Asunto: Carta en negrita – ii –

julio 7, 2005

Se me han pasado las ganas de vomitar y menos mal porque me sentía horrible. Yo creo que es miedo. No a la autoconsciencia y todo eso, sino a sufrir por lo que siento… y a ver yo no creo que mi sentimiento por ti sea una adicción porque tú todo el tiempo me sentaste muy bien… por eso mismo creo que se despertó el miedo más pavoroso a perderte… siempre he sufrido el miedo al rechazo pero creo que nunca, como ahora, a la perdida (como nunca he tenido nada que perder) e I., aquel psicólogo que conocí, decía que cuando los sentimientos profundos se ponen en juego, el miedo como mecanismo de defensa cortocircuita la mente consciente y ésta, en un bucle, que necesita retroalimentarse constantemente de la cadena de los mismo pensamientos, trata de elaborar un sentimiento de menor escala y puede que hasta de signo contrario al anterior… ¿qué te voy a contar a ti, no? (en mi caso tú generas un sentimiento profundo y de índole positiva y yo he tratado de convertirlo varias veces en un sentimiento medio y hasta de carácter negativo,  como por ejemplo cuando pensaba que podías ser un psicópata o que yo para ti y como mucho era una de esas burbujas tuyas de Freixenet que dijiste que querías beberte para reírte como un goliardo) … y también explicaba que por el lado de las conductas… lo que eso generaba eran ‘HUIDAS’ del sentimiento… como puede ser la del alcohol en el caso de ‘El resplandor’, o el trabajo, que a lo mejor es tu refugio y tu caso, o el juego, en el de mi marido, u otras relaciones que es por lo que me da a mí … pero I. era claro, ese bucle consumía mucha energía y para conseguir que la ilusión del sentimiento creado superficialmente subsista, hay que estar generando continuamente pensamientos negativos que lo sostengan… ¿y qué ocurre cuando eso se fractura?… que el corazón toma el mando de nuevo e inutiliza el mecanismo de la razón… o sea que se vuelve a sentir el sentimiento profundo que se siente aunque no se quiera y se presentan esas ganas atroces de vomitar, y que no son más que mi pánico a perderte, o a no conseguir  llegar a ser jamás importante para ti, lo bastante como para que desees ”cuidarme”. ¿Y por qué? Pues porque no tengo nada Real que ofrecerte… por eso me mató aquel correo dónde te mostraste tan cavernícola: ‘ soy un epicúreo y  por eso me voy con la música a otra parte’, decías… a veces tus correos son muy duros de encajar… oye, y qué me gustan, que me gusta mucho que me lo digas así y no quiero que eso cambie pero chico es que a veces ocurren momentos de debilidad dónde uno flaquea y no se siente tan fuerte y por eso se vuelve loco de dolor o de miedo, de la ilusión del miedo y el dolor y huye espantado… que fue lo que ocurrió, quise escaparme de lo que sentía por ti para que no me alcanzara el tsunami de la pérdida, (hablamos de los animales que huyen en estampida y se salvan, ¿recuerdas?. Yo te dije que a lo mejor en un año esa misma alarma les había sucedido diez veces y había sido injustificada pero que un día suena la campana y… los elefantes por suspicaces se salvan de la ola)…  es que ya parecía la crónica de una muerte anunciada, en aquel momento me lo pareció…  y  me habría pasado de nuevo en aquel otro que me escribiste justo antes de mi primera cita con klaus pero no sucedió porque fue cuando justo llamaste tú por teléfono y cuando lo recibí estaba contigo al teléfono… yo he pensado hasta que me llamaste porque   puede que tú mismo luego de escribirlo y enviarlo lo encontraras duro y menos mal (repito que no lo era en absoluto, pero en la primera lectura y sin tu voz lo parecía)  porque de nuevo me habría deshecho,… pensaría: ¡hostias es que a este tío no es que se la sude la mayor parte de lo que le diga, es que se la sudo toda yo por completo! Aunque quizás no porque puede que todavía recordase la maravillosa conversación que mantuvimos el día anterior, la conversación desde la plaza  a la que decías que te dirigías después de aquel seminario étnico y yo ahí, si logré sentir que no era tan poco importante para ti, lograste comunicármelo, lo mismo que en aquel correo tan cargado de fuerza y pasión que me escribiste:
Que digo que recuerdes, siempre, que los cobardes tenemos una virtud: somos el mejor reposo para guerreras como tú. Que si alguna vez estás cansada de batallas contra molinos de viento, yo seré tu Sancho Panza. Porque, ahora más que nunca, te admiro, te respeto y te deseo. Si quieres reposar en mis brazos echando unas risas mientras me cuentas tus luchas, a mí me encantará oirlas…

¡EN ESTE CORREO ME GANASTE POR COMPLETO!

