– Ninguna Mujer tiene Dueño –

julio 8, 2006

Todo comienza hoy en esa escena.

 

Dante que ve a Martín H. irse con Cecilia Roth hacia la playa le llama y en un aparte le dice: Ninguna Mujer tiene Dueño.

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Ahora estoy con Klaus, en una playa. En San Pedro. La playa de mi infancia. Es principios de Julio. El año pasado. Y Klaus me dice muchas cosas. Sabe que nos estamos despidiendo pero yo he querido regalarle ese día porque me siento culpable.

Le hice concebir esperanzas bajo un antifaz … es que le confundí con Otro, alguien que se materializó para mí en mi imaginación pero que alcanzó el tacto y el sexo… aquel cuerpo delgado y flexible, tibio… dulce, Amante, Amado

 

… y luego, una semana más tarde se las hice añicos una por una, cuando le vi realmente como era. No era el Amante imaginado. Era inevitable. No pude con la realidad. Luis acaba de llamarme. Dejó un mensaje en mi contestador de voz. Yo presiento que es de él y quiero escucharlo, así que me incorporo de un salto de entre las piernas de Klaus y él quiere retenerme pero no lo logra.

Porque a mí nadie puede retenerme si yo no quiero. Recuerda: ‘Ninguna Mujer tiene Dueño’, aunque eso es mentira… Ninguna como yo lo tiene hasta que Ella decide reclamarlo con sus sienes…

 

Entonces Klaus vuelve hablarme de esa protagonista de la última novela de Roberto Bolaño. La Mujer de la que se ha Enamorado. Ese libro que comienza con un verso de Rimbaud o de Verlaine, o tal vez de Baudelaire… Sí, de Baudelaire, ahora recuerdo como todo se entrelazaba…

  

 ‘Soy un oasis de horror en el desierto de tu aburrimiento’

 

Aquello que parafraseara Cecilia B. en sus libros de BookCrossing sobre su número de teléfono. Y sobre lo que yo sentía lo mismo. El mismo libro, ‘2666’ que yo le regalé a Max en pago de una de sus generosas invitaciones para cenar. Porque yo hacía eso. Aceptaba sus invitaciones sí, y su vino y su compañía, sí pero en pago luego procuraba regalarle un libro. Quería que tuviera uno por cada vez… Creo que fueron dos o tres. Ni siquiera hubo mucho más sexo entre nosotros. Porque es que Max fue incapaz de acercar su boca a mi sexo… Creo que tenía miedo a contagiarse de algo. No sé de qué. O tal vez la culpable fui yo. Por contarle lo de mi infestación parasitaria. Luego evidentemente él no podía olvidarlo. Y bueno, que Klaus no para hablarme de Norton. Parecía realmente fascinado por Ella y la comparaba conmigo. Decía que éramos como dos gotas de agua. Otra vez esa maldita frase que ya había escuchado en una ocasión anterior… Y hoy he descubierto el paralelismo… Norton no tenía una gran voluntad…

