LA DUREZA DE LA REALIDAD

agosto 20, 2006

un comentario que acabo de escribir hace unos minutos en el diario de un hombre de 32 años que antes de conocerme tenía un diario muy ”fantástico”…

Me gusta lo que he leído hoy. Me parece más Auténtico. Hay más inseguridad. Como en la vida. Y desde aquí es siempre precisamente donde escribo yo. Sabiendo que hay ojos que me Conocen como soy. Precisamente como soy y que ante ellos no puedo fingir ser quien no soy: una con mis limitaciones. No digo que no se tengan otras partes más infinitas pero… (entre guiño y sonrisa)

.

..

Estuve hablando con él por segunda vez frente a la mirada de Verona. En realidad sólo interesada en las veces en que  Verona me sonreía, o en la música que ponía, o en los mensajes que me enviaba hablándome de esa música… La primera vez también fue así. Quiero decir frente a la mirada de Verona pero no hubo la misma complicidad. O no del todo. La primera vez fue antes de mi cita con Villon, el martes pasado, de madrugada. La segunda vez fue la  noche del viernes al sábado. En la primera vez fue donde ya me sentí capaz de llamar a ese hombre farsante, fingidor, de declarar lo que no me atreví a declarar en aquella conversación donde él se descubría y hablaba de pactos inviolables y de que eso era el Amor. Mentiras. La segunda vez le hablé de mí, de cómo elegía a los hombres, sin importarme quienes eran o lo difíciles que eran por eso mismo, pero dejando muy claro, que en ningún caso a mí se me podía Elegir. Porque a mí, en realidad, sólo se me puede decir que no o que sí… Es que no recuerdo ni una sola vez en mi vida en que la Elegida fuese yo. Circunstancias sí, y tan variadas… Bueno, la zurda se ha conectado. Me voy a hablar un rato con ella.

Y eso que escribió ese hombre y por lo que supuestamente otras mujeres le han felicitado… en sus comentarios. Y es que se puede tener alma de libertino y lo que quieras pero si el físico no nos acompaña…

Pocas veces L. se deja llevar por los acontecimientos y pocas veces interviene en ellos, pero cuando ocurre, en esas esporádicas ocasiones, a L. le gusta permitir que sucedan de un modo arrollador, sin pensar en las consecuencias, dejándose llevar por la inercia de los hechos. L. podría ser un incauto o un inconsciente, pero esa no es la verdadera razón. Tal vez sí. La indefinición de L. seguramente se deba, en el fondo, a una imposibilidad de aceptarse a sí mismo. O a un temor absurdo a revelarse de un modo definitivo. Farsante, ha dicho alguien. Pero eso no importa, porque si quisiera, L. podría llevar una vida plena, cargada de cosas pequeñas y hermosas. Sin embargo, L. de algún modo ha decidido emprender un camino que le resulta demasiado complejo y perverso, pero que sabe irremediable porque es en aquello en lo que realmente se siente pleno. Y L. se percibe vacío, y sabe que se trata de un viaje de ida y vuelta. Penélope. Tejiendo paciente y comprensiva. Lo que L. necesita es una explosión, un abismo diferente al suyo, la revelación de que ya se halla y sólo ha de querer.
Algunas noches, L. se entrega al juego; y lo hace porque considera, simplemente, que le permite sentir vacíos cercanos al suyo que le ayuden a comprenderse mejor. Esta noche, alguna noche. Tampoco, siquiera percibe que le interesa el sexo, en sí mismo, muchas veces convertido en una mera reiteración. Así que prefiere distanciarse y recoger detalles, pendientes de un hilo antes de caer en el olvido. Y a L. le gusta hacerlo: observarlos, atraparlos, rescatarlos del precipicio. La ternura infinita que muestran los labios quietos cuando, por fin, responden al beso, lentamente, casi de un modo imperceptible hasta llegar a ser arrebatadores. L. siente que casi podría bastarle eso, porque es demasiado tarde, se encuentra cansado o, en el fondo, no está tampoco cómodo. Todo ello, no obstante, bien vale la ternura de ese momento, o aquel en que L. percibe por vez primera la mirada que se clava en sus ojos y encuentra en esa mirada la misma necesidad de redención que él persigue. Y él, que conoce los matices y los límites, aun así, se deja llevar en cuanto alguien le regala una mínima porción de dulzura, porque se siente seco, gastado, inconsecuente y atrapado. Muchos podrían trazar rápidamente y a lápiz grueso el perfil de L., sus motivaciones y agravios, pero lo cierto es que ni siquiera él es capaz de insinuar el más mínimo indicio, porque supondría perderse en la maraña de siempre, en los recuerdos, los miedos, la inocencia extraviada en algún momento. Y L., que agradece como un toro manso las destrezas de ella, casi preferiría simplemente cobijarse en su pecho, o en el sabor cálido de su boca, nada más. Porque de pronto L. ha sentido de nuevo el dolor creciendo en su pecho y cree que sólo ella es capaz de acallarlo, sin hacer nada, únicamente mediante una entrega que a L. le parece sincera.
Cuando ella se ha alejado –él intuye que para siempre, tal vez con cierto regusto agrio a decepción- L. se queda ordenando sus fragmentos. Roto porque cree que ha llegado a un punto sin retorno. Aquel en el que sólo cabe morir o brotar por fin espléndido.


