– UNA DE LAS CIUDADES INVISIBLES – Cecilia –

marzo 4, 2005

Me reprochas que cada relato mío te transporte al centro mismo de una ciudad sin hablarte del espacio que se extiende entre una ciudad y la otra: si lo cubren mares, campos de centeno, bosques de alerces, pantanos. Te contestaré con un cuento…

CABRAS

En las calles de Cecilia, ciudad ilustre, encontré una vez un cabrero que azuzaba, rondando las paredes, un rebaño tintineante.
– Hombre bendecido por el cielo -se detuvo a preguntarme-, ¿sabes decirme el nombre de la ciudad donde nos encontramos?
– ¡Los dioses sean contigo! -exclamé- ¿Cómo puedes no reconocer la muy ilustre ciudad de Cecilia?
– Compadéceme -repuso-, soy un pastor trashumante. Mis cabras y yo a veces atravesamos ciudades pero no sabemos distinguirlas. Pregúntame el nombre de los pastizales: los conozco todos, el Prado de las Rocas, la Cuesta Verde, la Hierba de la Sombra. Las ciudades para mí no tienen nombre; son lugares sin hojas que separan un pastizal de otro y donde las cabras se espantan en los cruces y se desbandan. El perro y yo corremos para mantener junto al rebaño.- Al contrario de ti -afirmé-, yo sólo reconozco las ciudades y no distingo lo que está fuera. En los lugares deshabitados, cada piedra y cada hierba se confunden a mis ojos con todas las hierbas y las piedras.Muchos años pasaron desde entonces; conocí muchas ciudades y recorrí continentes. Un día andaba entre esquinas de casas todas iguales: me había perdido. Pregunté a un transeúnte
– Los inmortales te protejan, ¿sabes decirme dónde estamos?
– En Cecilia, y si así no fuera! -me respondió. Hace tanto que andamos por sus calles mis cabras y yo, y no conseguimos salir…

Lo reconocí a pesar de su larga barba blanca: era el pastor de aquella vez. Lo seguían unas pocas cabras peladas que ya ni siquiera hedían, tan reducidas estaban a la piel y a los huesos. Mascaban papeles sucios en los contenedores de basura.
– ¡No puede ser! -grité-. Yo también no sé cuándo entre en una ciudad y desde entonces no hago más que adentrarme por sus calles. ¿Pero cómo hice para llegar donde tú dices, si me encontraba en otra ciudad, muy lejos de Cecilia, y todavía no he salido de ella?
– Los lugares se han mezclado -dijo el cabrero-. Cecilia está en todas partes;, en otro tiempo aquí debía de estar el Prado de la Salvia baja. Mis cabras reconocen las hierbas que crecen en la mediana de las avenidas

ITALO CALVINO

2 Responses to “– UNA DE LAS CIUDADES INVISIBLES – Cecilia –”

  1. lasalamandra Says:

