Dire Straits – walk of life (Sexo de recorrido rural)

enero 13, 2006

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cama

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Le veo en cuanto cruzo la carretera en dirección al aparcamiento y procuro no caminar demasiado seria. Llovizna y cierro el paraguas al abrir la portezuela sin problemas pero teniendo en cuenta que seguro que él está recordando la tarde en que los hubo. Aquel fue el día que rompí y luego dejé abandonado un paraguas que se resistía a cerrarse y escuché latir por vez primera el musculo cardíaco de un hombre que es salpicado por la lluvia, y el silencio que le provoca el ronroneo de placer y el abandono de una mujer.

Y Guernika tiene una herida con muy mal aspecto en el labio superior. Le pregunto por ella. ¿Es alguna infección? Pero él me asegura que no es nada, sólo un corte que se ha hecho al afeitarse. De todas formas no me preocupa demasiado el asunto porque él desde aquel día de hace ya casi dos años no quiere volver a besarme.

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Dire Straits walk of life

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Me pregunta qué me parece si buscamos algún hueco discreto mientras se dirige hacia una zona rural próxima. Le digo que me parece bien, que cualquier lugar en el que se detenga estará bien. No tengo ninguna expectativa rondándome por la cabeza. Sólo la de vivir unos instantes de intensidad. Y la carretera se tiñe de ocres y de patina borrosa de lluvia mientras los Dire Straits golpean los bafles y él conduce relajado. La aguja del velocímetro nunca sobrepasa el segmento del número 60 pero a eso de los diez kilómetros ninguno tiene idea de por dónde andamos y él decide detenerse en una encrucijada al borde del camino, sobre una cuneta de barro preñado de rastrojos y de hojas de roble. Entonces casi inmediatamente me abraza contra él y me besa en la boca con un beso ávido, abierto y húmedo en el que no distingo ni por un asomo la sombra del rostro del miedo. Su lengua es esponjosa y gruesa. Y lo llena todo de mi paladar mientras disfruto de esa boca que me besa cálida como no he disfrutado antes con ninguno de sus besos. Guernika tenía una boca que no quería utilizar, al menos conmigo, una boca polla como su pene inservible pero yo por mucho que lo busqué no logré hallar en él una boca coño para mi lengua. Una boca a la que amar follando pero ahora gimo de placer al besarnos como nunca antes de ese beso. ¿Qué te ocurre? -le pregunto cuándo separa unos centímetros su cabeza de mí y me observa con atención sin dejar de estrecharme entre sus brazos. Nunca antes me habías besado así -digo tras un paréntesis. Qué he decidido estar más contigo -dice. Y ese más no significa más veces o más tiempo o más cerca, sino más adentro. Luego volvemos a besarnos y experimento como la oxitocina enciende y afloja todo mi cuerpo. Me parece que estoy flotando. Y él acaricia mi piel y se pasea delicadamente con sus labios por mi cuello… y yo, ya no tengo voluntad, siento mi vello erizarse, la piel estremecerse, las uñas estirarse por dentro como si quisieran crecer y arañar la atmósfera candente que nos envuelve. ¡Qué extraño! -le diré luego. No he estado fumando hierba pero ahora me siento como si es lo único que hubiera hecho… No veo su cara en esos momentos. Hace minutos que él me ha tumbado vuelta sobre el asiento y me folla con sus dedos. Dice que ya veré cuando me tenga sobre una cama lo que va a hacer conmigo. Dice que sabe que quiere estar masturbándome durante horas y jugando con mi coño. Después del beso que me da hace algo que me asombra mucho más. Prende un cigarrillo y con la boquilla busca mi clítoris y lo excita con ella. Es algo muy placentero sobre todo por el temor que te produce el que mientras lo hace pueda quemarte. Luego hunde el cigarro encendido unos centímetros en el interior de la vagina como si estuviera midiendo mi confianza. Lo saca y lo saborea con su lengua mientras lo introduce entre sus labios y aspira con fruicción. A continuación agarra mi cabeza y me besa expulsando dentro de mi boca la mezcla del humo y del sabor de mi sexo, y luego me lo hace fumar a mí. Entonces busca mi pubis con su cara y hunde en mí su boca. Es como un milagro, le digo. Han tenido que pasar más de ocho años para que se haya atrevido a hacerlo. Me pregunta que si me disgusta. La culpa no es sólo suya. Al principio yo no quería que él me lo hiciera. Algunos hombres que han estado conmigo lo saben, que no me dejo hacer eso con facilidad. Cuando no hay sentimientos no me ha importado. Pero cuando conocí a Guernika y me encontré con todos sus reparos y con sus complejos, si que