Regresión (el no olvido de las consecuencias). Frida Kahlo y la tragedia de su dolor

marzo 2, 2006

Ayer era el día de la cita con el reumatólogo.

Él me dejó en la entrada de Consultas Externas antes de irse a la piscina. Normalmente suelo ir andando a todas partes. Molestas menos y encima haces ejercicio. Pero el día anterior se me habían roto las botas de tanto trotear y tuve que ponerme otras de tacón. Odio los tacones. Cuando era niña me fascinaban y tuve que luchar enconadamente durante meses, para que mi abuelo me permitiera desplazar las botas ortopédicas, que el mismo me fabricaba para construirme un puente artificial en el pie, y ponerme unos zapatos de tacón; con los que incluso, haciendo el caballito, jugando a la goma con mis compañeras de colegio, era capaz de saltar más que nadie o tanto como la que más. Nubes no, vale. Eso tenía que ser haciendo el pino. Pero a la altura del cuello y de las orejas, por supuesto. Tomaba un par de pasos de distancia y ¡hala! a pisar aquella goma que tanto juego nos daba en los recreos. Eso y la comba. Siempre trotando. Siempre jugando.

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Frida Kahlo y del dolor

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Y uno de los últimos días que fumé… recordé algo. Recordé que tenía unos ocho años y estábamos en el gimnasio con la señorita Susana. La profe de gimnasia y haciendo un ejercicio complicado sobre la colchoneta me caí. Me caí varias veces aquel día porque el ejercicio se me resistía. Pero la última de las caídas fue fatal. Las manos me flojearon y el peso del cuerpo primero lo paró la cabeza. En gimnasia yo era de las pocas de sobresaliente. Pero lo que recordé con extraordinaria nitidez fue esto. Un dolor muy agudo en la espalda porque la caída fue a plomo. Como si me hubiera roto las cervicales y luego la columna y los pulmones, y el pecho y la idea obsesiva, en aquel instante, de que de mayor (cuando pensaba, pensaba en ser mayor, no adulta) esa caída iba a acarrearme consecuencias muy graves. Recordé la terrible sensación de impotencia. El pesar por el futuro, por lo que ya no tenía remedio. Era una niña muy madura o tal vez una niña con demasiada conciencia algunas veces y otras, muy loca. Jugándome el tipo a todas horas sobre aquellas canastas. No conformándome con las barras a la que nos subíamos todas, a metro y medio, y metro ochenta del suelo. Yo tenía que encaramarme a lo más alto y allí daba vueltas sobre mí y sobre mis manos hacia atrás, como esas que se ven en los ejercicios de los gimnastas sobre las paralelas. Cuantas veces me he espeluznado después recordando aquello… Pero una vez, en séptimo, alguien se fue al suelo. Se hizo un lío y se le soltó una de las manos. No desde la más alta, que era hasta donde trepaba yo. Sino desde la precedente. Aunque para el caso… y aquella niña se rompió una pierna. He olvidado su nombre pero no su peculiar forma de dicción, ni sus rasgos físicos, ni el extraño tacto de su cabello. ¿Piensa alguien que me sentí arredrada por aquello? Pues no, al contrario, me entró como una especie de fiebre; creo que era la adrenalina corriendo por mi torrente sanguíneo y todavía me lo tomé con más ahínco y me volví más temeraria. Y no abandoné esa práctica hasta el segundo año en el instituto. Aunque tampoco es que la haya abandonado del todo, que todo hay que decirlo. Y ya verás si paseamos por un parque en el que haya unos columpios que se presten a ello. Lo que puedes alucinar conmigo :))

Pero después de ese recuerdo lo que descubrí es que por mucho que me esforzase en encontrarle un sentido a mi dolor… que es lo que me pide el Doctor R. que haga, éste no tenía ningún sentido. Era una consecuencia. La secuela lamentable de un traumatismo y de una antigua lesión, que nadie advirtió pero no un cáncer. Nadie me llevó al médico cuando aquello. Lo dije en casa pero como tenía una elevada tolerancia al dolor y además mucho miedo… pues la historia quedó así. Hasta unos años más tarde que comenzaron los frecuentes dolores de espalda y sobre todo el encorvamiento. Entonces sí, mi encorvamiento cada vez más evidente les preocupó pero por estética. Y la amenaza del corsé y el collarín resultó lo bastante atemorizante como para decidiera hacer un esfuerzo extra y tratar de corregir la postura por mi misma. De estar quedándome casi chepa, pasé a caminar muy erguida y en seguida me gané la fama de altiva…

¿Cómo era aquello de la historia de nuestros enemigos? ¡Ah sí! Si la supiéramos, si la conociéramos… la de verdad… Pues eso, que no existirían los enemigos, o muchos enemigos, o tantos enemigos…

Y me cruzo con un hombre en el vestíbulo. Nos miramos. Es una mirada de curiosidad sólo. Me dirijo al mostrador de recepción y ahora como yo también me sé el protocolo, todos mis movimientos son tan seguros, como los de los demás pacientes que lo conocen. Pero en concreto ese hombre no.

