El instructor de esquí, las pájaras, los gatillazos, el dependiente de la tienda…

enero 4, 2006

Tengo el sueño desorganizado y un fuerte dolor en la pierna derecha. En el hueso de la espinilla, casi al principio, poco más arriba del tobillo. La bota de esquí me hizo daño desde la primera media hora del primer día o puede que el dolor comenzara desde la primera o segunda caída (me habré caído unas cuatro o cinco veces por día y no me he hecho casi daño en ninguna, a no ser un poco en la muñeca derecha) pero ayer la bota se cebó conmigo. Puede que la culpa la tenga yo por mi resistencia al dolor. Siempre me digo: ’vamos, aguanta un poco más sino puede ser para tanto’. Pero ahora el ’para tanto’ es que incluso cuando apoyo ligeramente el otro pie sobre la zona inflamada veo las estrellas. ¿El problema? El problema es que quedan dos días de clase y cuatro horas de prácticas por día, y que aunque me han cambiado la bota, la nueva es del mismo modelo que la anterior y la presión incide en los mismos puntos. Y a ver, caminar con ella puedo caminar pero moverme sobre los esquíes cuesta arriba se me hace un suplicio. No es que me canse. Es que siento que se me desgarra un poco el alma en cada paso. Y al principio la técnica se aprende así. Subiendo una y otra vez por una pendiente muy ligera para luego deslizarse.

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Clase de esqu�

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Ya hemos aprendido a bajar haciendo la cuña y a frenar. Así que mañana era previsible que nos subieran o bien por la mañana o bien por la tarde a las pistas. ¿Qué es lo que mejor se me da? Creo que coger velocidad. En realidad casi todas las caídas han sido por lo mismo. Aprendí a coger velocidad antes de que me enseñaran a frenar. Y creo que si Alfonso nos hubiera dado la clase de ayer hubiera adelantado el doble. Pero en su lugar llegó Cristina. Y la cosa fue así.

A las siete y media se me ocurre llamar a Nora con lo cual le doy un susto de muerte. Ella aún jadea cuando responde al teléfono. Me disculpo y le pido que me lleve ella un gorro. Me lo había ofrecido el día anterior después de la experiencia desastrosa con la lluvia pero yo creí que por la tarde saldría y me compraría uno o mejor una cinta orejera en el centro comercial, que a pesar de ser fiesta, estaba abierto. Pero me metí en la cama agotada y me quedé frita durante cuatro horas. También fue mala suerte que me tuviera que venir la regla con condiciones climatológicas tan adversas. Alfonso aprovecha y dice eso de: y luego queréis ser como los hombres. Nosotros no tenemos este problema. Y cree que el que no sea capaz de abrir el precinto de la bebida isotónica tiene que ver con un estado de subnormalidad transitorio. Dice que cuando te subes por primera vez a unos esquíes el cerebro se te vuelve tonto y le cuesta procesar hasta la información más sencilla. Y yo con una pajara que no era capaz ni de sostenerme de pie. Menos mal que Alfonso tuvo un altercado similar con el dichoso precinto en cuestión y se supone que él lleva sobre los esquíes casi cincuenta años. Pero debe tener razón porque no fui capaz a matizarle lo que debería: ’Sí pero así tampoco eres multiorgásmica. Además fíjate, nosotras tenemos la gran ventaja psicológica de que nunca damos gatillazo’.

Es del saber popular que cuando un hombre lo da una vez contigo necesitas casi un milagro para que se vuelva a recomponer y eso no es asunto de cuatro días y entonces el calendario no tiene marcas rojas, porque puede llegar a tener hasta meses negros y en peor de los casos, algunos años. Eso si no les da por pensar que se han ido a caer por el abismo de la decrepitud, o ya te ponen directamente el veto de nociva para la salud por secula seculorum.

