En brazos de la mujer madura – i –

diciembre 24, 2005

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Lo que dije, que ayer fue la tarde más hilarante de mi vida.

A las cuatro todavía dudo entre anularlo o no. He quedado con Sherekan a las seis y media. Pero no nos hemos dado ni el teléfono. Me lo dice varias veces. Mañana me apunto tu número cuando traiga el móvil del trabajo. Es albañil, azulejista y se ha emancipado recientemente. Vive con su novia. Tiene 25 años y para que nos vamos a engañar… no espero gran cosa de él. El lunes se acerca a mí y me pregunta que tal me iría vernos la tarde del jueves o la del viernes. No sé ya te diré, le contesto. Pero el martes salgo corriendo para evitar encontrármelo. Y el miércoles me es imposible repetir lo mismo. Él se presenta antes de que finalice la clase y me intercepta. Tiene interés. Al final que has decidido, me pregunta. El viernes -le digo. ¿Te parece bien si quedamos por allá atrás y te recojo? ¿dónde está aparcado el coche blanco ahora, por ejemplo? Pero qué dices… Eso es dar la nota, tío. Yo vivo muy cerca (en realidad todo es muy cerca en un pueblo donde todos te conocen). ¿Entonces dónde quedamos? A la puerta de esto, por supuesto. Y ahí ojos a cuadros que se le ponen. ¿Pero delante de toda la gente? -dice. ¡Hombre! claro. Nadie te supone sucias intenciones cuando no te escondes. Es lo más discreto. Sí, sí, eso, mucha discreción. Eso me gusta -dice. Yo también prefiero no darle mi teléfono.

El jueves es cuando veo a A. Una hora placentera. Y luego, por lo que ha ocurrido durante esa hora, le pregunto a Guernika si le parece que tengo los pechos bonitos. No sé. No te los veo. Mira mi camiseta. Pero entonces yo le miro como a veces le miro cuando le digo: ’vamos, profesor, no te hagas el tonto conmigo’. Y dice sí y sonríe. Y sonríe con esa sonrisa que tanto me gusta y es la de haber visto, en algún momento, algo precioso y cálido, y los dos nos sonreímos. ¿Así que mañana no vendrás? No, por eso quiero hacer hoy las dos horas. ¿Dos horas después del fisioterapeuta? Estás loca. Sí, loca y fumada, profesor. ¿No me lo habías notado? Y sabe lo que eso significa. Luego me desea ”feliz Navidad” al irnos y le dice a Deivid (Sherekan): ¿a ti tengo qué deseártela también? Porque mañana a lo mejor no es seguro que vengas, ¿verdad? Pero Deivid agacha los ojos y dubitativo ensaya con él algo semejante a una mentira.

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consolador

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Luego estoy aquí y después de decidir lo que llevaré puesto agarro el consolador y las bolas chinas. No experimento ningún deseo sexual pero creo que eso puede resultar divertido. Probablemente va a ser un encuentro de esos de una sola vez, así que mejor apostar por quemar todos los cartuchos de dinamita. Por lo menos que el encuentro sea ruidoso como una traca final.

A las seis salgo de casa para comprar tabaco. No confío en que Deivid traiga esa marihuana que me prometió, así que llevo la mía propia. Bueno, la del marido de Nora. A él aún le quedaba algo. Después me acerco unos minutos a ver a Guernika. Y yo llevo ese vestido que tanto le gustó a él aquel día… ¡Marinela! -me llama. Marinela hoy no lleva ropa interior, profesor. ¿Y medias? Medias sí. ¿Pero esas medias que te pones tú?. Sí, las mismas. Entre él y yo ahora todo parece discurrir en calma. Él se conforma con esos días en que no le pide más a la vida que mi boca sobre su polla. Y yo sé que mientras todo entre nosotros sea pacífico, eso aún me seguirá gustando hacerlo por mucho tiempo que transcurra. Este año nos hemos encontrado sólo dos veces, en abril y en Noviembre y las dos en la intimidad de un coche. Pero es el único hombre que conozco que tiene el don de la intensidad. Con él, ese único minuto dónde te cobija y quiere más que a nada en el mundo… compensa. como con otros, horas de gemidos y caricias.

