Asunto: Carta en negrita – iv –

julio 10, 2005

Me dijiste en aquella cena de Cefontes que tú tenías cinco exigencias… que la mujer en cuestión fuera independiente, que fuese guapa, que estuviera buena, que fuera muy inteligente y sobre todo que estuviese sana psíquicamente…  lo recalcaste. ¡Vaya! dije yo.. bueno, pues sí un reputado neuropsiquiatra está aquí cenando conmigo después del número de hoy (y  quiere asegurarse de que habrá una segunda vez, por lo menos, porque ya por entonces querías… aunque al desayuno he de reconocer que insististe más) se interesa por mí … sería, después de todo que yo lo estaba, digo sana psíquicamente, o al que al menos tú pensabas que lo estaba… ¡Mierda! y eso me dio mucha seguridad en mi misma, una de la que carecía en ese momento (bueno, y para que te voy a engañar, eso era algo que nunca tuve muy claro y desde que tengo uso de razón… siempre me ha dado miedo pasarme del tanque); porque lo que tiene la desesperación es que te acerca demasiado a la locura, estás ahí … rayando con esa frontera y tú lo presientes y yo durante meses tuve miedo de cruzar la frontera… 
… y una canción Iva Zanicky… ‘la orilla blanca, la orilla negra’… he de hacer un alto mi capitán, sé que estoy cansado no puedo más… y contigo llegó de nuevo ‘el efecto pigmalión’. Adoro ese efecto: la confianza y las expectativas positivas de otro, que respetamos y admiramos,  enfocadas sobre nosotros,… nos hacen dar lo mejor de nosotros mismos…  Y a mí este efecto ya te digo que me puede.
Y mientras, regresamos. Y yo no sabía muy bien lo que me unía a Max… había habido algo con él… me convenía, ya te lo conté pero en algún momento hubo ese algo que me hizo sentir que quería darle una oportunidad a lo nuestro (a lo de él conmigo)… pero a ti no te dejé en aquella estación de autobús y me olvidé de ti como pensaba, porque cuando me fui, para que te voy a mentir… pensé que lo haría… pensé que vale, sí, genial, una madrugada acojonante, todo muy romántico e interesante, de flipar pero… oye que tú vivías en Madrid y Max, aquí al lado, a 20 minutos y parecía que él tenía sentimientos por mí… sólo tenía que enseñarle algunos trucos… se me da bien adiestrar animales domésticos, así que por qué no a los hombres… y en teoría podía reconducir esa relación más o menos por donde yo quisiera… pero ocurrió algo con lo que no contaba, joder, no podía dejar de suspirar… la maría se había diluido pero no así las sensaciones, las sensaciones perduraban en mi interior y cuando Max me besó … pues fue más vacuo que nunca todo… y sería eso, sería que el deseo satisfecho es un recuerdo que vibra (por cierto, te felicito por la última parte  de tu artículo de hoy… transmite)
Y tú me visitabas todos los días y nos escribíamos y  parecía que estabas de subidón y me molabas tío y bueno, tampoco me decepcionó mucho cuando comenzaste a controlar y a alejarte porque lo entendí, me dio pena que se acabase lo del cortejo pero lo entendí, ya sé que así no se puede vivir… Era cierto que me dedicabas demasiado tiempo y atención y puede que sea cierto también lo que dice Stanislaw, que yo soy muy absorbente y consumo demasiado espacio pero recuerdo una cosa, me dijiste que escribías para y pensando en  mí, y  no era verdad… y a los pocos días lo rectificaste algo pero no lo suficiente y no sé por qué  razón tuviste que decir eso, ya sabes, lo que dice tu asesina, si yo me iba a acostar contigo igual aunque no me lo dijeses, vamos seguro… Me diste mogollón así de mano que luego poco a poco me retiraste, cuando yo hubiera preferido que fuera al revés, que es cómo yo funciono, más con cautela… no me empalmo así como así para luego desinflarme, a no ser que esté tratando de convencerme de algo que me conviene (caso max, caso klaus) y sobre todo de convencer al otro de que me estoy convenciendo de  ello… Otra cosa es que me hagan ”empalmarme” y tú sabes cómo hacerlo, no sólo es que te conozcas los resortes de mi coño, sino que te tienes muy estudiados los resortes del universo femenino … querías regalarme un libro de Yalom por Lou Salomé y hablaste de traer algo escrito acerca de nosotros que luego ya nunca trajiste… y yo me inflé y me inflé y me inflé y a finales de febrero cuando vi aquella foto en tu web fue como si hubiera sido sólo un globo de aire caliente al que se pincha con una aguja  y me desinflé pero de la manera más espectacular (dramatizo), explotando y llenándolo todo de polvos de arroz o de harina… Yo no tengo la culpa de ser tan suspicaz y susceptible (ey, y que no es una disculpa tampoco esto), aunque no creo que esa sea la palabra, creo que la palabra forma parte de una maldición porque ser excesivamente sensible, observadora y delicada lo es… Diana Blok, cuyas fotos de madres con hijas te parecían un prodigio de la naturalidad y que eran un claro eco a otra mujer… y entonces sufro el primer ataque de pánico, porque yo lo relaciono, no sé si equivocadamente, pero creo que no con ese eco… Y hoy sé  que lo  fue, sólo pánico,  miedo a la pérdida, y sé que  eché a correr provocando una desbandada y llegó Cecilia B. (fue dónde te hice perderte o te perdí… me lo dijiste) y entonces tampoco eso estuvo mal porque dimos un paso más allá y fue cuando me contaste aquello de tus psicópatas, que habías tenido relaciones sexuales con tus pacientes para tomar contacto con ese lado tuyo psicopático y ufff… ¿Pero tú no decías que a ti no te atraía las gente que no estuviera sana y equilibrada mentalmente? Y joder, me gustabas más por confiármelo pero en resumidas cuentas, la historia era que después de todo, yo, si que podía estar como una puta regadera y que te gustase no probaba nada, sólo que me deseabas… Y te soy sincera, fue lo único que me preocupo del tema en sí, yo, yo, yo (y mi jodido narcisismo)…  la posibilidad de ser sólo otra enferma más y eso me restaba un montón de confianza en mí… aunque no sé si tanta como la que me habías proporcionado pero imagino que es lo equitativo, que la confianza tiene que basarse siempre en uno,  porque eso es lo único cierto y lo único sano… y creo que de esta historia, de quién eras y a quién me presentaste el primer día, ya no me queda nada más por contarte. Únicamente que si he detectado en ti, algunas  otras veces que el tema ‘enfermas-pacientes’ te despierta cierta ansiedad. Vamos que de ser otro cualquiera y no estar implicada emocionalmente contigo, yo sí diría que lo que el asunto me transmite por instinto es un pasado (y no tan pasado) escabroso, un pasado habitado por mentiras que tienen su peso y medida, sólo que no preocupa demasiado porque se sabe de sobra que se puede manejar. Yo creo que la profesión esta tuya es una coartada redonda, ¿por qué a quién creerían? ¿al enfermo o al profesional? Es igual, no me apetece un duro especular con ello. No se trata de eso, se trata de abrirte mi cerebro, y tal vez entonces a ti algún día te apetezca contarme…
¿sabbat?

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