Como se baja uno de un telesilla para no matarse…

enero 5, 2006

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telesilla

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Nora pasa a recogerme a las ocho y cuarto. Apenas hablamos. Dice que yo voy muy concentrada pero no es eso. Me preocupa no poder estar a la altura del día. La pierna me duele cada vez más y me temo que al calzarme las botas de esquí no pueda ya ni caminar.

El tiempo ha mejorado. Desde que dejamos la Capital las cumbres se ven nevadas. La tarde noche anterior ha debido de estar nevando durante horas.

El viaje es el mejor. Digo para Nora. Su marido tampoco nos acompaña. Llegará más tarde con el niño. Y ella está muy animada. Dice: ’Tú y yo siempre andamos al revés’. Como tardamos menos en el recorrido antes de presentarnos en el cursillo nos vamos a tomar un café. Yo guardo turno en la cola de los tickets mientras ella va al baño. El tipo no entiende bien que chicles le pido. Me dice: ’Disculpa. Llevo poco tiempo en el país y algunos nombres se me atragantan’. Escucho su acento. Me recuerda al de Diego. Eres uruguayo -le digo. El tipo entonces parece entusiasmado. Hay una película preciosa que he visto hace poco en la que sale el Uruguay… parece interesado. ’El lado oscuro del corazón’ de Eliseo Subiela. El uruguayo asiente con una sonrisa extraña. Sí -dice. La he visto y parece que recuerda algo que va a contarme pero después recuerda donde estamos y ya no me lo cuenta. Sólo responde a mi sonrisa con más fuerza. No sé por qué ese gesto suyo me hace recomponerme. La bota me mata pero en ese instante he decido no rendirme y dar la clase. Ahora es ya tarde pero Nora ha olvidado algo en el coche y regresa a buscarlo mientras yo me dirijo cojeando a la explanada. No tardo en ver mi grupo. Nos esperan con los esquies en la mano y Alfonso se dirige a mí. Venga. Date prisa. ¿Pero por qué caminas así? Voy arrastrando la pierna derecha. Creo que ayer me di cuenta de lo tenaz que soy cuando deseo algo. Tengo una contusión. Le explico cual es el problema. ¿Te duele mucho? -me pregunta. Mucho. Entonces se va hacia adentro y sale con un hombre aún más mayor que él. Este tiene que estar por narices al borde de la jubilación. Es el organizador de los cursos y me hace unas preguntas. Entonces se da media vuelta. Sube por unas escaleras exteriores y cuando regresa me dice que el médico me verá. Yo digo que se lo agradezco mucho pero que si acaso más tarde, cuando regresemos, que quiero subir con mis compañeras a las pistas. A Alfonso mi decisión parece gustarle. En ese momento hace sol y Nora asoma. Ya no esperamos más. Caminamos hacia el telesilla y es cuando contemplamos el lago helado del valle. Es idílico y mi humor comienza a mejorar. Nora va delante. Se sube con alguien y yo montó con Paula. La chica portuguesa que me cuenta que su marido y ella vienen desde Oporto para hacer este curso. Se la entiende muy bien. Y ella no tiene problemas para seguirme. Dice que en Portugal hay muchos españoles y que el idioma es parecido. El trayecto dura unos quince o veinte minutos y el paisaje es una maravilla. A nuestros pies los matorrales helados conforman bellísimas estalagmitas verdes sobre el blanco imaculado de la nieve. Y del tendido de cables y soportes del telesilla se desprenden grandes trozos de hielo. Algunos en punta que te hacen suspirar con alivio al dejarlos atrás pensando que has tenido suerte de que no se te hayan caído encima y algunos que deciden caerse sólo unos segundos antes de que pases bajo ellos. El viaje es muy emocionante y llegamos arriba. Los esquíes vienen detrás pero llevamos los bastones en la mano. Me agarro a la barra como entendí el día anterior que debía hacerlo. Una mujer me sujeta por la otra mano y el resultado es una oposición de fuerzas. Las botas se me enganchan en la silla que me derriba y pasa sobre mí cabeza. Y la leche que me he metido ha sido impresionante. Y lo que ya es el colmo es la bronca que encima me suministra de propina esa mujer. Me indigno porque es que no se explican. Digo yo que no será tan difícil indicar que no te cojas bajo ningún concepto a la barra, que sujetes las esquíes con la mano derecha y si vas a salir por la izquierda tiendas la mano izquierda. Así no hay pérdida pero ahora después de esta nueva caída el dolor es auténticamente insoportable. Había aflojado la bota y eso es lo peor que se puede hacer