Y la última vez recuerdo algo que me dijo y que me gustó mucho. Me dijo que querría irse a vivir al Sur sólo por el olor de sus noches. Tú nunca las habrás olido pero te hablo de como se extiende por dentro de uno el olor de una flor. Algo único Marinela, algo único. No me dice el nombre de la flor. No lo recuerda y sólo Alma y él me llaman Marinela.

Pero Pedro, un compañero, está aparcado a la entrada. Tardo unos minutos en verlo. Me doy cuenta cuando miro hacia la ventanilla del coche y me topo con la cara rubicunda y estúpida de su hijo adolescente. Me aparto unos metros. Todo en Pedro me produce nauseas pero eso no tiene tanto que ver con su aspecto exterior, muy aceptable, como con lo que siento acerca de él. Pedro es profesor de instituto. Nora me lo dijo porque a ella le dio clase en el nocturno. Yo no lo recordaba porque no había sido profesor mío y porque es de esa gente gris que se confunde con las columnas. Por fortuna unos minutos antes de que den las seis y media el hijo baja del coche y Pedro arranca. Entonces veo a Deivid y camino unos metros hacia arriba donde se ha detenido a recogerme. ¡Qué distinta estás! -me dice. Siempre te veo en ropa de deporte y no llevas ese perfume. Pues es el de siempre. Una colonia floral muy suave. Luego le pregunto y a dónde vas a llevarme. ¿Por qué? -responde a la defensiva. Simplemente por saberlo y porque quiero que me pares de camino en un supermercado. Es para decirte cual. Me apetece beber champagne.

– ¿Champagne?
– Sí, ¿qué pasa? ¿qué nadie te ha bebido champagne en la boca nunca?
– No pero yo no quiero beber.
– Bueno pero a mí si me apetece.
– Vamos a la casa de mis tíos en… -y dice el nombre del pueblo de Coga. Y no voy a parar en ningún sitio para que pueda vernos cualquiera porque además estoy seguro de que allá habrá algo…
– Esta bien -contesto conciliadora y despidiéndome ya del champagne.

Pero a pesar de ello estoy cómoda con Deivid. Y mientras conduce le cuento la visita que le hice a Guernika. Y como suele pasar cuando dije eso de la ausencia de la ropa interior no me cree. Y más cosas, algunas experiencias. Todas muy divertidas. Algunas historias absolutamente intrascendentes. Y le hablo del consolador, de lo que significó en la vida de Guernika y en la mía y de su semen, del sabor de su semen… A Deivid le escandaliza lo del consolador. Dice que nunca ha visto uno y yo pienso: pues verás cuando saque el mío que susto te vas a llevar. Porque es como lo de la falta de bragas. No me está tomando en serio y sólo piensa que le estoy contando una sarta de mentiras. Y yo río hasta que llegamos al pueblo y él descubre que han tapiado el pasadizo por dónde pensaba que podríamos cruzar. Le vuelvo a recordar lo posible que es que me encuentre por esa calle que vamos a tener que bajar con mi suegra o con mi cuñada. Le digo que ande delante de mí y que pase lo que pase no se vuelva. ’Eso, eso, con discreción’ -repite. Y le sigo hasta el portal. Me hace subir por las escaleras hasta el tercer piso. Y luego hasta el cuarto. Se ha desorientado y tiene que llamar a su primo para que le confirme el piso y la letra. Es un edificio de reciente construcción y le cuento que viví durante siete años en ese pueblo. Es curioso, no se está creyendo nada de lo que le digo y me es por completo indiferente. Y por eso es tan divertido. Porque yo sé que no tendré que esforzarme en recordar nada. Sólo le cuento la verdad… Suele pasarme eso, que la verdad es tan disparatada que nadie la acepta a la primera, y por fin la puerta se abre.