‘…. es decir no se trazaba planes a medio o largo plazo ni ponía en juego todas sus energías para conseguirlos. Estaba exenta de los atributos de la voluntad. Cuando sufría el dolor fácilmente se traslucía y cuando era feliz la felicidad que experimentaba se volvía contagiosa. Era incapaz de trazar con claridad una meta determinada y de mantener una continuidad en la acción que la llevara a coronar esa meta. Ninguna meta, por lo demás, era lo suficientemente apetecible o deseada como para que ella se comprometiera totalmente con ésta. La expresión «lograr un fin», aplicada a algo personal, le parecía una trampa llena de mezquindad. A ‘lograr un fin’ anteponía la palabra ‘vivir’ y en raras ocasiones la palabra ‘felicidad’. Si la voluntad se relaciona con una exigencia social, como creía William James, y por lo tanto es más fácil ir a la guerra que dejar de fumar, de Liz Norton se podía decir que era una mujer a la que le resultaba más fácil dejar de fumar que ir a la guerra.
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Una vez, en la universidad, alguien se lo dijo, y a ella le encantó, aunque no por ello se puso a leer a William James, ni antes ni después ni nunca. Para ella la lectura estaba relacionada directamente con el placer y no directamente con el conocimiento o con los enigmas o con las construcciones y laberintos verbales, como creían Morini, Espinoza y Pelletier. Su descubrimiento de Archimboldi fue el menos traumático o poético de todos. Durante los tres meses que vivió en Berlín, en 1988, a la edad de veinte años, un amigo alemán le prestó una novela de un autor que ella desconocía. El nombre le causó extrañeza, ¿cómo era posible, le preguntó a su amigo, que existiera un escritor alemán que se apellidara como un italiano y que sin embargo tuviera el von, indicativo de cierta nobleza, precediendo al nombre? El amigo alemán no supo qué contestarle. Probablemente era un seudónimo, le dijo. Y también añadió, para sumar más extrañeza a la extrañeza inicial, que en Alemania no eran comunes los nombres propios masculinos terminados en vocal. Los nombres propios femeninos sí. Pero los nombres propios masculinos ciertamente no. La novela era La ciega y le gustó, pero no hasta el grado de salir corriendo a una librería a comprar el resto de la obra de Benno von Archimboldi.
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Cinco meses después, ya instalada otra vez en Inglaterra, Liz Norton recibió por correo un regalo de su amigo alemán. Se trataba, como es fácil adivinar, de otra novela de Archimboldi. La leyó, le gustó, buscó en la biblioteca de su college más libros del alemán de nombre italiano y encontró dos: uno de ellos era el que ya había leído en Berlín, el otro era Bitzius. La lectura de este último sí que la hizo salir corriendo. En el patio cuadriculado llovía, el cielo cuadriculado parecía el rictus de un robot o de un dios hecho a nuestra semejanza, en el pasto del parque las oblicuas gotas de lluvia se deslizaban hacia abajo pero lo mismo hubiera significado que se deslizaran hacia arriba, después las oblicuas (gotas) se convertían en circulares (gotas) que eran tragadas por la tierra que sostenía el pasto, el pasto y la tierra parecían hablar, no, hablar no, discutir, y sus palabras ininteligibles eran como telarañas cristalizadas o brevísimos vómitos cristalizados, un crujido apenas audible, como si Norton en lugar de té aquella tarde hubiera bebido una infusión de peyote.
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Pero la verdad es que sólo había bebido té y que se sentía abrumada, como si una voz le hubiera repetido en el oído una oración terrible, cuyas palabras se fueron desdibujando a medida que se alejaba del college y la lluvia le mojaba la falda gris y las rodillas huesudas y los hermosos tobillos y poca cosa más, pues Liz Norton antes de salir corriendo a través del parque no había olvidado coger su paraguas”’

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Y bueno que de repente una mujer madura, algo más que yo, comenzó a pasear por aquella playa que se emparejaba ya, a aquellas horas tardías, con un crepúsculo. Llevaba una túnica naranja y lucía una melena rubia y ondulada, dibujando con sus huellas, como si fuera un arco femenino el sonido de un violín hecho de orilla y de arena.

No sé, era como sentir la creación de un sonido en aquel deambular divagante.. el de la vibración de una tristeza inconsolable y ninguna estridencia, y las cuerdas vibraban en sentido horizontal haciéndonos conscientes de sus ondas.. La Mujer no mataba el sonido, no lo apagaba con su peso. Lo creaba.

 

Entonces fue cuando Klaus me lo dijo. Mira esta escena porque la reconocerás cuando la vuelvas a ver… Esa Mujer vive en una película que yo ya he visto y que tú verás un día, mi película, esa de la que tengo hasta los diálogos, y esa mujer que pasea envuelta en su inconsolable tristeza naranja… es que Klaus era muy poético con sus palabras, aunque, claro, en absoluto con sus Actos… acaba de recordármela, la protagonista de Martín H… escucha lo que te cuenta porque tú también eres como Ella.

Y un día supe, porque lo supe, en ese mágico instante lo supe, porque los instantes mágicos no tienen porque estar construidos de Amor ni constelados de Amor, la Magia sólo es un puente con el que lo Invisible se nos hace Visible, por eso mismo, por un instante, lo supe; y lo que supe fue que me reconocería a través de Ella. Entonces yo empecé a analizar sus pasos.