(aunque ni siquiera sé si tú lo pretendías pero no me importa, me ganaste y punto, tal vez porque fue imprevisible y yo creí que ya no ocurriría, que te habías ido…  y entonces me enamoraba un paso más allá, me cogió por sorpresa, me asombró, tal vez era lo que deseaba o necesitaba oír, y fue inevitable.. )
Y claro, me acuerdo de tus primeros correos, los pocos que cruzamos antes de encontrarnos nosotros. Yo te decía que no quería molestarte porque me imaginaba que eras un hombre muy ocupado pero en el fondo lo que no quería era crearme ni crearte ninguna expectativa y tenía muchísimo miedo a decepcionarme. Pensaba que cuanto menos supiera, menos importaría lo de tener que salir corriendo llegado el caso… y me parecía que podía ocurrir, que nos podía ocurrir a cualquiera de los dos; así que te evitaba pero la semana final y anterior a nuestra cita me leías más y me dejabas más comentarios y me decías en privado cosas como: ‘COMUNICAS SIEMPRE. ERES MARAVILLOSA’… y yo, ya sabes, detesto eso de los halagos pero de ti me los creí porque me gustaba creérmelos (aquí pienso que hay dolor porque se me mojan los ojos y casi no veo, te lo cuento para darte una indicación… es la primera vez que ocurre en muchos días… desde aquel sábado 11 de junio y  ocurrió en aquellas escaleras con klaus, bajo los efectos de la hierba pero  creo no había vuelto a ocurrir) (y sí, duele porque he vuelto a leer estas líneas y ha vuelto a ocurrir)
¡Perdona! sin ganas de vomitar divagaré más y me centraré menos; es que las ganas de vomitar eran la negrita que ponía en relieve las sensaciones, eran la negrita porque se prendían a la boca de mi estómago y me era imposible no concienciarme de ello, porque todo parecía a vida o muerte, y ahora, no … ahora siento que en parte te he recuperado, que vas a permanecer ahí al menos esperando ver si me lo curro lo bastante para que logre acercarme a ti o para que haga que tú sientas ganas de volver a estar más cerca… ¡Te creía, tío, te creía, te creía y no pensaba que cuando me decías eso me estuvieras halagando o mintiendo! pero luego nos conocimos y empezaste a hablarme de monolitos… ¿me sigues? Una vez dijiste que la gente que a ti te admiraba eran aquellos que no iban de nada, que no se inventaban nada, que escribían lo que llevaban dentro, los que quizás se vertían o se derramaban en las letras, y nombraste a Anais Nïn, entre otros, también a Cain, por segunda vez, sí y luego estamos en Cefontes, tú te has traído un libro de Anais Nïn, a lo mejor pensabas que yo la había leído y la admiraba y por eso me dedicaba a plagiar su estilo pero lo mío no fue así, comenzó como lo de ella, me imagino,  por necesidad vital; es cierto que no era la primera vez que me habían hablado de ello pero me era indiferente porque mi conciencia estaba tranquila, ni siquiera había leído una sola de sus páginas, y  yo no estaba calcando ningún estilo, y hablaste de Cecilia y me dijiste que te aburría porque era monolítica y en ese mismo momento añadiste a Anais Nïn a la lista de quienes eran para ti monolíticos y me sembraste de dudas, ¿ por cuánto tiempo lograría yo resultarte caleidoscópica? ¿Sobreviviría en tu interés siquiera a esa cita? Pero bueno tampoco es que tú estuvieras resultando la octava maravilla, así que eso sí que ya me la traía muy floja a mí. Y bueno te empeñaste en justificarte. Y yo dije para mí: ¡menudo fantasma el neuropsiquiatra este y conmigo que no cuente para la próxima porque este punto a mí no me ve más el pelo! ¡ah y se me olvidaba! ¿pero te lo cuento, ¿vale? Es lo del silencio… Tú me habías prometido por correo y hablado de ello en tu periódico que en Cefontes sería todo silencio y nada más que entre por la puerta empezaste a hablar y querías que hablase yo, me decías: ‘No conozco tu voz todavía’  ‘Háblame’ ‘Dime algo’, y yo ni muerta te hubiera dicho nada porque estaba impresionadísima… no eras pero para nada como me esperaba, no me gustabas en absoluto, a lo mejor a ti te ocurrió igual, que me viste bajar del taxi y te espantaste