– ADELMA –

marzo 14, 2005

Jamás en mis viajes había llegado hasta Adelma. Oscurecía cuando desembarqué. En el muelle el marinero que atrapó al vuelo la amarra y la ató a la bita se parecía a alguien que había sido soldado conmigo, y había muerto. Era la hora de la venta al por mayor del pescado. Un viejo cargaba su carretilla con una cesta de erizos; creí reconocerlo; cuando me volví había desaparecido por una calleja, pero comprendí que se parecía a un pescador que, viejo ya siendo yo niño, no podía estar entre los vivos. Me turbó la visión de un enfermo de fiebres acurrucado en el suelo con una manta sobre la cabeza: pocos días antes de morir mi padre tenía los ojos amarillos y la barba hirsuta como él, exactamente. Aparté la mirada; ya no me atrevía a mirar a nadie a la cara.
Pensé: ‘Si Adelma es una ciudad que veo en sueños, dónde no se encuentran más que muertos, el sueño me da miedo. . Si Adelma es una ciudad verdadera, habitada por vivos, bastará seguir mirándola para que las semejanzas se disuelvan y aparezcan caras extrañas, portadoras de angustia. Tanto en un caso como en el otro, es mejor que no insista en mirarlos’.
Una verdulera pesaba unas berzas en su romana y las ponía en un cesto colgado de un cordel que una muchacha bajaba desde un balcón. La muchacha era igual a una chica de mi pueblo que enloqueció de amor y se mató. La verdulera alzó la cara: era mi abuela.
Pensé: ‘Llega un momento en la vida en que de la gente que uno ha conocido son más los muertos que los vivos. Y la mente se niega a aceptar otras fisonomías, otras expresiones: en todas las caras nuevas que encuentra, imprime los viejos moldes, para cada una encuentra una máscara que se le adapta mejor’
Los descargadores subían las escaleras en fila, encorvados bajo damajuanas y barricas; las caras estaban ocultas por costales usados como capuchas. ‘Ahora las levantan y los reconozco’, pensaba con impaciencia y con miedo. Pero no despegaba los ojos de ellos; a poco que recorriera con la mirada la multitud que atestaba aquellas callejuelas, me veía asaltado por caras inesperadas que reaparecían desde lejos, que me miraban como para hacerse reconocer, como para reconocerme, como si me hubieran reconocido. Quizás yo también me pareciera para cada uno de ellos a alguien que había muerto. Apenas llegado a Adelma, ya era uno de ellos, me había pasado a su lado, confundido en aquel fluctuar de ojos, de arrugas, de muecas.
Pensé: ‘Tal vez Adelma sea la ciudad a la que uno llega al morir y donde cada uno encuentra a las personas que ha conocido. Es señal de que también yo estoy muerto’. Pensé además: ‘Es señal de que el más allá no es feliz’.

ITALO CALVINO

ZIEM

*(Adelma es la segunda de la serie ‘las ciudades y los muertos’ y la imagen me la remite Pedro O. que fue quién hace años insistió en que no podía no leer este libro y pertenece a un tal Felix F. Ziem, que supuestamente retrata a Venecia)

14/03/2005 01:56. Tema: Las Ciudades y los Muertos. #.

2 Responses to “– ADELMA –”

  1. lasalamandra Says:

    He encontrado poca informacion sobre este pintor pero si numerosas pinturas suyas en Internet y creo que Villon algo sobre esto…. siempre interesantisimo todo lo que pensaba..

  2. lasalamandra Says:

    Fecha: lunes, 14 de marzo de 2005 2:36
    Asunto: Re: Adelma me parece que cuenta una historia
    inquietante.

    .
    .
    .No sé si conocías esta ciudad invisible… Besos
    .
    .
    .

    Tal y como yo lo siento, siempre me han mosqueado las personas que prefieren los muertos a los vivos… Me encanta “Pedro Páramo” (no sé
    si lo conoces: un libro mexicano acerca de un tipo que llega a un
    pueblo y descubre que allí están todos muertos…porque ese pueblo es México) y me encanta una frase de “La plaza del diamante” acerca de España después de la Guerra Civil: “Aquí están todos muertos: los
    muertos y los vivos. Todos están muertos”.

    Eso es para mí la muerte: no aceptar la novedad, estar cerrado al
    mundo. Cuando ocurre algo así, cuando la mente se niega a aceptar
    otras fisonomías, otras expresiones, es que todo está acabado.

    Por eso me molas tanto: me abres, no me cierras. No buscas que me
    contenga en ti: me pides que sea más…

    besos con mucho deseo…tanto, que te voy a pedir permiso para
    convocarte en mi fantasía erótica. Ya sabes: un hombre respetuoso
    ;-)))

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