La noche del miedo y las presencias – v –

julio 10, 2005

No pensé que iba a pasar ningún miedo con Stanislaw. Pensé que habría una conversación más o menos agradable pero sin duda placentera y sobre todo profunda y tal vez algo de sexo del bueno. Pensé que estaba bien aquello de poder retomar por fin nuestra amistad de igual a igual, con ese talante y puede que pensase que a partir de esa madrugada tal vez habría algunas otras en años venideros, esporádicas, intermitentes, equidistantes, y pensé, sobre todo, que quería convencerle de que fumara hachis conmigo… Eso era, más que nada, lo que me empujaba hacia él como una quilla marina. Era como acudir a otro especialista en busca de una segunda opinión… ¿había conocido el amor la noche que fumé con el hombre del tatuaje en la experiencia crepuscular? ¿o no fue un linfoma? Imagino que aún no tengo bastante con las confirmaciones que halle en klaus. No sé pero de lo único que estoy segura era de que no pensaba en el miedo la otra noche…

La temperatura nocturna es agradable y cuando regreso me siento en la terraza desde dónde puedo verle trabajar sin molestarle y sin ser observada. Quiero decir lo que miro. Allí siempre importó demasiado como le miraba. ‘No me mires así que todo el mundo ve como me miras menos yo’. Un nestea. ‘¿Me dejarás que te invite esta vez?’ Bueno, hoy sí, qué diablos… sí. Y que no falten las sonrisas. En la mesa de al lado tres jovenzuelos tomando cervezas. En la siguiente y calle arriba cuatro o cinco mujeres también muy jóvenes optan por la sidra.

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bugatti

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Él sirve y escancia, y en este chigre el verano es una especie de suerte de laboriosa hormiga y la puerta de la bodega está pintada del mismo verde que el bugatti que figura en el autorretrato de Lempicka, sólo que ella jamás tuvo un bugatti verde, sino un pequeño Renault amarillo chillón. Y Stanislaw se me sienta enfrente porque dice que le apetece charlar un rato conmigo. Y yo le pregunto si no le importa que me cambie de lado y que me acerque. Por supuesto que no. Es que no me apetece gritar y los jovenzuelos de la cerveza no se pierden comba y entonces intercambiamos alguna noticia, tal vez es cuando hablamos de Max y yo le cuento el día que fue a verle y lo que le alentó pero Stanislaw no le recuerda y mirándole a los labios, como si se los acariciara, le digo que tengo ganas de besarlo y por qué no quise seguirle aquel juego a Max. ‘Pues no puedes hacerlo’. Lo sé y en un coqueteo perfecto con el fruto del otoño, porque Stanislaw aunque sea en verano es como el aroma otoñal del humo de las castañas asadas en el amagüesto, tiene 46 años y mi cuerpo se gira levemente como si fuera a danzar los primeros compases de la pavana de Faure y la mirada se oculta porque los ojos y la cabeza se agachan, y le digo:

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‘Lo sé, desafortunadamente… ya sé que ahora no puedo besarte’. Y él me dice que estoy muy guapa. Y yo le menciono febrero, nuestra conversación y su sarcasmo, cuando me recordó lo poco que me quedaba ya para los 40 años… ‘Tú es igual que tengas 40 que 50 porque en alguien tan llena de vida como tú eso no importa’. Y continuamos charlando unos minutos pero está intranquilo porque los clientes habituales siguen presentándose y duda. ‘No te preocupes. No me importa lo que digan. Sólo que me conocen y no es habitual verme aquí sentado con una mujer así. Por eso se extrañan y me encantaría irme contigo pero…’. Sí, ya sé tus obligaciones pero ya te dije que yo no tengo ninguna prisa. Esta noche es mi noche. ‘¿Y qué harás con ella?’ Me la regalo. Tú trabaja tranquilo que yo espero por ti todo lo que sea necesario…