Él es un tipo de mediana edad. Le calculo unos 46 años. Con el pelo rizado y barba. Siempre me he sentido atraída por los hombres con barba. Viste una americana de paño y unos vaqueros. Su estilo es cuidado y descuidado a un tiempo. Y desde la escalera mecánica observa donde me siento y vuelve a hacer coincidir sus ojos conmigo pero esta vez de forma más intensa. Ya no sólo con curiosidad. Desciende por las escaleras de nuevo y regresa a los dos minutos. Trae un libro en las manos que antes no llevaba o en el que no reparé. Me mira una vez más. Y le correspondo con franqueza pero no con apertura. Parece un hombre interesante y no me inspira desconfianza pero ’últimamente’… yo no soy la misma. No soy ’’libre’’ (tengo que hablar pronto de este concepto) o me he quedado detenida en una especie de ’stand by’, de pausa, de intermitencia…

En el marcador digital, mi número en el minuto siguiente acompañado de uno de esos timbres paulovianos que te hacen salivar y ahí se acaba ese hombre.

3 Responses to “Regresión (el no olvido de las consecuencias). Frida Kahlo y la tragedia de su dolor”

  1. srtamowgly Says:

    Admiro a Frida Kahlo muchísimo…

    Yo también llevé zapatos ortopédicos,me operaron de los pies, planos y valgos, siempre andaba piruteando y en el suelo por las caidas, mis rodillas son más oscuras que el resto de mi piel y hoy dia, a mis tiernos 26 me molestan las rodillas, por eso no puede exagerar en hacer deporte,pero tampoco dejar de hacerlo y algunos tipos de tacón me molestan, pero nada grave, por ahora….

    Cada uno con sus handicaps, ¿no?.

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    Hola :)
    Eso está escrito hace un par de años. Más o menos tal día como hoy :)
    Me llevaba muy mal con mi cuerpo entonces. Sufría mucho. Pero es que sufría por dentro. Ahora como sufro menos por dentro… los huesos importan menos :)
    Sí.
    Yo tengo los muslos acribillados… en serio. Ni te los imaginas. De las leches que me he metido. Y no te cuento lo de la frente. Piensa en una raqueta cerrándose en un drive en vez de en el cuello contra tu frente. Y yo le doy :)
    No me maté de milagro. Lo importante es vivir y ser feliz ;)

  2. nandara Says:

    Las citas médicas…esperadas para salir de alguna manera de la incertidumbre. Qué alivio cuando acaban :).
    Las siento desde el otro lado, alguna que otra vez he trabajado en Consultas Externas: veo caras de preocupación, preguntas imposibles, también desconfianza y pasotismo ante la respuesta técnica…mucha frialdad en la atención, relajación y conformismo ante las interminables listas de espera…
    —–
    Gimnasia: yo era una niña que veía como el resto daba saltos artísticos y los sentía imposibles y a la vez dolorosos. Nací con tres hernias, la umbilical y dos inguinales. Llevé braguero hasta los 12 años… durante las clases de gimnasia dibujaba muñequitos realizando los ejercicios, todo teoría. Así que, la elasticidad, en mi cuerpo es un imposible más. :)))))))))))))

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    Pues ya ves, tú por poca y yo por demasiada…
    Estoy muy contenta y me sientan muy bien tus sonrisas ;)

  3. candelaarias Says:

    Autor: Androgen
    Para que luego digan que la maría mata la memoria…
    A mi lo que me gustaría recordar es el momento en que me volví tan… así, es decir, qué lo desencadenó.
    Algo aliviado me siento de que sea eso, algo porque ahora lo complicado es a ver como se cura…

    Un besote.

    Fecha: 02/03/2006 11:50.

    Autor: sabbat
    Se la matará a quienes desean olvidar, yo que sé… A mí no me apetece olvidar nada. Lo que no importa se me olvida solo :))

    Y para recordar… primero hay que ponerles nombres a las cosas. Yo creo que ayuda mucho eso. Saber de que estás hablando. ¿Podría ser cerrado? :))

    Un beso FEr.

    Fecha: 02/03/2006 11:57.

    gravatar.com
    Autor: Montañero Paparazzi
    jejjeje, como em recuerdas a mi. yo siempre he estado encaramado a los lugares más altos de los sitios, y como a ti te pasa, al recordando a veces me pregunto como era capaz de hacer tamaña cosa, era un temerario.

    Hoy es el día que aún sigo haciendolo, aunque esta vez siendo más consciente. Siempre he dicho que yo tengo la enfermedad contraria al vertigo, me atraen de forma enfermiza los barrancos, las aristas, los terraplenes, los abismos y las alturas, y a pesar de que ya he enterrado a algún compañero de montaña por accidente, sigo igual, me siguen atrayendo igual. No se por que.

    Fecha: 02/03/2006 13:11.

    Autor: sonrisa
    Me encanta conocerte de niña y reconocerme en mchas cosas, sobre todo porque el recordarme me afianza en la misión que me he propuesto; recuperar un poco de lo que fuí.
    besos

    Fecha: 02/03/2006 17:34.

    Autor: Azul
    La niña …la niña Sabbat, muy bonita, siempre te lo digo que eres muy bonita :P

    Yo de niña fui un remolino, pero siempre con algo dentro, mi abuelo decia que había personas viejas dentro de algunos niños y que la mia era algo añeja y nostalgica, pero que eso no era malo…que un día lo sabría.

    El dolor fisico puede resistirse, hay otros dolores que te descarnan.

    Bikiño;)

    Fecha: 02/03/2006 23:33.

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