiero que se le condene . Y ahora si me aclara en que se resume esa condena cuando yo le pregunto, sólo en una multa. Y yo digo que sí claro, que yo lo único que deseo es hacer lo que sea necesario para conseguir que se me deje en Paz. Y ella le pregunta si trabaja, y él le dice que sí, sólo que ahora no, porque dice que ahora está de baja. Y yo pensando: justo, un enfermo mental con baja psíquica o cuanto menos por depresión. Y la juez quiere saber cuánto gana. Y él dice que sobre unas cien mil pesetas (no habla de euros). Y entonces se acaba lo que se daba porque creo que lo de mis sentimientos y mi diario no viene aquí sino que iba ahí dónde lo he colocado y me ha encantado el tono solemne y sentido con el que me lo he arrancado del pecho; ha sido absolutamente convincente, lo mismo que eso de la pena que pido por lo que se me ha robado: ¿Y quién va a reintegrarme a mí lo que he perdido: mí libertad, mi seguridad, mi tranquilidad y mi confianza?… Pero tampoco puedo descartar que lo dijese aquí en este punto. Y por eso me gustaría poder echarle un vistazo a las actas, para recordar con exactitud lo que no puedo. Estaba sin dormir y fueron unos minutos muy intensos y emocionantes; tan emocionantes que luego en casa de Max descubrí que me había quedado momentáneamente ronca. Pero más o menos fue así como lo cuento. Y antes de irnos nos dijeron que teníamos que firmar en alguna parte y ese tipo estaba cerca de mí, a mis espaldas y yo debí crisparme tanto que la rubia, una mujer de lo más comprensivo me dijo dulcemente que ya podía irme y me parece que salí por aquellas puertas como si fuera un vendaval…. y cuando crucé por el pasillo con el mismo aire endiablado no miré a nadie, ni siquiera a ese alguien que se me había parecido a C. ‘el policía’, aunque escuché como algunos hombres hablaron de mí. Y es una pena que mi vecino de puerta trabaje allí porque si no tal vez no me importaría nada volver algún día a pasarme un buen rato en las salas de espera de los juzgados de mi pueblo. Ya relajadamente y no con tanta implicación. De hecho a mí me parece que ofrecen muchas más posibilidades para ligarse algo interesante que la mayoría de los locales nocturnos y de los chats. Y pienso que más de alguno debería intentarlo por ahí… a ver si así acaba por dar con Marny, ‘la ladrona’ y lo hacen, pasados los 40, un hombre de provecho.

JUSTICIA

12/02/2005 22:54. Tema: Diario. #. .

3 Responses to “LA IMPUNIDAD DEL AMOR”

  1. lasalamandra Says:

    Su:
    Por lo menos debería haber definido “agresión” ¿no te parece? porque yo creo que un gilipollas que sin conocerte de nada te siga por ahí y se dedique a gritar “Carmen te quiero” te está agrediendo directamente la tranquilidad y la seguridad.
    2005.02.12 21:32 email: Campanilla698 (arroba) hotmail.com

    Bahía:
    Es una clara y evidente agresión psíquica pero no te sonrió la suerte con esa incompetente juez, o lo que sea…
    Me hubiera gustado estar ahí, contigo. Pero me quedo bien conforme con la actitud que has tenido.
    Me imagino ese vendaval avanzar llena de dignidad y como se dice por aquí, “con poderío”.
    Un beso mu fuerte
    ;)
    2005.02.12 22:24

    Carmen:
    No, Susana tiene razón Bahía. Tenía que haberle obligado a que me definiese sus conceptos de amenaza, agresión e insulto. Fue un fallo mío pero para la próxima procuraré sentirme menos presionada. Esta ha servida de prueba, aunque sería mejor que no. No me apetece demasiado pasar otra vez por la experiencia y todavía no sé cual ha sido el resultado. Espero por eso…
    2005.02.13 00:42

    hermes:
    Seguramente los guiones de las películas que tienen juicios como tema, fueron tomados prestadas de sesiones reales. Este podría servir muy bien a uno. Bueno yo diría que puede servir solo si lo describes tú.
    Lamento que te hayas sentido acosada y amenazada por un hombre. En una ocasión yo me sentí acosado por una mujer, fue molesto, aunque no tan dramático como tu caso.
    2005.02.14 15:23 email: herme8 (arroba) hotmail.com

    Carmen a Hermes:
    Un beso Hermes :)
    2005.02.14 15:45


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    25 visualizaciones

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