LA NOCHE DE LOS FADOS

agosto 23, 2006

Escrito anoche en otro lugar donde no lo dejé

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Una mujer como yo sólo puede llevar a las personas en el Alma o no llevarlas…  y yo durante muchos años le llevé a él, a ese hombre. Y probablemente con esa intensidad sólo a él y tal vez, aunque de otra manera muy distinta, a mi abuela, a mi abuelo y luego a su fantasma, y por supuesto a Laura cuando me enamoré de su naturaleza salvaje tan semejante a la mía.

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Y el fado es magia hecha música pero también melancolía. Decididamente sí.  Y esta noche ya clausurada se celebraba un recital de fados portugueses en mi ciudad. La zurda me lo recordó a la tarde. Y si en algún momento tuve ganas, y las tuve, de hacer una llamada al contestador de ese otro hombre que ahora siento que  llevo impreso en el Alma, o tan cercano… y la mía hoy por hoy es un Alma muy austera… me las Aguanté. Pero porque  sabía que acudiría a ese concierto con o sin la zurda y presentía que habría magia.

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Así que  a la tarde, sí, le vi, al primer hombre, al que yo llamo, el primer susurrador de centauros pero con su mujer, su controladora mujer, que bien mirado y después de todo quizás no lo sea tanto, porque qué decía Barnes sobre  aquello de los matrimonios que… y luego llegaron más miembros de su familia, de la de él. Tantos miembros como para conformar un reducto de tribu. Y yo me quedé allí mismo, en el lugar próximo en que elegí estar, cosa que hace unos quince días no me hubiera sido posible. Me habrían intimidado. Pero he ganado confianza, o aislamiento, o tal vez libertad. Y estuve allí en aquella mesa cerca de una hora, hasta que ellos se fueron, y luego aún me quedé un rato más porque ayer  a la tarde tuve la prudencia de sentarme de espaldas al acosador del parque y además tenía a Friedrich conmigo para abstraerme, y a su monje solitario… y también ese artículo sobre su película en un libro que me compré hace algo más de un año y que desdeñé porque… porque yo reconocía que lo que se contaba en él era extraordinario pero  simplemente a mí no me sentaba del todo bien leerlo. Digamos que le sentaba mal a mi estado de ánimo. No sé, pero era algo así como si un hipocondriaco leyera un libro de medicina y reconociera sus síntomas suyos en todas las enfermedades. Pero algo ha cambiado en estos últimos días… que hace que eso ya no sea así o puede que yo haya aprendido a ensimismarme mejor y por eso haya dejado de importarme. Y el colgante con esa variedad de andalucita que elegí anteayer me pareció aún más precioso y encontré ese regalo que buscaba para la zurda … unos pendientes de un artesano local, cuyos  diseños son un remedo muy personal del símbolo del triskel, según me comentó la vendedora, y que me gustaron de manera especial porque  la piedra en la que se insertaban sus extremos era un minúsculo y delicado cuarzo ahumado. Eso y una pequeña cajita oval o extraña de madera africana en la que guardarlos.

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Y ese recital al que llegamos con retraso y al que sólo le hubiera faltado para resultar un auténtico derroche de magia un plenilunio o quizás una luna balsámica que alguna nube ocultó. Y esa templete musical engalanado con hermosas flores rojas y por fin esa llamada encharcada la voz de deseo y de saudade, después de dejar primero que él escuchase por el altavoz, anegándolo de desgarro, tristeza, y anhelos aquel conmovedor chorro de voz de la fadista,  que yo hubiera dado la vida por  disfrutar pegada a él : quiero follarte, ¿pero me oyes? No quiero follar contigo. Ahora quiero follarte yo. Con ese desesperado matiz y  alejándome del gentío… para darme cuenta un instante después que el primer susurrador de centauros contemplaba mi mecerme solitario por el prado desde su refugio entre la multitud. Y luego, sí, una mirada mía abiertamente desafiante cuando él pasó a mi lado y casi me rozó. Porque ese hombre podría haber sido el destinatario de todo esa pasión que yo albergaba pero no se atrevió. Y yo lo añoré mucho y durante demasiado tiempo pero creo que casi es cierto que ya no.

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Y el recuerdo risueño de aquellos aspersores que se dispararon a la hora programada pero un minuto antes de que el recital finalizase y para los que nadie estaba preparado y esas risas mías queriendo y no queriendo evitarlos mientras nos íbamos y ese mojarme los rizos, y  ese reprenderme maternal de la zurda diciéndome como siempre: pero qué loca estás …

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Y luego una llamada suya para contarme que acababa de cruzarse con alguien con la frente muy exagerada y cuando nosotras ya nos habíamos separado. Y un responderle satisfecho mío: no, no, gracias pero no te molestes, eso ya no me interesa. Como esta pequeña crónica mía seguro que no te interesa nada a ti. Hoy tampoco yo me gusto como escribo. Será porque  ese fado que quise traer aquí  y que  gritaba desde mi pecho no me quiso seguir.

 

EN UN BLOG BUSCANDO FADOS

One Response to “LA NOCHE DE LOS FADOS”

  1. lasalamandra Says:

    Iba a empezar a escribir creo que ya en la cresta de Limo. Otra vez públicamente.
    Pero me pareció arriesgado dejarlo a la vista de Villon.
    Imagino, porque sigue habiendo demasiado desorden de sentimientos y a ninguno nos gusta saber que somos, qué … eso que yo pinto ahí ¿?
    En fin…

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