– ‘Reflexiones desde el sótano’ –

mayo 1, 2005

 

No he leído a Dostoievski y quizás habría debido pero un día, cuando ya hacia algún tiempo que me venía preocupando por mis propias mentiras, leyendo ‘El punto ciego’ de Goleman di con un fragmento de sus ‘Memorias del subsuelo’

‘Todo ser humano tiene algunos recuerdos que sólo contaría a sus mejores amigos. De la misma manera, también podríamos decir que todo ser humano tiene preocupaciones que tan sólo contaría a si mismo y, aún así, lo haría en el mayor de los secretos. Pero además, existen cosas que uno ni siquiera se atreve a contarse a si mismo. Hasta los mas honrados de los hombres tienen una buena cantidad de esa clase de pensamientos en algún rincón de su mente…’

 

 https://i2.wp.com/img227.imageshack.us/img227/9643/refsotmx6.jpg

Y no sé por qué razón, a partir de ese momento, sentí la necesidad de descubrir cual era ese tipo de recuerdos, pensamientos y secretos que yo guardaba y contárselos a otro ser humano; no sé, puede que fuera por eso que dice
él : ‘de sentir ganas de contarlo al viento, a un desconocido, a una pared inanimada’ para alcanzar la cercanía… no sé, pero lo hice y no me arrepiento, o quiero suponer que no me arrepiento, porque yo a quién se lo conté fue al padre de Laura; y desde luego sin que él me lo pidiera; inexplicablemente… en realidad, un día después de meses de seguirle por todas partes en silencio, le abordé en un paso de cebra:

– Hola! -creo que le dije más o menos y admiración arriba o abajo
– Hola. Me sorprendes no pensé que tú ibas hacer esto nunca – me contestó él
– Pues ya ves -proseguí con una bomba de relojería a punto de estallar en el pecho en vez de un músculo cardiaco-. Pero hay un problema; vale sí, me he atrevido a hacerlo pero ahora no sé cómo seguir, ¿me ayudas tú?

Entonces el semáforo en el que estábamos detenidos cambio a verde y él dijo:

– Sí, sí ven. Yo te ayudo.
– Es qué me da la sensación de que me estoy ahogando -le dije sintiendo el aire que me faltaba y flaquear las piernas, cuando ya comenzábamos a subir la cuesta de calle que va a dar a Hacienda
– No pasa nada, tranquilízate y cuéntame, qué te ocurre…
– ¿Cuéntame? Pero si yo no quiero que me pases consulta – y eso ya lo dije en un tono descarado, muy acorde conmigo
– ¡Que no quieres que te pase consulta! -repitió él desmenuzando la expresión entre sus dientes (es que él es médico y estaba actuando como un médico conmigo, un médico cuándo te pregunta por tus síntomas; así que había que dejarle claro que eso sí que no). Y lo cierto era que se le veía a cada paso más sorprendido, mientras yo ya me recuperaba…

Y empecé a contárselo Todo pero no te imagines un todo como el que tú contarías, tal vez… sino un todo que comienza como el comienzo de ‘Memorias del subsuelo’

‘Soy un enfermo. Soy un malvado. Soy un hombre desagradable. Creo que padezco del hígado. Pero no sé absolutamente nada de mi enfermedad. Ni siquiera puedo decir con certeza dónde me duele.
Ni me cuido ni me he cuidado nunca, pese a la consideración que me inspiran la medicina y los médicos. Además, soy extremadamente supersticioso… lo suficiente para sentir respeto por la medicina. (Soy un hombre instruido. Podría, pues, no ser supersticioso. Pero lo soy.) Si no me cuido, es, evidentemente, por pura maldad. Ustedes seguramente no lo comprenderán; yo sí que lo comprendo. Claro que no puedo explicarles a quién hago daño al obrar con tanta maldad. Sé muy bien que no se lo hago a los médicos al no permitir que me cuiden. Me perjudico sólo a mí mismo; lo comprendo mejor que nadie. Por eso sé que si no me cuido es por maldad. Estoy enfermo del hígado. ¡Me alegro! Y si me pongo peor, me alegraré más todavía…’

