Comida con Garota de Ipanema… Vinicius de Moraes

enero 17, 2006

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jarra

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A Nora consigo llevarla hasta donde había previsto. Quería que conociera una tasca rústica, con paredes de piedra que alimentan el calor. Un lugar en el que estuve hace unos 20 días tomando un vino con R. Luis y en el que me quedé con muchas ganas de comer. El olor era realmente sabroso. La cocina es tradicional y las dos pedimos lo mismo: fabes con almejas, escalope al cabrales y de postre un suflé de chocolate y helado. Y hay dos hombres. De uno ella me cuenta y menciona la palabra mágica: caballos. Caballos, montar a caballo, después de mi cuenta pendiente y ya saldada con el esquí, es lo que más me atrae en este momento.

Yo conozco al tipo de vista pero nunca habíamos coincidido estando con ella. Nora dice que él parece haberse sorprendido mucho al vernos juntas. Yo, como siempre, me he comportado con indiferencia. Estoy convencida de que esa postura que adopto con él y que se me dispara de forma automática, le ha hecho instalarse en la creencia profunda de que soy una gilipollas integral. Pero no por ello a su polla he dejado de gustarle del todo. A Nora la conoce porque a veces lleva a pastar sus caballos a casa de su suegra y de paso le da una vuelta al niño encima de alguno. Nora dice que ese hombre es muy duro con sus hijas. Yo creo que de lo que ella me habla es de auténtica educación. Nora no está educando a su niño, le digo. A Yago te lo están educando en la guardería y tú te limitas a quererlo y a hacer todo lo que sea con tal de que él te quiera. Y este hombre es amigo de aquel que la otra noche me dedica los boleros y trata luego de conseguirse una cita conmigo… fueron socios hace unos años, eran socios en aquel bar con nombre de espíritu burlón que existía en unos arcos de moda y que luego terminaron por caer en el olvido como una zona maldita. Entonces lo cerraron y G. se mudó a la calle de los herreros, dónde antes estaban situadas las antiguas murallas de la ciudad. A G. lo conoce todo el mundo en esta población. Es un hombre de aspecto peculiar. El pelo muy largo y rizado, oscuro, con la barba y el bigote salpicado por las canas, misterioso, e imagino que él, desde la mesa de al lado, nos escucha mientras hablamos de una Lola a la que seguro conoce.

Lola tiene varios grandes problemas, el principal de autoestima pero el más grave es con las pastillas para dormir que se consigue de donde puede. Le vale cualquier cosa y las consume indiscriminadamente, y sobre todo con la cocaína; es una adicta como R. Luis pero él dice que de mucho más nivel. Mi amigo es cocainómano desde la mili, y ya no tiene tabique nasal. Lola lo ignoro pero en la actualidad se está desintegrando en un proceso que se me antoja imparable y de lo más autodestructivo.

Luego hay otro hombre en una mesa al fondo. Éste está solo primero, cuando me atrae, pero luego le acompaña una fotógrafa de un periódico local. O tal vez la descubro en ese momento. Y con este hombre sucede algo impreciso. Quiero decir que no sé bien si es su masculidad sólo lo que le está gustando a mi sexo, o que probablemente, de conocerle, algo en él excitaría las zonas más erógenas de mi cerebro. Surge esa curiosidad. Él permanece sentado frente a M. y de vez en cuando, nosotros comenzamos a hacer coincidir nuestras miradas; y él con cierto disimulo. Y aunque a la mujer no le veo la cara, sé que es ella porque su aspecto es inconfundible y supongo que eso también influye de algún modo sutil en que me esté interesando por ese hombre. Nosotras a veces nos saludamos y a veces no. Acostumbrabamos a toparnos de vez en cuando en algún evento deportivo sobre el que ella hacía un reportaje fotográfico, y era divertido porque cada una sabía de la otra que era el mismo tipo de mujer y lo que eso significaba… por eso solíamos mantener una actitud distante y amable, y que yo traté de romper en alguna ocasión, más que nada por hacer frente a mis prejuicios pero también es cierto que me cansé pronto. M parece más desconfiada y reticente aún que yo, e imagino que no está dispuesta de ninguna forma a ceder terreno alguno en su ghetto urbano de depredación. Pero creo que se equivoca, creo que unidas tendríamos el doble de morbo las dos, mucho más que por separado. Lástima que las tías no sepamos eso de que la unión hace la fuerza y seamos un poco más corporativistas pero corporativistas a lo Isadora. Yo ahora recuerdo a un amante cuando pienso en esto. Cenamos en un kebap y él me habla de un amigo suyo. Dice que es un tipo muy interesante y que gusta mucho a las mujeres… yo ahí parezco enfadarme, porque es como si él no entendiera que a mí quién me gusta especialmente es él y que él en ese instante está al margen de todo. Pero luego, hoy mismo, me arrepiento de haber desaprovechado esa oportunidad. Debería de haberle pedido que me presentara a su amigo. Supongo que habría estado de puta madre un polvo con dos tipos interesantes, quizás fuese algo así como un ’’viaje iniciático’’ al mundo del hedón y yo tal vez de esa forma le habría resultado más atractiva de lo que le resulté. ¡Tonta que es una! :-P