Y me senté de nuevo otra vez en mi esquina de la barra a leer el periódico, aunque él me dejo un Quo en el que luego vi lemures y también a Munch… y prescindí, por supuesto, de las expresiones reprobadoras de la gente, que seguían siendo las mismas de hace dos años, sólo que peores… la peluquera y el pelele de su marido, aunque él no me miró tan mal para irse como ella que no me miró, yo también la ignoré, y uno de los dueños del pub de los triskel, el gemelo que tiene mas ticks, nos saludamos pero casi como si nos debiéramos algo… qué diferencia es el envejecer y Leticia, la camarera… y cual no sería su sorpresa cuando entró aquel americano… David, aunque cuando yo escribí acerca de él le puse de nombre Klaus… fue el día que montamos aquel número tan impresionante en el tugurio en dónde nos conocimos y que quedaba justo en frente de su bodega. Estábamos con David y en algún momento yo creí que Stanislaw estaba pensando en algo que nos congregara a los tres en una cama. ¡Qué cosas! Estaba borracha perdida y hoy me encantaría pero no era así y para demostrármelo, imagino, acabó besándome delante otra vez de todo el mundo y aquel día su madre si que nos vio y fue el peor de los pecados… y luego seguimos en la calle, sin escondernos, y luego en su coche, pero en el mismo lugar en el que lo había aparcado (es que Stanislaw también sabía como masturbarme… esos resortes secretos de mi coño); o sea en cualquier esquina de la ciudad mientras se hacía de día y al final aparcamos cerca de un parque y de un instituto para que yo le comiera la polla y nos vio un cliente y él, ya cómo si no le importara nada, ¡hostias era como jugar a hundir la flota! abrió la ventanilla y le llamó para ponerle a caldo perejil y cargarse el mismo su último acorazado. ¡Y tú qué miras payaso! Y era cierto que yo resquebrajaba su mundo porque sin desearlo le estaba destrozando la vida, y era evidente que perdíamos los papeles ya por cualquier parte, porque yo se los hacía perder y él, aún sin querer, no podía evitar calcinarse en aquella pasión que a mí no sé si me consumía o me carcomía… porque Stanislaw fue la conciencia de que la comunicación más allá de la frontera de la piel era posible. ¿Entiendes Fernando? Pues claro que me mintió. Pero cuando me dijo aquello de que no sería justo para ninguno si uno se enamoraba y el otro no… era septiembre y aún así yo seguí aferrándome a él con desesperación, como si toda yo fueran unas fauces, las fauces que tú viste que se abrían en aquel edificio. Y no habría sido justo. A finales de diciembre lo supe, y eso no ha cambiado. Stanislaw se tambalea si yo quiero, vale sí, ¿pero y eso qué demuestra?… una lucha de poderes sobre el cuerpo de un hombre, un campo de batalla, otra jodida guerra civil , sólo eso, y por lo menos si yo me refreno… si me refrenaba, creo que le demostraba algo más allá, no sé si respeto pero yo pensaba que tal vez fuera amor, aunque tú no lo quieras ver así… Y si hubo una pira de sacrificio, klaus y hubo rosas y ahora yo sólo quiero ver las rosas, demonios, claro que sí :)

Y luego seguimos hablando tú y yo y te conté esto:

Stanislaw dice que si me mira los pechos deja de pensar. Dice que soy la mujer de los pechos jóvenes, grandes y duros como piedras. Fue lo primer que me dijo cuando estaba allí tumbada en el capó de su coche: ‘Tienes unos pechos preciosos… y toda tú eres preciosa’. Stanislaw dice que si me toca los pechos se pierde en ellos y pierde la cabeza, pero Stanislaw quiere pensar…su cabeza lo es todo para él.

klaus: Sé lo que es eso. pero yo prefiero tu sonrisa. cambio tus pechos por tu sonrisa bajo el antifaz.

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– Ayer un tipo con una flauta tocó el adagio de Albinoni para mí… fue allí… y el amor brujo de Falla… Esas cosas sólo pueden suceder en mi pueblo en la bodega de Stanislaw… parecía un paria, un tipo extraño… vestía como un indio de reserva… llevaba amuletos colgados al cuello… pelo de búfalo… Dijo:

tú le miras a él y yo te miro a ti y seguro que alguien me mira a mí.

También que le miraban mucho, que le miraba todo el mundo. Y cómo no le iban a mirar, coño… Luego dijo: para eso fuiste a la escuela…. (yo había vuelto con el periódico)… ¿para pasar páginas?, le pregunté… Se descojonaba el tío. Dijo: habré dicho eso mismo miles de veces pero nadie nadie me había contestado nunca como tú.

