… Y EL TIEMPO QUE PASA

marzo 12, 2005

continuación (-II-)

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10h32min…. ‘Hoy estoy currando. Te llamo a la tarde y nos vemos mañana o pasado. Besos Y no contesto pero más tarde releo sus correos por encima…

Fecha: viernes, 11 de febrero de 2005 0:10
Asunto: Relato

Hola guapetona, te paso mi primer relato, espero que te guste.
Me ha encantado conocerte y me has abierto una ventana de ilusión, esperanza, aliento, cariño y satisfacción.
Que tengas dulces sueños. Un beso muy fuerte.

Fernando

Respuesta:

Me gusta cómo has tratado el tema del miedo. Uno cierra los ojos y no ve. No esperaba ese final con los billetes del monopoly.

Me gusta.

Besos.

Fecha: viernes, 11 de febrero de 2005 9:11
Asunto: Deseo

Me he despertado con unas ganas tremendas de follarte como te mereces: lamer cada pliegue de tu piel, chupar tu sexo, tus pezones… Dar y recibir tu aliento, penetrarte despacio y ver cómo te retuerces de placer, coger tus nalgas y perforar tu alma. En cada sitio, en cada momento.

Pero habrá que tomar las cosas con calma dadas las circunstancias; las mías por supuesto.
Disfruta y haz disfrutar, pero cuídate de los enfermos y de los tarados.
Muchos besos.

Fecha: viernes, 11 de febrero de 2005 9:20
Asunto: Otro relato

Me alegra que te haya gustado, aquí te envío otro que pienso te gustará más; aunque te advierto que no hay muchos más. Escribí sobre todo poesía, pero te iré pasando los pocos que tengo y que valgan la pena.
Besos

Fecha: martes, 15 de febrero de 2005 10:05
Asunto: Con Cariño

Hola ¡Pedazo de mujer!
No sé si recibiste mis últimos mensajes (en uno de ellos te pasaba otro relato) o tal vez no tienes tiempo ni ganas de contestar a un hombre muy ocupado, sea como fuere quería mandarte por este ciberespacio un beso muy fuerte y cariñoso. Todos los días me acuerdo de ti; supongo que necesitamos en nuestra vida personas que salgan de lo común, seres vivos y apasionados aunque uno procure dejar la pasión aparcada porque causa serios problemas. Aunque pensándolo bien la vida es eso, problemas, problemas para superarse y evolucionar. Y es una suerte topar con seres VIVOS.
Un beso muy fuerte.

Pero yo no le escribo porque no me apetece cartearme con él ni tener que leer sus poemas o relatos. Lo que si hago es enviarle un mensaje de móvil que días más tarde borro y olvido:

– Un beso Fernando. ¿Sabes? no sólo eres tú quien necesita tomarse su tiempo para todo. Sólo vivo deprisa cuando vivo y sé que tú y yo seremos amigos y eso no figura en la dimensión tiempo :). Te escribiré.

Y él me contesta unas horas después:

– Gracias me gusta saber de ti y por supuesto que estas bien, y cuando no sea así cuenta conmigo para lo que necesites. Un besazo.

Y eso es lo que hago…. contar con él cuando lo necesito.

Y más tarde leo un correo de Villon, acerca de este nuevo sitio, en el que además de decirme que le gusta, me formula algunas preguntas…