Y primero durante aquella tila, en marzo creo que del 1999; es que no me atreví con el café por culpa de los nervios, la mano me temblaba como si fuera una enferma de parkinson en su fase más avanzada y luego, meses más tarde, con miles y miles de palabras por escrito, primero y después mecanografiadas, que ya nunca se detuvieron, en el fondo. o por lo menos no lo hicieron hasta mayo del 2004. Luego supongo que alcancé una cota de altitud en la que me acerqué fatalmente al sol con mis alas de pájaro y cera, y comencé a caer en picado, hasta que decidí que más que estrellarme de nuevo, lo que deseaba era conocer otras gentes, otros hombres, sobre todo y si aún era posible, enamorarme de la misma forma demente en qué lo hice con él. Sólo que por lo que puedes leer en esa especie de relato precedente pues… me temo que ya no lo consideraba ni siquiera probable, porque me sentía absolutamente comprometida en esa relación unilateral; siempre fue unilateral y no puedo echarle en cara, siquiera, el que en algún momento el padre de Laura me hiciera algo parecido a una promesa. Es más, a día de hoy, es curioso pero es del único hombre del que no puedo decir que le haya escuchado contarme, a cerca de mí, ni una sola mentira…

Pues bueno, la cosa es que hace una semana volví a ver a Laura; en realidad creo que no sé lo comenté a nadie, sólo al amante crepuscular; le envié un mensaje que decía:

‘Hace menos de una hora estaba siendo inmensamente feliz con Laura… y pensaba: ‘te equivocas la felicidad no sólo se recuerda’ pero ahora ya es sólo un recuerdo’

Y Laura lo primero que hizo casi después de preguntarme por Max, fue preguntarme por mi secreto: ‘¿Y estás enamorada como te enamoraste aquella vez?’.

– No, cómo aquella vez no; tal vez ya nunca sea como aquella vez … pero quiero pensar que ahora me estoy enamorando Mejor…

Y de momento, dejo aquí aparcado ese encuentro del sábado y regreso al viernes, que es cuando voy a devolver ‘El viaje de Chihiro’ a la biblioteca infantil y me acerco hasta la de adultos en busca de un libro del psicólogo ruso, Luria… y cuando me quiero dar cuenta está ese tipo otra vez a mi lado, en el ordenador de al lado, a unos centímetros; aquel cliente de la bodega de Enate que nunca me quitaba el ojo de encima (es que me miraba con uno sólo y como de soslayo, procurando no molestarme, imagino), el que el día en que estoy cenando con Max, en la sidrería de la longaniza, antes de ver los cuadros de Hopper del café cantante, nos observa largamente desde la barra; es un hombre muy peculiar que recuerda un poco a Groucho Marx ( y no sólo por su mostacho, porque inclusive parece que va a estar dotado con su fina ironía) aunque es mucho más fornido y alto y creo que concejal del ayuntamiento o algo así… y entonces para alejarme un poco (pienso seguir consultando el ordenador en cuanto él se marche) me dirijo a la estantería de dvd y veo un título que me llama desde una carátula muy oscura, en penumbra: ‘Reflexiones desde el sótano’

‘Un hombre se confiesa ante una cámara de vídeo. Es un personaje extremo, ”El hombre underground” (Henry Czerny), capaz de llevar a situaciones límite, experiencias y emociones universales. A raíz de esta inusual confesión el protagonista hace un repaso a diferentes episodios de su vida, describiendo situaciones que muestran a un hombre simpático y odioso, divertido y terrorífico a la vez. Esta inteligente comedia plagada de humor negro juega con la mente humana, con el perverso personaje que todos ocultamos, porque quién no ha tenido alguna vez un pensamiento negativo…’

