Lo femenino de la Cueva de Tito Bustillo

enero 25, 2006

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Vaginas de Tito Bustillo

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A las seis y media recibo un mensaje. Es de un número y no de un nombre. Ahora en mi agenda telefónica hay una lista muy corta. Quizás haya borrado demasiados teléfonos y direcciones durante los últimos meses. No sé de quién podría ser. Quien sea dice que mañana o pasado le apetecería tomarse un café conmigo.

Entonces veo a Rubén. Circula con su todoterreno por una calle en obras. Me siento como si me hubieran cogido en falta. Me conozco. Es a causa de la maría que me regaló. Dije que me pasaría por su bar hace una semana y no lo he hecho. Tampoco he leído aún su proyecto de novela. Algo que escribió durante el tiempo que pasó en la cárcel. Pero en ese mismo instante me acercaba en busca de Nora para que me acompañase a verle. Habíamos quedado la tarde anterior. En realidad el domingo. Echo a correr y atravieso un parque. Me pierdo por las calles en un tic que conservo desde la niñez. Busco mimetizarme con el asfalto, con los otros transeúntes, que no me detenga. Y Nora se había olvidado de mí. La pillo en casa por los pelos. No ignora donde vamos pero desconoce los por qué. Es la vieja táctica del divide y vencerás. Yo sé que en cuanto Rubén vea los ojos de Nora se quedará embobado. También sé de sobra que con Nora no tiene nada que hacer. Y eso me liberará. Ha funcionado siempre. La vieja estrategia del corporativismo femenino que también existe. Es un poco diferente al de ellos. Más perverso pero no menos eficaz. Aunque esto no sería necesario si la mayoría de los tíos encajaran como respuesta un no, cuando el no es: ’me caes bien y me pareces un tipo muy agradable pero mira para lo otro No’

A su marido le parece fatal el asunto. Yo en parte le entiendo. Al final, antes de irnos, monta una pequeña escena que lo hace todo más desagradable pero no creo que de esa forma vaya a solucionar tampoco nada. Si acaso convertir algo que a Nora no le apetecía hacer en casi una obligación. Ahora Nora siente que debe irse para reivindicar su propio espacio. El que viene defendiendo a diario desde hace algunos años. Cuando no lo consigue es cuando me llama y me cuenta deprimida que no lo soporta más y que en su vida lo único que sobra es su marido. ¿Y total por qué? Porque ninguno cumple con las expectativas del otro. Así ambos se sienten frustrados a todas horas. Eso mismo que yo hace años dejé atrás. Con lo sencillo que resultaría Comprender y colaborar…

La cuestión es rápida. Nos tomamos un par de vinos. Hemos empleado el mismo tiempo y el mismo dinero que habríamos empleado en cualquier otro lugar. Rubén no es tonto. Se da cuenta de la jugada. Pero desconoce que esa no es la auténtica jugada. Yo ya lo he decidido antes de mirarle a los ojos. Hoy hay recelo y desconfianza. Quiere saber si he recibido sus mensajes. Por supuesto. Es ’’caballero’’. No le considero un cobarde. No me pregunta por qué no los he contestado pero yo se lo explico a mi manera. Tengo el teléfono para que me sirva. No para que sirva a los demás. Y no voy a aceptar su maría. Voy a devolvérsela. Sólo que lo haré ahora que es con lo que menos cuenta. Por eso quería ir con Nora. Para que pareciera otra cosa y luego fuera esto. Quiero partir de cero en esa relación. Si vamos a ser amigos. Y no digo que no, quiero que sea como con todas las otras personas con las que he llegado a establecer un pacto de no agresión. Tú no me pisas y yo te respeto. Porque reconozco que cuando no respeto no me importa nada, ni principios, ni valores, ni sentimientos…y eso no me gusta. Creo que ahí decrezco como persona. Y Nora me ayuda a explicarle entonces que yo no soy lo que se espera. Menciono la palabra cursi y me es indiferente que me tilden de eso. Se que lo hacen y él se muere de la risa cuando se lo digo. Por que si lo soy, lo soy y por tanto sería mi problema si lo considerara como tal. Un condicional. Y si no lo soy, lo parezco que es peor, porque entonces los que se engañan son los demás y eso es un condicionante. A la larga siempre me ha resultado más conflictivo lo segundo que lo primero. En lo primero hay un por cojones: o te asumes o no. Y en lo segundo… Lo segundo es una auténtica mierda. Pero vamos que su maría no la quiero. Yo quería un conseguirme un camello. No una luna gibosa enamorada. Y además si yo conozco un poco a la gente… Rubén es de esos que no se dejan utilizar y como enemigo puede resultar peligroso. ¡Joder! Es un mafioso. Por tanto me lo cobraría de alguna forma y estoy bastante segura de que sería de una que no iba a gustarme. Así que lo mío, al menos en este caso, puede que no sea tanto legalidad como un brote de lucidez. No te pases de lista chiquitina, me dicta la cabeza. Cursi no -dijo Rubén. Modosita. Pues no, querido. Yo precisamente modosita como que no.

Luego me pasé por mi casa. Siempre llamo así a la casa de mis padres. Mi madre se mostró encantadora (¡Pero qué raro!) y me dio de cenar en vez de mandarme a tomar el culo, que es la pauta habitual. Claro que mi padre necesitaba un favor. Y a mí, hoy por hoy, es mejor entrarme por la boca que por el ojo. Comer me pone de buen humor y ella sabe que eso de apelar a lo del rollo de las obligaciones familiares, conmigo es como aquello de empeñarse en enseñar a cantar a un toro, que decía la Forward en ’Cuando el amor es odio? Así sólo se consigue que el toro no cante y encima cabrearlo. Le hice ese favor a mi padre. Era algo que tenía relación con Internet y hasta le bauticé para el asunto con un nuevo nickname que le flipó. Le puse el nombre de un viento fatídico, que güevos, si le va al pelo. Y todos tan contentos.