Y veo a Cristina. Tengo mi cita con ella para el peeling corporal, y de momento son dos citas al mes (entre esto y lo de depilarme) pero a partir de esta mañana serán tres, por lo menos… y con Cristina hoy procuro servirme de todo el tacto del mundo. Sé que la última vez que la visité y le comenté aquello de que iba a verme con una mujer la asusté bastante y lo sé porque se azoró. Aunque no me sorprende y era algo que casi me esperaba, ¿no sentía yo misma algo semejante por esa mujer con la que estuve a punto de encontrarme? Y lo que hago es sacar el tema en cuanto estoy desnuda y sobre la camilla. Y le hablo de la hija de Zora y de lo corriente que es para las nuevas generaciones enfrentar la bisexualidad como algo natural. Es lo que leen en ‘el loca’ y ahí se lo explican cómo si fuera algo lógico, como una cosa más como el sexo anal. ¿Y qué es eso? -me pregunta Cristina. ¡Mujer!. Pues que va a ser, lo mismo que nosotras leíamos pero con otro nombre. ¿O tú no te lanzabas a comprarte el ‘Súper-Pop’ nada más que estaba en la calle? Y entonces me cuenta que es cierto, que su hija de diez años Ch., le dijo la otra noche a su padre: ‘¿Cómo que qué hacen esos dos chicos? Se están dando un beso porque se quieren. Es normal’. Y nos reímos y hablamos de los prejuicios y de la repugnancia y del asco. Yo me sincero y lo nombro con todas las letras: ya ves, al principio me daba asco y ella abre mucho los ojos pero ya no está tensa. Y luego hablamos de mi amante. ¿Pero tú lo echas de menos? Pues claro. Nunca he conocido a nadie como él, a nadie que me diga tanto por dentro. ¡Ay!, y suspiro profundamente y ella se sonríe todavía más tranquila. Es que fíjate… y le repito la frase de la complejidad de las caricias y claro, Cristina lo entiende porque cómo no lo va a entender… Cristina no lo puede no entender y hablamos de la distancia. Ella dice que sería incapaz de mantener una relación así, que la encuentra muy fría. Y yo le digo que también pensaba como ella pero que con éste hombre no sé lo que me ocurre que se me está alterando la noción de algunos conceptos que creía más pétreos y ahora son y se convierten en esa sutil diferencia… y confío en él, confío en que si lo nuestro merece la pena… él tampoco lo dejará morir y hallaremos la forma de arreglarnos con ello. ¿Y si se pierde…? Bueno, si se pierde es lo esperable, ¿no?, y sigue sonriéndome. Pero mientras, -le explico- que en mi corazón, ahora mismo, ya no hay nadie que no sea él. Ni siquiera del pasado y eso creo que significa lo que pienso… y por eso aunque continúo muy triste, una parte de mí se alegra… la más sabia, porque probablemente me ha sucedido lo que decía Alberoni que le había sucedido al hombre de Turín. Y Cristina cuando está acabando de darme el masaje me sugiere, que la próxima vez que me haga el tratamiento, busquemos un sábado para ello. Es que ese día estaremos más solas y en silencio -me dice-, porque no hay academia y le digo que vale, que sí, que cuente con ello (estamos en la cabina de belleza que linda con la academia de peluquería y lo único que perturba nuestra paz es el ruido de los secadores y la cháchara de las clientes con las futuras peluqueras). Y luego ella me repite eso de que es horrible saber dar masajes y no poder dárselos a si misma pero yo hoy yo sólo le digo que sí, que es horrible. Y no le digo que a mí no me importaría dárselo porque me gusta darlos tanto como recibirlos. Pero no se lo digo porque no es el momento y si ese día que vaya a hacerme el tratamiento ella se siente lo bastante confiada y lo deja caer de nuevo, entonces sí, entonces la animo a que probemos y yo la que se lo doy si me deja. Porque tampoco es que tenga sentimientos por ella pero me despierta simpatía y mucha ternura y si que experimento algo parecido a una afectividad, que es lo único que me pido para cerciorarme de que esa persona está segura conmigo y de que por eso yo evitaría hacerle daño de ninguna manera.

Y luego un hombre al volante de un volkswagen golf de color gris. Llego al semáforo de la paralela que existe frente a la casa de Laura. Estoy subiendo su calle y me he percatado de como el tipo que lo conduce se gira de esa manera intempestiva en que lo haces cuando ves a alguien conocido, y pienso que aunque yo no lo reconozca (no hago amago de mirar, no me apetece hablar con nadie ni ver a nadie y llevo gafas oscuras porque hay un sol de justicia al que en ese momento casi culpo de mi mal humor… es que, ¿qué podría ser sino? vengo de hacerme un tratamiento relajante y mi piel es cómo para sentirse cómoda en ella, porque Cristina me la ha dejado muy suave y perfumada. No tengo ninguna excusa y sin embargo…). Pues bien espero un minuto a que el semáforo se ponga en verde y cuando ya estoy pisando la acera del otro lado de la carretera, siento casi por instinto que un coche frena a mi altura y que alguien me llama desde él (es que voy con los cascos puestos); así que me doy la vuelta y es el mismo individuo del volkswagen, lo cual no deja de ser halagador porque estamos hablando de una hora punta y más cuando me doy cuenta de que yo no le conozco de nada. Y le pregunto lo qué quiere con uno de esos gestos que marcan las distancias y que no dejan lugar a dudas de la poca gracia que te gastas, pero aún así, él me pide que me acerque a la ventanilla y me quito las gafas. Y ya veo ya. Menudo individuo. Y como es lógico está muy seguro de si mismo: un pavo guapísimo, tirando a rubio y con unas facciones delicadas de pómulos hacia arriba que se encajan como un guante en una de esas mandíbulas que sólo fabrican los excesos de testosterona. Vamos que sí que es mi tipo al cien por cien, y que me dice no sé qué, porque yo me habré quitado las gafas pero en las oídos lo único que escucho es a Norah Jhones ‘Sunrise’. ¡Ay! y cómo me gusta esta mujer.

 