A las ocho y diez Nora se detiene en la carretera y me recoge frente a mi casa. ¿Y tu marido? -le pregunto en cuanto me subo extrañada al coche. El día anterior Nora había comentado que haría que nos llevara él. Pero su marido no viene porque Yago había pasado mala noche y estaba con catarro. Así que vuelta a lo mismo. Vuelta a la tensión. Nora no habla más que de la niebla y de dar la vuelta pero llevamos casi una hora de viaje y no vemos niebla por ninguna parte. Yo, la verdad, es que no he visto cosa igual. ¿Cómo se puede tener tanto miedo de algo que todavía no se ha presentado siquiera? Vamos a ver, a mí también me impone la niebla (pero ni comparación con el hielo). Y se supone que aunque sea ella quien conduce las dos nos jugamos el tipo en el coche. Pues cada cinco minutos tengo que repetirle que no se le ocurra parar y darse la vuelta. Porque eso sí, si lo hace directamente me mosqueo pero no es una experiencia muy agradable sentarte al lado de alguien que conduce tan inseguro. Es que ya no es en el sexo sólo donde parece que hay que estar convenciéndola para que folle de vez en cuando y le de gusto al cuerpo. Es que esta mujer no disfruta pero absolutamente de nada. Todo son cosas que van por delante. El miedo como emisario, las frustraciones, la decepción. Tanto trata de anteponerse a todo, que lo jode. Nunca he visto una cosa igual pero estos días me estoy dando mucha cuenta de lo que supone una personalidad tan temerosa en la vida de otro que no lo es tanto. ¡Joder,, a mí también me dan miedo las cosas! Mucho miedo. Por ejemplo el otro día tengo que enviarle un mensaje a Lola para asegurarle que me presentaré en su café aunque esté acojonada. Y luego, después de media hora tras la barra con diez desconocidos frente a mí y un borracho impresentable, tengo que refugiarme en el teléfono móvil y escribirle un mensaje a un hombre. Estoy aquí y estoy temblando. Pero no dejo de hacerlo. Nora dice: ’A ti te cuesta mucho decidirte a empezar cualquier cosa pero luego, una vez que empiezas, ya no te detienes’. Es cierto. Yo sé que se pasa mal al principio pero en cuanto das los primeros pasos, hay solución para casi todo. Y eso le digo todo el tiempo: ’Tú despreocupate ya de la puta niebla que te garantizo que si no sabes salir sola busco a cualquiera para que nos saque de aquí’. Y así fue. Al primer tipo que vi cerca de su fantástico BMW (lo menciono por la seguridad y porque el coche es una máquina, si fuera el de Coga entendería de otra forma que tuviera tanto miedo), le expliqué cual era el problema y le pregunté que si por favor nos dejaba seguirlo. ¡Jo-der! Si la gente es muy maja cuando te diriges a ella con amabilidad. ¿Qué problema hay?

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monitor de esqu�

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Bueno, y que allá nos pusimos los esquies y nos plantamos delante de la campana a las diez menos diez bajo la amenaza de que hoy ya no íbamos a volver. La sorpresa es que Alfonso fue quién no vino y por eso nos iba a dar la clase Cristina que era la misma tía que cinco minutos antes se puso cardiaca conmigo por pisarle la explanada con las botas. ¡No pises por ahí! ¿No ves que hay muy poca nieve y la estás estropeando toda? Me pegó un pedazo de grito ¡Qué exagerada!

