La noche del miedo y las presencias – i –

julio 9, 2005

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Goya

– The witches’ Sabbath – Francisco de Goya y Lucientes –

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Stanislaw o’Toño me llama ’bruja’. Pero creo que nunca me lo había llamado hasta hoy. Y sé que sólo lo dice por como le miro. Así llamaba yo a mi pequeña Nikita por lo mismo, a mi rubia, a Marta. Y hoy Stanislaw y yo follamos pero antes de follar, nos escalofriamos y pasamos miedo juntos; y luego, luego descubro aquella verdad que hacía tanto tiempo que buscaba… No fue nadie de casa quién lo hizo. Fue el dueño del inmueble. Yo debía de tener tres años. Por eso se horrorizó cuando le pedí la llave del edificio hace dos… y luego me quitó la cara y no fue capaz a mirarme más a los ojos. Sólo que allí no se podía subir. Eso dijo.

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Llevo años deseando regresar a aquella desvencijada buhardilla para recordar, no sé el qué pero para recordar… Vi el horror en él entonces; y hoy he visto a Stanislaw llorar por mí como en mi sueño. Fue hace una hora cuando me dejaba delante de mi casa. Lloraba apesadumbrado, porque me dijo ’no recuerdes, no tiene sentido, déjalo estar… además ya lo sabes’, y antes de esos tres minutos que él tarda en llevarme a casa… yo sé lo fui contando todo por el camino. Tal vez tuviera menos de tres años y me siento aporreando aquella puerta y subida a la banqueta para alcanzar la mirilla y gritar, unas vecinas viejecitas suben pero no tienen la llave y me piden que me calme y yo tengo pánico, pánico, pánico pero a qué; y creo que me voy a volver loca de tanto pánico que siento, y sé que es desde entonces que me da miedo el acecho de la locura pero hoy en el instante en que Stanislaw insiste y me lo pregunta, yo me giro evadiéndolo y sé que es a la presencia que hay detrás… Candela María, ¿qué te pasó? Candela María… escucho a mi abuela y ahora yo también lo hago, eso de llorar, comencé a hacerlo cuando marqué el número del hombre del tatuaje para contárselo, no eso en concreto, sino un resumen sucinto y emotivo de toda la noche que no quería que luego se encontrase de sopetón aquí… él sabe quién fue Stanislaw para mí y ahora sabe que no le amo… ’ Pues esto, compañera, no ocurre todas las noches’, es lo que dice Stanislaw al dar la curva, no, nadie suele iluminarse así, pasando miedo y follando pero fue él quién me dijo hace dos años que el sexo abría las puertas del conocimiento y por eso le pedí que me besara… y Stanislaw tampoco me ama, y los escalofríos ya no son por el miedo. No es por eso por lo que me espeluzno. Me espeluzno porque él tiene razón y si no soy capaz de odiar es porque ya sé como es la vida.

Su polla sabe a sangre, a mi sangre. Aún tenía la regla o tal vez fuera por alguna vena que se rompe cuando él me folla el culo. Yo se lo pedí. Despacio, le dije… muy suave pero eso sólo es necesario al principio porque luego hasta yo le busco y mis caderas se baten contra su polla como si fueran una costa de la muerte y Klaus también se llama como Stanislaw, pero no sabe alear todavía de esa manera los no metales… la dureza y la ternura son un arte.

Porque Stanislaw si me tira del pelo justo como hay que tirar y dice algo como ’yo soy tus puertas’ que es con lo que comienza el miedo y … pero ahora no recuerdo bien porque estoy muy cansada y eso no ocurre cuando follamos sino cuando el miedo ocurre; entonces siento la debilidad y él dice que si no la supero estoy perdida, que basta una brecha para que ellos entren, y que aunque quizás sea una lástima no sabemos lo que son y por eso … Apenas habíamos bebido, aunque por la tarde yo si estaba medio borracha. Dos cervezas con Nora en el pub de los triskel, y es cuando llamo por primera vez al hombre del tatuaje porque hace tiempo que no piso el lugar y la vez que recuerdo fue cuando él y yo hablamos desde esa misma calle, y a la salida de urgencias y luego, después de que me trago su semen y me quedo mucho rato arrodillada a sus pies con mi frente pegada a su vientre, él me hace incorporarme y comenzamos a vestirnos, y yo recojo la ropa que como las otras veces se ha quedado tirada de cualquier manera por el suelo de la bodega que han fregado, un rato antes de irse, las camareras con mucha más lejía que discreción y mientras él dice que luego, después de que aparezco y desaparezco, siempre ocupo demasiado espacio en su cabeza, y ahora que he vencido a las sospechas tenéis que perdonarme pero estoy derrotada y quiero dormir.

