La noche del miedo y las presencias – ii –

julio 10, 2005

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niña con oso de peluche

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Llamo a mi madre hace un par de horas. La interrogo pero me jura y me perjura que jamás me dejaron sola. ¡Es mentira! Me dejaron sola al menos aquella vez, aunque puede que esa sólo fuera la vez que en me subí a la banqueta y grité atemorizada porque me habían dejado encerrada con llave. Puede que mi abuela fuera a la tienda. O tal vez más lejos. Mi abuela siempre ha sido un poco inconsciente para eso; y mi abuelo siempre estaba cerca, en la zapatería de la calle… se confiaban demasiado, y un día vieron papeles volar, cientos de papeles de colores que yo había recortado de una revista, probablemente el lecturas, con una tijera de puntas no romas. ¿Y ese día? ¿dónde estaban si los vieron desde la calle?

Mi madre se crispa pero al final reconoce que los lunes iba al mercado a vender zapatillas y que entonces mi abuela se quedaba a solas conmigo. De mi abuela no sospecho. De mi abuelo tampoco. Ellos son el amor y el crimen tuvo que cometerlo otro. Y ese crimen existe, lo intuyo, aunque todavía no tenga pruebas. Hay algo que grita dentro de mí en el baño cuando estoy con Klaus la otra noche, y grita desesperadamente y no es la primera vez que lo hace porque ese algo mío ya conoce esa desesperación… y no es la primera vez que yo lo oigo… pero por ahora no quiero hablar más de ello. Aunque klaus dice que luego, eso mismo, se apoyó en su hombro cuando yo me dormí y respiraba con trabajo y que después buscó su pecho… No lo recuerdo. Lo siento klaus y por eso para mí no existe, porque yo no lo viví y Stanislaw dice que cuando dormimos nadie sabe a dónde vamos, y lo que Klaus me cuenta me desconcierta: no sé dónde estuve cuando me dormí y con quién…

Y hablamos de disfraces y del miedo y le enseño una foto, en ella tengo catorce años, y el primer disfraz es de princesa y lo diseño yo, aunque no lo coso. Pero el segundo lo diseño y lo coso, de bruja, fascinante y fatal. Y el tercero dice Klaus que es él quien me lo hace:

… hecho de sueños, con el gorro en punta, cónico, un pañuelo blanco para la boca, una camisa casi gris, pantalones por encima de los tobillos.

Al parecer a las vietnamitas les horroriza el sol y yo fui una cultivadora de arroz y por eso mi coño huele a campos de arroz… y yo le digo que si hubiera otra vida fui alguien vulgar seguro, alguien insignificante y anónimo… Soy la primera persona, dice klaus (la segunda si se cuenta) que le dice algo así, todos han querido ser reyes o personajes… es cierto eso pero yo le digo que a mí me gusta pensar que una vez fui pobre como ahora pero que logré morir feliz y de amor.

Y un día tal vez le presente a klaus a Stanislaw para que le hable de su paria.

Y otro día quiero follar con Stanislaw en una cama. Eso lo sé seguro y se lo digo. Abrazarlo. Que me escuche ronronear. Stanislaw no se imagina como soy yo cuando ronroneo. Ayer no lo hago. Ayer sólo le digo que un día, no sé cuándo ni de que año, quiero una cama con él. Stanislaw y yo nunca follamos en una cama y con Guernika eso sólo ocurre una vez hace muchos años. Y le propongo a Klaus que se venga con el hombre de los pelos, su amante, acá, y se besen en la bodega. Yo no creo que ningún hombre todavía se haya besado en la bodega de Stanislaw abiertamente. Aunque Stanislaw es la hostia y se le ocurrió nada menos que fundar el primer ciber-chigre del mundo. Otro fracaso estrepitoso. A Stanislaw le bullen dentro las ideas que se van a pique. Y ayer sé por qué le busco. Le busco porque ahora, por fin, me encuentro en disposición de buscarle. El que me haya enamorado de otro hombre, me pone en disposición de ello. Y Stanislaw me enriquece pero no es el sexo lo que me une a él. Y él lo sabía. A Stanislaw yo le parecía una persona muy interesante de conocer y me criticaba que era tremendamente injusto que sólo fuera capaz de verle a él como un trozo de carne y no como una persona, como yo era ante todo para él, como él me veía… ‘mujeres hay cientos de mujeres, la belleza está por todas partes y yo soy un gran amante de la belleza…’. Entonces me presento en la puerta de su casa y llamo a sus postigos con una sonrisa. Le pregunto si puedo pasar y recibo un asentimiento y una sonrisa suya por respuesta, y me siento en un taburete de la barra por la zona en la que hace esquina. Una atalaya dentro de un bar. Y me pone un café con hielo. Lo pago. No sé qué nos decimos, y yo sé que de sobra que no podremos hablar en ese momento. Entonces cuando sale afuera a la terraza, aprovecho a irme y me tropiezo con él en la puerta.