Bueno, en resumidas cuentas, que Cristina incide mucho en la técnica lo cual es de puta madre pero el resultado es que todo lo que habíamos adelantado a los otros grupos con Alfonso lo perdimos en la primera hora con Cristina. Mirabas hacia atrás y veías a los pitufos de ocho años haciendo virguerías. Y mirabas hacia lo más empinado de la pendiente y veías al grupo de los hombres lanzándose en una carrera que terminaba en un frenado casi seco y luego en un giro. Y nosotras allí como pringadas guardando cola y recibiendo broncas. Y algunas el doble de pringadas porque esas tenían que volver a subir la cuesta ponerse delante de la primera y repetir casi todos los ejercicios. O sea yo. Te tiene manía, tía, con lo bien que lo has hecho. Tienes un estilazo -me decían las demás. Pero lo que decía Cristina cuando llegaba abajo era que no sabía por qué razón tendía a coger más pendiente que las otras (lo cierto es que no sé porqué me desviaba, supongo que por instinto) y que ganaba demasiada velocidad con lo cual ejecutar el ejercicio me era mucho más difícil. Pero a medida que avanzamos va aumentando el número de ’muybien María’ y el de sonrisas, y ya no tengo que repetir tanto. Otra cosa no, pero estilo… Y Nora lo hace genial siempre a la primera. Es mucho más disciplinada que yo y no se ha caído ni una sola vez pero se ha abierto de piernas y casi ha formado un ángulo de 180 grados con su cuerpo. Lo más peligroso. Pero el caso es que terminan las dos horas de por la mañana y ya está pensando otra vez en la niebla que llegará y en irse, a lo que yo por supuesto me niego porque si te pierdes la hora de la tarde, al día siguiente no es sólo que te quedes rezagada tú, sino que eso retrasa a todo el grupo. Y el caso es que tienes que estar todo el tiempo frenándola, o bueno quizás sea más bien al revés: ella se frena y tú todo el tiempo tienes que estar empujándola. No sé, yo soy mucho más a mi bola. Siempre suelo saber lo que deseo hacer y desde luego aunque sirva para ello no me apetece lo más mínimo estar apretándole las clavijas a nadie.

Así que la clase se acaba y yo quiero que nos vayamos a tomar un café y a comer algo y Nora, no. Ahora dice que si ella se fastidia y no puede irse, nosotras dos nos quedamos practicando hasta la una. Y yo con la pierna como la tenía. Y que qué íbamos a hacer durante tres horas. No sé, pensaba yo, ¿por ejemplo descansar? Al final ella habló de coger el telesilla (por cierto ahí casi me mato pero no fue del todo culpa mía sino de la mujer que se empeñó en sujetarme para ayudarme a bajar y nos hicimos las dos un lío) y subir hasta la cafetería de arriba donde conocimos a Alba, y a Lucía, dos mellizas de ocho años que estaban con su padre, un tío encantador y bastante atractivo. Fue muy buena idea. Luego cuando ellos se iban, Alba preguntó que con quién iba a montarse ella y su padre dijo que buscarían un adulto y claro, yo ofrecí a Nora para ello. Así que el regreso fue sensacional. Veinte minutos de gélido silencio y soledad. Porque claro yo me empeñé en bajar sola. ¿Y no tienes miedo? -me preguntó Alfredo. ¿Miedo? Vamos hombre, creo que prefería enfrentarme a la posibilidad de que se me subiera a la silla un oso polar antes de tener que aguantar una sola lamentación más de Nora. Por cierto, discutimos mucho sobre eso. Yo le digo que no es coherente, que no hace más que quejarse de su marido y pensar en lo mucho que le gustaría perderle de vista pero a la hora de la verdad no es capaz de dar dos pasos sin él. Es que no se puede tener todo. No se puede tener un tío de dominguillo y luego detestarlo porque no sea capaz de doblegar a placer tu voluntad. Y yo no querría eso. No querría a nadie que tuviera decirme constantemente lo que debo de hacer pero en la cama es otro asunto. En la cama últimamente ha averiguado lo que ya sabía, que me gusta ser muy sumisa. Tengo ese contraste. No soporto una orden pero luego me pirro si él me tira del pelo y me dice: mírame a los ojos y repíteme eso de que mi polla te gusta.

niña

Luego Alba le dijo a Nora que Lucía había dicho que yo era muy guapa. ¿Y yo? -preguntó Nora. Tú eres muy guachi. Qué vete tú a saber lo que significa guachi pero yo apostaría que la niña acababa de inventarse sobre la marcha un cumplido de consolación xD. Pero hay un secreto. Lucía tenía una marca horrible en la cara que le cubría la mitad de su rostro. ¡Pobre niña! Nora pensó que era una quemadura y que la piel ya se estaba regenerando. Yo me imaginé que era otra cosa. Pensé que podía ser algo de nacimiento y me ponía en el lugar de la niña. Alba con su piel blanca de melliza linda y lucía cargando de por vida con la sombra de la deformidad. Entonces después de mirarla procurando ignorar ’’la herida’’ y sonreírle comprendí algo.