5 Responses to “La noche del miedo y las presencias – i –”

  1. candelaarias Says:

    Hace dos años y el principio de eso que se habla en este post …

    Mi madre quería ir a misa de nueve pero no había rastro suyo por ninguna parte. Tampoco había misa de nueve. No me enfadé porque la conozco. Me dijo que esa iglesia era demasiado oscura y que por eso le asustaba ir sola: ¿Cuándo me acompañas?

    Bancos por delante había una mujer vieja. Sólo ella y yo allí. ¿Es irreverente tomarse imágenes dentro de las iglesias en penumbra?

    La mujer al descubrir mi presencia pareció sentirse incómoda y comenzó a caminar hacia los santos que había en la capilla a mi derecha. ¿Quienes son? -le pregunté. ¿Cómo dice?. No la entiendo. – Sí, que quienes son…. Jesucristo, la Virgen y el ángel y ¿ese tercer personaje?. – No lo sé, no lo sé. Perdóneme pero no lo sé -dijo muy intranquila. Estaba claro que mi presencia la intimidaba y no era lo que yo me proponía. – No sé preocupe. No importa. Todo no lo podemos saber… -le sonreí. Y la acompañé hasta la puerta tomada por el hombro y explicándole que en realidad yo buscaba a mi madre que por supuesto… no aparecía. ¡Pobre mujer! -pensé. Debe ser terrible vivir tan asustada.

    Y allá que veo aparecer a mi madre. Retraté el instante mientras le decía: ’Menudo morro’.

    – Calla, Calla que está todo en obras y tengo que darte una buena noticia. Acabo de ver a T. y me contó que estuviste el martes allí. Dice que cuando marche A. de viaje te va a dar la llave.

    Eso era fantástico. Me sentía muy decepcionada por el asunto. No veía una solución sencilla para franquear ese problema. El caso es que hace unos días escribí lo siguiente:

    03/07/2003 0:42

    Quiero que hagas una cosa por ti Susi… Quiero que busques ’El Cielo Protector’ de Paul Bowles… quiero que te busques en kit. ¿Por qué? Es una catastrofista pero hay un punto donde ella dice esto:

    “Mientras miraba al jardín en calma tuvo la impresión de que por primera vez desde su infancia veía claramente los objetos. De pronto la vida estaba allí; ella no la miraba a través de la ventana, estaba adentro. La dignidad que nacía de sentirse parte de su poder y de su grandeza le era familiar, pero hacía mucho que no la sentía (…) pensó: ’Jamás volveré a ponerme histérica’ Pensó que nunca mas en la vida volvería a sentir ese tipo de tensión, ese grado de preocupación por si misma”.

    ¿Yo? Ayer fui a la antigua casa de la que te hablé, mi primera casa. Nunca entendí porqué el número trece, que tradicionalmente es asociado a la mala suerte, a mí me gustaba… El portal estaba totalmente cerrado y levanté los ojos y lo vi. Era el número 13. Luego entré en el bar de al lado y pedí un café. El dueño no me reconoció y subí por las escaleras hasta que en el interior del restaurante tropecé con su mujer.

    – ¿Hola no te acuerdas de mí? Soy la nieta de N., el zapatero -dije mientras le daba dos besos.

    Le conté mi problema y ella me dijo:

    – No pasa nada, que te de A. la llave. Hace cinco años que lo tenemos cerrado.

    – ¿Es vuestro? -pensé, estoy salvada, voy a subir, voy a entrar… se hará la luz

    … pero no. Es tarde y si me quedo a escribírtelo se me hará de nuevo muy tarde. Prometo hacerlo. Un beso.

    .-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

    Cuando llegué a casa de mis padres y lo conté me sentía fatal. T. me presentó:

    – ¿No la conoces?. Es la nieta de N.

