anotaciones de Cefontes en primavera ( – II – )

mayo 21, 2005

Tomaste mi muñeca y miraste el reloj, la una y cincuenta y seis y tu autobús tenía fijada la hora de salida a las dos. Nos levantamos con prisas de la mesa mientras yo te informo de que esa no es la hora real… y creo que voy unos minutos adelantada pero tampoco estoy segura e incluso podría ser al revés, aunque sólo tenemos que salir del bar y cruzar una calle estrecha; pero yo tengo que tirar todavía uno de los sobrios taburetes de madera oscura y barnizada, y la mujer que hay detrás de la barra y que frega la superficie lisa con una gamuza húmeda, tiene que mirarme con aquella mirada furibunda; como si el incidente fuera algo imperdonable y como si no fuera capaz de entender que esta vez no he sido yo, que ha sido mi bolsa de viaje la que se ha enganchado en la banqueta con las prisas y que el estruendo, por eso mismo, no ha sido del todo culpa mía… Y a lo mejor es porque no es la primera vez que eso ocurre (el viernes el cibercafé no olía a fritangas) y porque yo, que encima de pedirle disculpas le sonrío , soy la gota de mala leche que colma el vaso y está harta: porque claro, supongo que en realidad no puede saber que a mí eso, por atolondramiento personal, me ocurre casi cada día , ¿o me mirará precisamente así, como acostumbra a mirarme mi madre, con igual reprobación, porque se me ve en el semblante que lo mío es tropezar a todas horas con los muebles y derribar por todas partes sillas? Pero da igual, tú, con tu delicadeza habitual, te despides de ella y a ti si logra sonreírte y sus facciones se dulcifican. Entonces, yo vuelvo a decirte: ‘Esto tampoco lo vayas a contar, ¿eh?’ ¿Cuántas veces nos lo hemos repetido?. Y nos reímos una vez más mientras salimos por la puerta y cruzamos veloces la calle y vemos que en el andén sólo quedan por subir dos personas ya y el conductor al pie de la puerta recoge sus billetes y entonces te veo correr por delante de mí mientras te sigo y sólo veo tu espalda y en ese momento el alma se me gira y me cuelo por el hueco que existe entre los dos autobuses del anden número cinco con la intención de alcanzar mientras corro el tramo de carretera por la que tendrías que abandonar la ciudad para decirte adiós y sorprenderte si es posible pero algo ocurre y entonces caigo en la cuenta de que no corro como si fuera a tu encuentro, sino cómo si fueras a perseguirme y huyera de ti, y me temo que vuelvo a ser de nuevo como esa niña que ahora tú ya sabes que oculto y que aún se ruboriza

– Ahora sí que pareces una niña -dices tú-. Vaya, no me lo puedo creer. La morbosa ‘super-sabbat’ sintiendo vergüenza…

‘Jha-jha! te carcajeas divertido de mí. Y se te veía ciertamente encantado al advertirlo, ¿eh?. Es que eran algo así como haber sido pillada en un renuncio infantil, tan transparente; en este caso, el de la crisálida de mis expectativas… yo que siempre afirmo que no sé lo que voy a querer que ocurra al minuto siguiente, que insisto una y otra vez en que no hago planes, que no preveo… estaba dando por hecho entre nosotros una próxima vez contigo, pero más allá aún de la vez de Madrid; porque yo creo que de esa sí que tenemos las mismas ganas los dos (es decir, yo quiero arriesgarme a confiar en ti plenamente, aún a sabiendas de que estaré más asustada que nunca porque me darás a probar éxtasis, y me vendarás los ojos y ni siquiera llegaré a saber jamás quién folló conmigo… y a sabiendas de que dijiste: ‘quiero utilizarte’ ) y yo que nunca sé nada porque nunca quiero adelantarme a nada, te doy a beber vino blanco esta vez de mi boca y te hablo de una noche futura en otra habitación de hotel como la que acabábamos de abandonar y de bebernos así, dándonos de beber de boca a boca, una botella de Champagne, mientras follamos con música y lujuria, y te lo hablo como si tuviera que ocurrirnos. Y entonces tú me dices:

– ¿Así que va a haber una próxima vez?

Y es ahí cuándo yo me doy cuenta de lo que realmente te estoy pidiendo y digo, y supongo que por eso me ruborizo. Y no es cómo una hora antes, como cuándo coqueteo y te digo: ¡Vaya debo estar enamorada porque no puedo terminarme el croisant!

Y tú me preguntas:

– ¿Estás enamorada?

– No sé, lo estaré. Si no puedo terminármelo… por lo menos es sospechoso.

Pero entonces estoy segura de que bajo los ojos y que tú sientes que sólo estoy coqueteando contigo. Pero luego no, luego es evidente que estás seguro… y de ahí tu regocijo.

One Response to “anotaciones de Cefontes en primavera ( – II – )”

  1. candelaarias Says:

    Autor: Ardi
    Hay un paréntesis con dos palabras y una expresión que encienden una luz de alarma, pero en lo que a ti respecta todas mis alarmas han sido tales fracasos (deo gratias) que sigo felicitando y animando al carpe diem.

    Fecha: 22/05/2005 09:30.

    Autor: salva
    Creo que otras veces ya he mostrado mi desacuerdo con la confianza ciega y consecuencias como la de dejarse utilizar. No es por desconfianza hacia nadie en concreto, ni menos en este caso porque no conozco de nada al que te ha hecho feliz. Es por principio. Sólo cuando las consecuencias de atenerse a los principios son contraproducentes, es lógico saltárselos. Tú puedes valorar en qué medida son contraproducentes y en qué sentido lo serían.

    Fecha: 22/05/2005 11:23.

    Autor: LeeTamargo
    …Tú sabes llamarle al pan pan y al croissant croissant, Imaginate… Pero hay ocasiones en las que si no puedes con ello es porque no tienes hambre o el croissant está malo. Es mejor no forzar, aguardar a los días de vino y rosas que vendrán…
    SALUDÁNDOTE: LeeTamargo.-

    Fecha: 22/05/2005 12:30.

    Autor: Polen
    Valiente, niña, eres valiente, por ofrecerte así… pufff sigo leyendo más arriba, me tienes enganchada ;-)

    Fecha: 22/05/2005 22:54.

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