pero nadie te explica esas cosas y mis compañeras dicen que soy muy valiente. A Nora se la nota muy preocupada por mí. Y sorpresa, Alfonso dice: ’seguidme’ y casi todas sabemos hacerlo. Algunas se caen varias veces y no pueden levantarse. Es difícil levantarse sobre unos esquies. Exige un esfuerzo grande de los brazos. Yo tengo agujetas en los biceps y sobre todo en los triceps pero no he consentido que nadie me haya ayudado a levantarme. Me las he apañado yo sola y en las posiciones más aparatosas con alguna indicación verbal de Alfonso y me habré caído entre dieciocho y veinticinco veces. Y algunas han sido caídas espectáculares que arrancaron más de un grito de la garganta de mis compañeras. La mayoría hacia adelante. Soy la única que cuando se cae se lanza hacia adelante. Entonces el esquí cede y por suerte se suelta de la bota. Si no podría romperme una pierna. Miguel, el único hombre que nos acompaña, se parte el culo con mi forma de caerme. Y luego a la tarde le dice a Nora: Tu amiga es que es la hostia. Cuando se caen las otras compañeras, algunas nos las apañamos para dar la vuelta y ayudarlas. No todo el mundo es igual de solidario. Pero en nuestro grupo casi nadie consigue levantarse solo. Una chica nueva que no ha venido los otros días porque ha estado enferma se retira a los cien metros. Tú entonces te pones en su lugar, y te da mucha moral el esfuerzo que has realizado. El esquí es muy técnico. Tanto o más que el tenis pero la progresión es más rápida. Casi nadie puede dirigir una pelota a voluntad tras unas lecciones. A veces tardas semanas o meses en colocarla donde quieres pero bastan unas tres o cuatro horas de prácticas de esquí para que experimentes la ilusión de cierto control sobre tu cuerpo y sobre sus movimientos. Y Alfonso nos guía hasta un lateral de la pista. Nosotras le seguimos más o menos en una fila ordenada y mis compañeras alucinan con mi pelo. Se me ha congelado como los arbustos y las copas de los árboles y ahora es de color blanco, una cascada de rizos helados . Entonces comenzamos a practicar los giros. Yo comienzo muy bien. Mi flexión es muy buena a causa de la práctica del tenis. Eso lo sé y es una ventaja. Pero cuando llego a la altura de Alfonso se me cruzan los cables, se me olvida hacer la cuña y pierdo el equilibrio hasta el punto de que casi más tiempo a sus pies que a su altura. Sé que le gusto por como me mira pero aún no ha comenzado a mirarme con la intensidad que luego lo hace. Le digo: no sé qué me ocurre con la pierna izquierda (si quieres girar a la derecha hay que mantener la cuña y situar el peso sobre esa pierna… es a la inversa). ¿No tienes por ahí un látigo? Eso luego -me contesta. Y creo que el morbo entre Alfonso y yo comienza justo ahí. O no, miento, comienza el primer día cuando abre una bebida isotónica para mí. Entonces regreso caminando penosamente y él nos explica algo acerca de las partes dominantes. Todo lo que te deslizas luego tienes que recuperarlo volviendo hacia atrás caminando sobre tus pasos. El dolor es inconcebible pero me obligo a tirar de mí porque ahora estoy doblemente motivada. Creo que se ha despertado una atracción entre ese hombre de rostro indescifrable y adusto y yo. Porque sí, Alfonso además de ser bastante maduro es horrendo pero lo que nos gusta de otro a veces es un misterio. Aunque esta es la primera vez que me tira físicamente tanto alguien tan feo. No sé, nos decimos Nora y yo pero tiene muchísimo morbo, ¿verdad? A Nora también se lo parece y yo comento algo acerca de pedirle un teléfono para contratarlo la próxima vez que regresemos por nuestra cuenta. La mañana resulta muy emocionante. Mejoramos mucho pero el esfuerzo por momentos os puedo jurar que ha sido sobrehumano.

La tarde resulta mucho más interesante :))

(Son las seis de la mañana y me voy a la ducha)

One Response to “Como se baja uno de un telesilla para no matarse…”

  1. candelaarias Says:

    Autor: Androgen
    No tendrás una foto de tu pelo perlado de hielo, ¿verdad?
    Lástima.

    Un beso :)

    Fecha: 05/01/2006 12:42.

    Autor: María
    Es espectacular la energía que tenés !!!
    Espero que tu pierna esté mejor.
    Un besote enorme.

    Fecha: 06/01/2006 04:03.

    Autor: María
    Me había olvidado…
    Que los Reyes Magos te dejen hoy, toda la magia !!!

    Otro besote

    Fecha: 06/01/2006 04:29.

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