    Los ojos de él hablaron. Vi centellear el miedo en ellos. No, no fue solamente el miedo: fue la desconfianza unida al pavor. Había algo imprecisable allí y no era sólo que a ese hombre le asustaran las mujeres ’mujeres’. Esa sensación tuve cuando le pedí a la entrada el café solo e inmediatamente después le pregunté por el baño

    – Quiere entrar en la casa de güelo. Ya le dije que tú tienes las llaves y que no hay problema

    – No hay nada que ver allí. Es peligroso. Hace cinco años que se cerró y todo es polvo y telarañas

    – A mí me da igual -dije ingenuamente aún sonriéndole-. No me voy a fijar en eso. Sólo busco recuerdos.
    A. es un hombre obeso, feo, desagradable, puede que tosco y me temo que ’sucio’

    – No. No. Allí no hay nada. No sé puede subir. Ya te lo dije: muebles viejos apilados, cajas y polvo. Te puedes hacer daño. Allí no hay nada que ver.

    Y yo respiré hondo. Entonces T. pareció comprender, aunque no comprendiera su reticencia, y decidió ponerse de su lado.

    – Es verdad. Nadie más entró allí desde que murió Miguel. ¿Conociste a Miguel. Fue el hombre que estuvo trabajando para tu güelo los últimos años

    Quise hacer memoria pero no lo recordaba. Había unas mujeres, en el segundo o en el primero que me decían cosas. Dos viejecitas. No sé

    – Si te digo la verdad sólo recuerdo la claraboya y la escalera de caracol.

    – No es una escalera de caracol. Es de madera, una escalera de madera que está cayéndose, una escalera normal -dijo A. en un tono cada vez más enfadado, y áspero; verdaderamente hostil.

    Los de mi casa no lograron entender porqué me había mentido. Todos recordaban una escalera de caracol. Una escalera de madera con forma de caracol. La escalera de caracol es un símbolo en mi vida.

    – ¿Cuánto es? -dije preguntándole por el café en el tono más conciliador posible. De pronto parecía furioso.

    – Nada. A esto te invito yo.

    Y cuando T, se fue a servir una comida escaleras arriba, él me dio la espalda y se puso a hablar con un cliente que estaba en el centro de la barra. Yo me sentía incómoda pero no quería irme sin firmar un tratado de paz. Tenía que conseguir calmarlo o nunca conseguiría entrar allí pero no sabía que decir… sólo me tomé el café despacio. El café estaba muy rico.

    – ¡Qué café tan rico! y qué pequeño es el mundo…

    Él me prestó atención a desgana.

    – Hace unos días estuve en el Palacio… viendo una obra de teatro a la que me invitaron y resulta que uno de los padres de los chavales que cuído yo, estuvo trabajando en su reconstrucción (en la del Palacio) y me contó que durante años había trabajado también en la tienda de S…. así que lo más seguro es que lo conociera de pequeña cuando vivía aquí.

    – La zapatería y todo lo que había al lado ya no existe. Lo tiraron todo hace años para reconstruir

    – Sí, ya lo vi. Y bueno el Palacio es una preciosidad

    – Sí, lo dejaron muy guapo. Ya me dijo T. que tu padre quedó ciego
    (A veces mataría a mi madre, de verdad que a veces mataría a mi madre)

    – Bueno, ciego exactamente… no

    – Pero si no puede conducir ni nada. Y ya lo jubilaron…

    – Bueno, yo no diría que nada de nada. Puede conducir poco y con cuídado y quizá se jubile sí…
    A. puso cara de…

    – Ya. Es que mi madre es un poco exagerada…

    (La mato, la mato, la mato… un día de verdad que la mato. Es que va ’llorando’ por todas partes y sacándolo todo de quicio. Esta mujer no tiene remedio. Le gusta mas dar pena que a los pitufos, pitufina y ser de color azul)

    – ¿Y tu tío M? -la cara se le alegró.

    – En Murcia. Hablé con él en Noche Buena. Estaba sentado en un parque a oscuras… ya sabes como es. Hablamos de las escaleras de caracol y de las puertas…. – sonreí

    – Sí, tu tío M. es mundial…

    Desde luego si iba a existir una llave para entrar … sería de la mano de mi tío. La cosa estaba muy mal pero no lo daba todo por perdido

    – Bueno. Tengo que irme. Voy a subir a despedirme de T.

