– UN RECUERDO DE LA LUZ –

marzo 9, 2005

Tenía ganas de crear un lugar virtual que no tuviera que autodestruirse necesariamente, cuando yo lo abandonase… por eso Moriana y sus posibilidades me parecen sugerentes. Conjugar letras y pensamientos de otro, con esas pinturas y cuadros del Mundo visible y de los invisibles, y tal vez hilvanarlas con sensaciones que antes no tenían nombre. Por ejemplo, cuando escuché hablar de Moriana por primera vez e imaginé sus puertas de alabastro transparentes a la luz del sol… recordé aquel extraño sentimiento de la cripta.

Era septiembre, tal vez primeros de octubre del 2003 y yo participaba junto con Diego, un joven poeta uruguayo que recién había emigrado y Elena, una poetisa demente, en una visita guiada por el casco antiguo de una ciudad que en aquel momento tenía un anverso y un reverso como Moriana. Y habíamos llegado a otra de las puertas de la antigua muralla.

En concreto a una iglesia del románico que había sufrido a lo largo de los siglos el acoso brutal del salitre. Porque antes de la remodelación del puerto, el mar llegaba hasta allí mismo, hasta la rampa en la que finalizaba el barrio de los herreros y de los artesanos. Y por fin las puertas de aquella capilla funeraria de la que tanto había oído hablar se me abrirían. La capilla de los Sala, aunque fue en un periodo posterior al de su construcción cuando se vinculó su nombre a esa poderosa familia medieval de mercaderes. Y cuando nuestros ojos se acostumbraron a la penumbra de la cripta lo primero que vi fueron aquellas lápidas sepulcrales en el suelo y las 4 hornacinas bajo el arcosolio. Las de un lateral desvalijadas del alabastro que había adornado sus muros, pero cuando la mirada se movía en semicírculo, se encontraba con el reverso del alabastro. Una cripta como Moriana con una doble faz: la de la presencia y los huecos. Y luego nos hablaron del retablo, uno extraordinario que había que imaginarse y que había sido labrado también en ese material en el siglo XV y que fue importado desde un taller inglés pero que desapareció durante la guerra civil. Y que desde luego no era aquel pálido alabastro que sostenía aquella ventana apuntada y partida en dos por un contraluz. Aunque daba igual porque era hermoso y frío. Y luego sí, los ojos se precipitaban a los rostros inexpresivos esculpidos en la piedra y de los que nadie nos habló y que estaban sujetos a los nervios de la bóveda que nos recubría. Yo recuerdo que le dije a Diego, aquí hubo muertos pero no hay muertos porque yo no los siento, sólo siento que los hubo y luego fue cuando la guía nos explicó que los restos habían sido exhumados hacia mucho tiempo.

VENTANA DE ALABASTRO

 

09/03/2005 08:13. Tema: Moriana. #. .

One Response to “– UN RECUERDO DE LA LUZ –”

  1. lasalamandra Says:

    El alabastro es una piedra que se caracteriza por ser muy blanda; por ello las esculturas de este material se conservan a resguardo en el caserío: busque más alabastros y los identificará con facilidad: los hay de distintos colores pero todos tienen una característica común: la translucidez.

    El alabastro es translúcido, es decir, deja pasar la luz. Mire a su alrededor y podrá ver otros elementos dentro del caserío que no son esculturas y en los que se emplea el alabastro ¿los encuentra? El empleo en las ventanas de láminas finas de alabastro, es muy habitual en las iglesias de la zona de Aragón, donde este material es abundante y de donde proviene este bloque concreto.

    No es casualidad entonces que Eduardo Chillida empleara esta piedra translúcida para realizar un Elogio de la Luz. Fíjese en la relación de este material con la misma: la escultura está situada en la confluencia de distintos puntos de luz: una gran puerta de cristal, una ventana… La luz penetra en la escultura a través de las galerías talladas y se genera un juego de luz y de sombra en el interior; es una escultura viva y cambiante en función de la intensidad y la dirección de la luz.

    Eduardo Chillida trabajó a partir de los años 60 con alabastro, tras un viaje a Grecia. Allí se maravilló ante la contemplación de los templos clásicos de mármol que incorporaban la blanquísima luz del mediterráneo a la arquitectura. El escultor vasco quiso trabajar también con la luz, en este caso, la del cantábrico, más oscura, y que él denominaba “luz negra”. Para ello esta piedra era el material idóneo: “El alabastro es un material en el que puedes conseguir que la luz se manifieste en las aristas de una manera increíble. Es el único material que tiene esa virtud”.

    Este Elogio de la Luz XX está relacionado con la arquitectura, por la manera en que el escultor trabaja el espacio. El espacio es tan importante como la materia y ambos son complementarios. Eduardo Chillida excava la piedra, creando espacios que nos pueden recordar a cuevas o a casas. Imagínese a sí mismo como un ser diminuto caminando por los espacios internos del alabastro, recibiendo la luz por las distintas aperturas… Eduardo Chillida dijo: “la piedra es el universo del que parto. Trabajo su interior y creo en ella un espacio de relación al universo”.

    http://www.eduardo-chillida.com/La-Obra-del-Mes.309.0.html

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