importaba lo que él pudiera sentir acerca de ello. No me gustan los sacrificios, así que eso me inhibía. Luego cuando quise con Guernika ya era tarde. Él no confiaba en mí. Sigo masturbándome para él que mientras amasa y oprime mis pechos y con pasión me empuja contra la ventana y me hace imaginarme que dos personas, un hombre y una mujer, nos están viendo desde una casa cercana. Dice que los dos desean follar conmigo pero que al calentarse comienzan a follar entre ellos. Estira mis pezones y los estruja y luego me pregunta si me está haciendo daño. Siempre he adorado como Guernika tocaba mis pechos. Él me enseñó a hacer eso. A resquebrajar la voluntad de una mujer así. Me sentía oscuramente profanada hasta allí donde el diablo tienta al alma con lo que no tiene precio. ¿Te venderías por esto? Sí, din duda sí, una y otra vez. En eso ninguno ha sabido ser como él. A una mujer puedes poseerla más de esa manera que con una polla incansable, o lo que le abre incansablemente la puerta a la polla es precisamente eso, el dominio de un alma y de una mente. Yo no sé las demás, creo que no soy ninguna excepción pero sólo disfruto realmente del placer y del deseo cuando me Entrego. Pero él no se detiene. Continúa hasta que arranca de mí gemidos de placer coloreados, como si se tratase de una película antigua, por el dolor. Entonces sí. Justo ahí pronuncia un ’ahora si sientes daño’, y me oprime más contra él como si quisiera metérseme dentro. Entonces vuelve a besarme. Vuelve a prender otro cigarrillo. Vuelve a repetir la misma operación, y luego cuando me da la vuelta alterna algunos azotes suaves y caricias, con mordiscos leves sobre mis nalgas, y ocupa por mucho, mucho rato esos dos orificios ahora entrantes de mi cuerpo con sus dedos. Entonces un orgasmo vibrante y pavoroso me recorre entera y después de eso mi boca busca su polla para beber de él. Su erección no es buena. Ha tenido que detenerse algunas veces al borde del no puedo más, me voy a correr, porque yo se lo he suplicado. Todavía no, por favor. Todavía no… Amo su sabor de almendra y él luego me permite lamerlo durante largos minutos en los que me envuelve una paz dulce y densa. Pero ya no me deja besarlo después. Dice que sólo le gusta mi sabor, no el suyo. De todas formas lo intento pero ya no consigo que me de más que unos besos forzados de una boca que se resiste a abrirse igual que la de un niño que se niega a tomarse la última cucharada de sopa . Más tarde me habla de su boca. En breve va a perder todos los dientes. Está afectado por una piorrea agresiva en su último estadio. Nunca había visitado a un dentista. Me lo dijo hace dos o tres años un día que vi sus dientes superiores y se lo pregunté. Adiviné entonces qué futuro le esperaba. Le pido ahora que me muestre las encías. Lo hace. El aspecto que ofrecen es terrible, y sobre todo más que terrible, muy desagradable. Los dientes se mueven y algunos están negros por la zona de la raíz, y sin embargo extrañamente yo no experimento ninguna clase de asco. Al contrario, creo que me inunda algo semejante a la ternura. Dice que sólo está esperando cobrar una herencia que tiene pendiente para arreglarse la boca. Le han dado un presupuesto de tres millones de pesetas. Ni siquiera ha volarado la posibilidad de utilizar una dentadura postiza. Luego le pido que me deje a la altura de un instituto que existe a las afueras de la ciudad. Estoy cerca del centro de salud donde trabaja Pésimo. Me dirijo allí. Subo a la primera planta porque tengo que ir al baño y luego me siento durante media hora en una silla frente a la consulta de su enfermera. Él se acerca mucho a mí una de las veces que sale. Los dos tosemos a un tiempo. Dice que está agotado porque tiene la gripe y todos esos pacientes no hacen más que tenderle papeles que no pueden estar clasificados de urgentes. Protesta y les amenaza con darles la vuelta pero sigue recogiendo papeles. Entonces llega a mí y me mira sin saber bien que expresión debe ponerme. El lenguaje de mi cuerpo, desde hace unos minutos, y mi mano mostrándole la muñeca y jugando con el único rizo suelto le tiene desconcertado. Yo apenas siento pero recuerdo aún que le amé hasta el límite de la cordura. Un poco más allá y me habría vuelto loca. Pero cuando el amor ya no es el protagonista de la historia entre los anaqueles… fingir otra vez resulta muy sencillo. Luego marco un número de teléfono. Me parece la hora apropiada para que si esa persona lo escucha pueda cogerlo. Pero no contesta nadie. Más de cuarenta días sin respuesta. Ya ha pasado lo peor y yo misma, si dentro de las horas siguientes no hay novedades y la fiebre se mantiene estable, me firmo el alta de la cuarentena.

