Esa perspectiva y también el pasado doloroso…

junio 5, 2006

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Closer
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Es domingo por la mañana. Muy temprano. He quedado con Nora al mediodía. Vamos a ir a la plazuela de los barriles. Allí hay columpios y es un lugar perfecto para Yago. Pero lo primero que hago es robarle un nuevo pétalo al clematide y abrir la carpeta que contiene mis archivos antiguos desde el año 2004. Comienza en un mes. Septiembre y no sé cuántos meses más podré recuperar de aquel año. Quizás algunos los guardase antes. La última vez que hice una recolección  por mis páginas en la red y me molesté en grabarlos. Pero para el caso me sirve porque ‘el Extranjero’ debe estar archivado en esas fechas. He descubierto que muy desencaminada no voy porque al menos encontré uno… Primero probé al azar pero me era difícil seguirme y entonces emprendo la tarea de leerme como una lectora pero en un orden. Siempre voy escribiendo al día y luego no suelo regresar atrás. Mi memoria normalmente me lo permite pero así es difícil lograr cierta perspectiva. La que te conceden los guiones con todos sus planos y fundidos detallados. Y antes de salir de casa ya me he vuelto a reír con aquello de Burkina Faso y Togo. Y también me he admirado de la limpieza que contenían mis charlas con Laura. En aquel momento no la hubiera dejado sola por nada de este mundo.

Fue después de eso cuando un instinto indeseable que habitaba en mí,  y estoy segura de que me habita, comenzó a envenenar nuestras conversaciones y mis enseñanzas.

Sólo que todavía no me he encontrado con él. Sé que tuvo relación con aquellas amigas de su padre y la atención que él les prestaba. El pasado doloroso y envenenado que se revolvía y me danzaba en la boca del estómago como una tarantella despiadada. Y la alianza que se estaba forjando entre aquellas mujeres y esa nueva mujer: Carmen Regulo, la aspirante a ser la nueva amante de Máximo. Yo no les tenía envidia pero a ninguna. Lo que no podía permitir es que se cebaran en mí, por segunda vez, como pretendían hacerlo. Y ahí reapareció Enol. Y ahí volvió a cobrar fuerza Guernika. Yo me protegía. A mí manera lo hacía, como  me fue posible. Pero creo que justo ahí Laura comenzó a pagar el pato. Cambié de actitud. Volví a ponerme mi triple coraza. Me ensamblé en esa armadura oscura y detestable y embadurné mi yelmo y mi endeble espada con toxina de pez globo. Era otra vez el amor alacrán. Bálsamo de Fierabras para el resquemor de mi alma.

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Salgo de casa cerca de las doce y media. Y llego al parque sobrepasada largamente esa hora. Me cruzo con el padre de Máximo. Me saluda. Le correspondo. Sigue igual de desvencijado pero en pie. Sujeto a su cayado de mando y demencia. La madre de Máximo solía quejarse conmigo y me decía que era una cruz de hombre, que se había vuelto loco y amargado, más amargado aún de lo que siempre fue y hacía lo posible por joderles  la vida a todos. La madre de Máximo fue de esas mujeres del sur que se sometió a uno de esos matrimonios concertados por sus padres. Ella quería a otro y la noche que Eduvigis nació había un maestro en aquella casa. Lo tenía la madre en regimen de alquiler y la levantó en brazos: ‘Purita Purita tú que has nacido y todavía no sabes que en este mundo al que has venido a nacer hay gentes de doble y hasta de triple cara’. Yo le decía a la madre de Máximo que su marido no aparentaba ser como ella me contaba… No te fies de las apariencias, hija. Engañan tanto… Si yo te contara…
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Y justo en ese instante en el que voy a cruzarme con el padre de Máximo creo oír la recepción de un mensaje en mi teléfono móvil pero no le hago caso. Entonces comienzo a subir el prado y  ya veo a Nora. Yago está jugando en los columpios. Lo arrancamos de ellos y caminamos hacia el bar al que yo tengo interés en ir. Es pronto y por eso no me extraña que Máximo ande cerca. Pero si Laura y su prima. Luego se me ocurre que el padre de Máximo puede haberle dado tiempo a subir hasta su octavo piso situado en una calle próxima y poner sobre aviso a Nuria y al hermano de Máximo. El patriarca familiar es el Patriarca y mientras no lo entierren seguirá siendo el Patriarca.
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Entramos en el bar. En ese momento hay un chico detrás de la barra y dos camareras. Las miro a las dos y no me cuesta ningún trabajo decidirme por una. A Yulia la he Leído. Sé lo de las mil capas de su pelo  oscuro y lo de sus ojos rientes y sus hoyuelos. Y además sé que tiene aires de pez arquetípico, dulzura y tristeza de pisciana, y sonrisa capaz de henchir en júbilo el pecho y el alma herida de los soñadores y de los guerreros, e incluso, si me apuras, el poder de llegar a despertar en Él el amor más puro o al menos el anhelo de ese amor.
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Y probablemente, existencia de mujer que se pasa sus horas muertas contemplando la vida transparente y marina de los peces en un acuario… Eso que era la Roberts en Closer, tan apegada a su melancolía… Y también es Casualidad que Él se haya enamorado justo de esa mujer que yo menciono. Sólo que entonces era demasiado joven e inexperto. Y ahora ya no lo es.
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Pero yo le hice prometerme que lo nuestro sería sólo Sexo. Eso es lo que recuerdo, por fin, esta madrugada.
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P.S: sigo luego, seguro… porque lo que sucedió ayer si que puedo detallártelo… un beso
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P.S: me habría gustado encontrar esa imagen que buscaba del Acuario pero… tendrás que dar con ella tú en ‘Closer: cegados por el deseo’. No creo que te duela verla. De momento ahí se queda esa imagen invertida de la Realidad. Porque la chica a la que Anna (Julia Roberts) fotografía… no es otra que la que se inventa sus nombres… la que siempre llega al final y sólo abandona cuando ese final ha llegado. Eso sí, entonces descubres que nunca te dijo la verdad acerca de cómo se llamaba…

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