    LA CARENCIA
    Superado el dolor sólo queda el recuerdo. Ya está todo reconstruido, poco a poco, todo ha empezado a funcionar otra vez. Sólo queda ese ectoplasma flotando, acompañándome a ratos, en otros se va al océano. No voy a las ceremonias fúnebres que ha organizado la hermana, no quiero que me mande ninguna urna con cenizas ni con parte de ellas, no quiero fotografías ni textos ni cartas. No quiero nada más que el recuerdo que me queda. No conservo ni una sola fotografía de Giorgio, ni de él ni de nadie. Hace mucho tiempo que las tiré todas, no sirve para nada tener una fotografía de alguien al que no vas a volver a ver jamás. No acalla ni reduce el dolor, no tapa ningún agujero, no abre ninguna luz nueva. Tampoco quiero saber nada más de él, no quiero rumores ni leyendas, no quiero escuchar descréditos ni calumnias, no quiero saber que pensaba o dejaba de pensar. Ya no me interesa, porque ya está muerto, no es nada más que carne muerta. Todo lo que hice o dije ya está hecho o dicho, no voy a decir nada más, no quiero escuchar nada más de él, ni bueno ni malo, sólo quiero oír el silencio que deja su hueco.
    Lo hubiéramos pasado bien en Ciudad del Cabo.
    Hubiéramos follado en un hotel cerca del cabo.
    Me hubiera hablado de las ballenas y de las orcas.
    Nos hubiéramos reído con Fer.
    A lo mejor se hubiera venido con la danesa.
    A lo mejor hubiéramos visto una nueva luna.
    Ahora todo eso es por completo indiferente, no es ni una probabilidad.
    De momento, y si el tiempo no lo impide, mañana cojo un avión y salgo de esta ciudad. Una parada en Madrid y después, seguir hacia el sur. ¿Y después? Seguir jugando hasta el final. Jugar por jugar, sin tiempo que perder. No hay tiempo, ahora soy más consciente de que no hay tiempo. Hace quince millones de años que conozco a Giorgio y, a pesar de eso, no le ha dado tiempo a despedirse, no me ha dado tiempo a despedirme a mí. Ni una carta, ni un correo, nada. Ni siquiera adiós, como si se hubiera ido enfadado. Sin tiempo. Ingenuos haciendo planes tratando de alargar lo inevitable, sin calcular jamás que cada día es un regalo, como si tuviéramos dinero en los bolsillos para jugar, más dinero del que podemos gastar. También nos creímos inmortales, creímos que esto nunca se acabaría, o que faltaba mucho tiempo aún, que nos sobraba el tiempo. Hicimos planes, estrategias, casi parecía una visión de futuro. ¿qué futuro? No hay futuro, no hay nada más que tiempo que se consume como una vela, arde y arde sin parar, lentamente, desplegando humo negro o blanco, eso es todo lo que queda, humo y cenizas. Nada. Así que sólo queda disfrutar del tiempo, de esa ficción que es el tiempo.
    Salva está solo otra vez, la mujer que hasta hace poco le acompañaba en estas largas noches de invierno ártico ya se ha ido. No está muerta, pero es casi como si lo estuviera, millones de kilómetros les separan aunque esta ciudad es pequeña. No le pregunto, tampoco me cuenta mucho, un Se Acabó lacónico. Bebemos, pero el dolor ha incrementado enormemente mi tolerancia al alcohol.
    ¿Para qué los planes? ¿para qué tanto deseo postergado? ¿para qué tanta planificación? Es todo una ilusión, una ficción inútil. Pura banalidad, puro juego burgués. Como si fuera propietaria de mi tiempo, como si realmente tuviera algún control sobre él, pudiera ejercer mi voluntad sobre el tiempo. No hay nada que hacer, sólo jugar y jugar, incansablemente jugar.
    Ni un plan más.
    No más calendarios ni fechas previstas en el futuro, porque eso no existe. Sólo hay este momento exacto, este de escribir o de leer o de descubrir. Perpetua turista sin otro plan que seguir viajando hasta que todo se acabe y alguien me desangre en el centro de un desierto amarillo y después me prenda fuego.
    Trato de reírme, pero es casi imposible hoy, ahora me resulta imposible. Tampoco siento deseo de masturbarme. El dolor me ha dejado sin fuerzas, todo mi cuerpo está inflamado por tiendas de campaña que tratan de regenerar a células que murieron en la onda expansiva. De alguna forma, me siento más muerta que ayer, más muerta que esta mañana, mucho más muerta que esta mañana. La explosión me dejará secuelas, todas las ciudades devastadas sufren secuelas en la infraestructura básica. Todavía no sé cuáles son.
    Si hubiera podido despedirme, nada de esto estaría pasando, o sí, pero no así.
    Y ahora tener que escuchar todos esos lamentos, ese rechinar de dientes. Ese lamento de conocidos que no conocieron a Giorgio, el lamento de desconocidos. Silencio es lo único que puedo contestar. Un silencio glacial.
    04/03/2005 03:23. Tema: . . .
    Un capítulo::
    Me reprochas que cada relato mío te transporte al centro mismo de una ciudad sin hablarte del espacio que se extiende entre una ciudad y la otra: si lo cubren mares, campos de centeno, bosques de alerces, pantanos. Te contestaré con un cuento…
    El cuento:
    En las calles de Cecilia, ciudad ilustre, encontré una vez un cabrero que azuzaba, rondando las paredes, un rebaño tintineante.
    – Hombre bendecido por el cielo -se detuvo a preguntarme-, ¿sabes decirme el nombre de la ciudad donde nos encontramos?
    – ¡Los dioses sean contigo! -exclamé- ¿Cómo puedes no reconocer la muy ilustre ciudad de Cecilia?
    – Compadéceme -repuso-, soy un pastor trashumante. Mis cabras y yo a veces atravesamos ciudades pero no sabemos distinguirlas. Pregúntame el nombre de los pastizales: los conozco todos, el Prado de las Rocas, la Cuesta Verde, la Hierba de la Sombra. Las ciudades para mí no tienen nombre; son lugares sin hojas que separan un pastizal de otro y donde las cabras se espantan en los cruces y se desbandan. El perro y yo corremos para mantener junto al rebaño.