Comprendí que Lucía era de las que daba oportunidades a la gente y que ya había dividido el mundo en dos o tres clases de personas. Las que van a mirarla siempre más allá de su piel imperfecta, o las que sólo van a sentir pena por ella, e incluso aquellas que no dejarán de mirarla nunca con morbosidad u horror. Me admiró su naturalidad.

Cuando nos despedimos Alfredo nos dijo que algún viernes al mediodía nos esperaba para tomar una sidra en una sidrería que hay cerca del parque. A mí él me sonaba y yo a él también. Pero ni yo ni Nora pensamos acudir a esa especie de cita, aunque Nora dijo que Alfredo tenía muchas cosas en común con ella. ¿El qué? -le pregunte yo- ¿el que sea el dominguillo de alguna otra mujer? No sé pero para pensar en echar un polvo, digo yo que no habrá que plantearse el rollo ese de la compatibilidad sanguínea. Eso lo hacen las decisiones de futuro y los planes de pensiones a largo plazo. Yo, por lo menos a fecha actual, cuando miro a un hombre o pienso en él, sólo estoy pensando en el sexo que podría disfrutar, en lo que ese hombre y yo nos podemos dar en la cama. Y lo demás no me importa. Lo demás son otras cosas que el tiempo puede traer o no.

Y por supuesto que nos fuimos media hora antes de que acabara la clase. Comenzó a nevar y la niebla se hizo más densa y me cansé de aguantarme el dolor en la pierna pero más que de eso de la actitud angustiada de Nora. Nunca la había visto ponerse en tal plan de mártir y estoy por darme la razón. Nunca debí dejar que me convenciera para que hiciéramos juntas esto. No se puede disfrutar con una persona que jamás disfruta de nada. Es que tiene que ser una tortura vivir dentro de su cerebro.

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botas de treking

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¿Lo mejor? El chico de la tienda de deportes. Luego Nora me acercó hasta el centro comercial (para estas cosas esta mujer es todo detalles, así que uno por otro) y se fue a buscar al dependiente que conoce, que ahí ya… tuve que recordarle que no me tratara como si fuera Tara porque yo decía: ’Sácame el ocho de estos’ Y ella empeñada en que me sacara otro modelo que a mí ni me gustaba pero que estaba de oferta. Hasta que el chico la detuvo y le dijo: ’Si ella ya ha visto lo que quiere’. Y anda que sí. ¡Joder era guapísimo! Y tenía esa mezcla de algo sexy, algo dulce y algo salvaje que tanto me atrae. Tardó en volver cinco minutos con otro modelo. El que yo quería estaba agotado. ’Mira éste está muy bien a no ser que ya te hayas encaprichado con el otro’. Entonces me lo miro bien desde el puff en el que me había sentado y le digo: ’No, encapricharme todavía no me he encaprichado pero podría suceder’ Fue auténtico porque el tipo, un joven de unos 26 o 27 años, lo pilló a la primera y se le subió un ligero rubor hasta los ojos. ¡Ay! Adoro eso. Adoro lo que significa cuando alguien se ruboriza frente a alguien del otro sexo de esa manera (con mujeres no me ha sucedido todavía). Luego Nora me dijo: pero que morro tienes… mira que hacerlo arrodillarse a ponerte la bota. Bueno, no fue exactamente así pero lo cierto es que me sentí como si Cenicienta hubiera madurado y se estuviera aproximando a los cuarenta mientras su buena hada madrina de propina hace que un bello príncipe convertido en dependiente te calce y te anude al pie unas botas de trekking

Un besazo nevado para todos :))

5 Responses to “El instructor de esquí, las pájaras, los gatillazos, el dependiente de la tienda…”

  1. Srta Mowgly Says:

    Sé que tengo abandonadito tu blog,bueno en realidad todos…pero el tuyo según mi parecer necesita plena atención, asi que cuando vuelva a tener una época tranquila lo leeré como lo leí cuando lo descubrí… a ver si me da tiempo ahora de echar un ojo a algo.

