El hedor de los estorninos – i –

enero 19, 2006

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estorninos

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Hoy lo que perdura son los estorninos, el olor nauseabundo de la acera poblada por los estorninos. El regreso por la calle que huele a jaula de pájaro, y el estruendo insomne de la bandada de estorninos sobre los eucaliptos del parque. Al anochecer.

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La migración de invierno de los estorninos ha establecido su nuevo cuartel general a unos cincuenta metros de la bodega de Stanislaw. Después de doblar la primera esquina de su calle.

El viernes antes de pasarme por el bar de lola, voy a visitarle. Es la primera vez que discurro por esa acera tamizada por millares de excrementos malolientes. Los estorninos, después de la destrucción de las dormideras en su hábitat natural, se han convertido en una plaga. A veces la bandada se establece en las ramas de los cipreses de los cementerios, pero aquí ha sido en este parque. Stanislaw me pregunta… y yo le comento y él dice que si cierra a una hora prudente se pasará a verme para tomarnos una copa. Dice que sí, que eso tiene que verlo, a mí funcionando como hostelera tras una barra. No me detengo más allá de unos minutos, lo justo para tomarme un café y fumarme un porro suave pero no es un rato lo suficiente estrecho como para que no llegue alguien que me conoce, el controlador de vuelo, y quiera invitarme a ese café. ¿Cuánto tiempo? Qué raro verte por aquí. No habrá coincidido -respondo opaca. Y llegas tarde -le dice Stanislaw. Ya lo ha pagado ella. Y Stanislaw y yo nos sonreímos porque él sabe de sobra que no soporto a ese cliente suyo. Alguna vez le dije que me daba nauseas. Pero también que ese individuo del mostacho actúa como si nunca fuera a darse por aludido.

Antes he hablado con Guernika, que ahora al ir a colgar siempre procura despedirse de mí con un beso. Eso lo dice como si le costara un triunfo pero se esfuerza por decirlo. Y le he dejado a Stanislaw uno de mis cigarros liados. ¡Que nivel! -expresa con cierto asombro cuando abro la funda de las gafas de sol en la que los guardo. Coga me ha conseguido una hierba muy buena. Se acordó ’’de repente’’, de que alguien a quien le hizo un favor se la había ofrecido y como llevaba más de una semana sin follar se apresuró a hacer una llamada.

Luego me encuentro con que el café tiene la persiana cerrada. Pasan de las ocho y tardo unos minutos antes de decidirme a atravesar las puertas del bar de MariLuz. Ahora ya sé que MariLuz también ha estado en la cárcel por tráfico de drogas pero entonces es cuando me entero de que es la ’ex’, así lo dice ella, del tipo con el que el día anterior Lola pretendía irse a Portugal y a la cama. Yo me estaba riendo de eso. Se lo contaba a MariLuz, que se lo había perdido y me desternillaba de la risa. Porque es cierto que había sido muy divertido, aunque no acababa de comprender porque Ana se descojonaba tanto mientras con una mano se tapaba la boca y no me ayudaba a contarle nada. Pero Ana como mucho asentía y continuaba con la boca tapada. Y él, al principio, el sindicalista, había estado valiente. No parecía comprender eso de que los hombres le tuvieran tanto miedo a Lola, como ella nos estaba asegurando que le tenían. Mucho cuento pero cuando se quedan a solas conmigo se acojonan -decía. Pero luego J. había acabado por terminar cada vez más arrinconado contra mí a causa del entusiasmo que parecía estar suscitando en Lola, y trataba incluso de refugiarse en mi persona, como si dijera: ’Sálvame, por favor. No me dejes solo con esta fiera de mujer’. Y hubo un momento que yo casi lo tenía tan encima y su espalda estaba tan arqueada hacia atrás que si me hubiera apartado, ese lector de Cicerón y esa Lola desatada se habría ido al suelo sin remedio, y la una encima del otro. Pero luego hizo acto de aparición Zoe, la novia neurótica de ’’mi amigo R.Luis’’ y ahí debido a la postura de ella, me sentí como si estuviera de más, así que cuando llegó él me fui. Volví a llamar a Lola desde la calle. No contestó. Así que como ya eran las ocho y media lo intenté con Nora que me invitó a cenar. El mensaje de Lola llegó más tarde. Estando en su casa. Uno de esos de ’lla-ma-me-tú-a-es-te-nú-me-ro-que-no-ten-go-sal-do’. Cuando lo hice su voz me impresionó porque parecía la de una persona profundamente enferma. Me pidió que le diese un par de horas para recuperarse y que volviera a llamarla a las once. Tenía miedo de ir a quedarse dormida.