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Vaginas de Tito Bustillo

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Entonces ya me dispuse a sentarme yo pacíficamente con Alma, que mientras vemos la tele me acaricia la mano entre las suyas para calentármela. No sé, es algo tan amoroso y tan entrañable que me hace sentir de puta madre. ¿Se nota que hoy estoy especialmente malhablada? Sí, verdad. Pero, me sale así. Y estuvimos viendo un reportaje acerca de los coños prehistóricos de la cueva de Tito Bustillo, entre otras cuevas y pinturas. Y aquel tipo venga a decir aquello de la magia de la fecundidad y de las operaciones de cesárea. ¿Pero qué cojones de magia y cirugía? ¿Hay tanto que entender en que al artista que vivía en la puta cueva le ponía la hostia alguna pava y no podía pensar en otra cosa que no fuera en follársela? Si eso nos ha pasado a todos, ¿o no? Y hemos pintado, escrito, empapelado con carteles calles y más calles de una puñetera ciudad. El cavernícola había estado reproduciendo el lugar en el que meterla le daba tanto jodido regusto. Estaba claro que el artista era erotómano y punto. Pero ya puedo decir todas las salvajadas que se me ocurran que hoy Alma ya es que ni se inmuta y no sé si debe alegrarme o preocuparme eso. Ya sé que me repito pero es muy agradable que en la casa de uno, por los menos los suyos, le conozcan como es.

Y que me voy. Ya me he ido. He llegado al portal y no doy crédito cuando alcanzo la calle y me encuentro a mi padre gritándome por la ventana. Y esto a las once de la noche. Todo en silencio y el demente a voces conmigo: ’Qué me esperes que cojo el coche y te llevo a casa’. Y yo: ¡Qué no! Y él venga: ¡Que no te muevas de ahí María, que te voy a llevar a casa te pongas como te pongas! Y yo: ¡Qué te he dicho que no! Pero insisto que todo esto a gritos, que el viejo vive en un sexto, está medio sordo y no se corta ni un duro. La peña tuvo que alucinar en colores. Total que cuando ya vi que se metía para adentro y que se iba a poner los pantalones y la cazadora y tal… me ves a mí cruzar a toda leche la carretera y bajar corriendo por una calle que irá a donde sea pero menos en la dirección a la que yo iba. Y todo por pegarle esquinazo. Es que yo hay cosas que no entiendo porque a ver, ¿por qué narices hoy, porque le haga un favor, tiene que sentirse más responsable de mí que otros días? El resultado es que tuve que rodear el doble pero llegué hasta aquí como quería. Paseando sola, eso sí alerta por si veía su coche para esconderme. Lo que ya no sé si es obstinación o independencia pero desde niña he sido así. A lo mejor es que igual no he crecido. ¿Tú qué crees? ¿Algún día dejaré de correr?

Por cierto, el mensaje era de William Enol. No creía que todavía seguía por aquí. Pero imagino que lo que lo motivó será esa foto que colgué ayer al mediodía. ¿Parezco otra vez una mujer desesperada? Porque no lo estoy en absoluto. Pero William Enol fue mi primer amor y siempre es grato recibir noticias de los amores como catarros mal curados, como este catarro mal curado que arrastro. En eso creo que voy a parecerme toda mi vida a Brezo Varela. Incluso si llego a viejecita. Eso sí, cada día que pasa con menos aliento para seguir invirtiendo mi tiempo de gozo en individuos como Sergio Prym. Tan torturados ellos por el miedo al amor. Bueno, o la pérdida, que es lo mismo.

2 Responses to “Lo femenino de la Cueva de Tito Bustillo”


  1. […] Rosario Flamenco ha escrito un post muy interessante aAqui es un resumen rapidoSiempre llamo así a la casa de mis padres. Mi madre se mostró encantadora (¡Pero qué raro!) y me dio de cenar en vez de mandarme a tomar el culo, que es la pauta habitual. Claro que mi padre necesitaba un favor. Y a mí, hoy por hoy, … […]

  2. candelaarias Says:

    Autor: LAPRADERA
    Hola guapa …( me esyta pasando como a tí el otro día , llevaba 3 dias pasando por aquí y de repente se ha actualizado y tres textos juntos…)

    Te veo corriendo por la calle , escondiendote entre los coches con los rizos al viento y me meo…. je , je ….

    Fecha: 25/01/2006 09:02.

    gravatar.com
    Autor: Montañero Paparazzi
    de acuerdo contigo en lo de la cueva….jejejjee

    Fecha: 25/01/2006 10:19.

    Autor: K
    Me gusta cómo escribes. Gracias por dejarme tu dirección.

    K

    Fecha: 25/01/2006 11:26.

    Autor: sabbat
    A mí también me gustaría poder verme algún día. Pero sabes? en la cama, a la noche… me sonrío bastante por todas estas pequeñas cosas que pasan. Y es que si no fuera por ellas…

    Un beso para el niño de las pecas ;)

    .-.-.-.-.-.-.

    Y se me olvidó escribir la opinión de mi abuela Kepa: luego dijo que no le extrañaba el asunto de los coños porque con lo feos que debían de ser entonces, lo del asunto de las vulvas les debía de parecer sublime. ¡Joder qué tiempos aquellos!

    .-.-.-.-.-.-.-.

    A mí también me gustaría saber como escribes tú. Es que cuando deambulo por ahí leyendo… no me suelo quedar con las direcciones. Y la K no da muchas pistas, la verdad…

    Besos

    Fecha: 25/01/2006 12:32.

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