Hay un hall donde él pone a funcionar un radiador y una habitación con una cama doble, un baño y un salón con cocina americana. Deivid busca las bebidas pero soy yo quién las encuentra. También me asomo a la terraza antes de quitarme el abrigo. Llevo el pelo suelto y los rizos ocultan parte de mi cara. Me siento y comienzo a liar un cigarrillo mientras él conecta el televisor. ¿Qué haces? -le pregunto. Poner la televisión para que nos haga compañía. Está ahí de pie con esos vaqueros tan ridículos que lleva la juventud ahora, en el que el tiro casi les llega por las rodillas y un anorak de plumas. Haz el favor de apagar eso -le digo y me sale una voz que desconozco. ¡Qué asco! Yo no había pensado en ser ‘MisisRobinson’ pero me parece que no me va a quedar otro remedio. Siéntate aquí a mi lado, y le señalo con la mano el lugar en el que quiero que se siente. Es que estoy muy nervioso. No deja de repetir. Pues relájate que no pasa nada. Le pregunto que si va a fumar conmigo y también dice que no. No vamos a beber nada y él tampoco va a fumar. Da igual. Yo no estoy nerviosa en absoluto. No lo he estado en ningún momento. Y lo cargo lo justo, a media andadura entre la inconsciencia y el control. Mientras le hago escuchar la misma grabación que le hice escuchar a A. aquella mañana que la escribí:

Yo quería esto que está sucediendo. Imagino que lo quería. Y hay un día, el día que yo llamo ’la esperanza de las margaritas’… la esperanza no, ’la experiencia de las margaritas’ …. porque… en ese viaje, fue en el viaje que descubrí que no le quería… que le deseaba pero que no le quería… que lo único que quería era como… como había acariciado él mi coño, aquella madrugada. Lo descubrí cerrando los ojos y despeñándome en otro cuerpo. Ahora se ha convertido en una costumbre.

Y debería fumar menos. Tengo la comisuras de los labios de vieja prematura de tanto fruncirlos sobre el delicado cuello canela del Camel. Lo dejaré antes de cumplir los treinta y seis, y entonces me frotaré con limón los pezones-dedos. O no, los pezones con naranjas, como en ’Atlantic City’, y el amarillo entre los dedos índice y corazón aparte. Lo prometo. Aunque quizá rompa esa promesa como lo hice con las anteriores. Las promesas no me sobreviven… o desfallecen antes de que yo sea capaz de cumplirlas. ¡Que falta de fe! Pero esta tarde escucho a K.T.Tusntall, una y otra vez, como si fuera un bucle, o jirones de viento, ’Other side of the world’ y no dejo de apretarlos, digo los labios, como si quisiera o fuera a ser capaz de apresarle a él entre ellos… así, y le inhalo con fruición. O su pequeña polla. Es que me gustaría tanto, al menos, conocer su nombre… No entiendo como puede estar haciéndome esto. Me ha convertido en una loba insaciable, con su silencio, sólo con callarse… lo ha conseguido… y yo devoro cuerpos, voy por ahí, y por allá, rodando en greguerías, y ahora hasta en mi propia cama. Es que obtenga lo que obtenga… nunca es lo bastante. Y voy devorando huesos y hombres, todavía son hombres, pero pronto comenzarán las mujeres a asomar su patita de cabritilla por debajo de la puerta… Y lo hago al tiempo que trato de atraparle a él en la promesa de cada beso, cada abrazo que doy a otras bocas y en el que me crispo, porque es como si mi lengua y mi piel se fragmentaran contra un muro inapelable de hormigón. Tempus fugit. Mentira. Yo soy el hormigón y el cemento armado y el armazón metálico. Yo, desde aquella madrugada. ¿Por qué tuvo que decirme aquello? Y en ese instante es como si se abriera una puerta y un fantasma, un muerto dolorosamente olvidado, extendiese ante mí un crisantemo negro. Un anuncio de otra muerte. La propia. Entonces alguien me empuja por la espalda y arroja ese pesado bloque y ataud apasionado, que soy yo, y mis zapatos al fondo mar. O recibo un telegrama que es como un disparo entre ceja y ceja. ’No estoy. Stop. No me esperes. Stop. Quiérete mucho. Stop. Tuyo nunca.Stop’. Es que mis ojos ya no se hablan con nadie, ni discuten apenas por nada. Todo me resulta feliz y absurdo. Cualquier debate posible, cualquier disputa, cualquier disculpa. No hay nada que discutir. He llegado a lo indiscutible. El deseo se ha fugado y no me pertenece. Otra vez no me pertenece. Sólo que ahora es todo suyo. Está siendo de otra manera esto. Ojos que permenecen mudos, ahí, en esa estancia de cálculo distante o equidistante, adonde me encierro a solas con él, para mirarle como una intrusa y no hago otra cosa. Resignarme. A veces ocurre en el pasillo, al fondo, en la oscuridad del perchero. Y otras en el vaho que se forma en el baño al salir de la ducha. Me sorprende ahí. Son episodios. Episodios de locura transitoria, como los llamo yo. Y es cuando se me ocurre preguntarle a cuántos kilómetros estamos. Pero nada. Tampoco eso me dice. Me mira eso sí, me mira, hasta que yo veo un único ojo y me parece confundirle con un cíclope… entonces lo que nos separa, lo único que nos separa, es un sendero encarnado entre él y yo. Es que estamos fundidos en un plano. Pero no soy capaz a situarlo con mi índice amarillo o mi corazón sobre un mapa físico. No hay hemisferios. No hay ciudades. No hay puntos cardinales. Lo mismo podría haber venido del sur, que del oeste. ¿Te imaginas que estuviera aquí al lado? Y lo único que recibo entonces, a cambio, es esa caricia suya que busca mi pubis primero y luego el orificio de entrada de esa cavidad cavernosa que soy yo, porque eso es lo único que siento que soy. Entonces soy sólo un coño . No todos los hombres tienen su manera de tocar pero él tiene la suya, y es inconfundible.