¿Alguna vez? Y uno, ¿uno sólo?, pero si yo tengo miles de millares, si yo me paso la vida sintiendo pensamientos malévolos. Así que me la llevo y me olvido del ordenador y procuro olvidarme de ese tipo que ahora ha pegado la manga de su gabardina (siempre lleva gabardina o abrigo) a mi antebrazo en el mostrador, y hasta de esa peli, hasta esta misma noche, en que la veo y me gusta mucho, y me fijo en ese cuadro de Tamara Lempicka, que la cámara nos muestra una y otra vez cuando enfoca el espejo del cuarto de baño del sótano en el que el hombre del sótano vive y en Dick, en el título del libro que el protagonista lee, justo después de herir imperdonablemente en sus sentimientos a la prostituta, cuando la folla sin piedad y se corre en segundos, sin preocuparse de su placer, como el otro día le ocurrió a Bahía con su ”mejor amigo”, y cuando ella, bueno ellas, lo único que le brindaban al otro era ternura y abrigo… y el hombre del sótano lee algo terminado en machine, o sea ‘la máquina preservadora’, y luego en los créditos finales es cuando compruebo que es un versión basada en la obra de Dostoievski, ¡Ah Dovstoievsky! Fíjate tú; pero si esta misma mañana yo he estado a punto de copiarle a la tal Nuala ese fragmento suyo que habla de los secretos que nos ocultamos a nosotros mismos… es que ella me afirmaba en los comentarios que los secretos no existen, y que Czerny finaliza con lo que yo pienso que es una gran verdad:

‘Quizá esta confesión sea un error. Me siento avergonzado constantemente. No es tanto una confesión como una moraleja para demostrar como he arruinado mi vida, por despecho, pero todos hemos abandonado el hábito de vivir. Vivir es un trabajo y todos preferimos ver la vida en la tele y estamos más o menos atrofiados; sólo he sacado una conclusión lógica en mi vida, cosa que vosotros no habéis hecho todavía en la vuestra. Vosotros confundís cobardía con decencia y os consoláis engañándoos a vosotros mismos; o sea que tal vez esté más vivo que vosotros pero basta. No más notas desde la clandestinidad’

Y Czerny apaga el video (el protagonista de ‘Reflexiones desde el sótano’ le cuenta la historia de su degradación como individuo a una cámara de video, y sí ya sé que lo he mencionado antes pero…) y sorpresa, porque es justo cuando yo enciendo mi teléfono móvil y recibo un mensaje de ese hombre que se dedica al tema del video, el único hombre que conozco que se dedica a ese tema y el mismo hombre con el que follé por última vez allá por el mes de marzo, el hombre de febrero en el acantilado:

‘¿Qué tal estás? Ya me dieron el piso. Llevo un mes de locura. A ver cuando quedamos. Un montón de besos’

Y dije follar, ¿no? Es que es sólo lo único que ocurrió y es precisamente lo que a mí no me gusta que me ocurra…

01/05/2005 10:52. Tema: . . .

2 Responses to “– ‘Reflexiones desde el sótano’ –”

  1. lasalamandra Says:

    Hay 2 comentario/s de este artículo.
    LeeTamargo:
    …Toda una aventura la tuya de acudir a la biblioteca! No sólo los libros te dan para mucho sino la vida que sale al paso y que tú aprovechas con la mayor de las intensidades… ¡Dostoievski se sentiría halagado! No por la película sino por las facetas tu personaje.
    TE SALUDO: LeeTamargo.-
    2005.05.01 09:36

    salva:
    Es este texto te veo como una niña que está aprendiendo la vida ;)
    2005.05.01 11:49


  2. […] de la niña. Creo recordar que hablamos de Murakami. Yo por lo menos sí, y también recordé a Chihiro, la del viaje… Había visto algunas otras japonesas, sobre todo al principio del Camino pero no había […]

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