Tras el postre Nora pide café y yo otro solo para acompañarla y también un chupito de orujo de miel, del que Nora prescinde porque tiene que coger el coche. Entonces es cuando Nora me dice que había creído que quería llevarla a esa sidrería en la que los viernes para Alberto, el padre de las mellizas, el hombre que conocimos en la nieve. Pero a mí ni se me había pasado por la cabeza. Sólo pensé en que me apetecía disfrutar de una comida agradable y placentera. Me lo paso mucho mejor comiendo con Nora que con Coga. Eso era todo. Lo que no quita que al irnos y pasar por su lado mire a ese individuo con una de esas miradas que dejan su impronta y luego no se olvidan con facilidad. Yo probablemente no le recordaré de la misma forma cuando vuelva a verle. A no ser que vuelva a levantar y a abrir mucho los ojos como en ese momento y a quedarse pálido, muy pálido. Me Encanta hacer eso cuando otra mujer les tiene bien sujetos por los güevos. Creo que eso forma parte de mi lado perverso. A lo mejor ’’mi amigo R. Luis’’ tiene razón después de todo en lo que ahora se dedica a ir diciendo por ahí, acerca de mí. Yo que sé…

Media hora más tarde también abandonábamos el bar donde Pésimo suele ir cada tarde pero sin verle. Lo habían remodelado. De camino compré una espuma ultrafuerte para el pelo, como ya no tengo rizos en la zona de la raíz… Carísima. Me cobraron más de doce euros por ella pero aunque me quedé fría no protesté; cuando sé que de no ir con Nora, muy probablemente, no habría pagado esa burrada por algo así. A Nora como sé que es muy sensible ante ciertos temas procuro no avergonzarla. Por ejemplo, hasta le pregunto si quiere que deje propinas en el lugar donde comemos. Ella dice que no pero si me hubiera dicho que sí lo habría hecho encantada. Por su hija Tara no estoy dispuesta a hacer lo mismo y recuerdo una vez en el chino cenando con ella, cuando le pedí a la dueña unos envases para llevarme las sobras. Aunque las sobras eran raciones enteras que Tara, por supuesto, con sus remilgos no quiso ni probar. Yo no sé en las casas de los demás pero en la mía era obligatorio comer de todo y eso no creo que me sentase mal nunca. Me parece terrible despreciar la comida. No es que sea una papista ni nada de eso y ahora vaya a hablar del hambre que se vive en el mundo pero yo creo que la comida tiene un significado íntimo, creo que la comida nos habla del significado nutricional de los valores. Y cuando somos agradecidos… la cosa empieza a notarse un poco por ahí, en nuestra actitud ante la comida que nos sirven o con la que nos regalan los demás. Y en el caso de Tara y mucho peor en el de Laura,o en el de mi hermano… por ahí más bien se da con el acabose. Aprovecho aquí para declarar que yo tengo defectos muy gordos pero ahora no estaba hablando de ellos. No me creo mejor que nadie, al contrario. Y si hablo es porque me conozco y eso sirve en parte para identificar las zonas oscuras de los demás.

Acompañé a Nora a la guardería a buscar a su hijo al que le dio por contarnos cosas de las antenas y hacer una multitud de preguntas, como poco curiosas, acerca de los trepadores y el trepar … Yago es un niño muy despierto y parece que va a tener la cabeza muy bien amueblada; se acordaba de spiderman, y luego ella me dejó en casa. Había quedado con Lola el día anterior y quería prepararme. Lo de ir a ver a Stanislaw surgió después.

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Vinicius de Moraes

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3 Responses to “Comida con Garota de Ipanema… Vinicius de Moraes”

  1. nandara Says:

    ¿Lástima que las tías no sepamos eso de que la unión hace la fuerza y seamos un poco más corporativistas pero corporativistas a lo Isadora.?
    —————–
    ¿A lo Isadora?

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    :::::::::::::::::::::::::::::::

    https://criaturasimaginarias.wordpress.com/2007/03/04/isadora-duncan/
    Mírate la anécdota de cuando le pidió prestado a una mujer un hombre, su marido…

  2. nandara Says:

    “…creo que la comida tiene un significado íntimo, creo que la comida nos habla del significado nutricional de los valores. Y cuando somos agradecidos… ”
    —————–
    Esa frase la asocio a lo que suelo hablar en casa cuando l@s niñ@s no quieren comer: les digo que en el tercer mundo la gente no come tres veces al día y que piensen en qué darían por un plato como el que tienen delante de sus ojos, que no está bien… entonces H. contesta: Sí, mami, la carga ideológica.
    Batallitas hogareñas :)

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    ____________________________

    Mi madre no tiene ideología y utilizaba el mismo truco :)

  3. candelaarias Says:

    Autor: Polen
    Estoy de acuerdo en que te conoces bien, o al menos es esa la sensación que transmites.
    Hola guapísima ¿qué tal va todo? tengo que ponerme al día por aquí. Mientras, besos

    Fecha: 17/01/2006 15:40.

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