    Un beso enoooooorme!

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    Ey, chiquitina, no hay nada nuevo… ando preparando el Camino con todas todas… ahora sí, si llego a realizar mi fantasía de hacer noche en el pueblo fantasma de Foncebandon… Eso te lo tienes que leer porque va a ser una pedazo de aventura :))

    No le dediques tiempo a la Red. Vive y fotografía que eso sí que mola… y si tienes fotos propias de algún punto del Camino francés… pásamelas que las querré utilizar ;)
    besos :))

  2. fiorella Says:

    No lo leì todo este post, pero ahora que leo el comentario de Mowgly y el tuyo,dos cosas: un poco me pasa eso estos dìas,que quiero leer lo que hay y pasan cosas,y no puedo y lo segundo es que tengo alguna foto de Euskadi. No son especificamente del camino, pero si supe mientras paseaba que estaba caminando por el. Son fotos de fachadas donde està la concha como signo,si te interesa te las envìo.Un beso

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    Sí, sí, sí, sí. Si las quiero :)
    Un beso

  3. Patricia Says:

    jajaja, me has hecho reir visualizando un oso polar sentado a tu vera…y no sabes como comprendo lo de casi matarte en un remonte: yo he sufrido todo tipo de tropezones, enredamientos y pérdida de bastones en esas lides. Al principio lo de eskiar es un quilombo de maría santísima, pero si le coges el tino es un placer muy especial. A mi no me gusta correr, y si disfrutar el frío punzante en la cara, la contemplación del paisaje, incluso el dolor físico…¡no hay momento más delicioso que el de quitarse las botas!.

    La semana que viene me piro a Andorra. Pensaré en tus deslizadas ;9

    besazos.

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    Las botas de trekking de aquel día se unen al resto de equipaje: mochila, saco, esterilla, bastón… 110 euros ;)
    Ya queda menos para el camino, y el dependiente tan guapo como siempre :))
    Esta vez lo he hecho temblar ;))
    Mirate septiembre… algún día… alguna etapa… por si nos vemos en el Camino, compañera
    Ando feliz, ya llevo… pero cada semana más feliz… :)))
    Pasarlo muy bien, que te irás con Ana… y si veis alguna foto del Camino… ya estais pensando en mandármela.
    Besazos

  4. Patricia Says:

    El Camino…adoro leer tu entusiasmo…creo que va a transformarte; eres excepcional para buscar el cambio, y poder leer tu narración tras esa experiencia se me antoja similar a cuando deseo fervientemente encontrar un libro determinado. Creceremos algunos contigo y con tu experiencia, así lo creo.

    A partir de ahora me convertiré en una buscadora de fotos-signos de ese Camino tan querido por ambas. Sería muy enriquecedor caminar a tu lado. Me encantaría hacerlo sola, y, además, compartir algunas etapas con determinadas personas. Ufff, ahora me viene sola una imagen de la Cruz de Ferro, en el Bierzo: en un páramo una cucaña pelada y arriba una diminuta cruz de hierro sobre una montaña compuesta por piedras que cada peregrino dejó a su paso. Es devastadora la sensación de soledad que me produjo cuando dejé mi piedrita (traidora, porque no estaba siendo jacobea). En fin: exudas el Camino, ya estás caminando de hecho ;)

    Te veo en estado de gracia, que es cuando tu empatía me llega. Ya hacía días que quería hacerte un cucú-trás, pero lo cierto es que no me inspiraba en tus letras. Hoy me llegaste, mari. Que rico.

    Besazos.