    – Al contrario de ti -afirmé-, yo sólo reconozco las ciudades y no distingo lo que está fuera. En los lugares deshabitados, cada piedra y cada hierba se confunden a mis ojos con todas las hierbas y las piedras.

    Muchos años pasaron desde entonces; conocí muchas ciudades y recorrí continentes. Un día andaba entre esquinas de casas todas iguales: me había perdido. Pregunté a un transeúnte
    – Los inmortales te protejan, ¿sabes decirme dónde estamos?
    – En Cecilia, y si así no fuera! -me respondió. Hace tanto que andamos por sus calles mis cabras y yo, y no conseguimos salir…

    Lo reconocí a pesar de su larga barba blanca: era el pastor de aquella vez. Lo seguían unas pocas cabras peladas que ya ni siquiera hedían, tan reducidas estaban a la piel y a los huesos. Mascaban papeles sucios en los contenedores de basura.
    – ¡No puede ser! -grité-. Yo también no sé cuándo ent´re en una ciudad y desde entonces no hago más que adentrarme por sus calles. ¿Pero cómo hice para llegar donde tú dices, si me encontraba en otra ciudad, muy lejos de Cecilia, y todavía no he salido de ella?
    – Los lugares se han mezclado -dijo el cabrero-. Cecilia está en todas partes;, en otro tiempo aquí debía de estar el Padro de la Salvia baja. Mis cabras reconocen las hierbas que crecen en la mediana de las avenidas
    2005.03.04 20:26
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    Fecha: viernes, 04 de marzo de 2005 12:42
    Asunto: Giorgo
    Una sola pregunta (¡argg resaca!) podrías darme esa referencia otra vez del tal Giorgo… me dijiste que existe, ¿Cómo llego a él? No recuerdo la forma… era un libro en concreto, un autor, un personaje real…
     
    Un beso
    ,
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    ,

    Fecha: viernes, 04 de marzo de 2005 12:42
    Asunto: Giorgo

    Sé que es un personaje del “Cuarteto de Alejandría”, de Lawrence
    Durrell. De hecho, el estilo Durrell es el más fácilmente reconocible
    en su blog. Pero, cariño…son más de dos mil páginas. Suerte con la
    búsqueda ;-)))

    besos mil

  2. lasalamandra Says:

    DE REPENTE, UN ESTALLIDO
    Giorgio, ese gran amante, ha dejado de vivir. Su hermana me llama a primera hora de la tarde y todo es ahora una inmensa esfera hueca, una campana oscura. No hay bazo ni páncreas que soporte una patada así y, sin embargo, es algo inevitable. Todo es ahora negro, un negro tan denso que no cabe nada en él. Un agujero negro que ha atraído el queso de Gruyere y lo ha convertido a su vez en negro. Primero chillo, después sólo quedan lágrimas sordas. Y un silencio. Nada más que un silencio. Y un leve pitido en los oídos. Y una lengua inflamada. De ochenta a sesenta en poco menos de un segundo, esa bomba muscular ralentiza el ritmo, lo baja hasta un nivel soportable. Y mando tres mensajes. A tres personas distintas y tengo tres respuestas distintas. He salido de la ciudad temprano, me esperan dos amigos y una amante y ahora nadie me espera ya más.
    No vuelvo a ese hotel, Salva se encargará de recogerlo todo. Después, la nieve y un aeropuerto, no sé si alguien habla en el trayecto. No sé casi nada, sólo sé que es como una caída al vacío, la misma de L. pero de otra forma, no hay bragas en la boca solo tierra húmeda y fría y un caballo quieto, mirando. Y la perra, un ladrido vago y difuso atravesando los campos estériles, entrando en la casa, avisando a la hermana que ese Amante no se levanta más del suelo.
    Ahora que ya ha pasado un rato, ahora que ya sé que todo ha girado, como si el centro de gravedad se hubiera desplazado, ahora ya no tengo más lágrimas, sólo queda un enorme agujero, un agujero como el de cualquier otro, un agujero tan profundo que debes esperar mucho rato si quieres oír el chasquido de la piedra contra el fondo. La gente me mira pero nadie me habla, mejor así, prefiero el silencio a tener que explicar algo que sólo yo puedo explicar. Todo es diferente aunque parece exactamente igual. Ahora sólo soy una mujer con el páncreas devorado por una colonia de gusanos, una ciudad destruida por una guerra.
    Escribo con la resaca que produce el dolor. Ese que sólo se siente cuando tienes lo músculos fríos, después de recibir un directo en la nariz, una patada en la rodilla o en el codo, una quemadura con un cigarrillo. Primero es sólo la luz y un dolor cegador, después sólo quedan restos, tuberías dañadas, el alcantarillado atascado y lleno de bilis, los pulmones resecos, sólo entra aire viciado en el cuerpo después de un estallido así. Aunque lo deseara con todas mis fuerzas no podría follar, hoy no. Todo el cuerpo está cansado, como una ciudad devastada por las bombas, durante un rato sólo queda el silencio y el humo y los cascotes de los edificios que hasta hace sólo un rato eran pulcros y hermosos, y algún incendio allá, a lo lejos. Y después el sonido de las sirenas de las ambulancias y de los camiones de bomberos y vuelve, lentamente a oírse el sonido de las voces, la gente habla, chilla, grita, ahora es una célula del brazo, ahora es un puñado de bacterias que reposan en alguna encía, ahora es un compacto grupo, quizá sea de la rodilla o quizá del colon, se desplazan lentas por los restos de la ciudad ahora destruida, buscando entre los escombros algo parecido a un hermano o a un primo. Los huesos, antes un armazón seguro, calcáreo, ahora tiemblan, retumban dentro de la bóveda de piel. Y todo es