Antes, hace pocos años, la población de estorninos era mucho menos numerosa. Lo digo por el nivel en decibelios de contaminación acústica que producían y que ya era muy elevado por aquel entonces, casi insostenible. Alguna vez he visto a más de un viandante desconcertado alarmarse por su griterío ensordecedor. Como yo la primera vez. De repente durante dos horas de la tarde, de cualquier tarde, sus gaznates comenzaban a chillar y ya no se detenían y muchas cabezas permanecían levantadas con la vista fija en la palmera, como si estuvieran siendo hipnotizados por una nave extraterrestre. Hasta que te acostumbrabas. Entonces lo extraño se volvía no encontrarte con el tumulto de los estorninos y la tregua en esa franja de cielo entre los edificios se te antojaba tan adusta y austera como un mal presagio.

Los estorninos ocupaban sólo una palmera solitaria del centro de esta villa de hábitos metódicos y poco prominentes. Es más, podría decirse que aquellos estorninos se constituían por derecho propio, con su ruido de jungla vocinglera, en las notas vandálicas que sobresalían como vapores etílicos de entre el asfalto urbano.

Y la llamé a las once. Tampoco contestó. Luego, más tarde otro de esos mensajes de S.O.S. Entonces su voz aún sonaba peor. Tampoco el viernes abriría el bar. Por lo menos trescientos euros de caja que se habían ido a la mierda. Le pregunté que si quería que me acercara a su pensión para ver como se encontraba. Me asustaba la idea pero esa voz de ultratumba de Lola me asustaba mucho más. Creí que sería conveniente que la viera un médico. Dijo que no, que lo mejor para ella era descansar, y que al día siguiente se encontraría mejor. Pero no dejé de preocuparme. Me presenté en el bar de MariLuz y hablé con sus supuestos ’’colegas’’. Les conté como la había sentido. Todos se rieron. Dijeron que las resacas del día después siempre eran así. R.Luis salió conmigo a la calle. Su novia seguía en el interior del bar y le hacía perdidas para que volviera adentro. En esas horas que yo pasé en casa de Nora no se habían movido de allí y no habían dejado de beber. Compartí un porro con él. R.Luis me preguntó que si estaría dispuesta a irme a las Rías Bajas en su coche por un par de días. Lo único que me exigía era que le tuviera un respeto, o sea que no me fuera a la cama con cualquiera que me apeteciese si eso iba a suponer un problema para él y nos hiciéramos pasar por primos. Iríamos a visitar a su familia y a sus amigos. A mí la idea de Galicia me atrae porque viví un año por esa zona y le dije que si me decidía no habría problemas pero sé que en algún momento pensé en las drogas. Yo estaba entendiendo que era como antes, como cuando éramos niños y éramos sólo amigos. Soy ingenua hasta ese punto. Aunque sé que R. Luis creyó estar enamorado de mí allá por los catorce años pero yo nunca quise salir con él; no mezclaba el sentimiento de enamoramiento con el sentimiento de la amistad, así que lo toreé como pude. Nunca hablamos de ello. Y puede que saliese con casi todos los demás pero no con él. ’¿Me vas a contar a mí cómo eras tú? Tú siempre has sido así, ya eras así de pequeña. No te comprometías con nadie. Aparecías con unos y te marchabas con otros. No lo podías hacer pero lo hacías. Te lo dije muchas veces y no dejaste de hacerlo. Andabas con F., y primero con F. ii., también con T., luego con M.. Te enrollabas con ellos y yo siempre estaba ahí, al otro lado del teléfono, escuchando esas historias tuyas que jamás terminaban bien’. No sé… reconozco que el que me hablara así, con esa confianza me puso nostálgica. Me agradó conocer la verdad, que ya de pequeña tenía mi carácter marcado y que ninguno de ellos, ni de mis ’’amigas’’ pudieron modificar mi forma de ser por mucho que lo intentaron. Había estado cometiendo un error de memoria. Estaba creyéndome eso tan absurdo de haberme hecho a mí misma de la manera en que soy y redescubría que eso no fue así, que no he cambiado, que probablemente tenía más personalidad a los trece años, que la que nunca he vuelto a tener. Lo otro ha sido ir afianzándose en los antiguos modos, reinventarse para creerse distinta a lo que se fue, por lo que sufrió… pero R. Luis estaba dejando mi trasero celulítico al aire y me estaba demostrando que nada de eso había sido así: soy como soy desde que tengo uso de razón y si tengo que hacer caso a mi abuela, yo empecé a razonar incluso antes de aprender a caminar.