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    Te voy a hacer llegar un audio al correo… seguramente. Tengo que audirme yo antes en lo de ayer… Era algo que tenía ganas de contar pero que me entran las lágrimas chiquilla, cada vez que me pongo. Va del Camino… Va de la primera vez que estuve en Compostela… Ya hace casi 20 años y lo que allí me sucedió. Tú mírate la transcripción en la mística si la pego :)
    Y si el tema te llama… escucha el audio y ya me contarás…

    Ya sabes que mezclo mucho porque son montones de cosas las que se me agolpan… De hecho los días que fueron más intensos y maravillosos en sensaciones, ricos, en mi vida, los tuve en el Camino… ¿No llama, yo que lo he escrito ”todo”, a preguntarse porque eso no está escrito en ninguna parte? El Camino es lo único que no he escrito… contado…

    Por lo que dices… poco escribo… He estado leyendo más que escribir… muchos diarios y ya estoy bastante familiarizada con todo el Camino… Pero quiero entrarle más profundo… Quiero entrarle paganamente… Y hay muchos signos ”astrológicos” en el Camino… ya lo iremos viendo… Yo quiero mari, otra cosa es que fracase a la primera de cambio… pero de verdad que lo voy a intentar con ganas… Y si logro lo que quiero es: de Francia a Santiago, de Santiago a fisterra y la vuelta por el Camino primitivo a Asturias… si hay fuerzas será eso :))

    Todo el arte, toda la historia, toda la leyenda, que se pueda, todo el Camino, toda su soledad y toda su gente… Para eso estoy tratando de ponerme en ley. Mucha calma. Y sí, a solas y con alguna gente en alguna etapa :))

    Tú tienes mi teléfono y ya te pego un toque cuando emprenda el viaje.. Para ese trecho del que hablas… yo ya tengo el cuarzo (la piedra) que voy a transportar desde el inicio.. y alguna más.

    Muakkkkkkk cabrona ;)
    Ah, sobre aquello que te dije… nada, si no ya te aviso con tiempo…

  5. candelaarias Says:

    Autor: María
    Me encantaron las botas !!!
    Me encantó leer cómo andan tus clases de ski…
    Y no puedo escribir nada más, porque aunque todavía no me tomo mis vacaciones, mis neuronas hace tiempo que están “de paro”

    Un besote enorme

    Fecha: 04/01/2006 05:08.

    Autor: LAPRADERA
    Para mí , lo mejor, el ratito en la tienda con ese dependiente yogurin… lo de las clases de ski, lo dejo para otros … Admiro que despues de una ornada agotadora , te pongas ante el ordenador y seas capaz de explicar todo con tanto detalle…

    Un beso :)

    Fecha: 04/01/2006 08:31.

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    Autor: Su
    Qué sorpresa!! creí que estaría sin leerte unos días pero veo que eres precavida ;-)

    Si que tiene que ser duro estar con una persona que nunca disfruta de nada, más que duro es una putada porque seguro que tú tampoco eres capaz de disfrutar todo lo que debieras…

    De todas formas, intento pasarlo muy bien, y seguir sonrojando ranitas.

    Un abrazo
    ahhh.. “guachi” es guay, se puede decir que una peli es guay o guachi y que me lo pasé guay o guachi, pero aplicado a una persona, nunca lo había oíod, así que se lo debió inventar ;-)

    Fecha: 04/01/2006 09:05.

    Autor: Androgen
    Lo de las botas es duro, hay que acostumbrar algo el pie a ellas (o ellas al pie) antes de usarlas durante largo tiempo, porque sino hace heridas, luxaciones y demás molestias.
    Espero que ya tengas algo mejor la pierna.

    Sé lo que es sentirse mal por pasarlo bien… creo que no llego a los extremos que cuentas de ella, pero conozco la sensación. Y sí, pensándolo objetivamente…es una tontería autotorturarse así.

    “cenicienta madura”… eso me ha encantado :) No cambies eso de tí nunca…

    Un besote

    Fecha: 04/01/2006 12:52.

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    Autor: Montañero Paparazzi
    ¿te has comprado botas de monte? jejejejeej, asi empezamos todos…ten cuidado que es una droga muy dura, yo ya estoy desauciado…

    Fecha: 04/01/2006 16:36.

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