un calor helado, un sudor frío y grisáceo. Sólo hay nubarrones y casas quemadas. Se instalan hospitales de campaña, uno está próximo al corazón de la ciudad, a esa masa esponjosa que late ahora despacio. Huele a orines de camello, a sudor ácido, a mierda. Eso es lo que desprende ahora esta ciudad. Apenas hay sangre, no se ven restos de sangre entre los trozos humeantes. Aunque lo deseara con todas mis fuerzas ahora no puedo follar, ahora no. Tardo tanto es escribir. Y entre medias escribo una carta a ese Amante que ya no es más.
    He perdido el primer vuelo de enlace así que me quedo en una ciudad que me parece hostil y fría, como una luna de metano. He llorado en uno de estos sillones grises y rectos pero nadie se acerca, menos en estas ciudades enormes. Es mejor así, no tendría nada que decirles, sólo Un Infarto Ha Terminado Con Giorgio, eso es todo lo que puedo decir. No añado que yo soy ahora Dresde, que hoy soy Dresde.
    Apago el móvil.
    Ahora sólo queda un paso incansable de las horas y una continuación. Esto es sólo una fotografía, como una de esas que hacen los turistas de las ciudades devastadas por una ola enorme. Aún quedan rescoldos. Mi coño sólo sirve ahora para mear, mi culo sólo sirve para cagar y mi boca sólo bebe, los ojos ahora no ven nada más que cosas que no guardan ninguna relación entre sí: un sillón azul, una baldosa de mármol, una lista de ciudades en un televisor que flota en lo alto, un cristal oscuro. Hay un hombre más allá, cuatro o cinco filas más allá. Lee un periódico. Empiezan rápidos los trabajos de reconstrucción, primero hay que cuidar de las células dañadas, hay que quemar todas las que han muerto en el estallido: el páncreas es el epicentro, quizá sea el bazo. Hay metralla en el hígado y en algunas glándulas. Casas destruidas, centros neurológicos, las comunicaciones son intermitentes, algunas veces llega la alarma de un dolor brutal y azulado desde un pie, otras veces es el estómago. Vomito cerveza y bilis. Bebo agua helada. Enciendo un cigarrillo tras otro, los encadeno. No oigo nada.
    Reconstrucción.
    Servicios mínimos. Toda la noche trabajando. Tendré que tranquilizar a esa población que no conozco, pequeñas amebas mudas, células que cualquier día pueden ser un cáncer y que están ahí, esperando. Nervios en tensión. Tendré que Dormir. Ahora, Vomitar. Llorar. Salgo afuera. Grito con todas mis fuerzas, un grito tan fuerte que es mudo, desde afuera es sólo una boca abierta y un edificio grisáceo detrás. Espero que el frío cese, impaciente espero que el frío huya.
    Reconstrucción
    El músculo favorito de los poetas se desgaja en una punta del mundo y seis horas más tarde, un bombardeo destruye una ciudad invisible. Los amantes de la teoría del caos están de enhorabuena, esos que se pasan miles de horas observando el espacio y aún no se han dado cuenta de que primero es una luz y luego el estallido y más tarde, sólo unos segundos-luz más tarde, es casi la destrucción total y el odio que no es el odio, porque eso no existe.
    Ahora estoy aún más ligera de equipaje. Soy consciente de que ahora es esa Hora de la Wolf, esa Hora en la que todo cambia para permanecer inmutable y dar un giro brusco. Estoy a unas horas de entrar en otro avión. Aún no sé qué avión quiero coger.
    Tengo más prisa.