Y luego hay un pareja y un negocio compartido. Yo quería que él me amara, como en aquella novela de Moravia, la que olvidé un mediodía cubriendo unas quinielas en un local de apuestas múltiples, como a una puta. Regresé a buscarla, ’La Romana’ pero ya no estaba allí. O quizá no fuera ese pero era de esa manera, y allí estaba sólo el solitario bolígrafo sujeto a la cinta elástica. Sí, eso, y luego brindar por la felicidad con Möet Chandon, a ser posible, como dos amantes ebrios y locos, bebiendo uno en la boca del otro pero no hubo luna de miel, no dejé que existiera. La deshojé cruel, como cuando era niña y perseguía con violencia a las flores. Me emborraché la noche de bodas con orujo de miel y ajenjo, ¡que atrocidad! -le escuché decir a algún invitado del padre del novio al lado de la acera donde vomité. Y luego lloré como un caimán, en la cama, hasta que se me quedaron los ojos muy rojos y me daba vueltas todo. No creía en el amor así que tuve que tintarlo, imagino, con un cristalino inyectado en sangre. Creía sólo en el Deseo, como ahora, igual que ahora. Y ya han pasado diez años. Tempus fugit. Y este silencio me mata. ¿Te imaginas que durara otra década? ¿Por qué tuvo que decírmelo?… ¡Qué estupidez! Porque quería desnudarse. ¿Por qué iba a ser sino?

6 Responses to “En brazos de la mujer madura – i –”

  1. Denisa Says:

    Cómo me gustan las historias intimistas… siempre te lo digo… pero es que me llegan… Besos

  2. srtamowgly Says:

    Es todo tan egoísta y primitivo…al menos así lo precibo yo. Él no me gusta. Pero el texto sí, hace que os odie, pero me mantiene en vilo y queriendo saber más. Qué contradictorio todo, sobre todo yo.

    ____________________
    ::::::::::::::::::::::::::::::::::

    Pues sí…

    Lo último: le vi de lejos hace una semana… sigue queriendo… yo sigo no queriendo… Él es un niño… encantador pero un poco bruto…. buena gente de la de verdad.