Klaus: jajajjaja, es tipo es un lúcido. peligroso probablemente pero alguien con quien compartir vinos

De todas formas yo le pagué el concierto con una canción. Él no sabía que el adagio de Albinoni tuvo letra. No sé quién se la compuso pero la cantaba Angela Carrasco hace más de 20 años… y yo se la canté a él… digo al tipo de la flauta… y luego Stanislaw también silbó el adagio y silbó música celta… y no creo que en mi pueblo nadie silbe como él :))

No puedo olvidarte
y prometo recordarte
Tú eres todo en mí
Yo soy un reflejo de ti
Mientras mi alma sienta
la luz del sol
(…)
porque contigo aprendí
lo que es vivir
lo que es morir
y también a sentir con el corazón.

2 Responses to “La noche del miedo y las presencias – v –”

  1. candelaarias Says:

    Autor: imaginate a Su
    Por ese pavo de la foto fue como le conocí. A Manolo era lo que perseguía Teresa ‘la poeta’… a su Manolo que no podía correrse con ella, porque decía que los chochos pelados le quitaban las ganas de todo y Teresa se lo pulía a láser y bueno por más cosas, y ella creyendo que si Manolo aguantaba sin correrse, era porque era un portento… Elena que no tenía orgasmos pero que tenía orgasmos con el corazón, eso decía la tía… y que a su Manolo perseguiamos aquella noche… y cuando Stanislaw me dijo: ¿te puedo ayudar en algo? Yo le dije: si mira, aquí mi amiga que está muy deprimida porque Manolo no le hace caso y entonces nos besamos nosotros y en ese momento fue cuando pasó Manolo por delante de la cristalera con toda la peña y nos jodieron con la puta envidia.

    Pues nada Su, que este era Manolo… ¿te acuerdas, no? :))

    Fecha: 11/07/2005 03:30.

    Autor: Androgen
    Si, lo entiendo.

    Es irónico. Hablamos de amor, de como notarlo, como sentirlo, como vivirlo, como renunciar si es preciso, como blindar el interior o como detectar como está empezando a nacer…
    Y luego caemos en él , nos sorprende, nos asalta, no lo comprendemos, lo vivimos, nos damos cuenta tarde…
    Da igual lo mucho que lo razonemos. Lo sentiremos, nos sorprendera y no podremos evitarlo.

    Y no entro en el tema de tus pechos :) Que humanos somos todos y como tal podemos apreciar las cosas bien puestas.

    Un abrazo

    Fecha: 11/07/2005 12:28.

    Autor: Felipe
    Alguna vez, preso de la desesperación dejó un mensaje en una pared, cerca de la plaza de Sta. Ana. Sus pechos firmes son como arenas movedizas. Devoran.

    La envidia de la municipalidad lo borró al día siguiente.

    Antonio quería ser leído por Klauss. A veces es mejor leer y no escuchar.

    Fecha: 11/07/2005 18:07.

    Autor: sabbat
    Retirar esta imagen de aquí

    Fecha: 22/09/2005 10:07.

  2. nandara Says:

    Stanislaw se tambalea si yo quiero, vale sí, ¿pero y eso qué demuestra?… una lucha de poderes sobre el cuerpo de un hombre, un campo de batalla, otra jodida guerra civil…
    ————-
    ¿Entre herman@s? No hermanos de sangre. ¿Entre quienes se supone que no tienen el por qué pelear?

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    ______________________

    Uff, me agobia hasta pensar en Stanislaw. Cuando algo ya no se siente…
    Él y yo nos peleamos mucho (de tira y afloja). Yo era como Vagdad y quería que se mostrara más y el no quería ser una polla. O no solo… Yo le buscaba y .. Ya sabes por lo que te conté hace un mes como cambiaron las tornas… Mi desapasionamiento. Su apasionamiento. No sé, a veces pienso que sólo quieren lo que no pueden tener. Todo menos paz. Todo menos normalidad. Yo que sé ya ahora Nandara… No puedo sacar respuestas de algo que ya no siento. Es un cero absoluto de temperatura.

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