Su marido, alejado de nosotros.. de hecho éramos los únicos que nos encontrábamos en aquella playa… la quería sí pero Ella se sentía sola, muy sola, terriblemente sola, dramáticamente. Sola e incomprendida. Ignorada, mientras él parecía concentrado tan solo en su lectura.

 

Y yo aposté que él tenía una amante y que Ella lo sospechaba y el futuro era algo que lo único que hacía era anegarla de tristezas e incertidumbres… Es que había tanta melancolía en Ella… Luego cuando ellos ya se iban yo insistí en que nos levantáramos y nos fuéramos también. Habíamos fumado un porro. Habíamos estado hablando. Klaus ya intuía que no nos volveríamos a ver más y trataba de aferrarse a aquellos minutos con toda su alma. Su posesiva alma de marine yankee.

Su alma débil y confusa. Incoherente. Un tipo tan grande y tan bruto intentando encogerse para caber en el frágil y delicado cuerpo etéreo de un poeta…

 

… y yo sigo a aquella pareja. Estoy empeñada en saber que libro era el que leía él pero no lo logro. Me acerco mucho a ellos pero no lo logro. El título está contra su cuerpo. Entonces él que agarra a esa Mujer por la cintura y se la lleva a casa… le da un beso a esa Mujer de la túnica naranja… Y yo envidio ese beso por el calor de hogar que he sentido que transpiraba… y Klaus se empeña en besarme a mí de la misma forma porque debe haber sentido la misma envidia que yo, al comprender que esa pareja se ama y se hace compañía y que todo lo nuestro de antes en la playa… han sido sólo cábalas frívolas… juicios ligeros de cascos… un desvarío de gentes que no tienen nada mejor de que hablar.

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Y ahora es jueves por la mañana.

Y ya me voy de esa casa en la que me siento tan tranquila, tan en paz conmigo misma, tan reconfortada… He abierto las puertas que cerré para sofocar mi ruido. Le he mirado dormir. Me he fumado un cigarrillo derecha a su lado, apoyada en el quicio de un marco sin puerta. Es una casa antigua. Y he estado tentada de besarle dulcemente los labios en aquella placidez suya que tanto me inspiraba… pero es sólo un niño que duerme y me he detenido a unos centímetros de su boca… le he mirado entonces más cerca pero no me he sentido vieja ni gastada, sólo tremendamente perdida sin Él …

 

… me he incorporado, he dado unos pasos, me he puesto la falda, he agarrado las bolsas con una mano y con la otra las botas… y voy a irme pero la carátula de un dvd sobre la mesa con la televisión recibe entonces toda mi atención… Mis lentillas están muy nubladas pero estoy segura de que es esa. La misma en la que estuve pensando la tarde anterior.

 

En ese diálogo de Cecilia Roth donde le explica a Dante (Eusebio Poncela) lo que hay y lo que no hay con Ella… y le pregunta, sobre todo, qué hay que hacer para que un Hombre se enamore… Este diálogo en el que estuve pensando durante toda la tarde anterior, la tarde-noche del miércoles:

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Cecilia Roth (Alicia) sentada frente al espejo de su cómoda desintegra una piedra de Merca. Cecilia Roth en Martin H. hace de cocainómana y de una que está muy pillada. Pues bien, Dante, el mismo que siente atracción por las mentes y que le asegura a Martín que eso es lo que hay que follárse, lo que a él le Seduce… llama a su puerta..

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– Dante!!!

– Pasa.

– Hola

– Hola -contesta una Cecilia que sigue concentrada en su pedrusco, porque parece enorme

– Hala! -dice Dante, mientras Cecilia ríe… Cecilia es una tía muy alegre, al menos en la forma, alegre y Profunda… Vengo a hablar con Martín -se refiere a Martín padre…

– Está arrugándose en la bañera. Dice que así se relaja. ¿Quieres una rayita? Llegaste justo.

– Ahora no -dice Dante antes de echarse sobre la cama… Muchas gracias.

– Bueno, aquí la dejo. Cuando quieras tomas…

Pero oye Niña, ¿tú no deberías frenar un poco?