  3. nandara Says:

    “…Pero es el único hombre que conozco que tiene el don de la intensidad. Con él, ese único minuto dónde te cobija y quiere más que a nada en el mundo… compensa. como con otros, horas de gemidos y caricias…
    ————–
    Lo del don de la intensidad me ha gustado/llegado. Intensidad, es la palabra. :)

    ____________________________

    Eso lo escribí cuando tenía el síndrome de estar atrapada por un misógino.
    Hoy no diría lo mismo Nandara… Confundimos términos. Otros nos parece que tienen la sangre más aguada porque son más estables. ¿Llamosmos intensidad a la inestabilidad emocional? Esa es la cuestión y parte del síntoma…

  4. nandara Says:

    “…porque es de esa gente gris que se confunde con las columnas…
    ————-
    Gris, no me gusta en absoluto ese color. Lo siento incluso más triste que el negro. Aunque ahora que pienso, leí por algún lado que el negro lo consideraban como una salida. :)

    ____________________

    Si te acuerdas de donde leíste eso sobre el negro… me gustaría leerlo.

  5. nandara Says:

    No creía en el amor así que tuve que tintarlo, imagino, con un cristalino inyectado en sangre. Creía sólo en el Deseo, como ahora, igual que ahora. Y ya han pasado diez años. Tempus fugit. Y este silencio me mata. ¿Te imaginas que durara otra década? ¿Por qué tuvo que decírmelo?… ¡Qué estupidez! Porque quería desnudarse. ¿Por qué iba a ser sino?
    ———————-
    ¿Desnudarse de qué?

    _____________________

    Olvida eso…. no es importante… de nada. Literario. Punto.

  6. candelaarias Says:

    Autor: Patricia
    Joder tía, que estás esperando para intentar ganar dinerito por tus escritos. Yo pagaría por ese texto de ahí arriba. Lo indiscutible, ahí reside la madre del cordero. Lo que complica todo es lo diametralmente opuestos que son cada uno de nuestros indiscutibles. Y al final todo resulta hilarante, por lo absurdo. Y feliz.

    Fecha: 25/12/2005 18:51.

    Autor: pau
    Estoy admirado y, a la vez, bastante excitado, la verdad.
    Te creía morena, muy morena. La foto es posible que no enseñe la verdad, por la cantidad y vitalidad de tu cabello, sí, pero por el color, no sé.
    Qué tontito, verdad? Con lo bien que se lo pasa uno con un buen consolador y una buena hembra…
    Hay que darle caña al cuerpo, solo tenemos uno y dura lo que dura.
    Felices fiestas.

    Fecha: 25/12/2005 20:33.

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    Autor: Pedro
    Te leo, lo disfruto, con la boca abierta, pelín alucinado, y sin embargo, por qué no cuento yo esas cosas (también me ocurren), tan bien llevadas, tan a su ritmo, enganchando, ¿seguirás?

    Fecha: 25/12/2005 21:05.

    gravatar.com
    Autor: Montañero Paparazzi
    Vaya cosas que te pasan!!!! te debiste de reir lo tuyo. Lo importante es disfrutar supongo.

    En cierto modo me das envidia (a veces)

    Fecha: 26/12/2005 11:13.

    Autor: sabbat
    Patricia no espero que nadie me pague por escribir mi diario emocional. Y yo sólo escribo un diario. No me interesa hacer literatura. Carezco de esa ambición y de la constancia necesaria. Pero si mi diario emocional puede hacer que siga conociendo gente interesante que se interese por mi ”literatura”, genial. Porque ese es mi precio. La gente que aún me queda por Conocer…

    Pau, ese peinado se hace con posticería. Yo no tengo tanto pelo ni de coña pero se me da bien hacer que a veces lo parezca. Lo que es natural es el color del pelo. Pero si tuviera que volver a teñirme lo haría con henna, como cuando tenía 20 años y quería ser pelirroja. Con el moreno lo intenté pero no es mi color. Yo soy una castaña auténtica ;)

    Pedro… tú no eres chica :)
    Y sí, seguro que sí, no tengo otra cosa que hacer :)

    Kepa, a veces me lo llego a pasar muy bien, de puta madre. Pero más o menos como tú. Me encanta creestear por las cimas y los abismos de la humanidad

    Un beso

    Fecha: 26/12/2005 18:07.

    Autor: Ardi
    “La experiencia de las margaritas…”

    Fecha: 28/12/2005 18:23.

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