y por eso no te empalmabas, no lo sé, nunca nos lo dijimos. Y yo sólo pensaba para mí: ‘ pero bueno no podrás callarte un rato tío’ ‘dijiste que habría solo silencio y gemidos’ ‘ pues ya veo yo, ya, el plan’  ¡Joder, me pareció pero FATAL lo de la falta de silencio! Y ahí fue dónde me formé la idea de que eras un mentiroso, en las primeras impresiones ( y hasta hace un par de días no decidí aceptar y asumir que sólo eras, como me asegurabas, un puto cavernícola). Vale, eso es importante que te lo cuente y vas tú y empiezas con lo de las explicaciones… ah no, ah no, espera es mucho peor de lo que recordaba: nada menos que se te ocurrió decirme eso de que era la tía más guapa con la que habías estado nunca… y que claro, como era tan guapa tenía que estar yo así como superacostumbrada a que todos los tíos diesen gatillazo conmigo, ¿entiendes? y ya te pensé el doble de mentiroso pero bueno como después de todo me habías caído en gracia y me había fijado en tus labios y les había cogido gusto, eran muy sabrosos y muy sensuales, los labios de hombre más sensuales que he besado, y en el pendiente,  y en lo mucho que le gustaba a mi lengua encontrarse con él y  en que aquello  de la calva estaba resultando toda una aventura por el mundo de la sensación y para mis dedos y mis manos (es que hasta se te ocurrió nada menos que decirme que te rapabas todos los domingos la cabeza por mí, joder, por mí), y tu cuerpo con sus olores y sabores y su tamaño y forma me decía cosas muy muy excitantes y apetitosas… pues cuando me dijiste aquello de que nunca te había sucedido tal cosa y que hasta ibas de chulillo por la vida y que hasta me tendría yo que pegar con un canto en los dientes por ser la culpable de tamaño gatillazo o del prodigio de que te ocurriera, pues bueno como me habías caído en gracia me dije: ¡joder por lo menos es simpático el cabronazo este pero menudo embaucador y menudo morro que le echa! (aunque imagino que el descrédito que me causa a mí la peña de tu profesión, influiría algo para darte pátina… lo digo por lo del rol porque en aquel momento si que se te ocurrió irme de neuropsiquiatra). Y bueno que si me lo explicabas… ¿te apetece escuchar mis motivos?… y fue cuando me hablaste de lo de Sri-lanka y de irte a hacer  duelos y de que te lo estabas pensando y creo también fue entonces cuando me dijiste lo del libro… y que por eso te había ocurrido aquello y allí no había nada, chico pero nada de nada por mi parte. ¡Hombre! no era como para salir corriendo pero tampoco daba la cosa para tirar voladores. Aunque un momento, me gustó eso de la delicadeza… eso de preguntarme lo de la cena, de no tomar decisiones sin mí y por mí, lo de la posibilidad de compartir un taxi al día siguiente y noté que eso me sensibilizaba, esa manera de ser tuya (nunca había conocido a nadie como tú, eso era seguro) y sentí por supuesto la necesidad de alejarme por primera vez de ti… fue entonces cuando fui a la ventana y la abrí y luego viniste tú y te asomaste y sólo recuerdo que ya no te trajiste tu rol y que había algo en mi estarme de puntillas, que todo lo que no  había habido antes sucedió en aquel momento en que respiramos juntos el frío y sobre todo me sentí muy pero que muy cómoda… ya ves, los dos allí desnudos y yo contándote lo del taxista; ya derrochando nuestra libido en las galias equivocadas… No sé, pero recuerdo que hubo ternura en aquella ventana :)
¿Te importa si acaso que siga más tarde? Es que quiero quitarme las lentillas antes de contarte otra cosa más que  me hizo rotularte como un mentiroso y no asumirte como puto cavernícola pero ya vas viendo dónde fue que me equivoqué y por qué… aunque no sé si va a interesarte que te lo siga contando, que lo reconstruya pero quiero que sepas que a mí me gustaría seguir porque me está haciendo mucho bien esta narración y de todas formas siempre he tenido muchas ganas de decírtelo y de que te rieras conmigo de ello. ¿Un beso? El mío te lo envío con amor :)

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