    Él pareció suspirar aliviado aunque no parecía tener gana alguna de volver a verme en toda su vida
    Hay momentos en que una se alegra de contar las cosas…

    Mi padre recordaba un vidriera de colores verdes que en la penumbra del portal estallaba en polifonía que convertía las paredes en un caleidoscopio gigantesco cuando la trapasaban a ciertas horas del día los rayos del sol, antes de que fuera un calle en sombra perenne por la disposición de los edificios
    Yo también la recordaba pero él me dijo que eso no era posible

    – Cuando tú naciste ya habían construido las casas de la esquinas.
    Eso fue cuando yo era crío

    – Pues te equivocas porque yo lo vi…

    Al parecer la famosa vidriera nunca estuvo en nuestro portal sino en la churrería de L.

    Mi abuela recordaba una araña que tuvo, una de esas lámparas de brazos y lágrimas de cristal que lo iluminaba todo.
    Decía: brillaba tanto que desde lejos la gente confundía la buhardilla con un palacio.

    Los de mi casa siempre han tenido cosas así…
    Gusto de ricos, o demasiada imaginación, o pobreza mal llevada o sencillamente creatividad a raudales. Porque si mi abuela dice que la casa en la noche lucía como un palacio seguro que trabajó como una burra, inventándose cosas de la nada, haciendo alquimia con las paredes y los retales para transmutar la herrumbre en plata y la casa, seguro que vista desde la calle, lucía como un palacio. ¿Qué más da que no hubiera paz y amor si aún había ilusión y esperanza?

    Creo que he heredado de mi abuela mi persecución implacable de la belleza
    Queremos ver belleza donde no existe belleza alguna y a muerte, como son las luchas por la vida, la acabamos reflejando.

    Creo que ninguno somos normales o quizás nadie lo sea después de todo.
    ¿Qué es la normalidad?
    Conozco a alguien para el que la belleza, por ejemplo, es el canto de los sapos por la noche en la charca de un parque … además se burla (entrecomillado esto) de mí porque yo jamás los he escuchado.

    Lo mejor de todo fue que luego mi padre se preocupó mucho por mí y empezó a darle la paliza a mi madre con el tema de qué le pasaría a la chiquilla allí para que quiera entrar…

    – Eso ye que le pasó algo María.
    – ¿Pero qué le iba a pasar. Déjala que ya sabes como es… No le pasó nada. Querrá escribir un cuento…

    Su actitud me reconforta porque sea lo que sea lo que me sucedió allí, en mi infancia, creo que no tiene relación con él. Nunca lo he sabido. Sólo sé que ocurrió algo pero no sé el qué. Es una sensación terrible como una sombra… Cada vez que me doy la vuelta se aleja de mí pero no me pierde de vista…

    Ayer noche cuando se lo estaba contando a Elena y a Libi, Libi tenía el dedo sobre la llama de la vela y a parte de quemarse se asustó mucho por lo que observó en ella. Dijo: – No entres. No te va a gustar lo que te vas a encontrar. Y luego nos comentó que el cómo había reaccionado a mi historia le parecía increíble porque a ella le cuesta mucho creer en depende qué cosas; es una racionalista pura y nuestro misticismo le parece indigesto e indigerible

    Y yo busco una llave… y recuerdo que entre dos opciones posibles la mejor es una tercera que aún no existe. Me pregunto ahora ¿qué relación tuvo ese hombre con mi mal?

    Me pregunto lo que esconde

  2. candelaarias Says:

    Autor: reflejos
    Despues de leerte, yo también me encuentro cansada…no sé si me pesan mis pensamientos o los tuyos….puede que ambos. besos.

    Fecha: 09/07/2005 14:42.

    Autor: felipe
    Viajar a los recuerdos…quizás abra la cámara de la luz. Antonio,
    ¿tiene las llaves?

    Fecha: 09/07/2005 17:58.

    Autor: imaginate
    A reflejos… cuéntame algo de tu cansancio… algo que te exilie del anonimato…

    A felipe… me gustas cuando hablas con klaus, ¿tratas de conquistarle? :)

    Fecha: 09/07/2005 22:52.

