APUNTE – x – DEL MES DE LA PACHAMAMÁ

agosto 5, 2006

Acabo de quedar con Coga a las siete para follar, porque necesito un desahogo. Antes él se irá a la playa y yo me quedaré a escribir aquí el día de ayer. Necesito irme no sé a dónde. Será uno de esos días en que partiré sin premisas y sin respuestas del otro lado pero con la esperanza de energetizar mi cuarzo amatista, el único que ahora conservo. Uno de los que adquirí en Noviembre y que me acompañó al hotel Albor cuando me encontré con el hombre tranquilo. Eso si en las próximas horas no ocurre nada que lo remedie y lo que si he estado haciendo es revisar la carta de Primo. Hacia él también se aproxima Urano. A movilizar esa conjunción de su sol con Saturno. Y en las mismas fechas en las que yo espero mi tránsito. Y lo de este cuarzo es curioso, porque se ha estrellado contra el suelo un montón de veces y no ha sufrido ni siquiera una fractura. Y César dice que si lo consigue va a regalarme un cuarzo negro, la piedra de los sueños. Uno para mí y otro para él. Y ayer quedamos. Cuando yo me acerqué al parque Primo ya estaba en la terraza. Me senté frente a él en un banco lejano pero me sentía incómoda, por tanta frontalidad, y cuando él se fue al interior del bar en busca de otro periódico me levanté y busqué otro banco aún más lejano, desde el que poder observar el movimiento de aproximación de César. Mi idea era que César llegase a la terraza donde estaba Primo y eligiese un lugar que con un poco de suerte me favoreciera a mí. Pero yo quería que fuera él, que llegase antes y eligiera por mí. Y Primo está atento a mis movimientos. Y yo le observo en la misma posición en que muchas veces se sienta su madre. Y sé que él está viendo eso. Lo parecidas que somos Pura y yo. Porque Primo también tiene mucho que ver con su madre. Y a mí Pura siempre me gustó. Y creo que yo a ella. Le preocupaba Nuria Salvatierra y lo que pudiera pensar de ella al verla conmigo pero yo le gustaba. Lo sentía por las confidencias que me hacía y por cómo terminó por buscar mi compañía. Porque Pura llegó a llorar conmigo hablándome de su hermana muerta y de lo mucho que la había querido, lo buena que era esa hermana y lo distintas que fueron sus vidas. Pura aceptó el matrimonio acordado que le arreglaron sus padres y la hermana no. Y fue feliz. No pudo tener hijos pero fue feliz con aquel marido que tanto la quiso, y por el que el padre de Primo sentía tanto recelo. Pura es una mujer que tiene luces en los ojos pero chispas. Una mujer que siempre ha estado muy viva.

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Y llamada de César. Se ha equivocado de lugar y me espera en la esquina de una floristeria. No, le digo. No hemos quedado ahí. Acercaté hasta el parque. Ahí es donde está la tienda de plantas que te digo. Y él, cuyo sol cae bajo mi saturno, ese capaz de estructurar toda su energía ariana, me acata. O al menos lo hará cuando luego le pida prestado el cuarzo que el otro día energeticé para él con su Deseo claro-oscuro. Pero me ve antes de tiempo y yo me obligo a caminar hacia él con una sonrisa que se desliza sobre el corazón de Primo como un augurio negro. Quiero averiguar si puedo movilizar sus celos otra vez como ocurrió con el marido de la zurda.  O que fue eso que me marcó tan intencionadamente el día anterior. Y que parece empeñado en recalcarme desde aquel domingo en que la zurda se sentó a su lado en la terraza en compañía de su marido. Porque Primo y yo siempre nos hemos hablado así. Con ambiguos gestos pertenecientes a un código indescifrable. Descubriendo la certeza en nuestro rechazo de otros

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Y ahora una interrupción… me llevo la grabadora a la lámpara de Uvas para seguir escuchando y borrando archivos. Aprovecho ahora que estaré sola porque Coga. se marcha a la playa. Y ayer me di un buen tortazo contra la pared cuando iba a acostarme. No sé qué me sucedió. Se me fue la cabeza cuando iba a encender la lamparilla de la mesita de noche. Me hice mucho daño en el puente de la nariz porque fue lo que amortiguo el golpe pero afortunadamente no me rompí las gafas contra los ojos. Me estrellé a ciegas. Pero los cristales y el armazón aguantaron el impacto.

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