ENTONCES ABRO EL MESSENGER Y HABLO UN RATO CON ÉL

– hola

– hola

– Parece que a algunas esa indefinición les ha gustado

– sí, curiosamente pero bueno, son incondicionales, me parece: cualquier cosa les valdría, me temo, no sé.

– la humanidad se percibe

– no sé, ya te digo que tampoco suelo tener en cuenta los comentarios. Todo obedece siempre a necesidades propias.

– yo no te lo digo para que lo tengas en cuenta

– no, ya sé

– de hecho nadie tiene en cuenta los comentarios porque normalmente no se comenta nada que importe

– pocas cosas importan… En cualquier caso, anoche me encontraba con cierto desamparo, nada más.

– hay un poema… creo que de Manuel Altolaguirre… Me gusta porque dice que Penélope está tejiendo y destejiendo nieve… Era lo que escribirte en mi comentario pero luego se me borró… Recuerdo haberte visto la primera noche… Lo recordé ayer… Nos cruzamos en el Carba…

– ¿qué noche? En el Carbay?

– en una de sus calles, sí… yo huía

– Sí, me di casi de frente contigo

– ya, lo recordé ayer

– de mi, jajaja… fue curioso

– pues pensé que eras tú

– porque en cierto modo yo también huía de ti

– por eso grabé esa imagen… para no olvidarla y comprobar si mi presentimiento era cierto…. sólo que se me borró hasta ayer… o hasta antes de ayer, mejor dicho…. cuando te ibas a cenar

– Recuerdo que me levanté para irme y para no pasar a tu lado salí en dirección a Galiana para luego girar tras los edificios de las terrazas y justo cuando pasaba te escuché taconeando tras de mi pensé que había sido descubierto, así que apuré el paso tratando de perderme en las calles del barrio pero no debí calcular bien tu ruta y al doblar una esquina escuché tus tacones, y ya era demasiado tarde para dar la vuelta. De ahí que más adelante, calles más allá, L. te viera girarte para mirar atrás, cosa que hiciste, pero yo te veía desde el otro extremo de la calle… fue un cruce de trayectorias curioso…. en fin, esas cosas.

– lo hice para saber donde estaba ese hombre … para precisar si me seguía o no

– Eso supuse, porque se te percibía inquieta

– y cómo son mis tacones? cuando se escuchan detrás?

– De ahí que la realidad siempre tenga muchas caras en función de quién la narre… firmes y precisos, en la calle vacía

– Pues nada, eso, que sepas que aquel día los dos nos encontramos precisamente por evitarnos…. yo también rodeaba

– pues ya ves, fue curioso yo me sentía tremendamente inquieto, y también tuve la sensación de haber obrado sin la cautela debida

– Pero yo perdí mi curiosidad por ti precisamente ahí. Quiero decir la emocional. Es algo innato

– Digo que fue curioso el modo en que ocurrieron las cosas… yo nunca tengo curiosidad emocional al principio… soy un entomólogo

– yo sólo soy una emocional pura

– observo, estudio, quizás por alguien pueda llegar a sentir una ternura, que me haga llegar más allá

– pero para ser entomólogo hay que tener una colección de insectos alfireados

– claro, y la hay

– no lo dije bien… a ver ahora, alfilerados?

– sí

qué mal suena eso… Ves? Tal vez por eso yo no tengo

– Tampoco tienen que estar atravesados… pueden volar libremente y de tanto en cuanto dejarse estudiar más de cerca pero tampoco eso es importante

– Entonces yo también soy una entomóloga en ese sentido. Cuando no existen las emociones. Bueno, me abro a comer. El estómago me trina

– Bueno, uno acaba siempre apreciando a su mariposa más hermosa… venga, yo seguiré trabajando… saludos.

One Response to “LA DUREZA DE LA REALIDAD”

  1. lasalamandra Says:

    Este parece ser el candidato mas firme para el puesto de hacerse pasar por Biólogo…

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