Y ayer Guernika estaba enfermo. Faltó a su trabajo. Le había contagiado mi resfriado -me dijo el día anterior. Pero se sonreía al hacerlo mientras los dos tosíamos la misma tos seca.

Hoy le llamé le hice una perdida. Tampoco estaba en el trabajo. Al minuto llamó él. El interés si existe es eso. Me dijo que se encontraba aún muy enfermo para pensar en regresar. Luego que mañana sobre las cinco me acordase de llamarle para saber si estaría. Sí tú no vienes -le digo. Yo tampoco vendré porque me aburro aquí sin ti. Los dos sabemos que el único motivo de que yo aún siga por allí es él. Si su compañero ocupase su puesto yo dejaría de acudir a esa cita diaria inmediatamente. No es que mis sentimientos hayan cambiado. Sólo que Guernika siempre fue un buen refugio. Una vez olvidé con él el dolor que sentía por el desamor de Pésimo. Ahora…

Y ahora mismo acabo de llegar de tomarme unas copas con Lola y unos amigos suyos. Ella quería tirarse a uno de ellos. Pero hoy a la noche está empeñada en que me pase por su bar y me quede a ayudarla. Me despedí el viernes. El lunes me llamó y volví para hablar con ella. Arreglamos nuestras diferencias pero yo no acepté volver a trabajar allí. Y he quedado en pasarme. No sé lo que va a suceder. Me voy a la cama.

Un beso

One Response to “Dire Straits – walk of life (Sexo de recorrido rural)”

  1. candelaarias Says:

    Autor: Su
    Cuarenta días…. me parece demasiado tiempo; ahora ya sí, de todas todas… me parece demasiado tiempo :-(

    No te he notado especialmente triste en este post, incluso diría que no hay nada de tristeza. Espero que te esté sabiendo leer bien y que efectivamente tú estés de puta madre, de todas formas la próxima semana si te viene bien, podría comprobarlo “in situ” ;-)

    Un abrazo grandísimo, el que no te dí ayer porque o blogia o el ordenador iban como el culo.

    Fecha: 13/01/2006 08:55.

    Autor: sabbat
    Estoy bien Su. No te preocupes. Yo procuré hacer todo lo que estaba en mi mano para ser feliz. Me gustaba aquel tío mucho, pero mucho. Por dentro más de lo que ninguno me había gustado. Pero se conoce que yo a él no. Así que… Eso es inalterable

    Ya verás como estoy bien. En cuanto se me pase este resfriado estaré bien

    Un besazo cariño.

    Fecha: 13/01/2006 10:23.

    Autor: LAPRADERA
    Se acabo la cuarentena … me alegro por tí … una herida mas que cicatriza … me quedaron piezas del puzzle sin colocar , supongo que forma parte de mi torpeza , pero aún con esos huequitos , la imagen de tu historia de amor o como lo quieras llamar , vista desde aquí es muy bonita.

    Y para mi , ya lo sabes , el comienzo de una nueva dimensión en mi vida …(me acuerdo de la noche en vela con tu voz resonando en mi cabeza ), voy a volverla a escuchar ahora , me apetece …

    un beso niña y recuperate:))

    Fecha: 13/01/2006 13:51.

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