    Reconstrucción.
    Reconstrucción.
    Mañana Sí Podría… no hay respuesta, ya tampoco la espero.
    Uno para el que escribía todo esto ya es sólo un ectoplasma, no es nada más que eso, porque todo lo demás es sólo carne muerta que ahora se va a llenar de formas de vida extrañas.
    No ha dado tiempo a decir adiós.
    No ha dado tiempo a despedirnos como amantes.
    Sólo ha dado tiempo a ver una luz y después a oír un estallido.
    Desde luego, prefiero el suicidio, da más tiempo a todo, no es tan abrupto, no es tan escarpado. No es esto, es otra cosa aunque parece lo mismo. La carta de L. ¿me hubiera escrito Giorgio? Sí, sé que me hubiera escrito…
    Salva me dice, Vente A Mi Casa. Sí, mejor reconstruirme en un sitio tranquilo.
    03/03/2005 22:04. Tema: . . .
    Hay 22 comentario/s de este artículo.
    Memoria:
    Cecilia, pasaba por aquí, releyendo tus palabras, los planes, las estrategias, y justo antes de partir y cerrar he leído este último mensaje tuyo.

    Estoy atónita y sólo atino a decir que lo lamento mucho en verdad. Giorgio ha estado tan presente en tu diario. Los efectos de esa bomba que ha caído sobre ti destilan de tus letras.

    Un abrazo muy fuerte, Cecilia. Que los oidos dejen de chillar y encuentres esa tranquilidad para reconstruirte.

    Besos.
    2005.03.03 22:19

    sabbat… una mujer, aquella mujer y me temo que la única mujer:
    chica, eres increíble… ;)
    2005.03.03 23:49
    Memoria:
    Ay, Sabbat, sabía que se trataba de ti, lo sabía.

    Qué confuso es todo esto.

    Un beso también para ti.
    2005.03.04 00:22
    V.:
    Sí, bastante confuso.
    2005.03.04 02:17 email: yzhan (arroba) telepolis.com
    Cecilia B.:
    Oh…confuso???? Quedé con sabbat y sucedió una llamada. Es así de simple. Esa mujer es sabbat. Ya digo, terriblemente confuso… ¿será sabbat, Cecilia? ¿será Cecilia, sabbat? ¿no seremos ninguna de las dos? Confusísimo, ya digo.

    Y sí, había quedado con ella en la puerta del hotel en el que me iba a alojar, un hotel bastante bonito en el centro de Oviedo. Habíamos quedado a las 7:30 y mandé un mensaje y anulé. Complicadísimo, ya digo. Inexplicable, ¿verdad? oooohhhhhh……
    2005.03.04 02:30
    Memoria:
    Oh sí yo también debo escribir muy pero muy muy mal.

    Traducción:

    1. “Ay, Sabbat, sabía que se trataba de ti, lo sabía. ”

    Apunta al título que puso Sabbat a su último mensaje. Sabbat, aquella mujer, esa mujer, etc.

    Me refería que había intuído que Sabbat era esa mujer, ¿por qué? Ninguna razón, quizá los mensajes que dejó firmados como “esa mujer”. Sabbat escribe con un sello particular y ahí estaba.

    ¿De dónde sacas el Cecilia=Sabbat, eh?

    2. “Qué confuso es todo esto”

    Respecto a la ‘mala broma del destino’ (coño, debí escribir así, con palabras memísimas para no dejar lugar a equívocos) de esto: justo el día que vas a conocer a Sabbat y que escribes ese mensaje, ocurre lo de tu amigo.

    Hay que tener mala suerte y tener presente que los planes son para que no se cumplan.

    No te me pongas a la defensiva, Cecilia. Nadie te ha atacado y tú sales con tus sarcasmos y tus ohhhs y tus estupideces.

    Me quedo con lo que escribí en el primer mensaje de este bloque. Aunque lo que digamos los espectros aquí, para bien o para mal, te debe importar un higo.

    Aquí hay gente que sin conocerte de nada te escribe un mensaje de apoyo ante una situación terrible como la que describes en tu texto. Regalos, como los que dices te encanta dar y nunca te los saben recibir. Así de imbéciles somos, sí. Te doy todas las razones y que te sienten de maravilla.
    2005.03.04 11:39

    Cecilia B a Memoria:
    Oh…lo escribía por V.!

    Y sí, cuando lo escribí era débil y vulnerable y, por lo tanto, mucho más hijadeputa que de costumbre. Ahora eso no es ni un recuerdo.
    2005.03.04 13:03
    sabbat:
    Memoria… me gustaría que te pusieras en contacto conmigo. Me gusta tu estilo y eso no quiere decir que te esté proponiendo que follemos… mira a ver si me escribes: sabbat1267@hotmail.com

    Siempre tienes unas palabras cálidas para mí.

    Un beso anti-confusión :)
    2005.03.04 13:04
    Memoria a Sabbat:
    Claro que sí, Sabbat, es más: ya está hecho, :-).

    Y míralo por el buen lado: no has sido tú la que se ha tenido que desplazar al sur. Eso hubiera jodido más.

    Otro beso para ti, :-).
    2005.03.04 14:19

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