– Aquel hombre y aquella mujer –

marzo 9, 2005

medianoche del 09 marzo del 2005

  

Me escribe. Le escribo. Hablo de hace unos tres años. Pero eso es pasado, y él siempre a cuestas con sus formas. Somos la mitad de otro de esos conocidos poemas de Benedetti, ese que decía… los formales y el frío, sólo que yo con él no soy fría, ni demasiado formal. Así que la mitad del poema es toda suya … pero él piensa, que a pesar de mi falta de forma, tengo talento y me lo dice, e incluso hace un esfuerzo (nunca va bien de tiempo) y durante algunos días trata de enseñarme lo más elemental del oficio pero tiene una relación a nivel virtual con otra mujer, que parece de carácter serio y yo, ser profundamente voluble, como le respeto mucho (de aquella aún me importaban esas cosas) me aparto porque no quiero ser un problema. Pero a la vez, si hago un esfuerzo por elevarme por encima de lo que sucedió después… recuerdo que pensaba que él tenía clase y que iba a ser una pena que después de todo no lograse ser conmigo un poco menos formal y un poco menos frío…

Y pasan más de dos años desde que rompemos ”nuestra amistad”. Esa mujer con la que él sale se pone en contacto conmigo cuando ellos ya se han acostado juntos. Y me dice que lo hace porque se siente muy cercana a mí: ”somos tan parecidas”… pero cuando ve que yo me relajo un mínimo con el tema de este hombre y estoy a punto de levantar mi pulgar hacia arriba para que viva, se pone mucho más corporativista y me calienta la sangre; así que yo cada vez más envenenada no quiero ni que él se me acerque y se lo digo: ¿Cómo puedes ser tan vil?; aunque lo que más deseo es perder de vista a esta mujer… y él no se ha ido del todo pero yo eso, ni siquiera lo sospecho; quiero decir que hemos seguido manteniendo el contacto, aunque yo no lo sé y de alguna manera cuando lo descubro tampoco es que me sorprenda. Entonces me cuenta que su padre estuvo enfermo y que eso le ha hecho replantearse ciertas cosas… pero no hablamos más porque yo ni siquiera le pregunto. Y si fuera más formal le diría: ¡Vaya siento esto que me cuentas! pero no le digo nada, aunque si no se lo digo es porque me temo que estos tres años me han vuelto mucho más fría.

Y desde ayer recibo algunas llamadas de números que no conozco en mi teléfono móvil pero como permanece apagado casi todo el día sólo son eso, números que no conozco y que luego leo en la pantalla cuando lo conecto y números que no contesto.

Pero uno de ellos me dice Zora hace unos minutos, que es de su hija. Y Zora es mi amiga pero también es el nombre de otra ciudad invisible. La próxima que voy a escribirte. Y ando en línea recta durante todo el día, aunque eso signifique lo que nunca hago: atravesar las carreteras por donde no debo y no seguir la curvas de la acera para no dar rodeos y saltarme hasta los pasos de cebra (lo que más me cuesta porque yo con eso soy de un religioso que hasta me parece enfermizo) y cruzar a oscuras la hierba del prado del jardín de un bloque de edificios. Quiero acortar distancias. Quiero ensayar la línea recta. Quiero ser más precisa y no tan interpretativa. Y me he hecho recogido romano y de él caen algunos tirabuzones. Y la noche es gélida pero menos que la de ayer y desde el jueves o el viernes tengo otra vez un espía en mi ordenador, que juega con mis cosas y las desordena.

Y me escribe una mujer y me pregunta si acaso es que me he enfadado por algo. De repente se ha encontrado con una historia cerrada y con que no he dejado ningún hueco para contestar, y dice que respeta mi anonimato y yo no sé cómo explicarle que hay momentos en que me sobra todo, los compromisos, la gente, las treguas y Martín C. me habla de la posibilidad de que nosotros firmemos una, de vez en cuando, por ejemplo ayer, para ir al cine a otra ciudad y después a cenar… Pero luego cuando yo me muestro dispuesta a tenderle una copa de Tía María y le ofrezco que veamos juntos aquella peli que se nos quedó pendiente, la de ‘Las Horas’, y porque se nos ha hecho muy tarde para ese otro plan, entonces me dice que la tregua se limitaba a su proposición. Así que lo que yo hago es callarme, porque cuando alguien está tan ebrio de venganza, lo más sensato es retirar la copa tendida, encajar el desprecio con cierta elegancia si es posible y bebérsela a solas, mucho más tranquila y escribir bastante, cartas y más cartas que pretenden ser de Amor, y casi hacerlo como si fuera un trabajo. Y cuando termino sé que he escrito demasiado pero no me importa… sólo era que se lo debía, y ni siquiera sé ya si deseo que él las lea.

Un beso

zora

09/03/2005 00:11. Tema: Moriana. #. No hay comentarios de este artículo.

2 Responses to “– Aquel hombre y aquella mujer –”

  1. lasalamandra Says:

    Zora es la Nora de siempre, la ‘en las nubes’, la contradiccion, pero aqui Nadha le altero algo el nombre y se respeta porque se pronuncia el de otra de las ciudades invisibles

  2. lasalamandra Says:

    Los Zora forman una de las diferentes razas que habitan el mundo de Hyrule en la saga de videojuegos de Nintendo “The Legend of Zelda”.

    Los Zora son una especie de hombres pez que cuentan con un asentamiento principal en el llamado “Dominio de Zora”, en la zona este de Hyrule, aunque también pueden encontrarse en los alrededores del Lago Hylia, cerca del Templo del Agua. Por lo general son una especie pacífica (aunque hay algunos hostiles) y leal a la Familia Real Hyliana. Su jefe, el Rey Zora, es un dirigente tranquilo que quiere lo mejor para sus súbditos. La hija de éste, la Princesa Ruto, por el contrario, es una muchacha muy vital, testaruda, presuntuosa y que se tiene muy creída su posición en la jerarquía Zora. Ésta quiere que Link (el Héroe del Tiempo) se convierta en su marido, motivo por el cual le entrega la piedra espiritual del agua: el Zafiro Zora, como si de un símbolo de su compromiso se tratase. Sin embargo el tiempo la hace cambiar y llega a convertirse en la Sabia del Agua.

    Siglos después, durante los acontecimientos de Twilight Princess, los dominios zora, el curso del río y el Lago Hylia han cambiado completamente, así como la apariencia de los Zora. La reina zora, mujer del propio rey zora de Ocarina of Time, muere, y el trono de los Zoras lo ocupa su joven hijo.

    Los Zora son los guardianes la Fuente Sagrada de la que emana el agua que llena el Río Zora (que atraviesa todo Hyrule hasta llegar al Lago Hylia) en la que vive su deidad protectora: Lord Jabu Jabu.

    Esta especie, tras la llamada “Gran Inundación” que sepultó Hyrule bajo las aguas de un inmenso océano, parece haberse extinguido por completo. Tan sólo en The Legend of Zelda: The Wind Waker aparece el espíritu de Lartis, la Sacerdotisa Zora de la Tierra.

    También se ha descubierto una ciudad submarina habitada por zoras en los mares al sur de Labrynna, liderados por un monarca que gobierna todo el territorio marino.

    Tras el dilñuvio que los dioses dieron a hyrule los zoras dejaron los mares para convertirse en ritos una raza la cual tiene la habilidad de volar gracias a la bondicion de la escama de ballo el dios de los cielos

    http://es.wikipedia.org/wiki/Zora

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