– Los amantes inventados y un poema de amor a las ciudades –

marzo 8, 2005

madrugada del martes 08 de marzo del 2005

Durante días es lo único que hago:
escribirle cartas.
Un informe de la ausencia,
que era más o menos, lo que Benedetti pensaba del Amor,
que se escribía en las Cartas de Amor…
Y eso es todo lo que yo hago,
durante días le escribo Cartas de Amor
que sólo son un informe detallado de su ausencia
Hoy sobre todo, porque íbamos a vernos pero luego no nos vemos.
Hablo de ese Amante que deseamos encontrarnos,
aunque fuese por una sola noche,
casi todas las mujeres
(y matizo porque he conocido mujeres que dicen que no)
Ese hombre que sepa entenderse
con tu vientre,
con tu coño,
con tus besos,
con tus palabras,
con tus suspiros,
y lo más importante… hasta con tus silencios…
Uno que no le tenga miedo a eso
y que es ese mismo
que aspira a instalarse en lo más hondo de ti
y no se conforma sólo con que juntéis cuerpos,
aunque él, de hecho, declare no creer más que en el sexo.
Pero ese, que considera como tú,
que una caricia con sentimientos
puede ser más compleja…
que el más extraordinario de los polvos sin ellos
Ese que existe y que es real aunque viva lejos
Porque a los otros…, a los que tuviste, no demasiados, eso también es cierto
y quisiste de esta misma manera…
tuviste que empujarles tú más allá del cuerpo, para que quisieran colársete dentro.
Y dio igual que no encajaran o que ellos no tuvieran ni interior,
ni necesidad alguna de tenerlo
Tú te los inventaste tal y como deseabas que fueran;
así que fueron sólo lo que ellos podían ser,
lo que lograste hacer de ellos:
una pesadilla fabricada a tu medida.
¿De qué te quejas?
Y creo que ninguno me quiso porque ninguno de ellos sabía cómo querer.
Sólo dejarse, como si fueran dioses del maíz
y pensaban que tú lo harías eternamente
o quizá fue que nunca creyeron en ello, en esa posibilidad,
y en el fondo sí, supongo que sí,
porque en el fondo aunque lo duden les sigo queriendo.
Sólo que lo que me ocurre es ya no estoy enamorada de ninguno de ellos

Una carta de amor,
no es un naipe de amor
una carta de amor tampoco es una carta
pastoral o crédito
de pago o fletamento
en cambio se asemeja a una carta de amparo
ya que si la alegría o la tristeza
se animan a escribir una carta de amor
es porque en las entrañas de la noche
se abren la euforia o la congoja
las cenizas se olvidan de su hoguera
o la culpa se asila en su pasado

Y es tarde, es muy tarde pero inicio ahora la lectura del libro. He hablado un par de veces a lo largo de la tarde de ayer con Martín C. Pero no sacamos nada en claro, sólo el rencor, la conclusión del rencor, aunque yo creo que le quise. Sentimientos hubo, alguno hubo, no quiero mentirme; y él se acuerda de Laura, la menciona y me habla de algo que yo escribí hace un par de meses y entonces me obliga a acordarme de ella, y Laura es algo que duele pero sí, ya voy, ahora empiezo la lectura del libro, y hay una nota preliminar y es muy interesante lo que dice… durante un tiempo al autor sólo se le ocurrían ciudades tristes y luego durante otro, sólo ciudades alegres…. y él autor lo que cree haber escrito es un último poema de amor a las ciudades, ese conjunto de muchas cosas: memorias, deseos, signos de un lenguaje… y habitantes, aunque no hable demasiado de ellos y ahora, yo cierro esta página que he abierto hace más de una hora y por el momento me detengo. Soy una ciudadana del mundo como tú. Y el autor citado es Italo Calvino

Un beso

caratula

One Response to “– Los amantes inventados y un poema de amor a las ciudades –”

  1. lasalamandra Says:

    La premisa inicial de este libro es bien sencilla: Marco Polo describe a Kublai Kan, emperador de los tártaros, una serie de ciudades que ha ido encontrando a lo largo de sus viajes; son las ciudades invisibles, todas con nombre de mujer y todas imposibles. Esta imposibilidad puede proceder de su arquitectura, o de su origen, o de sus relaciones sociales, o de su evolución, o de todo eso a un mismo tiempo. Las descripciones son breves, desde un par de párrafos hasta un máximo de dos páginas, y todas ellas están escritas con el lirismo propio de un maestro como Calvino.

    Hay un sin fin de formas de aproximarse a este libro que el mismo autor califica como poliédrico. Porque este medio centenar de ciudades invisibles son metáforas de la condición humana, de nuestros deseos y nuestras necesidades, y a la par son reflejos de nuestras ciudades reales, reflejos distorsionados que se nos muestran a veces sublimes y otras terribles, pero casi siempre fácilmente reconocibles. En cada una encontramos dobles y triples lecturas en un juego literario impresionante.

    El hilo conductor en el que se engranan estos magníficos retratos urbanos son los diálogos que mantienen Kublai Kan y Marco Polo, tan absorbentes y significativos como las propias ciudades. Con ellos avanzamos a través de la obra siguiendo el trayecto prefijado por Calvino y, aunque es uno de esos libros que puede leerse abriendo páginas al azar –de hecho acostumbro a releerlo así de cuando en cuando–, al aceptar el rumbo que nos prefija encontramos una hilazón a veces sutil, a veces evidente, en el paso de una ciudad a otra.

    En definitiva, Las ciudades invisibles es uno de esos viajes que el aficionado al fantástico debería realizar por lo menos una vez.

    José Antonio Cotrina

    http://www.cyberdark.net/portada.php?edi=6&cod=392

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