  3. candelaarias Says:

    Autor: X
    La foto en la iglesia es mi preferida. Me parece la más sugerente de todas. Casi puedo sentirme también dentro, y si me acerco y extiendo la mano, tú te volverás…
    Los que amamos y buscamos la belleza somos una tribu con marcas antiguas que sólo nosotros podemos reconocer…
    Y somos normales, pero sólo en el sentido de la cotidianeidad.
    Besos suaves

    Fecha: 10/07/2005 10:36.

    Autor: su
    ¿2003? joder, cómo pasa el tiempo… es alucinante porque me acordaba perfectamente de esa “conversación”.

    (sonrisa) recuerdo lo de las escaleras de caracol, y también que me preguntaste si yo tenía algún trauma con el color blanco, ya sabes… por aquello de mi anorak blanco cuando iba a casa de mis abuelos.

    Un beso, te sigo leyendo que veo que has escrito mucho

    Fecha: 10/07/2005 12:52.

    gravatar.com
    Autor: felipe
    La escalera de caracol. Yo quería pasar en el momento de la demolición. Compraba entonces escaleras para mi laberinto. Unos socavones podría conectarlos con la escalera de caracol. No mentiste.

    Fecha: 10/07/2005 16:18.

    gravatar.com
    Autor: felipe
    La mantilla, yo la vi en la iglesia en penumbras. ¿Sabes? no todo se puede saber. Solo adiviné bajo la mantilla tu piel piadosa; queria rezar en ella

    Fecha: 10/07/2005 16:21.

    Autor: sabbat
    Borrar las dos primeras fotos de este post

    Fecha: 22/09/2005 01:43.

  4. candelaarias Says:

    Autor: X
    La foto en la iglesia es mi preferida. Me parece la más sugerente de todas. Casi puedo sentirme también dentro, y si me acerco y extiendo la mano, tú te volverás…
    Los que amamos y buscamos la belleza somos una tribu con marcas antiguas que sólo nosotros podemos reconocer…
    Y somos normales, pero sólo en el sentido de la cotidianeidad.
    Besos suaves

    Fecha: 10/07/2005 10:36.

    Autor: su
    ¿2003? joder, cómo pasa el tiempo… es alucinante porque me acordaba perfectamente de esa “conversación”.

    (sonrisa) recuerdo lo de las escaleras de caracol, y también que me preguntaste si yo tenía algún trauma con el color blanco, ya sabes… por aquello de mi anorak blanco cuando iba a casa de mis abuelos.

    Un beso, te sigo leyendo que veo que has escrito mucho

    Fecha: 10/07/2005 12:52.

    gravatar.com
    Autor: felipe
    La escalera de caracol. Yo quería pasar en el momento de la demolición. Compraba entonces escaleras para mi laberinto. Unos socavones podría conectarlos con la escalera de caracol. No mentiste.

    Fecha: 10/07/2005 16:18.

    gravatar.com
    Autor: felipe
    La mantilla, yo la vi en la iglesia en penumbras. ¿Sabes? no todo se puede saber. Solo adiviné bajo la mantilla tu piel piadosa; queria rezar en ella

    Fecha: 10/07/2005 16:21.

    Autor: sabbat
    Borrar las dos primeras fotos de este post

    Fecha: 22/09/2005 01:43.

  5. nandara Says:

    Stanislaw tampoco me ama, y los escalofríos ya no son por el miedo. No es por eso por lo que me espeluzno. Me espeluzno porque él tiene razón y si no soy capaz de odiar es porque ya sé como es la vida.
    ——————-
    NO eres capaz de odiar, pero te marcó. Y sabes cómo es la vida por la cantidad de golpes recibidos.
    Y resistes día tras día, vales mucho, más de lo que piensan, entre otras razones porque no te pueden comprar en todos los sentidos. :)

    ___________________________
    ____________________________

    Chica, tú sí que siempre animas :)
    No, mira, yo creo que el ser humano es igual. Con diferencias pero todo el mundo lo vale. Estoy segura y tampoco es fácil comprar a nadie. Otra cosa es que se sea inconsciente de los precios que se llegan a pagar…

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