– HUIDAS –

marzo 14, 2005

Una manera como otra de declararse

Aquella tarde ocurrió la última traición que iba a perdonarle a ella. Y todavía no sé porqué lo hizo. Su psicólogo casi un año más tarde dijo que todo era producto de su envidia.

Yo creía que le amaba. Bueno, aunque quizás no pero luego sí que le ame. Y ese hombre me decía algo dentro que no había logrado decirme nadie y solíamos mirarnos con hambre y con sed pero sólo hacíamos eso, porque yo era incapaz de quedarme quieta el tiempo necesario para que él pudiera acercárseme; no sé, yo huía… era algo inevitable y era siempre así. Por eso, tal vez, un día él debió cansarse de mis huidas y dejó de mirarme (llevábamos meses así); o tal vez no fue eso lo que ocurrió pero yo sólo soy capaz de recordar que eso fue lo que ella me dijo: ‘Yo qué tú me alejaba de él porque me da la sensación de que le das hasta asco; o eso o te odia’. Y no sé, pero aquella tarde creo que rompí fibras en el alma. ¿Te ha sucedido? Basta que te haya ocurrido en una pierna para que no lo olvides: de repente es un dolor, agudo, seco y sordo, un dolor atroz que te arranca hasta lágrimas, y una ruptura que ocurre como si alguien te hubiese disparado un guijarro con un gomero y sintieras a la vez el disparo del guijarro y tú misma fueses la goma que se quebró de soportar tanta tensión. Y bueno, es mucho más largo pero lo que se me ocurrió hacer aquella misma tarde, fue escribir la historia de como había vivido yo a ese hombre y fotocopiarla junto a un cuadro en el que una mujer que va acompañada de su amiga, le mira a él, que parece despreciarla, con su cigarro en la boca y que tiende esa mano azul, a una niña, que podría ser su hija (el incidente con mi amiga del que hablo había sucedido a la hora de la salida del colegio y él llevaba a su pequeña de la mano) y luego pegar esos carteles, en la madrugada y en lugares estratégicos, empezando por un bajo cercano a su vivienda, del recorrido que ese hombre hacía todas las mañanas para llegar a su trabajo en la otra punta de la ciudad… calles y más calles, con la esperanza de que él, en alguno se parase intrigado y lo leyera y entonces nos reconociera a los dos historia. Una locura, ¿no? Habrá tantas maneras de decir lo mismo y sin embargo, era la única en que yo me lo podía permitir pero quería que supiera lo importante que él había sido para mí. Y este es aquel ”primer cartel”.

kIRCHNER

Hacía meses que no le veía hasta que se lo encontró frente a ‘Ella’ aquella misma mañana de agosto…

¡Mírame! (había deseado con fuerza)

No te alejes sin verme (pensó)

Y él al cruzar, con paso ágil, la carretera, volvió sus ojos hacia ‘Ella’ durante no más del breve lapso de una inquietante mirada de segundo y caminó unos metros por delante suyo para desaparecer de nuevo en la entrada de un supermercado. ‘Ella’ continuó su marcha con la vista y él lo supo porque el espejo de la entrada la delató… Entonces recordó enero…. Eran unas Navidades tristes; aún más de lo que siempre lo son: tenía problemas familiares y estaba atrapada por un hombre al que quería a su pesar. Él era un ‘caza mariposas’, y ella había sido sólo otra mariposa incauta. Fue entonces cuando le descubrió; ya se habían mirado así en otra ocasión, pero entonces ‘Ella’ sólo era una mujer enamorada y lo único que sabía de él era que le había conocido en la “CONSULTA DE SU ABOGADO”. Y recordó esbozando una ligera sonrisa, el como se había reprochado el haberse coincidido con sus ojos con tan sonora intensidad… Le descubrió subiendo una calle y ni un instante pudo ya apartarle de sus pensamientos. Y la suerte quiso que en aquella mañana le volviera a encontrar. Y entonces se indagaron, sin decoro, como sólo los ojos que se atraen saben hacerlo. Aquel cruce era una pista. La intuición le decía que él vivía cerca… pero lo inolvidable de aquel triste enero le había sucedido al día siguiente… Y se recordó ahogándose entre el gentío que se dispersaba de la cabalgata. Había vagado durante horas entre la alegría de las calles como si fuese una embarcación abandonada y herida, a la deriva
en un mar de zozobras. Y aquella tarde los rostros radiantes de los niños no hacían más que sumarse a su soledad, como si no fueran niños, como si sólo fuesen aguijones de dolor. Aquella tarde le dolían las ausencias y le dolía el alma y en esa amarga travesía volvió a encontrarle en la calle. Y recordó que él había sido ALIENTO, porque fue verlo y pudo respirar.

A, 10 de noviembre del 99

  

Y es curioso porque ayer mismo descubría que Kirchner parece que pintó este cuadro para hablar de una de las ciudades invisibles de Italo Calvino, de Cloe

14/03/2005 00:20. Tema: . . .

One Response to “– HUIDAS –”

  1. lasalamandra Says:

    dr.evil:
    solo tienes un objetivo en mente: Londres
    2005.03.14 14:53

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