3 Responses to “El hedor de los estorninos – i –”

  1. candelaarias Says:

    Autor: Patricia
    Guapa la metáfora de la nave extraterrestre. Jamás he visto estorninos y me resulta atractiva y extraña la idea de convivir con algo así, tan cercano. Al fín ellos y nosotros tan repetitivos.

    Fecha: 19/01/2006 15:31.

    Autor: Anónimo
    Es el 26

    Fecha: 19/01/2006 15:35.

    Autor: laPRADERA
    Hace doa ñaos , estuvieron aquí … la gente pasaba con paraguas para no ser victimas de sus excrementos… El ayuntamiento contrató auna empresa especializada en ahuyentarlos ,imitaban sus ruidos o algo así , para que se fueran a otro lugar …

    un besito.

    Fecha: 19/01/2006 15:42.

    Autor: sabbat
    Mira tú, chica, como el flautista de Hamelyn :)

    Si lo que no esté ya en los cuentos infantiles ;)

    Besazo a las tres

    Fecha: 19/01/2006 15:53.

    Autor: María
    Uno es como el vino… con los años se asientan sus características… y, como es cada uno, ya se ve desde que somos niños… o bebés…
    Creo que lo único que cambia, es cómo se ve uno en el espejo, pero lo demás… la escencia, la forma de ser, es siempre igual…

    Y me sigue encantando leer como pasás de una cosa a la otra, y sin perder el hilo…

    Me encantó la foto !!!

    Un besote enorme

    Fecha: 19/01/2006 16:46.


  2. […] – i – Los estorninos ocupaban sólo una palmera solitaria del centro de esta villa de hábitos metódicos … […]

  3. candelaarias Says:

    Autor: pau
    Una foto “birguera” (maravillosa)
    A mí me gusta mucho ver el vuelo de los estorninos, con sus formas y dibujos tridimensionales… Luego, claro, hay que pasar con paraguas bajo los árboles donde duermen la noche.

    Fecha: 18/01/2006 16:01.

    gravatar.com
    Autor: Oz gruñe
    Pon un estornino en tu vida ¿sabes que son fáciles de amaestrar y que aprenden a imitar sonidos?
    ¡Y mi blog se llama “COMO PIENSO” así con mayúsculas, eh, y no suicidiario, oiga, para dar pie a la confusión (el burrico, el genio, eh, ¿lo pillas?) Hale, a seguir bien, muy majo tienes esto. Echa a los pajarracos que te lo llenarán todo de

    Fecha: 18/01/2006 16:44.

    Autor: sabbat
    Entendido :))

    Y perdone usted el despiste. Me pasa, me pasa mucho eso. Soy un desastre como observadora ;)

    Fecha: 18/01/2006 17:10.

    gravatar.com
    Autor: LeeTamargo
    …Llegaron los estorninos, a bandadas; les escucho mientras ojeo páginas. También llegará la nieve, se nota que atravesamos el invierno, buen tiempo para leer…
    SALUDOS, IMAGINATE:
    LeeTamargo.-

    Fecha: 18/01/2006 18:34.

    Autor: sabbat
    Sí, esto es el invierno Lee.

    Gracias por tus saludos

    Fecha: 18/01/2006 18:41.

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