¿Qué quieres?, sé que le pregunto enarcando uno ceja y seguramente también frunciendo el ceño. ¿Sabes de algún hotel por aquí cerca? ¿Hotel?, menudo morro que tiene el tío. Pues no, no sé de ningún hotel. Y cómo me lo habré mirado, que me ha hecho un eco como si fuera una oveja mansa y resignada en el camino del matadero: ‘No, claro, no sabes de ningún hotel’. No. Y se acabó la conversación. Pero bueno, ¿por qué me ha tomado? ¿por una prostituta? Pues cuando llegue a casa le van a dar mucho por el saco al recogido romano éste. Es que me lo había vuelto a hacer y seguro que con él parezco más ligera de cascos o algo así, yo que sé; porque si no es que no me lo explico… Y le echaba la culpa a eso pero lo cierto es que últimamente me han estado entrando personas a las que no veía yo nada por la labor y que a mí me eran muy poco indiferentes. De repente el otro día aquel compañero de Patricia que preparaba con ella oposiciones y que aprobó hace un siglo las de policia municipal. Y lo gracioso fue que me pregunta por ella, que si sé algo me dice, después de catorce años y no se acuerda ni de su nombre pero si del mío y yo, ‘claro que sé… aunque no la he vuelto a ver. ¿Sabes? Sí es que me casé con su primo?’… y este hombre es muy agradable. No es alto pero tiene unos ojos preciosos, como de color gris y con un deje gatuno, y unos labios alucinantes, gruesos y apetitosos pero no sé que me ocurre que no experimento una atracción especial y eso que hace años que deseo que ocurra esto que hoy ocurre pero aparte de que le halague a mi ego femenino, yo permanezco imperturbable; aunque sí, vale, estuvo bien que ahora hablemos y si acaso me pare por la calle. Pero al día siguiente vuelvo a verle y me da por esquivarle; así que … no sé que pensar pero en el fondo igual es que no debo querer porque ya sé que no va a llenarme y es como esto del individuo del volkswagen. Es que tengo que estar rematadamente loca porque era mi tipo, mi tipo, mi tipo, y qué trabajo me costaba explicarle lo de los hoteles; pero si me los sé casi todos. ¿Total qué podía pasar? ¿Qué acabase en uno con él?. Pero no, me tuve que poner en plan gorgona y así no voy a hacer carrera de mí, ¿eh?. Y la otra noche, nada más y nada menos que I, el maestro. Años… deseando que me hable; inundándole el buzón con direcciones de email, con relatos obscenos, y lo último, un tanga con mi número de teléfono escrito y una provocación de corte apoteósico y está ahí, en la alambrada, mientras yo camino con Luis, mi viejo compañero y me mira, y yo le miro, y pienso: ‘Va. Será que viene a esperar a alguien’. Pero no, porque entonces echa a andar detrás de nosotros y cuando llegamos a la puerta yo me despido de Luis y cojo el teléfono y lo enciendo y espero si acaso que me hable, porque yo no voy a mirarle. ¡Qué no, qué no! Que se acabaron aquellos tiempos en que yo le miraba intensamente y él no se decidía. Y recuerdo un día, que era muy de noche. Y él salía de uno de esos bares a los que tan aficionado parece y otro salía con él y los dos al verme se quedaron en silencio… Nora dice eso, dice que no sabe que tengo pero que tengo algo que hace que los hombres se queden mudos cuando paso y después el otro, le dice al maestro: ‘¿No te parece una mujer muy misteriosa? A mí siempre me lo ha resultado’. Pero I. no le contesta nada, aunque por el rabillo del ojo yo veo que se ha quedado detenido como se ha girado a mi paso y contempla mi marcha. Y eso debió de ser por las copas de más que llevaba encima, seguro… Y yo creo que por I. ya me sentía atraída cuando era una niña de diez y doce años y él era el maestro de mis amigas. Es mucho mayor que yo y esa noche que me lo encuentro él no esperaba por nadie. Se ha ido solo caminando calle adelante y yo ahora sé lo que ha venido a decirme, que ahora ya no me tiene tanto miedo, o que el miedo no es tan importante como el deseo y el tiempo que pasa

12/03/2005 23:31. Tema: Moriana. #. .

One Response to “… Y EL TIEMPO QUE PASA”

  1. lasalamandra Says:

    Ardi:
    “O que ahora el miedo no es tan importante como el deseo… o como el tiempo que pasa”.
    Comprendo esa valoración, esa sensación.
    Aunque a veces me queda semioculta por esto:
    que el miedo ya no es tan importante como otros miedos, nuevos, que con el tiempo se nos presentan…
    Pero esto ha sido una digresión por mi parte. Cosa que, por otra parte, me encanta hacer. :-)
    2005.03.13 10:58

    Gradiva:
    “Un amor revuelta, un amor que subvierte el tipo de vida equilibrado y formal que se había impuesto, una revuelta contra el tipo de vida que ha llevado hasta el momento.
    [……] Pero a veces, el sujeto no está listo y la persona que encuentra no es la adecuada, o faltan otras condiciones. Entonces el proceso de enamoramiento se detiene en la fase inicial y se presenta como arrebato breve, chifladura. Poco después se desvanece”
    ¿Te referías a esto?
    ;-) como ves te hice caso y ese mismo día fui a la biblio.
    2005.03.13 11:06 email: Campanilla698 (arroba) gmail.com

    Moriana a Ardi:
    … y sin embargo a mí se me escapa. ¿Querrías decir que el miedo a la muerte que acecha y se acerca es mayor a ese miedo antiguo que a veces nos despierta puesta en alguien que sabemos que en ningún caso podremos controlar?. No sé… es que tú digresión es tuya y seguro que soy yo quién me estoy apartando de ella…
    2005.03.13 11:44

    Moriana a Gradiva:
    Sí tú te sientes reconocida… sí.
    A mí Alberoni me hizo comprensibles esas cosas intangibles de la física y la química.
    Un beso :)
    2005.03.13 11:46

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