– Yo puedo parar mañana, ¿eh? Pero no quiero frenar. Quiero sentirme Bien, siempre (y lo mismo podría decir yo del Amante Vértigo… porque mi adicción va más por ahí, que por la coca… yo puedo convertirme en adicta a una relación que me hace sentir Bien… o incluso mal, pero este no es el caso). No pienso dejarla. Es una de las pocas cosas que encontré en mi vida que no me fallan. Me da lo que promete. Lo que yo espero que me dé. Martín tampoco me falla. No falla porque no me da nada. (como me ocurría al final con Luis, después de que aborté mi Amor por él… que como no me daba nada y yo lo sabía y se lo dije, lo sabía perfectamente… tampoco podía quitarme nada). ¿Cómo se hace para que un tío se enamore de ti? A ver…

Nada. Se enamora o no se enamora. Pero no dramatices. Lo que suele pasar es que uno tarda en enamorarse. O tarda en darse cuenta de que está enamorado de alguien que estuvo a su lado todo el tiempo y que creyó que le era indiferente. Tú tienes que seguir coqueteando y seduciéndole. No pierdas esa alegría y esa belleza que tienes. Puede que las cosas no sean como tú las ves. Es posible que él no lo sepa pero está contigo y si está contigo es porque te quiere.

– O porque no le molesto. Yo soy el tipo de chica que a los hombres les resulta cómodo. No soy fea. Tengo el sí fácil. El orgasmo todavía más fácil. Soy sensual. Apasionada. Simpática. Nada celosa. Cuando estoy con un tío acepto lo que me da. No exijo imposibles. Cuando las cosas se pudren se va o yo me voy pero sin escándalos. Moderna y pragmática. O sea una pelotuda. -pero claro, eso último ya lo dice así como hasta enfadada con ella misma.

– Martín es muy especial pero no es ciego. Tú eres lo mejor que le ha pasado en su vida. La única mujer que le he conocido que vale la pena. Tienes Luz Alicia… -Alicia, como Alicia al otro lado del espejo – y no tienes Trampa. No puede perderte. Si te pierde sin darse cuenta. ¿Quieres que te diga la verdad? Para mí Martín está profundamente enamorado de ti.

– Dante. Gracias. -y una alegría loca con la que Cecilia, esa loca de la vida se tira a sus brazos…

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Y eso le digo yo a Él luego la tarde del jueves cuando me despido de Él en la barra, que el día anterior había estado pensando en este mismo diálogo y que yo soy exactamente ese tipo de mujer. O sea ese tipo de chica que a los hombres les resulta cómodo porque me he convertido en él. No soy fea del todo todavía. Tengo el sí fácil cuando elijo yo. Y cuando no elijo pues es que no hay sí. El orgasmo más fácil todavía. Porque soy muy autónoma para eso y sé como buscarlo y cómo pedir que me lo den y lo que es mejor todavía, cómo lograrlo… Y soy sensual y apasionada y simpática y nada celosa y cuando estoy con un tío acepto lo que me da y no exijo imposibles y cuando las cosas se pudren se va o me voy yo pero sin escándalos. Cierto. Moderna y pragmática. Jaja, quién me ha visto y quién me ve. Y si no que se lo pregunten a Nol, aquel psiquiatra lacaniano, que solía decirme que yo de moderna y neoyorkina tenía lo mismo que Lorca… O sea una pelotuda. Sólo que yo ya no me enfado por eso. Hasta ese punto soy consecuente conmigo misma. Y eso quería decirle, que ese es el auténtico motivo por el que no debe preocuparse en ningún caso por mí, porque yo ya tengo muy claro que no voy a Salvarme. Y además, qué narices, No Quiero. No quiero para que no me duela más. Y prefiero estar convencida de eso. De que mi vida no tiene remedio. Porque así, por lo menos, lo que Vivo… lo vivo sin reproches. Ni a mí ni a nadie. Y lo vivo porque me lo puedo permitir y mientras me lo pueda permitir.

Y eso significa ser una hedonista para mí. Alcanzar ese grado de satisfacción y autocomplacencia con uno mismo pero mantener una eterna insatisfación contra el dolor y el sufrimiento. No tolerar. No soportar. No permitirse caer en ello. Y frente a eso… sólo la Muerte se nos presenta como la gran Liberación.

