– LA PALOMA –

marzo 12, 2005

Dudaba, dudaba y llegó él y le contó un cuento… era de un corazón de hombre que a la sombra de un árbol le hizo una promesa a una paloma … y cuando terminó le advirtió que no portaba pretensión alguna de ser moralizante sino que ‘sólo’ era un sencillo cuento … ‘Ella’ le dijo:

– Es espeluznante

– La vida es espeluznante, elegir es espeluznante, prometer también lo es ¿no? … Así le habló él.

Cuando alguien es un ser que elige , que elige continuamente y que nunca ha sido elegido … de repente es extraño darse cuenta de que por lo que sea, se ha sido elegido por una vez … Extraño sólo eso pero de agradecer …

Gloria no amaba a mujeres pero allí estaban ambas bajo el paraguas de ‘ella’ caminando por el sendero de grijo hacia la playa.

SENDERO PLAYA

Gloria se pegaba firmemente a ‘ella’ y confiaba. Un antifaz le cubría los ojos … y ‘ella’ la abrazaba por la cintura para guiarla hasta la orilla cerca de las olas. Así pasaron por delante de la caseta de madera del puesto de socorro y descendieron por el trecho de tablones en forma de raíles … era una playa como para recorrerla al galope de un caballo, de lejanías. Y el mar bravo teñido como el cielo de gris plomo y espumarajos blancos. Se besaron en los labios, se abrazaron y se besaron y ‘ella’ sintió que aunque hubiera que sacar la balanza y el cuchillo entre aquellas mujeres existiría la ‘magia’, porque una niña siempre querría ver vivir, a cualquier precio, a una paloma y no verla morir entre unas fauces

 

 

12/03/2005 02:01. Tema:

One Response to “– LA PALOMA –”

  1. lasalamandra Says:

    El halcón y la paloma

    Esta historia que os voy a contar es antiquísima. La recoge el Mahabharata con respeto y cierto temor, ya que es una historia sobre el dolor sin moraleja. Ya sabéis que las éticas de lo que más fácilmente se olvidan es del dolor, especialmente del dolor gratuito. Por eso Dios sigue vivo.

    Esta historia trata de un rey, un halcón y una paloma.

    El rey era muy justo. No solamente sus súbditos apreciaban su justicia, sino que en los pueblos vecinos se decía que no había otro rey más justo que él en toda la tierra.

    Un amanecer, mientras contemplaba desde la terraza de palacio el lento desvanecerse de la niebla matutina, una paloma se posó en su rodilla y le pidió protección. El rey justo se la concedió inmediatamente. No había hecho más que comprometer su palabra cuando apareció un halcón que, muy enojado, le dijo:

    – Esa paloma me pertenece. Dámela.

    – No –contestó el rey- no entregaré un animal asustado a su enemigo.

    – ¿Por qué hablas de enemigo? ¿Acaso no conoces el verdadero orden de las cosas? Todos los justos de la tierra dicen que tú eres el único que se merece el calificativo de justo. Entonces, ¿por qué te opones a la justicia?

    – ¿Qué justicia?

    – Esta paloma –contestó el halcón- tiene que calmar mi apetito.

    – Me ha confiado su vida. Mira cómo tiembla. No puedo abandonarla.

    – Gracias al alimento todo existe –prosiguió el halcón-. Sin alimento no hay vida y sin vida no hay nada. Yo sin alimento dejaré de respirar y conmigo morirá mi pareja y mis hijos, que sólo me tienen a mi como sostén, mientras que esta paloma es soltera. Y tu prefieres sacrificar muchas vidas para salvar una

    – Halcón, lo que dices es de sentido común. Pero, ¿cómo puedo abandonar a un ser vivo que necesita ayuda? ¡Pídeme cualquier otro alimento! ¡Te daré lo que quieras!

    – Pero los halcones sólo comemos palomas.

    – Te daré todo mi reino si hace falta.

    – Sólo aceptaré una cosa –dijo el halcón después de unos instantes de reflexión.

    – Dime.

    – Si de verdad sientes lo que dices, corta un trozo de carne de tu cuerpo que pese lo mismo que esta paloma, y dámelo.

    – ¡Que traigan una balanza y un cuchillo! –ordenó el rey de inmediato.

    Trajeron una balanza muy precisa y un cuchillo bien afilado. Colocaron a la temblorosa paloma en uno de los platillos. El rey cogió el cuchillo y se cortó un buen trozo de carne, colocándolo en el platillo opuesto. Pero la balanza no se equilibraba. El rey se cortó otro pedazo, y otro más, y siempre el peso de la paloma era superior. Obstinado, el rey se cortó toda la carne. Al final, cuando no era más que un sanguinolento esqueleto, se colocó encima de la bandeja, pero la balanza seguía sin moverse.

    Entonces el halcón le dijo al rey:

    – La paloma y yo sólo hemos venido aquí para conocerte, ya que dicen que eres el hombre más justo del mundo.

    Y los dos pájaros se alejaron volando comentando amigablemente lo ocurrido.

    http://elcafedeocata.blogspot.com/2007/07/el-halcn-y-la-paloma.html

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s