– ¿Ya te vas?
– Sí, claro, a no ser que me pidas que regrese. Yo no tengo ninguna prisa.
(silencio… mirada al frente… los dos lo hacemos … se lo está pensando… enclavados entre la línea fronteriza que separa el interior del exterior… él manos en jarras apoyadas en las caderas, es un hombre muy alto y fornido de pelo y barba cana… )
– Tú eras de aprovechar las casualidades, ¿no? -añado en un intento de lograr un veredicto favorable en su evaluación del informe de riesgos y daños posibles y futuros.
– Sí.

(claro, lo sé, él mismo me lo dijo la primera noche que nos conocimos… me dijo que aquella era la ocasión, que se había presentado aquella noche y que no me pensase que luego él me buscaría porque no iba a buscarme)

– Pues hoy es esa casualidad. – eso se lo digo segura pero añado cínica: ¡eh! que te estoy hablando de charlar un rato y tomarnos juntos una copa, no necesariamente de follar… aunque yo estoy pensando en follar.
– Aún tardaré en poder irme. ¿Dónde vas a estar?
– No estaré en ninguna parte. No tengo ningún plan. Iré a dar vuelta y regresaré a por ti.
– Terminaré sobre la una
– Bien. Yo regresaré antes. Ya te digo que sólo voy a dar una vuelta.

Y eso hago. Me muevo por la manzana oscura. Porque del otro lado de la zona de vinos la noche es oscura y atravieso por un pasadizo para evitar la zona de las putas. Allí hay un bar que a veces, cuando daba rodeos para visitarle y tener una excusa por la que pasar, veía pero va a cerrar me dice la camarera que es la única que no ocupa el espacio que hay junto a la mesa de billar, y en el otro que pregunto no hay café, y al final llegó a la calle de la Ópera y me meto en un café cantante en el que no hay nadie y todos son rostros de actores y la carta habla de infusiones con nombres exóticos y de mojitos. Y yo nunca he bebido un mojito pero pido un Nestea. No quiero beber sola y la ciudad esta muerta al menos por esta zona.

Entonces allí le envío un mensaje a Nora pero no me llama y ayer tarde descubro por qué… luego klaus me presenta a su vecina como una fotógrafo profesional, eso sí, con un millón de universos interiores y me parece divertido cuanto menos su enfoque de la mentira… No discuto nada. He sido la causante y he tenido la culpa, y casi lío a la chica para otro de mis experimentos. Tal vez sí. Me gustan los experimentos sin sentimientos y era Stanislaw quién decía, eso mismo, que yo era una científica… y leo un par de periódicos con más noticias de giras de conciertos que de nada, mientras dejo el vaso a medias, pago y me voy porque me jode en alma, la resignación de esta pareja de novios, dos hombres, que tengo a mis espaldas y que no me pedirán que me vaya, aunque cuando me los encontré en la calle ya estaban a punto de cerrar. Otro día los mojitos, sí. Me gusta la gente amable. Tal vez con Guzmán. Porque al mediodía me llama Guzmán y me dice que ya le ha llegado la maría. De ser un pretendiente-adorador le he reconvertido en mi dromedario-rey mago. ¡Qué no, qué no, que me has entendido mal chiqui, que yo no tengo prisa… que lo que te cuento es que si quiero hacerlo voy a poder contar contigo o me tengo que buscar a otro! Entonces comprende y le digo que si acaso ya le llamo la semana próxima para tomarnos algo y hablarlo.

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2 Responses to “La noche del miedo y las presencias – ii –”

  1. candelaarias Says:

    Autor: su
    ¿Sabes a qué me recuerda este? A un “estás loca, dos horas esperándome para estar conmigo sólo dos minutos”?

    Fecha: 10/07/2005 13:06.

    Autor: imaginate
    Lo sé. Eso sentí yo al escribirlo pero al final de la noche, cuando apaga las luces del bar, Antonio dice: ‘Estamos como cabras’… ¡Vaya!, le contesto yo. Hemos mejorado… ¿ahora somos los dos? :))

    Fecha: 10/07/2005 14:58.

    Autor: felipe
    Los papelitos, los de las revistas, búscalos, todavia están por ahi en la calle; uno de ellos rojo de un lado y al anverso blanco,con letras refiere que Klauss gustaba del arroz desde niño.

    Fecha: 10/07/2005 16:36.

    Autor: imaginate
    Bueno y a lo mejor otro pone que un día klaus matará a A. ¡Quién sabe!

    Fecha: 10/07/2005 18:31.

  2. nandara Says:

    Me gustan los experimentos sin sentimientos y era Stanislaw quién decía, eso mismo, que yo era una científica…
    ———————-
    Una científica del alma… pero que , de alguna manera, busca sentimiento. La pescadilla que se muerde la cola…
    ………
    ¿Imagínate eres tú?

    ___________________________
    ______________________

    Sí.

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