 

Por eso yo entiendo lo que Cecilia Roth (Alicia) hace al final. Ojo, que no es lo mismo que un futuro inmediato esté pensando en hacer yo. Sólo que me gusta haber descubierto esa posibilidad ya desde muy joven y eso y ninguna otra cosa, es lo que me permite en el fondo, vivir como Vivo. Con este sentido de la provisionalidad de las cosas. Sin arraigarme en nada. Sin haberlo necesitado hasta ahora. Aunque el Deseo es otra cosa. Yo no tengo ningún Deseo de morir pero … no voy a aceptar ciertas condiciones de vida, eso lo tengo claro. Y una vida sin sentimientos para mí sería una Muerte Emocional. Así que el día que sienta verdaderamente que mi vida finalizó… como seguro lo sintió Violeta Parra en su momento… adiós. Pero como en el fondo yo soy una Optimista irreductible… estoy casi segura de que llegaré a viejecita y que también me sentiré muy plena en mi vejez. Porque un poco de naturaleza epicurea, de naturaleza contemplativa he logrado desarrollar con el paso del tiempo. Y lo cierto es que yo me aburro muy mal. Y eso sirve mucho.

Nunca dejo de pensar, que ahí adelante siempre va a ver algo bueno esperando por mí. Incluso en los peores momentos. Pero en esos malos momentos… sólo la muerte, la timida muerte, la pálida muerte, la muerte que pronuncio con tanta ligereza, como decía Blanca Andreu

 

… y que el sagitario tiende a ver exactamente así, o a pronunciar, con esa ligereza… me ayuda a sobrevivir manteniendo la esperanza. Su posibilidad…

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Bueno, el caso es que si quiero escribir algo en donde mi protagonista se muere, se muere como una hedonista en la cresta de la ola, se muere sintiendo y reflejando Amor, por fin, Sonriendo… pero luego estoy segura de que acabaré con eso y querré escribir otras cosas. Así que no hay peligro de que haga nada extremo. Vamos, que a la consecuencia a la que yo me refería no iba por ahí. O no al menos de momento porque yo presiento ese de momento aún está muy lejano. Pero sí, reconozco que tanta claridad podría Asustar :)

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Y bueno, que esa mujer que paseba por la playa. Aquella que Klaus y yo vimos… en Martín H. no está sola en esa playa. Aunque lo está, claro que lo Está. Hay un chico joven con Ella, el hijo de Martín… y luego buscando no sé bien qué… me encuentro con la pista de otra peli que sé que querré ver y que aparece en esta imagen que voy a colgar hoy aquí. Vidas Privadas. Y el argumento me resulta muy interesante porque en ella, Cecilia Roth se llama Carmen.

cecili@ roth

Y Carmen es una mujer madura pero fría y distante, aunque también práctica. Con una impasibilidad que… y

… entonces despliega una doble vida. Por un lado su familia y por otro, en secreto, alquila un apartamento donde celebra un extraño rito sexual: contrata parejas para oírles hacer el amor en el cuarto de al lado. Carmen queda hechizada por la voz de Gustavo, un joven veinteañero que emplea en sus ceremonias privadas. Primero le contrata en pareja con una chica; después, solo. Al cabo de algunas citas, una inquietante intimidad se establece entre ellos…

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Y eso… esa Voz y la intimidad… porque para mí cualquier Argumento tiene que ser comprometido. Si no es que no me interesa.

3 Responses to “– Ninguna Mujer tiene Dueño –”

  1. lasalamandra Says:

    Nº 12 de julio

  2. Lelaina Pits Says:

    Recuerdo nítidamente esa escena de la película. ¿sabes? no soporto que la gente esté conmigo porque no les molesto, quiero que las personas estén conmigo proque les apetezca, porque prefieran estar conmigo antes que haciendo cualquier otra cosa.
    La gente que me importa ¡claro! Y ¡¡vaya!! no sé porqué me ha encendido tanto pensar en eso, en la gente que está por estar….
    Un beso, que hoy no tengo un buen día

    ______________________
    _____________________________

    que _fortun_d_ :)
    Yo lo que no he tenido es unos últimos nueve di_s.
    Soy DESGR_CI_D_ ;)
    En serio pero si te _petece cont_rme….
    Por _qui _nd_mos :)


  3. Publicado en Hemisferio Derecho

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